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Visitando la hermosa Rieti cerca de Roma

Situada en el noreste de la región de Lazio, en el corazón de Italia, la encantadora Rieti limita al oeste, a lo largo del Tíber, con la provincia de Viterbo y de Roma, al norte con las provincias de Umbría de Perugia y Terni, ya al este por la provincia de Ascoli Piceno, en la región de Marche, y con L’Aquila y Teramo en la región de Abruzzo. 

El territorio es sobretodo montañoso con el Monti della duquesa y el Monti del Cicolano, Monti Reatini y Monte Terminillo en el norte en parte de la Abruzzese Apeninos y Monti della Laga al este de la frontera con Abruzzo. De particular importancia son los dos lagos artificiales en el Valle del Salto: Lago del Salto y Lago del Turano, ambos creados durante el período fascista. Lago del Salto es el más grande en la región de Lazio y está situado a una altitud de 1.755 metros. 

Hay varios en las áreas protegidas de la provincia:  la Reserva Natural Monte Navegna e Monte Cervia (entre los lagos de Salto y Turano. En el este, en el rango de la Laga de Monti está el Parque Nacional del Gran Sasso y Monti della Laga. También hay que resaltar la Riserva parziale naturale dei Laghi Lungo e Ripasottile en la llanura de Rieti, -que contiene los lagos o Lungo y Ripasottile- y la Reserva Naturale Nazzano, Tevere-Farfa hacia el oeste. 

Existen numerosos castillos, fortalezas y santuarios franciscanos interesantes para visitar diseminados por la provincia de Rieti y queda a 1 hora escasa desde Roma; de interés para los viajeros que deseen visitar el centro de Italia y hay conexiones en tren desde la Capital, podéis encontrar billetes usando el buscador multitransporte de este enlace.

Rieti imagen de 12019 (CC0)

Un paseo por la memoria en Campo Verano

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©Depositphotos.com/lchumpitaz

Para aquellos que disfruten de recorrer a fondo las ciudades, este lugar, no tan frecuentado por los turistas como otros monumentos emblemáticos de Roma, está ubicado en Piazzale del Verano, cerca del barrio San Lorenzo.

El Campo Verano es un cementerio monumental que fue fundado a principios del siglo XIX. El cementerio está dividido en secciones: el cementerio judío, el cementerio católico, y el monumento a las víctimas de la Primera Guerra Mundial.

En el Cementerio del Verano están enterrados personajes famosos como Vittorio De Sica, Alberto Sordi, Alberto Moravia, Natalia Ginzburg, Marcello Mastroianni, Gaetano Rino, Palmiro Togliatti y muchas otras celebridades.

Fue construido durante el reinado de Napoleón y el arquitecto fue Giuseppe Valadier. En el interior del Verano se pueden admirar buenas obras de arte, como estatuas y esculturas y es uno de los mayores cementerios monumentales de Europa.

La iniciativa cultural “Un paseo por la memoria” consiste en un programa anual completo de visitas guiadas gratuitas dirigidas a promover el patrimonio histórico, artístico y cultural encerrado en el Cementerio Monumental del Verano, a las que pueden apuntarse cuando reserven vuelos a Roma. Está abierto todos los días.

Horarios

De abril a septiembre de 7:30 a 18: horas
De octubre a marzo de 7:30 a 17 horas

El Mausoleo de Augusto

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Todo aquel que reserve vuelos baratos a Roma con la intención de visitar especialmente las ruinas imperiales debe tener en cuenta que buena parte de lo que se conserva se debe la etapa de esplendor propiciada por Augusto a lo largo de sus cuarenta años de gobierno. El Foro que lleva su nombre, el Ara Pacis, el Panteón que levantó su yerno, el templo de Apolo Sosiano, el teatro de Marcelo, la casa de su esposa Livia o la suya del Palatino son algunos ejemplos que se completan con el mausoleo donde descansan sus restos mortales.

Se trata de un edificio funerario situado en la piazza Augusto Imperatore, al lado del río Tíber, en el antiguo Campo de Marte. Es de planta circular porque, se dice, el emperador se inspiró en la tumba helenística de Alejandro Magno que había visto en Alejandría, Egipto, ciudad que visitó cuando aún se llamaba Octavio tras derrotar a Marco Antonio y Cleopatra para poder acceder al poder.

Los trabajos de construcción se iniciaron hacia el año 29 a.C. (se dice que Agripa fue el arquitecto) y el resultado fue una estructura arquitectónica redonda, con cinco pasillos concéntricos en su interior en los que se debían distribuir las urnas con las cenizas de los fallecidos que pertenecieran a la familia imperial, la Julia-Claudia. Entre ellos figuraban algunos personajes conocidos de la historia de Roma, como Druso, Germánico, Livia, Tiberio, Calígula, Claudio -éste no es seguro-, Vespasiano o Nerva.

Debió ser un lugar hermoso e impresionante, pues su planta medía 87 metros de diámetro por 40,5 de altura, coronándose con un doble tambor sobre el que se situó una estatua de bronce de Augusto que indica la posición exacta de sus cenizas (en el centro exacto). Sin embargo, hoy es difícil imaginarlo en todo su esplendor porque el paso de los siglos de los milenios, ha ido degradándolo de diversas maneras: a la acción implacable del paso del tiempo en sí, se unieron las inclemencias meterológicas, el abandono e incluso su reutilización para otros usos, tales como jardí, viñedo, bastión defensivo durante la Edad Media y hasta escenario para espectáculos taurinos allá por el siglo XVIII.

Por eso no se conservan ni los dos imponentes obeliscos que flanqueaban la entrada ( o sí, sólo que ahora están el las plazas del Esquilino y el Quirinal) ni el mármol travertino que recubría el edificio ni las placas de bronce que, a cada lado de la puerta, narraban las gestas del emperador (Res Gestae Divi Augustae). Si acaso, quedan algunos de los cipreses que rodeaban el conjunto, que ocupaba una hectárea.

Foto: Alexander Z en Wikimedia

La Fuente de los Cuatro Ríos romana

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Entre todas las cosas que no pueden perderse quienes reserven vuelos baratos a Roma es la Piazza Navona, no sólo por la curiosa anécdota de su emplazamiento (su forma oval delata que ocupa el lugar donde se alzaba el circo, es decir, el estadio para carreras hípicas), sino también porque en su centro se encontrará una de las fuentes más emblemáticas y bonitas de la ciudad: la de los Cuatro Ríos o Fontana dei Quattro Fiumi.

Su belleza no es casual porque, aparte de haber sido restaurada en el año 2000 por el Jubileo de la capital italiana yluego otra vez en 2008, es obra de uno de los grandes genios barrocos, Gianlorenzo Bernini, que la construyó en 1651 por encargo del papa Inocencio X, de quien la paloma y la rama de olivo que se ven de adorno eran símbolos del escudo de armas. Curiosamente Inocencio no era muy amigo del artista por haber apoyado éste al prelado anterior. Eso sí, el pontífice no pagó los trabajos directamente porque para ello instauró un impuesto especial sobre el pan.

La fuente muestra una gruta de toba sobre la que se eleva un obelisco egipcio traído a Roma en tiempos de Domiciano y en torno a la que ven los cuatro grandes ríos conocidos en la época y símbolos de sus respectivos continentes: el Danubio (Europa), el Nilo (África), el Ganges (Asia) y el Plata (América). Están representados con figuras antropomorfas masculinas, pero resulta especialmente curiosa la del Río de la Plata por la postura que adopta: defensiva y con el rostro velado.

Tradicionalmente se dice que es porque no quiere ver la iglesia de Sant’Agnese, que está enfrente y fue construida por Borromini, enemigo de Bernini. En realidad éste terminó la fuente dos años antes de hacerse el templo y la causa de ese enigma hay que buscarla más bien en una metáfora del desconocimiento de dónde tenía sus origenes aquel cauce fluvial.

En cualquier caso la plaza Navona es un lugar más de Roma siempre lleno de turistas atraídos por ésta y otras fuentes, los artistas callejeros que se instalan allí, los mercadillos y la cercanía al vecino Panteón.

La Estación Términi

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Las estaciones de tren no constituyen, en sí, lugares turísticos que a priori se apunten en la lista de rincones a visitar. Sin embargo hay un puñado de ellas que muy bien podrían resultar interesantes por su historia, sus peculiariedades arquitectónicas o su relación con el arte. En este último apartado podrían figurar varias de Francia, inmortalizadas en los cuadros impersionistas; pero la de Roma lo haría por haber dado título a una célebre película de Vittorio de Sica: la Estación Términi.

Claro que no sólo es recomendable por eso. También es la principal estación ferroviaria de la capital, con un tráfico de casi un millar de trenes y más de medio millón de pasajeros diarios en tránsito por sus andenes. Su nombre se debe a la demarcación que ocupa frente a las Termas de Diocleciano, sobre la colina del Esquilino, en el mismo sitio donde el cardenal Felice Peretti (que después sería el papa Sixto V) construyó una villa particular en el siglo XV denominada Montalto-Peretti.

Y encima es de gran belleza: construida en 1867, ha sido varias veces remodelada, la última en el año 2000 con ocasión del Jubileo, aunque quizá la más importante, a efectos prácticos, fue la 1950. Fue entonces cuando se levantó el edificio exterior de mármol y vidrio para terminar la reforma inconclusa de 1939, que estaba prevista para una Exposición Universal en 1942 que el estallido de la guerra mundial impidió.

Al poco de su inaguración se rodó in situ la mencionada película, que difundió e inmortalizó su nombre. Pero hoy en día, la mayoría de los turistas la conocen por ser el principal nudo ferroviario del país, como acreditan sus 24 andenes, por su gigantesco salón, lleno de restaurantes y comercios, cobijado por una enorme y elegante marquesina de cemento, y por la multitud de hoteles que la rodean. También destaca la llamada Lámpara Osram, un punto de referencia para los recién llegados por su altura y situación, frente a la fachada de la terminal.

Los vuelos baratos a Roma trasladan a los viajeros extranjeros pero si van a trasladarse por el país por vía terrestre, a buen seguro tendrán la oportunidad de pasar por la Stazione Términi. En tal caso, es recomendable que se detengan un rato a admirarla.

Foto: Marcos90 en Wikimedia

Palazzo della Civiltá Italiana

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Está claro que quien reserva alguno de los vuelos baratos a Roma para conocer la ciudad, sobre todo si es la primera vez que la visita, irá en busca de las ruinas romanas o de los palacios renacentistas y barrocos, de las iglesias y El Vaticano, incluso de algún monumento más reciente como el de Vittorio Emanuelle II. Ahora bien ¿qué pasa cuando uno ya ha estado varias veces en la ciudad y quieren descubrir cosas nuevas?

Lo cierto es que la capital italiana tiene atractivos suficientes para viajar una y otra vez sin repetirse. Algo que no suele formar parte de las agendas de los turistas es el EUR, siglas de Esposizione Universale Roma, un complejo que Mussolini ordenó erigir en 1935 para hacer una gran exposición con la que conmemorar el 20º aniversario del fascismo, que tendría lugar en 1942, y de paso expandir la ciudad hacia la costa suroeste, concectándola con el mar mediante un barrio moderno, de calles amplias pero con materiales tradicionales.

La Segunda Guerra Mundial, con la derrota consiguiente, impidió su conclusión y actualmente el EUR es un distrito fundamentalmente financiero en las afueras, similar a La Defénse de París. Pero sí se pudieron construir algunos edificios -aunque se terminarían después-, a cargo de arquitectos que estaban a las órdenes de dos rivales estilísticos como eran Marcello Piacentini y Giuseppe Pagano.

De todas las construcciones, la más destacada es el Palazzo della Civiltà Italiana, conocido también como Palazzo della Civiltà del Lavoro o, más popularmente, como Colosseo Quadrato. Su autor fue Giovanni Guerrini que, ayudado por Bruno La Padula, Carlo Romano y Pier Luigi Nervi, lo empezó en 1931 y le dio una imagen inconfundible, realmente singular, de aire antiguo y moderno a la vez. Es un cubo cuyas fachadas están compuestas nada menos que por cincuenta y cuatro arcos de medio punto, distribuidos en nueve columnas de seis arcos cada una.

En eso consiste toda su simple, modesta, casi severa apariencia, sólo reforzada con el mármol travertino que lo recubre y un zócalo que eleva su altura normal de cincuenta metros a sesenta y ocho, en el que en 1942 se colocaron veintiocho grandes estatuas (de tres metros), una en cada arco y hechas de mármol de Carrara.

Hoy en día, el palazzo es un museo de arte contemporáneo, otro equipamiento cultural para Roma en el que tan llamativo será el contenido como el continente.

Foto: dalbera en Wikimedia

La Domus Áurea

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Si se pide citar nombres de emperadores romanos no cabe duda de que uno de los que no se le olvidaría a nadie sería Nerón. Con razón o sin ella (últimamente los historiadores rebajan su mala fama), el hijo de Claudio y Agripina ha pasado a la posteridad monumental en primera línea por la construcción de dos grandes obras: la estatua que dio nombre al Coliseo y la Domus Áurea.

Puesto que la primera no se conserva, centrémonos en analizar la segunda. La Casa de oro fue construida precisamente a raiz de uno de los acontecimientos más conocidos de su mandato, el tristemente famoso incendio de Roma del año 64 d.C, que arrasó buena parte de la ciudad (y cuyo origen se considera hoy accidental). Las llamas despejaron una enorme extensión de terreno en los montes Celio, Oppio y Palatino y el césar decidió aprovecharla para edificar allí su nuevo palacio, el más grande de la Antigüedad con 50 hectáreas.

Del tamaño basta para hacerse una idea el hecho de que, según cuenta Suetonio, su vestíbulo estaba adornado por la mencionada estatua, que medía 35,5 metros de altura, por lo que recibió el nombre de Colosseo (el Coliseo aún no existía). Representaba a Nerón como personificación del sol y, de hecho, todo el complejo seguía esa idea; por eso la fachada estaba pintada en un espectacular color dorado.

Había docenas de salas para eventos y banquetes -se conservan “sólo” 45-, habitaciones para la familia imperial y los sirvientes, baños, terrazas, jardines con viñedos, un lago artificial… Las paredes se cubrían con frescos con escenas mitológicas que dieron lugar a la denominación de un estilo artístico, el grutesco o grotesco, en alusión a los subterráneos (grutas) que decoraban.

Pero Nerón no dejó un buen recuerdo y tuvo que suicidarse ante un golpe de estado. Sus sucesores aplicaron entonces una variante de la damnatio memoriae y poco a poco fuero destruyendo el palacio: Domiciano levantó el suyo propio en el Palatino sobre los restos del anterior, Vespasiano desecó el lago y erigió en su lugar el Coliseo, Trajano situó las termas que llevan su nombre en el Oppio… Así, actualmente es difícil distinguir lo que pertenece al edificio original.

El caso es que unas excavaciones en el siglo XV permitieron redescubrir el sitio y que los pintores de la época admiraran los frescos. Y los turistas de nuestra época que toman vuelos baratos a Roma pueden disfrutar de las salas que discurren bajo tierra, justo debajo de las termas, desde su apertura al público, tras las obras para arreglar las filtraciones de agua que provocaron el desmoronamiento de un techo. Abre de 9:00 a 18:30 pero hay que reservar con antelación.

Foto: Matthias Kabel en Wikimedia

Santa María del Popolo

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En Roma brota la historia en cualquier esquina y no es raro visitar un sitio para descubrir que debajo hay otro anterior igual de interesante. Y, a veces, ambos ven desviada la atención por un tercer elemento posterior. Algo así es lo que ocurre con la iglesia de Santa María del Popolo, que se halla en la plaza del mismo nombre.

Este templo, o más bien la capilla original, fue erigido en el año 1099, para celebrar la conquista de Jerusalén durante las Cruzadas, por orden del papa Pascual II. El lugar elegido no fue al azar porque, según se decía, allí había sido enterrado Nerón y su fantasma aún deambulaba (un nogal habitualmente lleno de cuervos era el signo indicativo), por lo que era necesario exorcizarlo. La financiación fue sufragada por el propio pueblo, de ahí el nombre que recibió y todavía ostenta. No obstante, la apariencia que presenta actualmente se debe a las reformas acometidas en el siglo XV por otro pontífice, Sixto IV, aunque no está claro qué arquitecto nombró para ello.

Desde 1250 forma parte de un convento agustino, donde se alojó Lutero en su visita a la ciudad y cuya austeridad se refleja en el edificio, especialmente en el exterior. Dentro está distribuido en tres naves con crucero, ábside y bóvedas de crucería sostenidas por semicolumnas adosadas. En el siglo XVI Bramante le añadió el coro del ábside, cuya cúpula decoró Pinturicchio y donde se pueden ver también las esculturas de los cardenales Sforza y Della Rovere talladas por Sansovino. Asimismo, Rafael aportó su arte esos años; concretamente en la Capilla Chigi, que construyó en varias fases y llenó de mosaicos funerarios en honor del banquero patrocinador.

Esta capilla sirvió de modelo a otra, la Cybo, que hizo con planta de cruz griega Carlo Fontana al siglo siguiente. No fue la última reforma porque en esa centuria Alejandro VII también quiso dejar su huella y encargó a Bernini la decoración barroca que se ve hoy. Y en la segunda década del siglo XIX, durante la ocupación napoleónica, fueron dstruidas las dependencias del convento para hacer una amplia reforma de la plaza, aunque luego se reconstruyeron.

De todas formas el interés principal de quienes reservan vuelos baratos a Roma y se acercan a Santa María del Popolo es contemplar dos extraordinarias pinturas que se conservan en su interior, en la capilla Cerasi: La conversión de San Pablo y La crucifixión de San Pedro; ambos son obras de Caravaggio y están consideradas piezas maestras del arte barroco. También resultará curioso para un visitante comprobar que cada uno de los bancos para sentarse durante la misa lleva el nombre de algún fallecido ilustre, cuyos familiares le recordaban así.

Foto: Karelj

La Galería Borghese

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Quienes han echo uso de los vuelos baratos a Roma probablemente conocerán los monumentos y museos de más renombre, los más turísticos, como el Vaticano, el Coliseo, el Foro, la Fontana de Trevi… Pero una nueva visita a la capital italiana puede descubrirles aún muchos sitios de interés menos populares y uno de ellos, sin discusión, es la Galería Borghese.

Este museo de arte se encuentra en uno de los grandes parques urbanos, la Villa Borghese, así llamada porque pertenecía a esa ilustre familia de mecenas y coleccionistas de arte. El cardenal Scipione Borghese fue quien empezó esa afición en pleno Renacimiento, reuniendo un importantísimo conjunto de obras, algunas de maestros inmortales como Botticelli, Caravaggio, Tiziano, Rafael, etc. Mención especial para Bernini, protegido de la familia.

Todas ellas se exponen hoy en el palacio, la Villa Borghese Pinciana, así llamada por haber sido diseñada por el arquitecto Flaminio Ponzio en 1613, aunque murió pronto y tuvo que ser sustituido por Giovanni Vasazio. Se trata de un edificio renacentista situado en lo que entonces eran las afueras de Roma, lo que permitió rodearlo de un amplísimo y bello jardín, luego transformado al estilo inglés. En el siglo XVIII otro arquitecto, Antonio Asprucci, reordenó todas las piezas de arte temáticamente, dando lugar al primer museo.

Incapaces de sufragar su mantenimiento, los descendientes lo vendieron en 1902 al estado italiano que, a su vez, revendió los jardines al Ayuntamiento para que los abriera al público. El palacio quedó como sede museística para exhibir la colección en sus 2 plantas, dedicada la principal a la Antigüedad Clásica (incluyendo el Neoclasicismo de principios del siglo XIX, pues a este estilo corresponde una de las obras estrella, la Paulina Borghese de Canova) y la otra a pinacoteca (donde además de los pintores antes mencionados brillan José Ribera el Españoleto, Lucas Craanach y Rubens).

Para evitar que el exceso de visitantes masifique el pequeño palacio durante las 2 horas que se tarda en recorrerlo, es necesario hacer una reserva previa, bien por teléfono, bien por Internet, del día y la hora.

Foto: Alesio Damato en Wikipedia

Santa María della Concezione

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Si hay una cosa que permiten ver los vuelos baratos a Roma es iglesias. Lógicamente, la capital del cristianismo ha ido acumulando en su casco urbano templos de todos los tamaños y tipos, de múltiples estilos y con variados atractivos, sean artísticos o de otra naturaleza, como para que cualquier visitante vea satisfecha su curiosidad.

La de Santa María della Conzione (Nuestra Señora de la Concepción) está situada en una de las calles más glamourosas de la ciudad, Vía Véneto, zona lanzada a la fama por la película de Fellini La dolce vita. Entre hoteles de varias estrellas, boutiques de lujo y cafés donde se citaban las estrellas del celuloide, se puede hacer un alto para entrar en esta pequeña iglesia de una sola nave con capillas laterales erigida entre 1626 y 1631 siguiendo un diseño del arquitecto pontificio Michelle di Bergamo.

Michelle era fraile capuchino (de ahí que sólo haya una nave, pues es tradición de ellos), orden que se había trasladado allí desde San Buenaventura del Quirinal y en la que también militaba el cardenal Antonio Barberini. Éste era hermano del papa Urbano VIII, que fue quien encargó la construcción para enterrar al primer santo capuchino, Felice da Cantalice. También yacen allí Barberini y el príncipe Alessandro Sobieski, entre otras tumbas que recubren el pavimento.

Al tratarse del templo del monasterio -es lo único que queda junto a un cementerio-, el aspecto exterior del edificio era y es bastante sencillo, de estilo típicamente renacentista y destacando únicamente por la escalinata de acceso. Pero lo que realmente atrae a los curiosos está bajo tierra: la cripta. Al igual que ocurrió en otros sitios, ésta se fue llenando con 4.000 frailes fallecidos a lo largo de los siglos hasta que en 1870 hubo que reordenar el osario para dejar sitio.

Entonces se procedió a colocar los huesos de forma artística para recordar la inevitabilidad de la muerte y la subordinación del cuerpo a la superioridad del alma, de ahí el lema inscrito a la entrada: Noi eravamo quello che voi siete, e quello che noi siamo voi sarete (Nosotros éramos lo que tú eres ahora, y lo que nosotros somos ahora, tú serás).

La cripta está dividida en cincos espacios unidos por un pasillo de más de 50 metros. Todos ellos presentan sus paredes recubiertas de calaveras a las que se añaden otras osamentas humanas (vértebras, fémures, costillas…) colocadas representando motivos geométricos o escenas. Para rematar tan impresionante visión hay varios cuerpos momificados de frailes, con sus hábitos aún puestos, y sobrias cruces sobre tumbas en el suelo, directamente sobre la tierra.

Este insólito y poco conocido rincón de Roma abre de 9:00 a 12:00 y de 15:00 a 18:00 salvo los jueves, que cierra. La entrada es gratuita, aunque se pide una colaboración voluntaria que, lamentablemente, no da derecho a hacer fotos.

Foto: National Geographic