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Schreierstoren, la Torre del Llanto

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Amsterdam es la ciudad de los mil canales, la Venecia del Norte, por eso no ha de extrañar que muchos de sus monumentos estén ligados geográfica e históricamente a esos grachten que forman el entramado urbano-fluvial de la capital holandesa. Y uno de ellos es la Schereierstoren, un torreón defensivo semicircular que se halla en pleno centro, en la calle Prins Hendrikkade 94, a cinco minutos a pie desde la Estación Central.

Construido en 1482, lo que lo convierte hoy en la torre más antigua de la ciudad, formaba parte de la muralla bajomedieval en la zona que hoy corresponde al Barrio Rojo. Su propio nombre original, en holandés antiguo, que era Schreyhoeckstoren, hacía alusión a un recodo muy agudo formado por dos canales (o sea, un schreye hoek). De ahí, por deformación fonética probablemente se llegó al actual, Schreierstoren, que significa algo muy diferente: el Torreón del Llanto, o de las lágrimas, o de las lloronas (schrier=llorar). Cualquiera valdría porque narra una historia tan bonita como incierta: de aquí zarpaban los barcos para los largos viajes y por eso las mujeres de los marineros se arremolinaban alrededor para despedir llorando a sus maridos. Los guías locales repiten este mito a los turistas que llegan con los vuelos baratos a Amsterdam e incluso hay una placa con un relieve de piedra que representa una escena similar pero la verdadera razón del nombre es la anteriormente citada.

No obstante, sí es cierto que los navíos salían de este punto. De hecho, en 1609 zarpó Henry Hydson con su Halve Maen (Media Luna) hacia América, donde descubrió la isla de Manhattan y fundó Nueva Amsterdam, después rebautizada Nueva York cuando pasó a manos inglesas, como ocurrió también con el río Hudson, que lleva su nombre adaptado al gusto anglosajón. Incluso otra placa recuerda el aniversario del primer viaje a las Indias Orientales.

El Schreierstoren se utilizó como edificio de oficinas de la autoridad portuaria holandesa hasta los años sesenta. Después se rehabilitó para albergar una popular cafetería-restaurante llamada VOC, que celebra banquetes de boda y en verano coloca terrazas para que la gente pueda acercarse a tomar algo desde sus lanchas.

Foto: wikimedia

Oude Kerk, la Iglesia Vieja de Amsterdam

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Sería inconcebible tomar uno de los vuelos baratos a Amsterdam y no hacer una visita al que está considerado edificio más antiguo de la ciudad: la Oude Kerk o Iglesia Vieja. Un templo gótico ubicado en lo que hoy es el corazón del pintoresco Barrio Rojo que presume de tener el mayor techo abovedado en madera de Europa occidental. Y eso que corrió serio peligro de desmoronarse hasta el punto de que hubo que cerrar el edificio al público a mediados del siglo XX, hasta que las obras de restauración permitieron reabrirlo en 1979, combinando el culto religioso con espectáculos nocturnos y exposiciones temporales, algo muy habitual en Holanda.

La Oude Kerk primigenia se levantó sobre los terrenos de un añejo cementerio a orillas del río Amstel. No se sabe la fecha, sólo que era una iglesia de madera de planta basilical y unos 40 metros de longitud. Hacia el año 1300 Amsterdam recibió la categoría de ciudad, lo que supuso mayor población y mejoras económicas que dejaron pequeño el templo. Así, se proyectó su sustitución por otro mayor de tres naves consagrado a San Nicolás, patrón de los marinos que habría de experimentar sucesivas ampliaciones y reformas. Por ejemplo la de 1350, con la que se alargaron las naves laterales para formar una girola y se añadió un crucero, dejando las medidas en 70 x 60 x 20. O la del siglo XVI, que fue en vertical -mediante la elevación de la nave central y el coro, además de una aguja con carillón y campanario- porque ya no había espacio alrededor más que para adosar capillas. Además, aunque los incendios sufridos en la ciudad en 1412 y 1452 no afectaron a la Oude Kerk sí obligaron a construir otros templos para suplir a los arrasados; así se empezó la Niewe Kerk, llevándose muchos recursos económicos.

La Iglesia Vieja había sobrevivido al fuego pero aún le quedaba la prueba más difícil. El triunfo del calvinismo supuso la expulsión de su interior de los vagabundo y mendigos que se refugiaban, así como el saqueo y destrucción de las imágenes de santos; sólo se salvaron las vidrieras y los frescos de las bóvedas, si bien estos últimos se taparaon con pintura azul. En el siglo XVII era un espacio vacío que se decidió recuperar instalando un gran órgano y púlpitos, pero la techumbre de madera empezaba a mostrar ya signos de mal estado por podredumbre que obligó a las intervenciones anteriormente mencionadas.

Un detalle curioso de la Oude Kerk está en su interior, en la puerta de la sacristía. Llamada Puerta Roja (aunque no por el barrio) tiene una inscripción encima que dice: Casamientos con prisas, pena para siempre. Con prisas o sin ellas, es el lugar donde el famoso pintor Rembrandt contrajo matrimonio.

El Magere Brug

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Cuando uno saca billete en alguno de los vuelos baratos a Amsterdam espera ver museos, palacios, monumentos, los canales… Incluso algún que otro molino. Pero luego, paseando por la ciudad, es posible descubrir pequeñas joyas que satisfacen la curiosidad y la cámara de cualquier turista. Una de ellas, sin duda, es el Magere Brug.

Se trata de un puente. De hecho, el nombre significa Puente estrecho, algo derivado del original de 1672, que se llamaba oficialmente Kerkstraatbrug (Puente del Kerkstraat, o sea, de la calle de la Iglesia, que es donde se alza) pero que se ganó el mote porque era tan angosto que apenas cabían dos personas. Claro que hay otra leyenda al respecto: Magere sería el apellido de sos ricas hermanas que costearon su construcción para poder visitarse, ya que cada una vivía en una orilla del río Amstel. Y aún se atribuye la denominación a otro apellido, el del arquitecto que lo diseñó.

En cualquier caso el puente original se demolió y en su lugar fue construido el actual en el año 1871. Tiene menos arcos que el otro (9 frente a 13 en 80 metros de longitud) pero es más ancho. Se eligió un modelo tradicional de los Países Bajos, en madera blanca y levadizo a mano mediante un sistema de doble báscula. Como en Holanda se hizo costumbre ganar terreno a los canales para poder edificar, los puente clásicos fueron desapareciendo y hoy sólo sobrevive el Magere Brug (aunque hay 1.281 de otros tipos). Eso sí, gracias a la reconstrucción que se llevó a cabo tras la Segunda Guerra Mundial, pues los rigores bélicos llevaron a la gente a usar su madera como leña. De hecho cada 5 de mayo, aniversario de la Liberación, tiene lugar un concierto en las inmediaciones.

Y todavía vendrían nuevas restauraciones: una en 1969 para permitir que lo atravesaran coches y otra en 1994, que, por contra, lo cerró al tráfico automovilístico dejándolo sólo para peatones y bicicletas (y para James Bond, que protagonizó en él una escena de Diamantes para la eternidad). Este último arreglo también sustituyó el modo manual por otro mecánico, dada la frecuencia con que tiene que abrirse diariamente para dejar pasar transportes fluviales (cada 20 minutos).

Si el visitante realiza un paseo nocturno por Amsterdam es recomendable que se acerque a ver el puente con su iluminación, a base de 1.200 bombillas.

La Estación Central de Amsterdam

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Aquéllos que cojan vuelos baratos a Amsterdam y visiten la ciudad se encontrarán con dos edificios casi gemelos, como la Centraal Station y el Rijksmuseum; no han de extrañarse, puesto que ambos son obra de la misma mano: Petrus Cuypers. Fue el primer arquitecto al que se encargó un edificio de características públicas, como es la estación ferroviaria, hasta entonces encomendados a ingenieros, porque se quería hacer algo especial.

Y lo es. La Estación Central está concebida como una gran puerta de entrada y salida de la capital holandesa, a la manera de aquellos arcos monumentales que se abrían antaño en las murallas. Para levantarla, Cuypers sí contó con la ayuda de un ingeniero, A. L. de Gandt, porque el terreno designado fue el antiguo puerto de Damrak, lo que suponía un terreno inestable con las consiguientes efectos sobre la estructura que se colocaría encima. Se evitó formando en la bahía Ij tres islas artificiales, en las que se clavaron casi 9.000 pilotes de madera que habrían de sostener la estación sobre aquel subsuelo arenoso y blando, al igual que se hacía en muchas otras casas de una Amsterdam atravesada por canales.

Al final la construcción llevó siete años de obras (1882-1889), resultando un edificio de ladrillo rojo y tejados de pizarra negra que mide cerca de 306 metros de longitud por 30 de ancho y está compuesto, en su fachada principal, de un cuerpo central decorado con el escudo real y dos torres flanqueándolo, todo ello en estilo neorrenacentista. Bien es cierto que con los años se lo fue sometiendo a diversas reformas y ampliaciones, la última de las cuales, en el interior, aún está en proceso de ejecución; cuando termine, en 2013, la Centraal tendrá categoría de Estación Mundial.

De momento cuenta con 6 andenes y 11 vías en los que confluyen cerca de 1.500 trenes de toda Europa, pues se trata del nudo ferroviario más importante de los Países Bajos y, además, hay Metro, autobuses y tranvías en las inmediaciones, sin contar los transbordadores gratuitos de la parte posterior. Medio millón de usuarios, entre ellos muchos visitantes que acuden a la cercana Oficina de Turismo, lo demuestran.

Heineken Experience

Casi todos los usuarios de los vuelos baratos a Amsterdam terminan acercándose hasta Stadhpuderskade número 78, donde se alza lo que fue la antigua brasería Heineken, una fábrica de cerveza de 135 años de antigüedad edificada en 1867 y que funcionó como tal hasta 1988. Entonces se trasladó su actividad a otra sede y ésta fue reformada para crear el Heineken Experience, un museo a mayor gloria de la marca homónima.

Abierto de lunes a domingo entre las 10:00 y las 18:00 (atención, la taquilla cierra a las 17:30) Se trata de algo más que un simple museo. Ya lo dice su nombre, experience: la interactividad es la norma y se puede tocar, oler, saborear, crear… A lo largo de un recorrido de noventa minutos por tres plantas, que empieza con la emblemática estrella roja dando la bienvenida en un sinfín de idiomas, se pasa por un bar donde se aprende la historia de la cerveza mediante una proyección audiovisual tras la barra, una exposición de material Heineken (carteles, botellas, etiquetas, posavasos…), un granero donde captar aromas y gustos de los ingredientes de esta bebida (lúpulo, malta, cebada, etc) que a continuación pueden mezclarse en los calderos de cobre de la fábrica, e incluso las cocheras desde donde salía el producto para el reparto en carros de caballos.

Después de un descanso en una sala chill out con colchones en el suelo, música y vídeos psicodélicos en el techo, espera el bar para la primera degustación de cerveza. Luego llega el momento de la diversión en el Brew U (proyección de un vídeo en una sala con movimiento) y el Creative World (cada uno puede crear su propio vídeoclip y difundirlo por Internet). El visitante también puede diseñar de forma personalizada una botella que al final podrá llevarse de recuerdo. Las últimas dependencias están dedicadas a la publicidad de la marca y a la UEFA Champions League, de la que Heineken es patrocinadora.

Sólo queda la salida, a través de la tienda de merchandising, y canjear las dos fichas recibidas con la entrada por sendas consumiciones en el pub para amortizar los 15 euros pagados. Eso sí, es aconsejable haber comido algo antes si uno no quiere salir algo mareado y acabar mal de vuelta al centro de Amsterdam en el tranvía o el autobús.

De Waag, la Báscula de Amsterdam

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Muchos de los que llegan a Amsterdam a través de los vuelos low cost se asombran de la escasez de edificios monumentales que hay en la ciudad, por eso suelen citar De Waag como el más bonito o recordable. Y lo cierto es que con ese aspecto de pequeño castillo centroeuropeo, se trata de la construcción laica más antigua de la capital, que ha pasado por diversos usos: desde los públicos a los mundanos, pasando por los culturales, los infames y los turísticos.

Originariamente estaba integrado en la muralla medieval, que pasaba por aquel punto, formando una de las puertas de Amsterdam, la de San Antonio, construida en 1488. Sin embargo, en el siglo XVII el desarrollo urbano obligó a derribar los muros y desecar los fosos defensivos que los rodeaban, levantándose en el terreno ganado un Mercado Nuevo, el Niewmarkt, que hoy es una de las plazas más importantes de la capital: terrazas, cafés, restaurantes orientales, puestos de venta de quesos, etc. La antigua puerta urbana fue reformada entonces, añadiéndosele ese curioso techo, para ser De Waag, traducible por Báscula, Balanza o Peso. En Holanda los mercados siempre contaban con una sede para controlar y pesar las mercancías e imponer tasas y tributos sobre ellas; la de la cercana ciudad de Alkmaar, por ejemplo, aún funciona, ofreciendo a los turistas una pintoresca ceremonia de pesaje de los quesos locales. Las básculas servían incluso para determinar la culpabilidad o inocencia de las acusadas de brujería: al parecer en su peso estaba la clave.

En De Waag se instalaron también algunos gremios, como los albañiles, los pintores y los cirujanos. Cada uno tenía su propia entrada, identificable hoy en día gracias a las piedras de la fachada, y sus dependencias exclusivas. La buhardilla quedó para los cirujanos, que cobraban una entrada por asistir a las disecciones humanas y esto es lo que Rembrandt muestra en su pintura La lección de anatomía del doctor Tulp. Por cierto, la sala donde llevaban a cabo esas lecciones aún se conserva, aunque sólo es visitable ocasionalmente.

En 1795 los gremios fueron disueltos y el edificio comenzó su rosario de usos diversos: cuartel de bomberos, museo, prisión nazi durante la ocupación alemana… Actualmente es sede de una sociedad cultural y acoge un popular restaurante llamado In De Waag, muy apropiado para cenas románticas -aunque no para bolsillos modestos- porque de noche se ilumina con cientos de velas. Una alternativa es entrar por la tarde a tomarse una cerveza, mucho más asequible, dado que no cierra. En cualquier caso merece la pena acercarse a este lugar al que se llega a través del Barrio Rojo… y tras reservar alguno de los vuelos baratos a Amsterdam, por supuesto.

El Hash Marihuana Hemp Museum de Amsterdam

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Ninguna ciudad europea puede ofrecer legalmente un Barrio Rojo, coffee-shops o un museo dedicado a la marihuana y similares, de ahí que un importante sector de viajeros engrose los vuelos baratos a Amsterdam. A las autoridades locales no les hace mucha gracia este tipo de turismo pero lo cierto es que se trata de una realidad incuestionable; bien es cierto que, últimamente, algo venida a menos por las medidas jurídicas tomadas al respecto para frenarlo.

Pero en 1985 las cosas eran distintas: los coffe-shops no se cerraban como ahora sino que se abrían uno tras otro y esta cultura del cannabis flotaba -nunca mejor dicho- en el ambiente. Fue cuando Ed Rosenthal, un escritor especializado en el tema, quiso fundar un museo que la difundiera de forma objetiva, mostrando tanto los beneficios terapéuticos de la droga blanda como los perjuicios derivados de su abuso. Así nació el Hash Marihuana Hemp Museum, también conocido como Museo de la Marihuana, o del Cannabis, o del Cáñamo, un lugar único en Europa. Cien mil visitantes anuales, que suman ya más de un millón total, obligaron en 2006 a trasladarse a un local más grande. Para visitarlo hay que llegar al Oudenzidjs Achterburgwal 148 (Metro Nieuwmarkt) y pagar 9 euros; los niños entran gratis si van acompañados de adultos.

En el interior se realiza un paseo por los 8.000 años de historia de la hoja de cannabis, desde su uso por chamanes para la adivinación hasta la utilización más práctica en la confección de tejidos y papel o la fabricación de fibras para los cabos marineros en el siglo XIX, pasando por la utilización como medicamento. Fotos, láminas, pósters, diapositivas, cortometrajes y una amplia biblioteca temática que incluye libros y revistas forman la colección del museo, además de camisetas, pipas, semillas y un sinfín de objetos de regalo con la hoja de cinco dedos impresa que se pueden comprar en la tienda; incluso hay ropa hecha con cáñamo. Además se muestran las diferentes técnicas de manipulación y consumo del hashish y los productos derivados que se pueden obtener, incluyendo colonia, vino, cerveza o pasteles que pueden encontrarse en los coffee-shops.

A través de un cristal se puede ver una plantación de cáñamo que muestra las técnicas de cultivo, al igual que hacen otras tiendas en la misma calle. Las leyes en Amsterdam son cada vez más restrictivas y no se puede tener más de cinco plantas, además de haberse prohibido en 2008 la venta de hongos alucinógenos, lo que ha abocado a muchas de esos comercios al cierre. El propio museo es objeto de registros de vez en cuando. No se sabe, pues, que depara el futuro al cada vez más menguado Barrio Rojo en general y al Museo de la Marihuana en particular, dos auténticos símbolos de la capital holandesa. Quizá merezca la pena buscar vuelos económicos y visitarlos cuanto antes; por si acaso.

El Gabinete de los gatos en Amsterdam

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Los amantes de los gatos tienen un motivo especial para consultar los vuelos baratos a Amsterdam. La capital holandesa está literalmente atestada de museos y uno de ellos, especialmente original, es el Katteenkabinet. No hace falta saber neerlandés para traducirlo como Gabinete de los gatos, auténtico templo dedicado a estos felinos.

El museo está ubicado en un edificio construido en 1667 por dos hermanos, en el número 497 del canal Herengratcht. Tiene tres plantas y podría ser un museo en sí mismo, puesto que sus muebles antiguos, artesonados, molduras, tapices, ventanales y parqués son una preciosidad y, además, el piso superior es un hotel (bastante caro, por cierto). Pero resulta que su último propietario, Bob Meijer, tenía un minino anaranjado con el peculiar nombre de John Pierpont Morgan, nacido en 1966, al que adoraba. O quizá era al revés: el gato le tenía a él, pues ya se sabe que el gato es el único animal que ha podido domesticar al Hombre. El caso es que el felino recibía un regalo cada lustro (el último fue un dólar en el que su faz sustituía a la de Benjamin Franklin y en vez del lema In God we trust -Confiamos en Dios- se leía We trust no dogs -No confiamos en los perros) y cuando murió en 1983 Meijer decidió rendirle homenaje restaurando la casa dos años después y fundando el Kattenkabinet.

La entrada, tras tocar una campanilla, lleva al primer piso por una escalera de madera. Allí hay un corredor con carteles antiguos de gatos que abre paso a las salas del museo: la de Baile (1750), la de Música (1870), la Mechel (1896) y la biblioteca. También hay un jardín. A través de estas estancias se hace un recorrido por la relación histórica entre el gato y el hombre y su plasmación en el arte: carteles de la Belle Èpoque, esculturas Art Deco, pinturas, grabados, tapices, relojes… incluso gatos egipcios momificados. Una colección de más de medio millar de piezas en total, algunas de maestros como Picasso, Rembrandt o Toulouse-Lautrec, completadas con la presencia de tres felinos auténticos que viven en la casa como lo que son, sus verdaderos dueños.

La felinofilia del visitante quedará satisfecha plenamente por los cinco euros que cuesta el acceso. También los cinéfilos pueden solazarse recordando alguna escena rodada allí de Ocean’s eleven. Antes habrá que acercarse a Amsterdam pero eso no es problema hoy en día gracias a la extraordinaria oferta de vuelos de bajo coste.

Foto: www.elece.net

El Museo Van Gogh de Ámsterdam

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Vamos a hacerte una recomendación para que aproveches uno de esos vuelos baratos a Ámsterdam en los que has reservado billete: una visita al Museo Van Gogh.

Se trata de un centro de propiedad municipal que posee la mayor colección de obras de este artista. Como seguramente sabes, Vincent Van Gogh fue un genio de la pintura torturado por su propia mente que no fue capaz de vender un solo cuadro en vida. A los 37 años se suicidó pegándose un tiro y toda su obra pasó a manos de su hermano Theo, con quien guardaba una relación especial. Eran 900 lienzos y más de mil dibujos con los que Theo no tuvo tiempo de hacer nada porque murió apenas un año después. Su viuda, Johanna, fue quien empezó a organizar exposiciones e incluso vender algunas piezas, pero sin conseguir que el Rijksmuseum se interesara por ellas. En cambio sí logró convencer al Stedelijk Museum de Ámsterdam en 1905 y sería en sus salas donde permaneció la producción de Van Gogh durante décadas mientras empezaba a revalorizarse rápidamente. El hijo de Theo y Johanna, llamado Vincent Willem en honor a su tío, asumió el legado familiar y creó la fundación que lleva su nombre.

En 1973 se construyó el actual museo, obra del arquitecto Gerrit Rietveld aunque en 1999 el japonés Kisho Kurokawa diseñó una ampliación con un pabellón para exposiciones temporales. Está situado en el Musemplein, en la calle Paulus Potterstraat, junto a, paradójicamente, el mismo Rijksmuseum que no aceptara la obra del pintor. Es un lugar pequeño pero cómodo y de amplios espacios, en los que las largas colas de la entrada se diluyen luego. En la segunda planta están expuestos los 200 cuadros de la colección actual, ordenados por año y lugar: Holanda (1880-85), París (1886-88), Arlés (188-89), Saint Remy (1889-90) y Auvers-Sur-Oise (1990). Entre ellos figuran obras maestras como Los girasoles, La habitación de Arlés, La casa amarilla, Los campos de trigo, varios autorretratos… En la tercera planta se exhiben 400 dibujos, acuarelas y pasteles. También hay pinturas de contemporáneos suyos, algunos de ellos amigos personales como Gauguin, Toulouse-Lautrec, Manet, Monet o Millet, y la correspondencia que mantuvo con Theo.

El museo dispone de folletos y guías en español y pone al servicio de quienes lo necesitan, cochecitos para niños o sillas de ruedas. También hay un restaurante y tienda de regalos. Aunque no permite hacer fotos hay que señalar algo especial e insólitamente positivo: los viernes abre hasta las 22:00.

O sea, que te lo ponen fácil; a buscar ofertas de vuelos.

El Palacio Real de Amsterdam

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Tras coger uno de los muchos vuelos baratos a Amsterdam que pululan en Internet ya estás en la capital holandesa. Es probable que callejeando llegues a la Plaza Dam, uno de los principales puntos de encuentro en la ciudad, donde te vas a topar con un gran edificio clásico: el
Palacio Real, una de las tres residencias oficiales de la reina Beatriz.

Y, sin embargo, pese a su nombre y ocupante, lo cierto es que originalmente elKninkijk Paleis no era más que el Ayuntamiento. Ni más ni menos, pues se trataba del mayor de Europa. Se construyó entre 1648 y 1665, bajo la dirección de Daniël Stalpaert y según el diseño de Jacob Van Campens, para sustituir al antiguo consistorio medieval, que no sólo amenazaba con derrumbarse sino que además se quedaba pequeño para albergar la creciente administración de una urbe en pleno desarrollo comercial, político y militar. Amsterdam estaba en su Siglo de Oro.

El edificio resultante presentaba un sobrio aspecto exterior de ladrillo amarillo alemán que, con el paso del tiempo, se oscureció hasta el estado actual. Algunos datos son ya muy conocidos por lo anecdótico: la estructura reposa sobre 13.659 pilares de madera y la fachada carece de entrada principal, habiendo en su lugar siete arcos que simbolizan la accesibilidad a cualquier ciudadano. El tímpano frontal, con relieves de monstruos marinos y alegorías de la Paz, le confiere sensación de movimiento a las formas rectas que dominan el conjunto. En lo alto, una cúpula en forma de linterna coronada por una veleta con los dos símbolos de la ciudad: un navío (poder naval holandés) y un perro (en memoria de los Perros del mar que se enfrentaron a los españoles).

Si el exterior es austero, el interior todo lo contrario. En los salones columnarios cuelgan gigantescos cuadros de Ferdinand Bol y Govert Flinck, discípulos de Rembrandt, el suelo de mármol muestra dibujos de los dos hemisferios terrestres y en el techo se distingue un mapa de las constelaciones. Pero destaca sobre todo la Burgerzaal, la Sala de los Ciudadanos, en la que se reunía el pueblo, con sus 34 metros de largo por 17 de ancho y 25 de altura, presidida por una gran estatua de Atlas sosteniendo el Mundo bajo la cual hay un friso del escultor Artus Quellin.

La decoración se enriqueció a principios del siglo XIX, cuando Napoleón situó a su hermano Luis en el trono holandés. Tras dos años en La Haya, Luis se instaló en el Palacio, aportando mobiliario estilo Imperio y mandando abrir un balcón. Además, creó un museo de arte, germen del futuro Rijksmuseum. En 1810 abdicó y el país pasó a ser dirigido directamente desde París a través de un gobernador pero Bonaparte cayó en 1814 y dio paso a la dinastía Orange, encarnada seminalmente por Guillermo I, que también sentó sus reales en el Koninklijk.

En 1936 pasó a ser propiedad estatal y hoy está abierto al público salvo cuando la soberana tiene que usarlo para algún acto oficial. Así que si en efecto te hallas en Amsterdam gracias a las ofertas de vuelos, que sepas que puedes visitar la Sala de los Ciudadanos, la de la Audiencia y la de Concejales, junto con los muebles.