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Museo Marítimo Ría de Bilbao

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La rehabilitación de la zona de la Ría de Bilbao hace años la ha recuperado para el ciudadano en forma de diversos equipamientos culturales. Uno de ellos es el Museo Marítimo, que se ubica en el Muelle Ramón de la Sota 1, en los terrenos que antes correspondían a los Astilleros Euskalduna, que cerraron en 1984.

Los astilleros, situados en la margen izquierda de la ría, en el barrio de Indautxu, fueron el motor económico de la ciudad durante mucho tiempo. Cuando llegó la crisis y se empezó a cambiar los usos de la zona, sus 27.000 metros cuadrados fueron elegidos para acoger la sede de este nuevo museo, inaugurado en noviembre de 2003.

Se distinguen dos espacios diferentes. Uno es exterior y reaprovecha los viejos diques, ahora secos, para exponer algunas embarcaciones, la Casa de Bombas (máquinas de vaciado y llenado) y la legendaria grúa que sirve de emblema de la institución, la Carola, de 1954. El otro es interior y se halla bajo la rotonda del Puente Euskalduna, constando de 7.000 metros cuadrados, de los cuales dedica 3.500 a exhibir la colección.

Ésta se estructura en tres áreas, con la ría como protagonista y eje central: Ría, puerto de mar; Ría, mercado; y Ría, astillero naval. Hay objetos relacionados con el mundo del mar, como bitácoras, ruedas de timón, boyas, instrumental de navegación… Aunque seguramente una de las piezas estrella que más agradarán a quienes reserven vuelos baratos a Bilbao y visiten el museo sea la falúa del Consulado, utilizada antaño por la autoridades y arreglada siguiendo las pinturas de época en las que aparece.

La institución organiza regularmente exposiciones temporales variadas y acoge un programa llamado Grandes Veleros para recibir a este tipo de barcos, de gran atractivo para el público. Por allí han pasado algunos como el galeón La Pepa, el Rainbow Warrior, el Endeavour o el Sagres, entre otros.

Las Siete Calles de Bilbao

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Si alguien está proyectando coger alguno de los vuelos baratos a Bilbao y ve el título quizá esté desconcertado. Evidentemente, la capital vizcaína tiene más de siete calles, lo que ocurre es que éste es el nombre tradicional que se da al casco antiguo, núcleo originario de la ciudad, porque estaba formado, en efecto, por esas Siete Calles o Zazpi Kaleak, desde que en agosto del año 1300 don Diego López de Haro concediera la Carta Puebla que convirtió lo que era un simple poblado de pescadores en villa.

Por entonces, Bilbao se reducía a lo que hoy es la zona de San Antón que, protegida por el documento oficial, recibía el derecho monopolístico sobre el tráfico fluvial del Nervión; de hecho, Bilbao quiere decir algo así como zona vadeable, ya que allí estaba el tramo de menos profundidad. Tres décadas después se empezó a construir un alcázar donde actualmente está la iglesia, origen de las murallas y estímulo, por aquello de la protección, para el comercio y la industria de la época.

Las primeras tres calles fueron Somera, Artecalle y Tendería, pero pronto se sumaron otras cuatro: Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena. A finales del siglo XV las murallas impedían el crecimiento así que se derribaron, ampliándose el casco antiguo hasta la actual Plaza Nueva. Ya en 1573 se abrió la calle Real (ahora La Cruz), comunicando la zona vieja con Iturribide y el arrabal de San Nicolás.

Hoy, las siete son el punto de partida de buena parte de las visitas esenciales a la ciudad, con sus casas de piedra, sus viejas iglesias, el suelo enlosado peatonal, los bares donde degustar los imaginativos pintxos, alguna añeja tienda de ultramarinos y enseres, el mercadillo del domingo en la Plaza Nueva… También la juerga nocturna del fin de semana y las oleadas de turistas cámara (o paraguas) en mano.

Evidentemente, incluso en el casco histórico hay más de siete calles.

La Alhóndiga bilbaína

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La creciente oferta de vuelos baratos a Bilbao no es más una consecuencia del empujón turístico que recibe esta ciudad desde que se acometió, hace ya años, el plan de rehabilitación urbana. Gracias a él se recuperaron para el ciudadano antiguas zonas industriales y portuarias degradadas, permitiendo la construcción de edificios futuristas y emblemáticos como el Guggenheim o el Kursaal. Un tercero, quizá menos mediático pero igual de exitoso, es el de la Alhóndiga.

Alhóndiga es la acepción clásica que se aplica a un edificio destinado a almacenar vino. El de Bilbao fue levantado entre 1905 y 1909 en lo que se llamaba el Ensanche, ocupando una manzana entera. Diseñado por el arquitecto Ricardo Bastida, fue uno de los primeros casos de arquitectura pública realizada en hormigón armado, presentando, gracias a la combinación con ladrillo y característicos adornos exteriores, un estilo inconfundiblemente modernista, aunque de tono sobrio, distinto al catalán.

En 1919 sufrió un incendio y tuvo que ser restaurado. Después, en los años setenta, se cerró y los intentos por destinarle un uso público no se concretaron, por lo que su estado de conservación empezó a deteriorarse. Sólo se salvó gracias a dos factores: el primero, la declaración como Bien de Interés Cultural en 1999 y, el segundo, el aniversario de sus primeros cien años, que llevaron a la decisión de rehabilitarlo como centro cultural y de ocio.

Una inversión de 75 millones de euros y la dirección del prestigioso arquitecto francés Philippe Starck permitieron inaugurarlo en mayo de 2010: 43.000 metros cuadrados en los que se respetó el exterior pero se modificó el interior casi completamente, incorporando tres grandes cubos forrados de ladrillo distribuidos en torno a un patio central atravesado verticalmente por un bosque de vigas de hierro. Los cubos alojan biblioteca, restaurante, auditorio, tienda y un gimnasio cuya piscina, en la parte más alta del edificio, tiene un fondo acristalado que permite ver a los bañistas desde abajo. Están sostenidos por 43 columnas del diseñador italiano Lorenzo Baraldi, todas diferentes entre sí en forma, colorido, materiales y estilo: las hay chinas, clásicas, salomónicas, medievales, en espiral, futuristas, etc. Starck definió su simbolismo como «la infinidad de culturas, guerras, religiones vividas por el Hombre a lo largo de su Historia».

Además, hay cines, una sala de exposiciones y un aparcamiento subterráneo. El propio atrio central sirve para sostener, colgada del techo, una gigantesca pantalla que proyecta la imagen del sol a gran escala, ardiente, atractivo e impresionante. Motivos de sobra para acercarse a pasar una tarde con alguna de sus ofertas o, simplemente, a disfrutar de la Alhóndiga en sí. Hay visitas guiadas de 10:00 a 19:00 (de lunes a jueves) y de 10:00 a 15:00 (de viernes a domingos).

Foto: internimagazine

El Teatro Arriaga

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Los vuelos baratos a Bilbao llevan inevitablemente a hacer una visita al barrio del Arenal, lo que obliga a pasar ante el Teatro Arriaga, uno de los edificios emblemáticos por excelencia de la ciudad en el terreno de las artes interpretativas junto al Palacio Euskalduna: si éste se dedica, por su mejor equipación técnica, a la música, el Arriaga ha quedado en exclusiva para la escena, adaptándose a los tiempos.

En realidad fue su dedicación primigenia después de que la población se quedara sin lugar fijo para las funciones al arder el Teatro Cómico, construido en la calle Ronda en 1799 y quedar su sustituto de 1834, el Teatro de la Villa, muy maltrecho por los sitios de Bilbao durante las inacabables Guerras Carlistas que jalonaron el siglo XIX. Como, de todas formas, se quedaba pequeño para el creciente número de habitantes, se encargó al arquitecto municipal, el cántabro Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo, la erección de un nuevo edificio sobre el anterior que debía tener 1.500 plazas y una curiosa condición: no obstaculizar las labores habituales en el cercano muelle de la ría. Así nació, en 1890, el Teatro Arriaga, nombre puesto en honor de uno de los compositores nacionales más importantes, popularmente conocido como el Mozart español. Quien lo deseara, podía pagar 15 pesetas y oir las actuaciones de ópera ¡por teléfono!

Frente al estilo neoclásico del predecesor, el nuevo teatro es neobarroco, presentando una planta exenta trapezoidal, fachada curva con balcón corrido sustentado por ménsulas en forma de titanes -que no son de piedra sino de hormigón, importados de Francia-, pequeño frontón flanqueado por torrecillas cupuladas y abundancia de decoración escultórica exterior por todo el conjunto. En el interior destacan los tres niveles sobre el patio de butacas, sostenidos por columnas y con barandillas doradas a elegante juego con el terciopelo rojo de las butacas. El foso tiene capacidad para una orquesta de 60 músicos y el telón es cortafuegos.

No obstante, conviene advertir que en 1914 sufrió un incendio en plena función de zarzuela, por lo que hubo que encargar una restauración -y, de paso, ampliación- a Federico de Ugalde, que se terminó en 1919. No sería la única desgracia, pues en 1983 las terribles inundaciones que sufrió la ciudad lo dejaron en muy mal estado. Para entonces se encontraba en medio de nuevas reformas ordenadas a Francisco Hurtado de Saracho por el Ayuntamiento, su nuevo gestor desde 1978, pues había estado languideciendo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX hasta terminar reconvertido en cine. Concluidas las obras en 1986, hoy está gestionado por una sociedad anónima municipal. Anecdóticamente se pueden comparar los mil millones de pesetas invertidos, frente al millón que costó la construcción en 1890.

La iglesia de San Antón

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Bilbao, siglo XV. Un puente de piedra marca la entrada a la villa, que debe hacerse pagando peaje, desde el actual barrio de Atxuri hasta el casco viejo a través del ya extinto Portal de Ibeni. Allí se alzaba un alcázar de tiempos de Alfonso XI de Castilla que luego se cedió al concejo, el cual decidió demolerlo. En su lugar decretó que se erigiría una iglesia dedicada a San Antonio Abad, patrón de los agricultores, que eran los principales usuarios del puente al acudir al centro para vender sus productos.

Así, en 1433, nació la iglesia de San Antón, un edificio que, por diversas ampliaciones y añadidos, mezcla el estilo gótico original de la nave, el coro y la sacristía, con el renacentista del pórtico (obra de Juan de Garita), el plateresco del retablo (de Guiot de Beaugrant), el barroco del campanario (de Juan de Iturburu) y el neogótico del pórtico auxiliar, otra sacristía y los despachos parroquiales (de Enrique de Epalza, 1902).

El conjunto es de planta rectangular, con tres naves divididas en cuatro tramos cada una, bóveda de crucería y carente de ábside. No faltan, sin embargo las capillas: la más antigua es la de San Roque y la más grande la de los Leguizamón, que tenía acceso directo desde la mansión familiar; la de la Piedad servía para que pasaran su última noche los condenados a muerte y la de los Elexpuru estaba al lado del Archivo del Ayuntamiento, que también tenía comunicación directa con la iglesia por un arco.

La estratégica ubicación de San Antón convirtió al templo en testigo de violentos acontecimientos históricos: es el caso de los altercados del Estanco de Sal en 1634, cuyos protagonistas fueron arcabuceados con los muros de la iglesia como paredón; la Matxinada de 1718, cuando el pueblo llano se alzó en armas contra los representantes de la Corona; la conquista de la ciudad por las tropas de Napoleón, que se abrieron camino entre las defensas por esa zona; y las inundaciones de 1983, que arrasaron el interior.

Para darle la adecuada protección en lo sucesivo, San Antón fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional al año siguiente, razón de sobra para reservarle un tiempo de visita cuando se reserven los pertinentes vuelos baratos a Bilbao.. No en vano su imagen forma parte del escudo de la ciudad.

La Basílica de Nuestra Señora de Begoña en Bilbao

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Casi todos coinciden: si se cogen vuelos baratos a Bilbao hay que acercarse hasta la Basílica de Begoña para conocer el lugar donde está la Amatxa, la virgen que es patrona del señorío de Vizcaya desde 1735. El recién llegado descubrirá un templo más o menos interesante desde el punto de vista artístico pero, sobre todo, envuelto en una intensísima historia.

El santuario fue erigido sobre una ermita anterior de planta basilical, techo de madera y capilla de piedra que correspondía aproximadamente con la nave central de la actual. Las obras se realizaron según los planos de Sancho Martínez de Arego y duraron un siglo, de 1511 a 1621, costeándose con limosnas de los fieles. Tiene tres naves, las laterales algo más bajas en altura, cubiertas con bóvedas de crucería góticas, si bien no es éste el único estilo ya que a lo largo de esos cien años de trabajos se fueron aportando elementos renacentistas (portada) y clasicistas (coro). No hay crucero y es especialmente destacada la torre del campanario con espadaña.

La Virgen de Begoña era fruto de una devoción especialmente popular en Vizcaya, en general, y Bilbao en particular, sobre todo entre los marineros, que acostumbraban a cantar la Salve cuando divisaban el perfil de la iglesia al arribar de sus singladuras. Aún hoy los días de culto mariano, como el 15 de agosto o el 11 de octubre llenan los alrededores con procesiones y gente que difruta la jornada festiva en los puestos de rosquillas que se montan.

Pero, sin duda, lo más fascinante de este santuario son los tormentosos acontecimientos que jalonaron su devenir desde principios del siglo XIX. La invasión francesa trajo grandes calamidades a la ciudad pero con mayor gravedad para la iglesia, que acabó medio destruida por su posición estratégica, en lo alto de una loma. Tal parecía que había de ser su destino, pues años después, durante el sitio de Bilbao de la Primera Guerra Carlista (1835), Zumalacárregui situó al amparo de su muros una batería de artillería, atrayendo el fuego de los cañones de los defensores liberales quienes, al romper el cerco, minaron la torre en prevención de acciones futuras. Y éstas, efectivamente, llegaron al año siguiente dejando el templo casi en ruinas. A lo largo de las décadas posteriores se procedió a arreglarlo, aún cuando un rayo volvió a derribar la torre. Pero el conflicto Carlista estalló de nuevo en el último tercio del siglo y la basílica volvió a quedar maltrecha.

Se reedificó entre 1902 y 1907 bajo la dirección de José María Basterra. Y en 1994 quedó terminada la última restauración, que supuso la limpieza de la piedra y el arreglo del carillón, que se había instalado en 1922 con su 24 campanas suizas. Todo listo para los fieles y los turistas que lleguen en los muchos vuelos económicos que aterrizan en Sondika.

El Palacio Euskalduna de Bilbao

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Bilbao está mucho más al alcance del turismo que nunca gracias a una importante serie de ofertas de vuelos. Buena parte de esta atracción proviene del plan de recuperación de la ría y su entorno, en el curso del cual se dotó a la ciudad de importantes infraestructuras. La más conocida es el Museo Guggenheim pero hay otra que también fue crucial para modernizar y poner en el candelero a la capital vizcaína: El Palacio Euskalduna.

El Palacio Euskalduna de Congresos y de la Música se levantó entre 1994 y 1999 siguiendo el proyecto ganador del concurso que se había convocado, El buque fantasma, obra de los arquitectos Federico Soriano y Dolores Palacios. Ambos proponían un innovador edificio que se inspiraba en el casco de un barco en pleno proceso de construcción en un astillero, en homenaje a los terrenos donde había de emplazarse, lo que antes eran los Astilleros Euskalduna que, a la postre, darían nombre definitivo al complejo. Para acentuar ese aspecto una de sus fachadas, la que se halla de cara a la ría, está hecha de planchas metálicas oxidadas que recuerdan así la antigua actividad siderúrgica naviera; la otra presenta materiales más convencionales, como piedra y cristal, decorándose el terreno de alrededor con el llamado Bosque de farolas, compuesto por elementos de iluminación de varios brazos, como si fueran árboles.

En el interior, el auditorio, fabricado en madera, tiene capacidad para 2.164 localidades y presume del escenario más grande de España y segundo de Europa, con 1.770 metros cuadrados. Además hay tres salas menores, otras ocho de ensayo, siete de conferencias y varias instalaciones complementarias, entre ellas el Restaurante Etxanobe, dirigido por Fernando Canales Etxanobe, que posee una estrella Michelín y dos soles de la Guía Repsol. En total es un complejo de 53.000 metros cuadrados (25.000 construidos) para todo tipo de espectáculos interpretativos -entre ellos la temporada de ópera de Bilbao-, reuniones, congresos y similares que se ha convertido en una de las locomotoras económicas de Vizcaya: se calcula que a lo largo de estos diez años de actividades ha generado 7,5 euros, más dinero del que costó su construcción, presupuestada en 81 millones de euros.

Para asistir a alguno de sus eventos o simplemente disfrutar de la arquitectura de este lugar, catalogado como Mejor centro de congresos del mundo por la AIPC (Asociación Internacional de Palacios de Congresos), basta con reservar alguno de los vuelos baratos a Bilbao y acercarse hasta la Avenida Abandoibarra número 4. Se puede hacer en tranvía o Metro.

Foto: www.plataformaarquitectura.cl

El Puente Zubizuri de Bilbao

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No siempre han de ser lugares o construcciones antiguas, históricas, las que atraigan a ese turista que aprovecha los vuelos baratos para conocer mundo. A veces la modernidad se las compone para resultar interesante y enseguida se convierte en símbolo de una ciudad o país, aún cuando no siempre se vea con buenos ojos. En este mismo blog hemos visto ejemplos, caso del Empire State Building neoyorquino o el Palacio del Pueblo rumano. Algo de todo esto hay en el Puente de Zubizuri, en Bilbao.

Zubizuri significa puente blanco en euskera, alusión al color de esta futurista pasarela peatonal que lleva el sello inconfundible de su autor, Santiago Calatrava, a quien el Ayuntamiento encargó en 1990 unir los dos márgenes de la ría del Nervión, el derecho del Paseo de Campo Volantín y el izquierdo del Paseo Uribitarte (el llamado Ensanche). Se diseñó colgando por tirantes de acero de un arco inclinado, con rampas de acceso para discapacitados y escaleras en cada orilla que daban a un suelo de 560 baldosas de vidrio de diferentes tipos. Este espectacular aspecto fue su virtud y su maldición cuando se inauguró en 1997: aparte de la fragilidad del cristal, que obliga a reemplazar las piezas rotas cada poco, las frecuentes lluvias del norte vuelven muy resbaladizo el firme. El arquitecto valenciano fue acusado de no saber adaptar su obra al húmedo clima cantábrico, como ya le había ocurrido poco antes con las numerosas goteras aparecidas en el aeropuerto vizcaíno de La Paloma, también creación suya.

Pero el Ayuntamiento puso otra pega: el puente se olvidaba de la Alameda de Mazarredo, una calle situada a mayor altura que la orilla de la ría y que conecta con el centro de la ciudad. De manera que en 2006 contrató al arquitecto japonés Arata Isozaki una prolongación que lo uniera con el Paseo de las Torres Isozaki Atea que él mismo había diseñado, como se puede deducir del nombre. Calatrava denunció al Consistorio por considerar que atentaba contra la propiedad intelectual pero los jueces optaron por una solución salomónica: las reformas se conservarían aunque se le compensaría por ello (30.000 euros, que donó a la Casa de Misericordia de Bilbao). Aún así ganó la batalla costumbrista, pues los bilbaínos no hablan del Puente Zubizuri sino del «puente de Calatrava».

En la actualidad el puente forma parte de ese nueva imagen que la ciudad ofrece junto al Guggenheim, que se encuentra a sólo diez minutos, en lo que supuso la recuperación de la zona de la ría y que atrae a tantos vuelos baratos a Bilbao desde entonces. La última moda es importada de Italia: los enamorados cierran candados en sus cables como prueba de su amor, costumbre iniciada en el Puente Milvio de Roma a raiz de un pasaje de un libro del escritor Federico Moccia (Tengo ganas de tí) que se ha ido extendiendo por otras ciudades; una de ellas Sevilla, donde Calatrava hizo un puente muy parecido.

La Catedral de Bilbao

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Una de las visitas que has de hacer aprovechando los vuelos baratos a Bilbao es la de la Catedral-basílica de Santiago. Es un templo de dimensiones relativamente reducidas (1.100 metros cuadrados, 51,5 metros de longitud y 22,3 de ancho) porque no fue consagrado catedral hasta 1949, cuando el papa Pío XII creó la diócesis de Bilbao desgajándola de Vitoria.

Esta construida sobre dos iglesias previas, una de ellas anterior a la fundación de la ciudad (año 1.300), la otra una ampliación de la misma. Un incendio en 1374 devastó el edificio y obligó al papa Gregorio XI a ofrecer indulgencias a quien colaborara en la financiación de la construcción de uno nuevo. Así empezaron las obras de la actual catedral, si bien los trabajos fueron lentos, con sucesivos añadidos y reformas que le dan el aspecto ecléctico que presenta. La última restauración empezó tras las graves inundaciones de 1983 y terminó en el año 2000.

Lo primero que llama la atención al plantarse ante la fachada, de sillería arenisca, es su estilo neogótico decimonónico. Efectivamente, entre 1880 y 1890 se derribó la barroca para sustituirla, obra del arquitecto Severino Achucarro. Una portada ojival, con sus arquivoltas, es continuada en altura por una balconada sobre la que destaca el rosetón. A un lado, la única torre presenta tres cuerpos con un total de 64 metros de altura en los que se localizan sucesivamente el reloj y el campanario coronados por un chapitel.

El interior, en cambio sí es gótico verdadero. Tiene planta basilical con tres naves, la central más alta, con capillas entre los contrafuertes, un triforio que rodea casi todo el recinto y un sistema de vidrieras que incluye tres rosetones y diecisiete ventanales, lo que permite gran iluminación natural. En el coro hay un órgano moderno (para diciembre están programados varios conciertos) y la sacristía, en estilo gótico renacentista del siglo XVI aunque remodelada en el XIX, es un espacio rectangular con bóveda de crucería, claves decoradas y plementería pintada de curioso azul celeste. Desde la girola se baja a una cripta donde pueden contemplarse los restos arqueológicos del primer templo y un arca que contiene los restos de San Fructuoso y San Bonifacio, entre otras reliquias.

Otros elementos de interés son el claustro gótico, redecorado entre 1924 y 1931 con pináculos, gárgolas y tracerías flamígeras; el gran pórtico sur, donde estaba el primitivo cementerio, sostenido sobre gruesos pilares por problemas de sustencación del terreno (originalmente había marismas); y la llamada Puerta del Ángel (norte), con parteluz y trasdós labrados en gótico florido, y que debe su nombre a un retablo con la figura del arcángel San Miguel que había en claustro (aunque también se la llama Puerta de los Peregrinos porque hay que tener en cuenta que Bilbao está en pleno Camino Norte de Santiago y la catedral lleva el nombre de este santo).

Cuando llegues a la ciudad en ese vuelo barato no olvides darte una vuelta por esta original iglesia que, además, está situada en pleno casco antiguo, junto a la ría del Nervión.

El Museo Vasco de Bilbao

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Gracias a la gran oferta de vuelos baratos a Bilbao que hay en Internet ya estás en la ciudad vasca. Si te hablamos de ver museos pensarás inmediatamente en el Guggenheim, claro. Es lo habitual al hablar ede Bilbao. Pero como de él ya hemos hablado en un post anterior, en este caso nos referiremos a un interesante lugar situado en pleno casco antiguo, en la plaza de Unamuno número 4: el Museo Vasco.

Se trata de un centro que, a través de exposiciones permanentes y temporales, muestra diversos aspectos de la Historia, cultura y vida tradicional en Euskadi. En la actualidad hay una exposición temporal sobre el juego de la pelota vasca, aunque el grueso de la colección es permanente. Fue la Diputación de Vizcaya la que tomó la iniciativa de fundar en este lugar un museo arqueológico y etnográfico. Corría el año 1921 y se eligió como sede la planta baja del antiguo colegio e iglesia de los jesuitas, San Andrés. Con el tiempo crecieron los fondos y se hizo necesario ocupar el resto de las dependencias. Actualmente pasa por una fase de remodelación para abrir una entrada principal a la plaza de Unamuno.

El Euskal Muesoa tiene cuatro pisos. En el primero están la tienda, las exposiciones temporales y la sala de Laudas y Heráldica. En el segundo hay cinco dependencias: Cultura Pastoril, El mar de los vascos, Alfarería, Armería y Tejidos. La tercera planta se dedica íntegramente a la loza y porcelanas autóctonas de los siglos XVIII-XX. Y la última acoge una gran maqueta de Vizcaya, así como el consulado de Bilbao. El Museo cuenta también con un servicio de publicaciones, biblioteca y fonoteca. Para ayudar en su financiación existe un Círculo de Amigos del Museo.

No es una visita muy larga. Puede recorrrerse en algo más de una hora por tres euros la entrada, aunque estudiantes y grupos pagan la mitad. Los jueves es gratis. El horario es de once a cinco de la tarde, excepto los domingos, que cierra a las dos, y los lunes, día de descanso.