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La Manquita de Málaga

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Si eliges Málaga para unas vacaciones (hay bastantes vuelos a Málaga desde distintos puntos de España), probablemente oigas a los paisanos hablar de la Manquita con su característico deje. No te extrañes de que alguien a quien falta una mano sea tan famosa porque no es lo que piensas; ellos llaman así con sorna a la catedral porque una de sus torres quedó a medio terminar cuando se agotaron los fondos. Tradicionalmente se dice que el dinero se desvió para financiar la guerra de independencia de los colonos norteamericanos contra los ingleses, aunque documentos recientes apuntan simplemente a obras públicas.

Comenzada en 1528 bajo la dirección del prestigioso Diego de Siloé, las obras de construcción de la Basílica de Nuestra Señora de la Encarnación -verdadero nombre de la Manquita– fueron demorándose así por problemas de financiación y no se concluyeron hasta casi finalizado el siglo XVIII, razón por la cual el edificio es una amalgama de estilos diferentes, cada uno de una época: si la planta es gótica, la cabecera pertenece al arte renacentista y las torres (o la torre y media) entran ya en el barroco.

Una antigua mezquita árabe, de la que sólo sobrevive un patio con naranjos, es la base sobre la que se asienta este templo, cuya erección fue ordenada por los Reyes Católicos y pagada con la plata que venía de América. De las nerviaciones góticas originales no queda apenas rastro y las tres naves tienen la particularidad de que son iguales en altura, aunque la central es un poco más ancha.

Traspasada la Portada del Sagrario, lo más destacado de una fachada barroca estructurada en dos pisos, en el interior hay que visitar las capillas de Santa Bárbara (aquí sí hay un retablo gótico), la de San Francisco (con interesantes tumbas) y la de la Encarnación (retablo neoclásico de Juan de Villanueva). Pero, sobre todo, la magnífica sillería del coro que talló el famoso Pedro de Mena (hay otras obras suyas en la iglesia, así como pinturas de Alonso Cano), y los dos órganos del siglo XVIII que tienen 4.000 tubos.

La inconclusión de la torre sur provoca filtraciones de humedad en este declarado Monumento de Interés Cultural, lo que ha dado paso a una interesante polémica: ¿debería terminarse o dejarse como está? Y de elegir la primera opción ¿en estilo barroco o en uno nuevo?

La catedral de Sevilla y la Giralda

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¿A que no sabes cual es el edificio religioso más grande de España y tercero de Europa? Coge un vuelo a Sevilla y lo encontrarás allí, enclavado en pleno barrio de Santa Cruz; se trata de la catedral, el monumento símbolo de la ciudad gracias a la torre de su campanario. Vamos a verlo despacio,

La catedral fue construida en estilo gótico entre los siglos XV y XVI sobre el terreno que ocupaba la gran Mezquita Mayor de los almohades desde 300 años años antes, a su vez asentada encima de un templo visigodo del que aún quedan restos. De hecho también sobrevivió un vestigio -y fundamental- de la época árabe, el minarete de 1198 popularmente conocido como la Giralda por el Giraldillo o veleta que corona su centenar de metros de altura: es una figura de bronce que representa la Fe cristiana y, desde 1568, junto con el campanario diseñado por Hernán Ruiz, sustituye a las esferas mahometanas del mismo metal que había originalmente; puedes subir hasta la balconada y contemplar la ciudad a vista de pájaro.

Respecto a la iglesia propiamente dicha, una vez traspasada la línea de pilares encadenados que delimita el zócalo catedralicio (son de origen romano; se trajeron de Itálica), lo primero destacable es su fachada, marcada por la peculiar Puerta de la Asunción. El adjetivo se debe a que esta portada gótica no se terminó ¡hasta 1833! Todo un récord de demora. Una vez en el interior, iluminado por vidrieras flamencas, es obligatoria la visita a las ricas capillas que la componen, con importantes obras de arte como el Cristo de la Clemencia -escultura barroca de Martínez Montañés- de la Sacristía de los Cálices, la Virgen de los Reyes -patrona de Sevilla tallada en estilo gótico-, la Custodia Procesional del siglo XVI o los cuadros de Murillo -sevillano de nacimiento-, Zurbarán y Goya que puedes encontrar durante el recorrido.

Mención aparte merece la Capilla Mayor, protegida tras un soberbio enrejado de 1518. El retablo, un espectacular conjunto formado por 44 paneles tratados con la técnica del dorado, es una obra maestra del gótico cuya autoría corresponde a artista españoles y flamencos. Delante, sobre el altar, está la figura de la Virgen de la Sede, que da nombre a la catedral.

Pero aún hay dos lugares de especial interés en este templo. Uno es la tumba de Cristóbal Colón, situada en el brazo derecho del crucero para acoger los presuntos restos mortales del Descubridor, traídos desde Santo Domingo cuando España dejó la colonia en 1898. El otro es el Patio de los Naranjos, vestigio también de la antigua mezquita árabe: este atrio descubierto a la manera de claustro era donde los fieles musulmanes hacían sus obligadas abluciones antes de los rezos.