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Visitando Nerja en Málaga

Las vistas increíbles en la costa de Málaga hace que un viaje a la ciudad se pueda completar visitando los pueblos blancos icónicos y pequeñas ciudades en los alrededores. Con una impresionante costa, paisaje accidentado, te contamos sitios para planear alguna de las mejores excursiones de un día desde Málaga.

No podemos hablar de los pueblos blancos de Málaga sin mencionar la ciudad de playa más emblemática de la región. ¡ir a la impresionante playa de Nerja es definitivamente una de las mejores excursiones de un día desde Málaga! Nerja cuenta con una red de 5 kilómetros de cuevas a lo largo de la Costa del Sol, y está sólo una hora de Málaga en autobús, algo que no debes perderte. 

Esta ciudad costera está en el extremo oriental de la comarca de Axarquía, y ofrece múltiples opciones para tener un gran día. La mejor opción es comenzar por bañarse en las playas de Burriana, Playazo, Calahonda y Torrecilla, que representan el grupo más popular de playas del municipio de Málaga, que también nos ofrece numerosas calas vírgenes destacadas por su belleza y tranquilidad.

Después de explorar las cuevas o relajarte en la playa, acude al Balcón de Europa para poder preciar el tipo de vista al Mediterráneo que sólo Nerja puede proporcionar. Además de la famosa Cueva de Nerja, la tranquilidad y las playas vírgenes son los otros elementos que definen Nerja como un destino turístico. 

Foto ©depositphotos.com/Copyright: fotomicar

La pintoresca belleza de Firgas

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Es raro pero quienes reservan billetes de avión a Gran Canaria suelen desconocer el que probablemente sea uno de los rincones más curiosos y bonitos de la isla: el pueblo de Firgas. Situado en el norte insular, a veintidós kilómetros de Las Palmas, es una pequeña localidad de menos de ocho mil habitantes cuyos orígenes se remontan a antes de la llegada española, cuando era conocido con el nombre de Afurgad, que significa atalaya, en alusión a las espléndidas panorámicas que ofrece desde sus 450 metros de altitud.

La belleza del pueblo tiene bastante que ver con el agua, pese a no tratase de un lugar costero. Y es que a unos pocos kilómetros hay un manantial termal que abastece de miles de botellas diarias y ha inspirado buena parte de la decoración urbana al discurrir por varias calles varias cascadas sucesivas que cubren una longitud de treinta metros a lo largo de los paseos peatonales de Gran Canaria y Canarias.

Estos paseos engrosan su atractivo con una veintena de escudos heráldicos de los municipios insulares más el del Cabildo, así como las siete islas del archipiélago representadas en el suelo, acompañadas de un paisaje representativo de cada una, mediante enormes mosaicos. Las banderas de cada territorio completan esta curiosa apoteosis geográfica regional.

En 2009 se inauguró otra obra embellecedora para el municipio, la recuperación de la antigua Acequia Real a su paso por la Plaza de San Roque. Abierta por un lateral, se le añadieron unos lavaderos en piedra de cantería en los que aparecen representadas, en forma escultórica, manos de mujeres lavando ropa, en recuerdo de todas las lavanderas que acudían allí a hacer su trabajo.

Otros sitios interesantes son decimonónicos: la vieja fonda, construida en 1870 para albergar a quienes acudían a los baños de Azuaje y que luego fue Ayuntamiento y escuela, hasta que hoy ha sido destinada a Casa de Cultura (biblioteca municipal, sala de exposiciones y salón de actos); o la iglesia de San Roque, de 1845, aunque se asienta sobre las ruinas de la ermita de San Juan Ortega (1502) -de la que sólo queda la fachada- y junto a la que había un convento dominico.

Por último, mencionar otros atractivos peculiares, como el Molino de Gofio, que es del siglo XV y funcionó hasta que una sequía lo paró en 1959; o el monumento al Ganadero, obra del escultor aruqueño José Luis Marrero Cabrera y que puede ver detrás de la Casa de Cultura; o el consistorio actual, que tiene su sede en una casona de los años cuarenta del siglo XX de estilo neocanario, erigida con piedra azul autóctona y madera de tea de pino en los balcones.

No hay que olvidar, sin embargo, el entorno natural: la Reserva Especial de Azuaje, los barrancos de las Madres y Guadalupe, las terrazas de Las Berreras o el Pico Osorio.

Foto: Turismo de Gran Canaria

Masca, uno de los lugares más bonitos de Tenerife

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Todo aquel que busque vuelos baratos a Tenerife con la idea de conocer la isla de la forma más completa debería dejar un hueco para acercarse a uno de sus pueblos más bonitos: Masca, una localidad situada en el extremo noroeste.

Ubicado a 700 metros de altitud y rodeado por un hermoso paisaje al que un mirador proporciona impresionantes panorámicas con la emblemática silueta del Teide por un lado y el océano Atlántico por el otro, Masca suele ser visitado por muchos turistas en su ruta por la zona.

Y es que se halla en pleno Macizo del Teno, en un parque rural, encaramado en una verde cresta montañosa y circundado tanto por enormes paredes de piedra como por profundos barrancos, asemejando una versión canaria de Machu Picchu. No es de extrañar que en el lugar se sitúen multitud de senderos para hacer excursiones, una de las bazas de ese rincón de Tenerife.

Se cuenta que el pueblo era antaño un refugio de piratas, ya que sólo se podía llegar desde un camino que partía de la playa y discurría por las laderas entre curvas que se recorrían en mula en tres horas. La carretera actual sigue serpentando de la misma sinuosa forma, aunque ahora hay arcenes para poder adelantar.

Una vez en el casco urbano destaca la arquitectura tradicional con casas de piedra y rojos tejados que, sin embargo, no son muy antiguas. Menos aún desde 2007, año en que un incendio arrasó el sitio. Rehecho del siniestro, hoy altas palmeras flanquean las calles y bancales con cultivos estructuran los barrancos entre diminutos caminos y colmenas de abejas.

Foto: Quatremains

Garachico

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Los vuelos baratos a Tenerife descubren al visitante toda la riqueza natural, patrimonial, cultural, arqueológica y, en suma, turística de la isla. De todos sus rincones. Y uno de ellos bien podría ser el pueblo de Garachico, en el noroeste insular, de donde era originaria la familia de Simón Bolívar.

Población fundada en 1496 por el banquero genovés Cristóbal de Ponte tras la conquista del territorio a los guanches, el primitivo municipio se convirtió en una rica villa colonial que durante casi dos siglos vivió una época de esplendor gracias al comercio de azúcar y vino con Europa y América que pasaba por su puerto, el más importante de Tenerife.

Sin embargo hoy no queda nada de aquello. No sólo por el cambio de los tiempos sino porque la naturaleza decidió ponerle fin con su mano implacable. Así, dio un primer aviso en 1646 provocando un corrimiento de tierras que sepultó a un centenar de personas. Pero la gran tragedia llegó sesenta años más tarde, en 1706, cuando entró en erupción el volcán Arenas Negras (Trevejo): sus coladas de lava llegaron hasta el puerto arrasando las casas.

Y aunque no hubo víctimas mortales, la villa nunca se recuperó porque los barcos decidieron utilizar a partir de entonces el más seguro Puerto de la Cruz. Garachico fue reconstruido sobre la lava solidificada, que se internó en el mar ampliando la superficie del municipio (las actuales piscinas naturales de El caletón), pero se quedó como simple población pesquera.

Aún así, se conservaron algunos edificios anteriores a la erupción. Uno de ellos es el antiguo convento de San Francisco, actual sede de la Casa de Cultura y del Museo de Ciencias Naturales, que aún conserva tramos de lava. Al lado están la Casa de los condes de la Gomera, con su fachada de cantería almohadillada, y la iglesia de Santa Ana, que es del siglo XVI aunque se reconstruyó en el XVII. En el interior de esta última se guarda el Cristo de la Misericordia, hecho en caña de maíz por indígenas de México, en cuyo honor hay una bonita fiesta cada lustro.

Otros monumentos que habían quedado sepultados fueron desenterrados, como el arco de entrada al parque Puerta de Tierra, que antaño formaba parte del puerto. Y ningún visitante debería perderse las espléndidas panorámicas que se ven desde el Castillo de San Miguel, construido por Felipe II para prevenir ataques piratas y cedido a los condes de la Gomera antes de que la erupción le quitara importancia (de hecho, en su escudo de armas figura un volcán).

Declarado Bien de Interés Cultural y sede del Centro de Información Patrimonial dependiente de la Red de Museos del Cabildo de Tenerife, el castillo se halla en lo alto de la ladera y comunica con las piscinas naturales a través de una piscina tallada en la lava.

Foto: oblongo en Wikimedia

Tafira, al noroeste de Gran Canaria

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Para mucha gente verano y vuelos baratos a Gran Canaria son sinónimos. La isla hierve de turistas en julio y agosto, principalmente británicos y españoles, mientras que los de otras nacionalidades se reparten el resto del año. Es probable, sin embargo, que muchos de ellos se concentren en las zonas oficialmente turísticas y no conozcan los rincones de la isla, lo cual es una lástima porque se pueden encontrar lugares preciosos que podrían servir como alternativa, siquiera por un día, del monolítico concepto de sol y playa.

Tafira
podría ser uno de ellos. Se trata de un pueblo residencial colgado de las verdes colinas de la zona nororiental, muy cerca de Las Palmas pero más hacia el interior. Se desarrolló urbanísticamente en los años sesenta, cuando las clases altas canarias de la capital y los extranjeros adinerados empezaron a construir chalés y viviendas unifamiliares de diferentes estilos -casas árabes, influencias Bauhaus- pero manteniendo un característico aire colonial.

No obstante el pueblo ya estaba habitado anteriormente, por supuesto, aunque ese ambiente algo elitista ya existía. Prueba de ello son los elegantes hoteles que se construyeron a principios del siglo XX, como el archipopular Los Frailes, un antiguo monasterio rehabilitado por ingleses tras cuyos muros Franco y otros militares planificaron su alzamiento de 1936. Pese a ser sometido a una reforma en los años ochenta, terminó abandonado y ahora parece una mansión fantasmal. Otro punto importante está en Tafira Baja -hay dos barrios Alto y Bajo-: el campus principal de la Universidad de Las Palmas, erigido en 1989 en estilo neoclásico.

Pero quien haga uso de los vuelos baratos y visite Tafira tiene casi la obligación de conocer sus dos grandes atractivos. Uno es el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, fundado en 1952 por el sueco Eric Sventenius pese a llevar el nombre de un ilustre escritor local. Lo constituyen plantas de todo el archipiélago canario, además de Azores, Madeira y Cabo Verde, en hábitats naturales reproducidos en las terrazas de una colina: pinos, palmeras, brezo, cactus… El otro cerca de La Atalaya, es la Caldera de Bandama, el cráter de un pequeño volcán (570 metros de altura y un kilómetro de ancho) cuya cota más alta es un magnífico mirador. Merecerá la pena hablar de él más detalladamente en otra ocasión. De todas formas este paisaje se completa con más estructuras volcánicas como las chimeneas de Jinamar, o con abruptos barrancos. Entre éstos pueden nombrarse Las Goteras y el Barranco de Guayadeque, que conserva cuevas del siglo XV, algunas con luz eléctrica.