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La Domus Áurea

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Si se pide citar nombres de emperadores romanos no cabe duda de que uno de los que no se le olvidaría a nadie sería Nerón. Con razón o sin ella (últimamente los historiadores rebajan su mala fama), el hijo de Claudio y Agripina ha pasado a la posteridad monumental en primera línea por la construcción de dos grandes obras: la estatua que dio nombre al Coliseo y la Domus Áurea.

Puesto que la primera no se conserva, centrémonos en analizar la segunda. La Casa de oro fue construida precisamente a raiz de uno de los acontecimientos más conocidos de su mandato, el tristemente famoso incendio de Roma del año 64 d.C, que arrasó buena parte de la ciudad (y cuyo origen se considera hoy accidental). Las llamas despejaron una enorme extensión de terreno en los montes Celio, Oppio y Palatino y el césar decidió aprovecharla para edificar allí su nuevo palacio, el más grande de la Antigüedad con 50 hectáreas.

Del tamaño basta para hacerse una idea el hecho de que, según cuenta Suetonio, su vestíbulo estaba adornado por la mencionada estatua, que medía 35,5 metros de altura, por lo que recibió el nombre de Colosseo (el Coliseo aún no existía). Representaba a Nerón como personificación del sol y, de hecho, todo el complejo seguía esa idea; por eso la fachada estaba pintada en un espectacular color dorado.

Había docenas de salas para eventos y banquetes -se conservan «sólo» 45-, habitaciones para la familia imperial y los sirvientes, baños, terrazas, jardines con viñedos, un lago artificial… Las paredes se cubrían con frescos con escenas mitológicas que dieron lugar a la denominación de un estilo artístico, el grutesco o grotesco, en alusión a los subterráneos (grutas) que decoraban.

Pero Nerón no dejó un buen recuerdo y tuvo que suicidarse ante un golpe de estado. Sus sucesores aplicaron entonces una variante de la damnatio memoriae y poco a poco fuero destruyendo el palacio: Domiciano levantó el suyo propio en el Palatino sobre los restos del anterior, Vespasiano desecó el lago y erigió en su lugar el Coliseo, Trajano situó las termas que llevan su nombre en el Oppio… Así, actualmente es difícil distinguir lo que pertenece al edificio original.

El caso es que unas excavaciones en el siglo XV permitieron redescubrir el sitio y que los pintores de la época admiraran los frescos. Y los turistas de nuestra época que toman vuelos baratos a Roma pueden disfrutar de las salas que discurren bajo tierra, justo debajo de las termas, desde su apertura al público, tras las obras para arreglar las filtraciones de agua que provocaron el desmoronamiento de un techo. Abre de 9:00 a 18:30 pero hay que reservar con antelación.

Foto: Matthias Kabel en Wikimedia

El Palacio Arzobispal de Sevilla

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Sin duda, uno de los paseos obligados de quienes tomen vuelos baratos a Sevilla y visiten la ciudad es por el barrio de Santa Cruz. Pero no hace falta que den muchas vueltas ni se internen en su laberinto de callejuelas para toparse más de una vez con la céntrica plaza Virgen de los Reyes, a la que se asoman la imponente torre de la Giralda y el ábside de la Catedral. Allí está también el espléndido Palacio Arzobispal, que antaño se comunicaba con el templo mediante pasajes con balcón.

La sede episcopal está en un edificio barroco erigido sobre el mismo lugar que antes ocupaban instalaciones árabes y, antes aún, unas termas romanas de las que se conserva la bóveda del frigidarium y la pila que está en el Patio de los Naranjos catedralicio. En realidad la construcción se hizo en el siglo XVI para sustituir al anterior, medieval (por cesión del rey Fernando III para el primer obispo sevillano tras la Reconquista), pero luego se sometería a más reformas hasta quedar con la apariencia actual.

La fachada es obra de Lorenzo Fernández Iglesias y Diego Antonio Díaz, que la hicieron entre 1703 y 1705. La portada es un buen ejemplo de barroco andaluz: 2 cuerpos en altura flanqueados por parejas de columnas corintias, escudo en piedra del obispo Manuel Arias -su impulsor- sosteniendo un frontón curvo partido, balcón envuelto en pilastras y dintel coronado por pináculos.

El resto destaca por el original color empleado, almagra, usado también en otros edificios de Sevilla (de hecho los duques de Montpensier, que se alojaron aquí mientras se terminaban las obras de San Telmo, lo imitaron). Al entrar se percibe la distribución en torno a dos patios manieristas (uno de ellos con una misteriosa falsa ventana) y una magnífica escalera de mármol de fray Manuel Ramos que lleva a los pisos superiores.

El palacio acoge las sedes del Archivo General del Arzobispado y la Biblioteca, así como un Salón Principal con espectaculares techos pintados al fresco. Y es que con 6.700 metros cuadrados, fue el lugar elegido por los franceses apara establecer su cuartel general y residencia del mariscal Soult, quien seguro que tuvo en cuenta las abundantes obras de arte que lo decoraban para decidirse por él: cuadros de Zurbarán, Murillo, Francisco Pacheco, Francisco Herrera el Viejo, Juan de Espinal y otros italianos y holandeses.

El conjunto está catalogado como Monumento Nacional.

Foto: Roberto Chamoso en Wikimedia

Palacio de Fernán Núñez

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El Palacio de Fernán Núñez forma parte de ese conjunto de rincones espléndidos de Madrid que pasan injustamente desapercibidos ante la impresionante oferta turística, monumental y cultural de la capital. Ubicado en la calle Santa Isabel 44, aprovecha un edificio neoclásico de 1790 construido por el arquitecto Antonio López Aguado que, ya en el siglo XIX, pasó a manos de Felipe Ossorio, conde de Cervellón y esposo de la hija del primer duque de Fernán Núñez.

El duque decidió instalar allí su residencia, encargándole las obras de reforma al hijo del arquitecto anterior, Martín. Como ya eran otros tiempos -corría el año 1846-, el estilo necoclásico fue actualizado con los aditamentos típicamente románticos que no sólo se aprecian en el exterior sino también en la decoración interior, que corrió a cargo del escenógrafo teatral Joaquín Edo del Castillo. Luegoo continuaron haciéndose añadidos y reformas, por lo que también hay elementos neobarrocos, de estilo francés, etc.

El área noble del palacio es la mejor conservada, con el habitual patio de recibo, una espléndida escalera principal de nogal, comedores para adultos y niños, y varios salones (de Estuco, Rojo, de Baile, Isabelino…). Todo ello equipado con un bello mobiliario y diversas piezas de arte, desde réplicas de cartones para tapices goyescos a mármoles, molduras, cortinajes de seda, lámparas de cristal y tapices de la Real fábrica de Santa Bárbara. También hay una zona que estaba dedicada a la servidumbre, un invernadero, caballerizas y recoletos jardines.

En tiempos de los duques de Fernán Núñez el lugar fue escenario de grandes fiestas y famosas tertulias. Tras la Guerra Civil fue comprado por una compañía ferroviaria que lo restauró antes de integrarse en RENFE. El primer objetivo de ésta era convertir el palacio en Museo del Ferrocarril pero, como en 1983 se prefirió para ello la Estación de las Delicias, finalmente quedó como sede de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

Y aunque aún lo sigue siendo, quienes reserven vuelos baratos a Madrid pueden visitarlo, ya que hay tours guiados gratuitos. Con doble interés, pues en el palacio se han rodado algunas películas españolas de temática histórica como Volaverunt, El oro de Moscú, Sangre de mayo o La regenta.

Foto: losmuseosdeeuropa.com

El Palais Royal de París

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A pesar del nombre, Palais Royal, la verdadera residencia de los reyes de Francia en París fue el Louvre. Pero en 1624 el cardenal Richelieu decidió construir el suyo justo al lado, en la parte norte, sobre lo que era el Hôtel Rambouillet. El encargado fue el arquitecto Jacques Lemercier, que lo tuvo listo en 1629.

Era un lugar de gran belleza, rodeado de jardines y con los techos decorados por Phillippe Champaigne. Pero el tiempo de Richelieu pasó y allí fueron instalándose personajes como Ana de Habsburgo y otro cardenal ansioso por igualar la gloria de su predecesor, Mazarino. También un joven Luis XIV gracias al cual se empezó a llamar al sitio Palais Royal.

El Rey Sol instaló allí a su hermano Felipe de Orléans, que fue el que incorporó las famosas galerías bajo arcos destinadas a albergar comercios, ya que necesitaba dinero. Para atraer más gente mandó levantar un teatro al final de cada una, convirtiendo el lugar en punto de encuentro ciudadano. Allí exaltaría Desmoulins a las masas para iniciar la Revolución y en uno de aquellos comercios compró Charlotte Corday el cuchillo con que asesinó a Marat. En 1848 una nueva oleada revolucionaria asaltó el palacio y en la posterior Restauración Napoleón III se lo cedió a su primo.

El edificio es hoy la sede del Consejo de Estado, del Consejo Constitucional y del Ministerio de Cultura, por lo que no se puede visitar. Pero sí sus jardines y exterior, donde también se halla el depósito de la Biblioteca Nacional. Y resulta curioso comprobar que las galerías continúan acogiendo tiendas, ahora de moda y hostelería.

Sin embargo una de las galerías fue sustituida en 1986 por la célebre -y polémica- columnata de Daniel Buren: un patio salpicado de pilares listados verticalmente en blanco y negro, de diferentes alturas y para las que ya tienen reclamo especial los turistas que lleguen con los vuelos baratos a París: al colocar una moneda en la columna más alta se cumplirá un deseo.

En los jardines propiamente dichos hay varias fuentes hechas por Bury, adornadas con estatuas decimonónicas y esculturas modernas en forma de esferas de acero. También se han contado hasta 466 especies vegetales diferentes en los parterres de Mark Rudkin. Y no hay que olvidar la peculiar entrada a la estación de Metro a base de perlas de cristal de Murano engarzadas en una estructura de aluminio, obra de Jean-Michel Othoniel: el llamado Kiosko de los Noctámbulos.

Palacio de Aguas Corrientes

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Uno de los lugares más curiosos que pueden descubrir a un turista los vuelos baratos a Buenos Aires es el Palacio de Aguas Corrientes. El nombre no hace referencia a un apellido aristocrático excéntrico, ni siquiera a un palacio propiamente dicho, porque en realidad se trata del Gran Depósito Ingeniero Guillermo Villanueva, construido a finales del siglo XIX para albergar los tanques que debían suministrar agua potable a la ciudad.

La capital argentina había experimentado un fuerte crecimiento en el último tercio decimonónico, con el puerto incrementando su actividad y la llegada de una importante oleada de inmigrantes; algo tan rápido que no hubo forma de establecer los cauces adecuados y surgieron el hacinamiento y las epidemias. En 1867 fue el cólera, 2 años después el tifus y un par más tarde la fiebre amarilla. Murieron decenas de miles de personas y eso llevó a las autoridades a habilitar nuevos cementerios y crear una red moderna de agua corriente.

El plan fue desarrollado por el ingeniero inglés John Bateman e incluía la construcción de depósitos en la zona norte de Buenos Aires, lo que hoy es el barrio de Balvanera: concretamente en la avenida Córdoba 1950. Los tanques, que eran 12 y tenían una capacidad total para 72 millones de litros, se hicieron de metal, material considerado poco elegante en la época, por lo que se decidió que quedaran dentro de un edificio vistoso. Así nació la idea del palacio.

El arquitecto noruego Olof Boye fue su diseñador, aunque la fachada corresponde a Juan B. Médici. Las obras comenzaron en 1887 y no terminaron hasta 1894, con un presupuesto tan elevado que no hubo suficientes fondos públicos y se hizo necesario privatizar la gestión. El aspecto final es de estilo Segundo Imperio pero con una decoración exuberante, recargada, con ladrillos esmaltados, cariátides de hierro forjado y miles de terracotas policromadas (originalmente se habían previsto mármoles) más un tejado de pizarra verde importada de Francia.

Con planta cuadrangular organizada en torno a un patio que da luz y aire, mide 21 metros de altura y posee cuerpos salientes en el centro de las fachadas y las esquinas, localizándose en éstas los depósitos en 3 pisos superpuestos y sostenidos por vigas y 180 columnas, una cada 6 metros. El aspecto es espectacular, de verdadero palacio, por lo que en 1989 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

En el interior, aparte de los tanques, se alojan el Museo del Patrimonio Histórico (que incluye piezas originales de la ornamentación, mobiliario, maquetas, grifería, etc) y el Archivo de Planos Domiciliarios.

El Pazo de Raxoi

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Es imposible coger alguno de los vuelos baratos a Santiago de Compostela y no pasar, durante la visita, por la plaza del Obradoiro. Este lugar es el centro turístico, artístico y religioso de la ciudad, no sólo por la imponente fachada de la Catedral sino también por los edificios que cierran el espacio. De alguno ya hemos hablado y hoy es el turno del Pazo de Raxoi.

Pazo significa palacio en gallego. Y Raxoi es la versión local del apellido Rajoy, correspondiente a Bartolomé Raxoi Losada, arzobispo compostelano que fue el impulsor de su construcción en el siglo XVIII para acoger la sede del seminario de confesores y hogar de los niños del coro. Un proyecto muy polémico que provocó el enfrentamiento con el administrador del vecino Hospital (actual Hostal de los Reyes Católicos) porque éste objetaba que privaría de luz natural y ventilación a los enfermos, además de dificultar los accesos. Pero es que, además, el Ayuntamiento también quería poner allí su casa consistorial y las cárceles. El litigio obligó a mediar a la Capitanía General y la Real Cámara, que decidieron que las tres partes compartieran el uso.

La obra le fue encargada en 1766 al ingeniero militar francés Carlos Lemaur, que la terminó en 1772 dotándola de un estilo neoclásico. Se trata de un edificio con claro predominio de lo horizontal sobre lo vertical, de 90 metros de longitud, asentado sobre una galería porticada tipo loggia italiana en la que los 5 arcos centrales son adintelados y el resto de medio punto; todos son almohadillados. Sobre ella se asientan dos cuerpos sucesivos rotos en altura por columnas corintias adosadas, entre las cuales hay 50 vanos: los del primer piso con balcón corrido y los del superior individuales, todo coronado por un ático con balaustrada de piedra.

En los extremos hay frontones curvos con el escudo de armas de Raxoi y en el medio uno triangular que realza la entrada principal y en el que se ven relieves de la batalla de Clavijo, obra de los escultores José Gambino y José Ferreiro; este último también es autor de la estatua ecuestre del Apóstol que remata el conjunto.

Por la parte de atrás el pazo se adapta al irregular terreno de Santiago de Compostela, en este caso un importante declive topográfico, mediante dos cuerpos arquitectónicos que abrazan un patio central. La parte más baja era la ocupada por las cárceles. Sin embargo la utilización del palacio fue cambiando con el tiempo y, así, fue sede de la TVE en Galicia y ahora, desde el establecimiento de la democracia, alberga al Ayuntamiento y la Presidencia de la Xunta.

Foto: Luis Miguel Bugallo en wikipedia

El Palacio Barolo de Buenos Aires

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Quien haya decidido reservar alguno de los vuelos baratos a Buenos Aires en este año, Bicentenario de su Independencia, no debe dejar pasar la ocasión de acercarse hasta el Palacio Barolo, ubicado en la Avenida de Mayo 1370 con Hipólito Irigoyen. No sólo porque es un edificio construido para celebrar los primeros cien años del evento sino porque se trata de un lugar arcano, casi esotérico, lleno de metáforas y alusiones a la obra maestra de Dante Allighieri, La Divina Comedia.

El promotor fue Luigi Barolo, un dinámico empresario de origen italiano introductor del cultivo de algodón en el Chaco y que llevó a Argentina las primeras máquinas hiladoras. Ante la inminencia del estallido de una guerra europea Barolo contrató a un arquitecto compatriota, Mario Palanti, con la finalidad de construir un edificio que sirviera de mausoleo para salvar los restos mortales del poeta renacentista, del que ambos eran devotos admiradores. Al final dichos restos no se movieron de su sepulcro de Rávena pero las obras, iniciadas en 1919, concluyeron en 1923, destinándose el complejo a viviendas.

Palanti utilizó hormigón armado por primera vez para erigir 16.630 metros cuadrados con planta de sección áurea en lo que fue el edificio más alto de América del sur durante más de una década. Y, en efecto, la Divina Comedia está omnipresente: su altura de 100 metros (necesitó una licencia municipal especial) equivale al centenar de cantos del poema y tiene 22 pisos, pues tal es el número de estrofas de los versos. Las nueve bóvedas de acceso, decoradas con inscripciones en latín, equivalen a los nueve pasos de iniciación y a las nueve jerarquías del Infierno descritas por Dante, siendo las primeras 14 plantas el Purgatorio y los niveles más altos el Cielo.

La cúspide, que representa a Dios, está decorada en un estilo indio similar al del templo Rajarani Bhubaneshvar y tiene un faro giratorio de 300.000 bombillas que publicaba noticias antes de que se generalizara la radio y que hoy se utiliza para alumbrar en ocasiones especiales, el Bicentenario, por ejemplo, hasta el 25 de mayo de 2011. Su luz puede verse desde Uruguay y, de hecho, Palanti hizo un edificio gemelo en Montevideo, el Palacio Salvo, que es un poco más alto, cuyo haz luminoso debía cruzarse con el de Buenos Aires.

La leyenda del Palacio Barolo queda aún más subrayada con algunos datos misteriosos: nunca se encontraron los planos originales y a última hora de la tarde del primero de junio la Cruz del Sur se alinea con el eje del edificio. Todo ello, unido a su declaración como Monumento Histórico Artístico en 1997, sirve para contrarrestar algo mucho más prosaico: actualmente se usa como sede de oficinas… Aunque hasta en esto tuvo su punto: en la planta baja -el Infierno, recordemos- se instaló el servicio secreto argentino.

Foto: commons.wikimedia

Museo de Música George Enescu (Bucarest)

Uno de los edificios más representativos de Bucarest es el Palacio Cantacuzino, sede del Museo de Música George Enescu. Es una visita que no suele faltar en ningún tour, no sólo porque está erigido en honor de una de las glorias nacionales sino por la propia belleza del lugar. Hay que apuntarlo cuando se proyecte un viaje a la capital rumana y se busquen vuelos económicos.

El palacio fue construido en 1900 por el arquitecto I.D. Berindel para George Grigore Cantacuzino, alias el Nabob, que fue primer ministro del país por el Partido Conservador. Lo heredó luego su hijo Mihail pero murió pronto y en 1937 la viuda de éste, Maruca, volvió a casarse: lo hizo con uno de los grandes personajes del arte rumano, el músico George Enescu, compositor, director de orquesta, pianista, violinista y profesor de uno de los virtuosos actuales, Yehudi Menuhin. Enescu y Maruca, sin embargo, no vivieron en el palacio sino en una casa adjunta originalmente dedicada a funciones administrativas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Rumanía quedó en la órbita del comunismo y Enescu emigró a Francia. Su cuerpo aún sigue allí, enterrado en el cementerio de Père Lachaise, pero su espíritu se conserva en su país de origen gracias a que en 1955 la Asociación de Compositores recibió el Palacio Cantacuzino como sede y, al año siguiente, fundaron un museo de música; lógicamente, lo bautizaron con el nombre de su mejor representante y, de hecho, en las salas pueden encontrarse muchos objetos personales de Enescu: partituras, fotos, cartas, premios (entre ellos la Legión de Honor francesa) y una colección de obras de Bach que le regaló en su día la reina Elisabeta.

El propio edificio es precioso. Mezcla de estilos barroco, rococó y neoclásico, lo más curioso es la entrada de la fachada principal, donde dos leones de piedra flanquean una escalinata que da paso a una puerta con marquesina de hierro forjado y cristal estilo art nouveau. Está en la calle Victoriei y abre de martes a domingo hasta las 17:00, siendo una de las visitas recomendables al reservar los citados vuelos baratos a Bucarest.

Museo Nacional Cotroceni

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Una de las visitas de referencia cuando se reservan vuelos a Bucarest es la del Museo Nacional Cotroceni. Aunque es decimonónico en realidad está construido sobre el lugar donde Serba Cantacuzino fundó un monasterio entre 1679 y 1682 que, a la vez, le servía de real residencia. De hecho, algunos de los príncipes rumanos más importantes como Constantin Brncoveanu, Ion Cuza o Carol I vivieron en él siglo tras siglo.

Los avatares del tiempo, en forma de incendios y terremotos, obligaron a someterlo a periódicos arreglos (1718, 1787, 1802) hasta que en 1893 Carol encargó al arquitecto francés Paul Gottereau una reforma mucho más profunda. Para ello se procedió a demoler otros palacios aledaños que había en la zona de Cotroceni y eliminar el aspecto religioso del edificio -así se perdió la iglesia, aunque se salvó el iconostasio, hoy expuesto en el Museo Nacional de Arte-, dejándolo como residencia oficial del príncipe heredero Ferdinand. Los planos de Gotttereau eran básicamente de estilo neoclásico, si bien añadían algunos elementos decorativos eclécticos. Aún así otro arquitecto, Grigore Cerchez, aportaría importantes remodelaciones en los períodos 1913-1915 y 1925-1926.

El palacio funcionó como tal hasta 1947. Luego la implantación del régimen comunista terminó con la monarquía y determinó la reconversión de muchos edificios para otros usos. Fue el caso del Cotroceni, que pasó a ser sede de los Pioneros (Juventudes Comunistas) hasta 1957. Luego, en 1977, el último gran seismo que sufrió Bucarest obligó a acometer nuevos trabajos de restauración que convirtieron el palacio en un restaurante, añadiéndole un ala. Entre 1985 y 1991 todo quedó por fin terminado y se reabrió como museo y sede de representación de la Presidencia de la República.

Al entrar hay un gran vestíbulo con una espectacular escalera y galerías neobarrocas. Los viejos tiempos cantacuzinos pueden contemplarse en la planta baja y el sótano: son la dependencias domésticas, cocina, celdas etc. Entre ellas figuran una vieja Biblia del siglo XVII y vestuario de la época. En el primer piso destacan la librería del rey Fernando, el salón de caza renacentista, el salón de las Flores (antaño denominado de Oro), el comedor y la sala de recepciones ceremoniales. Por último, en el piso superior se hallan los aposentos, como el dormitorio Tudor de la Reina, el salón noruego y otras habitaciones de diversos estilos, desde el Imperio al Luis XIV pasando por el Rococó, el Luis XV o el Segundo Imperio.

Este museo-palacio resulta especialmente interesante para descubrir los contrastes coyunturales de la historia rumana: de la monarquía tradicional a la república socialista y finalmente la democracia actual. Hay que recordarlo y ponerlo en la lista al acudir al buscador de vuelos.

Palau de la Generalitat Valenciana

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Pocos edificios debe haber en Valencia que hayan experimentado tantas reformas, obras y remodelaciones como el Palau de la Generalitat. Una visita a este histórico centro del poder político regional puede completar el resto del tour turístico por la ciudad y bien vale, en conjunto, ponerse a mirar el buscador de vuelos.

En 1421 los treinta y dos diputados de las Cortes alquilaron varias dependencias de una casa notarial para celebrar sus reuniones. Dada su magnífica ubicación, en pleno centro urbano, la compraron al año siguiente. Se trataba de una mansión de estilo gótico tardío a la que pronto hubo que hacer ampliaciones, comprando inmuebles vecinos, porque su tamaño se quedaba pequeño. Los maestros Joan Corbera, Joan Monçano y Joan de Bas la remozaron totalmente entre 1511 y 1515, cambiando la distribución primitiva que se había conservado hasta entonces.

La promulgación de los Decretos de Nueva Planta de Felipe V abolieron la Generalitat en el año 1718 y el edificio pasó a ser sede de la Audiencia, con las consiguientes reformas de adaptación a su nuevo uso. En 1830 se advirtió peligro de ruina y de nuevo hubo que efectuar trabajos para apuntalarlo. Cuando la Audiencia se volvió a trasladar en 1923, aquellas paredes volvieron a acoger a la Diputación Provincial. Allí siguió, igual que continuaron las obras, durante las décadas siguientes, entre ellas la reconstrucción de la torre que faltaba a cargo del arquitecto Luis Alberto Ballesteros en los años cincuenta. En 1982, ya restaurada la democracia, el palacio se convirtió en sede de la Presidencia de la Generalidad Valenciana.

La fachada presenta tres cuerpos, uno central alargado y dos laterales más altos que son torreones, todos ellos rectangulares. Los ventanales del entresuelo son adintelados mientras que los del primer piso son trilobulados y los del segundo clasicistas. En lo alto hay una balaustrada herreriana rematada con pináculos. La entrada da a un zaguán descubierto en el que destacan dos elementos: una chimenea de bronce realizada por Mariano Benlliure y denominada el Infierno de Dante, y la escalera de honor, volada, en estilo gótigo flamígero, por la que se sube al piso principal, de 1482. Ya en el interior hay que resaltar tres estancias por su belleza: una es el entresuelo del torreón (usado para reuniones y a veces como prisión para nobles) y recibe el nombre de Salón Dorado por el tono dominante de su artesonado; éste es obra de Ginés Linares (1534) y en su policromía colaboró Juan de Juanes. Otra, a la que se llega pasando un arco ojival con friso renacentista en el piso principal, es el Salón de Cortes; sus techos también se deben a Ginés Linares y su continuador Gaspar Gregori, pero además posee un zócalo de azulejos y paredes pintadas al fresco popr Joan Sarinyena. La última estancia a reseñar es el Salón de Reyes, un corredor cuyo nombre proviene de los retratos de los monarcas valencianos y españoles que lo decoran. El autor es Joan de Monçano y hoy se utiliza para recepciones oficiales.

El palacio fue declarado Bien de Interés Cultural en 2008, por lo que es una visita a tener en cuenta cuando se reserven esos vuelos baratos a Valencia.

Foto: www.valenciaguia.com