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La Selva de Irati

La Selva de Irati es uno de los bosques mas bellos que se pueden visitar en la Península. Es el segundo bosque más grande y mejor conservado, que cuenta con hayas y abetos en Europa, un enorme manto verde de unos 17.000 hectáreas que se mantienen conservadas respetando la Naturaleza al máximo. Está en el Pirineo occidental de Navarra, abarcando una zona de bosque que ocupa parte de Francia. 

Para llegar a la Selva de Irati, se accede desde los pintorescos pueblos de Ochagavía y Orbaitzeta que quedan a menos de 1 hora desde Pamplona. Es una zona de gran belleza, un tesoro natural donde se encuentran las áreas protegidas de Mendilatz y Tristuibartea Lizardoia y la Reserva Integral, realmente merece la pena visitarlo si has decidido ir a Navarra.

Sentarse en el corazón del bosque y disfrutar de la naturaleza, sus sonidos, el viento sobre las ramas de los árboles, el agua de las cascadas y riachuelos y pasear por alguno de sus recorridos es una experiencia estupenda, que va a dejarnos con una muy buena sensación. El aroma de las maderas añade otro sentido, el olfato.

Hay rutas para pasear caminando entre hayas y abetos de distintas distancias, y también hay rutas largas para hacer trekking o recorrer en bicicleta. Durante el paseo se va poder admirar las corrientes cristalinas del río Irati y el color turquesa en el embalse de Irabia, escuchar por los sonidos esquivos de la fauna y dar un paseo a través de la suave hierba que cubre la Selva de Irati. Al llegar al bosque te dan un plano con las rutas que hay y ese asesoran para la ruta mas adecuada al tiempo de que dispongas y tus necesidades.

Foto:  ©depositphotos.com/Copyright: Fani014

El Roque Nublo

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Hasta hace unos años, quienes reservaban vuelos baratos a Gran Canaria y visitaban la isla descubrían que en la costa norte, casi pegado a un altísimo acantilado, había una enorme y pintoresca roca que emergía sobre la superficie del agua a la que se conocía como el Dedo de Dios, por asemejar una mano con el índice extendido hacia arriba. Lamentablemente, un temporal la destrozó arrebatándole así el carácter iconográfico del que disfrutaba en representacion de la isla. Pero a ésta aún le queda otro elemento natural simbólico al que acudir: el Roque Nublo.

Y es que a falta de un volcán emblemático más o menos activo como el Teide de la vecina Tenerife, Gran Canaria puede persumir de esta enorme roca de ochenta metros de altura que se yergue a 1.183 metros de altitud en una de las crestas del Pico de las Nieves, la mayor montaña insular, que ocupa todo su centro.

El Roque Nublo es un bloque de piedra basáltica, lo que queda de una colada piroclástica de bloques y cenizas soldadas originada por la erupción explosiva del estratovolcán homónimo en el Plioceno (de 2,8 a 5 millones de años). Pero no sólo es eso. Se trata de uno de los más grandes del mundo de su tipo y además presenta una curiosa forma cuadrangular.

Lo más singular, sin embargo, es que parece colocado en posición vertical de forma deliberada, asemejando un solitario pero terrible guardián. No extraña, pues, que los antiguos guanches lo consideraran sagrado, convirtiendo su entorno en un santuario religioso donde celebrar sus cultos.

Declarado Monumento Natural en 1987 se halla en el municipio de Tejeda, dentro del Parque Rural del Nublo, que se creó en 1994. Es una zona de abruptos barrancos rocosos a la que se llega por un camino que parte de la carretera y facilita unas impresionantes panorámicas en 360º que permiten, en días claros, incluso vislumbrar la silueta del Teide.

La subida lleva unos 45 minutos a paso tranquilo, por algo menos la bajada, resultando más que aconsejable realizar ambos trayectos con protección solar y bien provistos de agua. Eso si no se concreta la intención declarada por el Patronato de Turismo de Gran Canaria de construir un strong>teleférico desde el pueblo de Tejeda hasta La Degollada.

Foto: Teleyinex en Flickr

El Macizo de Anaga y sus leyendas

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Quien busque lugares curiosos en sus vuelos baratos a Tenerife encontrará uno de los más enigmáticos al noreste de la isla, en el Macizo de Anaga, situado entre los municipios de Santa Cruz, San Cristóbal de la Laguna y Tegueste. Se trata del célebre Bailadero de las Brujas, un rincón que mezcla belleza del paisaje con una leyenda de siglos atrás.

El macizo, formado hace 9 millones de años por acumulación de depósitos volcánicos, se extiende por una superficie de 14.418,7 hectáreas con una altura máxima de 1.024 metros de altitud (Cruz de Taborno). en él se encuentran imponentes barrancos, valles en V, diaclasas y laurisilvas, además de algunas zonas de cultivo (papas, plátanos). No obstante, la dificultosa orografía hace que escaseen las vías de comunicación y, en consecuencia, exista muy poca densidad de población.

Sin duda eso influyó en que surgieran las mencionadas leyendas, máxime teniendo en cuenta que por allí habitaron los guanches; de hecho el lugar es rico en yacimientos arqueológicos y en su subsuelo apareció un buen número de momias, así como cavernas con pinturas rupestres. El mito más conocido es el que da nombre a la zona situada entre San Andrés y Taganana, conocido como Bailadero de las Brujas porque la imaginación popular situaba allí el punto de encuentro para los aquelarres. Después bajaban a bañarse a una playa cercana a la que también le quedó el nombre.

Hay más bailaderos en Anaga, como los de la Punta, Chinamada y La Orilla, pero las hechiceras no son los únicos personajes pintorescos que anduvieron por allí para las mentes locales. También hubo piratas, por ejemplo, como el llamado Cabeza de perro, que habría escondido un tesoro en algún acantilado. Y no podían faltar las leyendas religiosas en las que San Pedro curó milagrosamente a un vecino, razón por la que éste levantó en su honor una capilla (San Pedrito); o la de la estampa de la Virgen de Begoña, que llegó en una botella lanzada al mar desde Bilbao; o la que cuenta que el Santísimo Cristo del Naufragio que se conserva en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, fue encontrado en un baúl procedente de un barco encallado en 1898.

En cualquier caso, estas montañas de Tenerife constituyen un punto de atracción turística no masiva y puede satisfacer a cualquier visitante no sólo por ese aura legendaria sino también por monumentos como el Faro de Anaga (de 1863, en el extremo nororiental de la isla), la citada iglesia de Nuestra Señora de las Nieves (1513, Bien de Interés Cultural) o el Castillo de San Andrés (Patrimonio Histórico). Por no hablar de otros bellos lugares como la Playa de las Teresitas (artificial), las espléndidas vistas desde los acantilados de Taganana, los dos roques que sobresalen de la superficie marina o el León de Piedra.

Foto: Beneharo Hernández en Wikipedia

El mirador de Colomer

Uno de los lugares más espectaculares que se puede recomendar al usuario de los vuelos baratos a Palma de Mallorca es el cabo Formentor. Esta lengua de tierra que se interna en el mar como un cuchillo está situada al norte de la isla, haciendo las veces de cuerno de cabra si se toma como referencia la similitud del contorno insular con una cabeza de este animal.

Allí justo termina (o empieza, según se mire) la sierra de Tramuntana, la cordillera más alta y abrupta de Baleares y se puede hacer un bello recorrido partiendo de Pollença y siguiendo una sinuosa carretera en dirección noreste. La primera parada, a unos 10 kilómetros, es el mirador de Colomer, también conocido como Sa Creueta.

Colgado de un acantilado cortado a pico a 232 metros de altura, asomado al mar y azotado por una fuerte brisa, desde el mirador se obtienen unas vistas imponentes de la bahía de Pollença, destacando especialmente los farallones vecinos, en lo alto de uno de los cuales asoma la atalaya de Albernix, torreón de vigilancia del siglo XVI. Más allá se llega a la playa de Formentor y a un solitario faro que se recorta contra el horizonte y desde donde se puede vislumbrar Menorca si el día es claro.

El ingeniero Antonio Parietti Coll fue quien ideó y llevó a la práctica la construcción del mirador y la carretera, razón por la cual se ha levantado un monumento en su memoria allí mismo. Hay un aparcamiento para dejar el coche desde el que se sube una ondulante escalinata tallada en la roca para llegar a dos balconadas circulares que constituyen los puntos de observación. Es recomendable llevar prismáticos salvo que se vaya expresamente, como hace mucha gente, a ver los colores velados del ocaso.

Probablemente se vea también fauna. Por el camino no será raro cruzarse con alguna de las muchas cabras montesas que habitan la zona. Y Formentor fue elegido hace unos años como lugar idóneo para reintroducir al buitre negro. Y, en otro orden de cosas, también es tradicional destino para otro tipo de fauna, la humana: ilustres personajes como Churchill, Agatha Christie, Alcalá Zamora, el príncipe Eduardo de Inglaterra y hasta el maharajá de Kapurtala se solazaron con la belleza espléndida de esas vistas de ese rincón de Mallorca.

El barranco de Guayadeque

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Los visitantes habituales de Gran Canaria ya saben que el paisaje de la isla se puede dividir en dos, costa e interior, estando este último caracterizado por abruptos barrancos en cuyas profundidades se dan ecosistemas únicos y suelen aparecer restos arqueológicos de antiguos poblamientos. Uno de los más interesantes es el barranco de Guayadeque, que une la localidad costera de Agüimes con la de Ingenio mediante una sinuosa carretera de siete kilómetros que salva un desnivel de 900 metros, desde los 400 iniciales hasta los 1.300 de la cima.

El nombre es guanche y significa lugar de las aguas que fluyen porque las corrientes que manan por las laderas abastecen a los pueblos vecinos. Esa abundancia de agua en una isla tan habitualmente seca permite tapizar las tierras de la zona con una capa de verde vegetación si no muy tupida sí extraordinariamente rica, pues se pueden contabilizar hasta 80 especies autóctonas además de los clásicos cactos, palmeras, aloe vera y pinos. Incluso en verano, cuando predomina la aridez, los almendros en flor le dan un toque de color. También es el hábitat del lagarto canarión, uno de los reptiles de su especie más grandes que existen. Por eso el barranco ha sido declarado Monumento Natural.

Pero no todo el interés está en la naturaleza: a veces también en su utilización. En eso los guanches no dejaron pasar la oportunidad y aprovecharon las numerosas grutas naturales, de difícil acceso, como santuarios religiosos, almacenes y viviendas. Pero, sobre todo, como hipogeos para sepultar a sus muertos, de manera que allí se fue creando una importante necrópolis prehistórica. Los guanches momificaban a sus difuntos y los envolvían en pieles de animales, como se puede apreciar en muchas de las momias que hoy se exponen en el Museo Canario de Las Palmas, donde terminaron después de que los habitantes de los pueblos vecinos las encontraran en el siglo XIX.

Una cuestión más práctica que científica, pues en la actualidad las cuevas no sólo son sitios para estudiar el pasado: en una continuación de aquellas costumbres ancestrales, muchas de ellas han sido reutilizadas para vivir o para celebrar cultos, pues en una incluso se instaló una capilla. Cuevas Muchas, Risco del Canario, Risco Vicentico, Risco del Negro… son algunos nombres que pueden servir de referencia al turista interesado. Y como no todo tiene que ser ciencia y cultura, informar de que algunas cavernas acogen bares y restaurantes en los que lo que procede es probar las delicias locales, como el vino autóctono o las aceitunas de Temisas con salsa de mojo verde, hecha a base de cilantro. Téngase en cuenta a la hora de reservar vuelos baratos a Gran Canaria.

Foto: wikimedia

La Caldera de Bandama

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Uno de los paisajes más bonitos de Gran Canaria se puede encontrar recorriendo la sinuosa carretera de seis kilómetros que parte desde el sur de Tafira Alta y llega hasta un mirador en la cumbre del Pico de Bandama. No tiene una gran altura, 569 metros, pero la panorámica desde lo alto es impresionante, abarcando toda la isla y, si el día es despejado, llegando a vislumbrar incluso Fuerteventura.

Pero no es necesario echar la mirada al horizonte para disfrutar. Basta con volver los ojos hacia abajo, a la caldera volcánica formada por una explosiva erupción hace miles de años: el cráter dejó salir coladas de lava antes de colapsar sobre sí mismo y volver a quedar cerrado, originando este bello paisaje. Son 220 metros de profundidad por un millar de diámetro jalonados por estratos y cenizas de varios tipos, aunque la mayor parte de la superficie aparece hoy cubierta de vegetación, desde naranjos hasta palmeras pasando por higueras, eucaliptos y el típico matorral con pitas. Debe su nombre al comerciante holandés que en el siglo XVI cultivaba viñedos en el fondo; se llamaba Daniel van Damme y estaba casado con una mujer canaria, Juana Vera.

Los más osados pueden bajar por un sendero. Allí todavía encontrarán alguna que otra plantación local y el yacimiento arqueológico de la Cueva de los Canarios, una gruta natural empleada por los pueblos primitivos como vivienda y almacén. Todo el conjunto ha sido declarado Paraje Natural de Interés Nacional y Punto de Interés Geográfico, formando parte del Paisaje Protegido de Tafira junto con el pico.

Los vuelos baratos a Gran Canaria no sólo permitirán esta excursión para ver el entorno. En 1891 los vecinos de la comunidad británica en la isla construyeron al sur del pico Bandama el Real Club de Golf de Las Palmas, que es el más antiguo de España.