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El Mercado del Progreso

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Prácticamente no hay ciudad que no haya tenido o tenga aún su mercado, entendiendo como tal no sólo la actividad sino también un espacio físico concreto donde desarrollarla. De hecho, a menudo hay más de uno y conservando instalaciones originales. En el caso de Buenos Aires esto se hace patente en el Mercado del Progreso, el más emblemático, situado en el número 5.430 de la célebre Avenida Ribadavia, en el barrio de Caballito.

Basta tomar la línea A de Metro (la primera de América Latina) hasta la estación Primera Junta para acceder a ese mundo de sensaciones, aromas, colores, sabores y, por supuesto, gustos, uno de los pocos tradicionales que todavía sobreviven en la ciudad con su función original desde hace ya más de un centenar de años.

Fue creado en 1889 por iniciativa del presidente Miguel Juárez Celman e imitaba a los europeos, con espacios al aire libre cubiertos por toldos en unos casos y otros atechados gracias a una gran cubierta metálica. Guarda algunas diferencias respecto a entonces, pues antes se ubicaba en la esquina con la calle Silva y tenía dos pisos, el bajo para los negocios y el alto para viviendas.

No era muy grande pero si espacioso, muy bien ventilado y cómodo de utilizar, permitiendo la entrada de carros por dos puntos diferentes. En el centro había un pabellón dedicado a carnicería y pescadería, contando con agua corriente. En otros sitios se distribuían las verduras y hortalizas.

Poco a poco, con el desarrollo urbano y la llegada de oleadas de inmigrantes, el lugar fue llenándose y hubo que hacerle algunas reformas, como la de los años veinte, cuando se incorporaron las cámaras frigoríficas o, unos años después, se ornamentó la fachada en el estilo art decó predominante.

Hoy en día mantiene el aspecto vintage decimonónico, a pesar de haber pasado por más obras, triplicando su superficie útil hasta los 3.600 metros cuadrados y admitiendo casi dos centenares de puestos de venta. Declarado Sitio de Interés Cultural en 2001, se ha convertido en algo parecido a lo que supone La Boquería para Barcelona, con productos de alta gastronomía y presencia periódica de importantes chefs.

Por eso quien reserve vuelos baratos a Buenos Aires puede dejar un hueco en su agenda para acercarse a verlo. Abre de lunes a sábado entre las 8:00 y las 13:00 y entre las 17:00 y las 20:30.

Foto: Mercado del Progreso

El bonaerense Edificio Kavanagh

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Quienes hayan tomado alguna vez vuelos baratos a Buenos Aires y visitado la ciudad seguramente apreciarían un curioso detalle, poco habitual en América Latina: los recorridos turísticos suelen incluir bastantes muestras de arquitectura contemporánea. Ello es debido a que la capital argentina se zambulló plenamente en la moda de los rascacielos que caracterizó el primer tercio del siglo XX.

Y uno de sus mejores ejemplos en el Edificio Kavanagh, que se alza aún en el 1.065º de la calle Florida del barrio de Retiro, frente a la plaza de San Martín. Se trata de una torre de 105 apartamentos diseñada por el estudio Sánchez, Lagos y De la Torre con planta triangular y en estilo racionalista, construida por la empresa del ingeniero Rodolfo Cervini para Corina Kavanagh, la promotora, que también da nombre al pasaje que lo separa del Hotel Plaza.

La leyenda -falsa- dice que pretendía rivalizar con Mercedes Castellanos de Anchorena, propietaria del Palacio Anchorena (actualmente Palacio San Martín), tapando las vistas de éste a la Basílica del Santísimo Sacramento por un amor frustado. El caso es que Corina se instaló en el piso 14, que era el más grande con 726 metros cuadrados (ocupaba toda la planta) y vistas panorámicas en 360 grados. En 2008 fue adquirido por un aristócrata británico al módico precio de 5,9 millones de dólares.

Inaugurado en 1936, el Edificio Kavanagh medía 120 metros de altura, lo que lo convirtió en el edificio de hormigón más alto de Sudamérica. Contaba con 32 plantas, 16 ascensores, 5 escaleras y una piscina, a pesar de lo cual se erigió en un tiempo bastante corto, pues los trabajos empezaron en 1934.

Es un complejo distribuido en una serie de terrazas escalonadas en una de las cuales se colocó una cruz con motivo de un evento religioso en Buenos Aires, aunque la mayoría acogía jardines. Lo más curioso, sin embargo, es la forma que adopta el conjunto, un cuerpo central con otros 2 adosados, similar a la de la proa de un barco que precisamente apunta al Río de la Plata.

Otra curiosidad es que no fue equipado con garaje ni tiene portero eléctrico, recurriendo a una recepción como si de un hotel se tratase. En cambio, fue el primer edificio de viviendas de la ciudad que gozó de aire acondicionado. Y, por seguir con detalles, en 1994 fue declarado Hito histórico internacional de la ingeniería por la Asociación de Ingeniería Civil de EEUU. Cinco años más tarde era declarado Monumento Histórico Nacional.

Foto: Marcos Prack en Wikimedia

El bonaerense Parque Chacabuco

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Aunque no es de los de más renombre turístico, uno de los barrios de la ciudad de Buenos Aires es Chacabuco. Con sus orígenes alrededor del viejo Polvorín de Flores (la vieja Fábrica Nacional de Pólvora), destruída por una descomunal explosión en 1898, el solar que quedó tras el desastre fue comprado por el municipio con el objetivo de aprovecharlo para un viejo proyecto: un Parque de la Municipalidad, que terminó por adquirir el mismo nombre del barrio donde se ubicaba, nombre, por cierto, tomado de una de las batallas decisivas de la emancipación sudamericana. Así nació el Parque Chacabuco.

Un Concejo Deliberante decretó la ordenanza correpondiente en 1903. Con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad en población y extensión, los campos que lo rodeaban fueron urbanizándose para acrecentar el barrio, de manera que esa isla verde entre el gris del hormigón quedó encajonado entre las calles Emilio Mitre y las avenidas Eva Perón, Curapaligüe y Asamblea.

El parque fue diseñado por Carlos Thays, arquitecto, paisajista y urbanista francés afincado en Argentina que desde 1893 a 1913, como director de Paseos, se encargó de dotar a Buenos aires de zonas verdes y arbolado en sus calles.

No obstante, el Chacabuco experimentó importantes cambios en 1978, dado que durante la dictadura militar se acometió un Proceso de Reorganización Nacional que incluía la construcción de una autopista, la 25 de Mayo, a través del parque. De esta forma, quedó dividido en dos y sólo es posible cruzar de un lado a otro a través de un paso subterráneo.

Es vía también dio lugar a que brotaran edificaciones, algunas bajo tierra y otras en la superficie. Así, debajo se encontrará un centro comercial de dinámica actividad cultural (el Adán Buenosayres), mientras que también se puede disfrutar de guarderías, escuelas, pastelerías y un centro deportivo. Por supuesto, como complemento a la vegetación, la verdadera protagonista, con los elelembtos típicos en estos casos: rosaledas, fuentes, jardines, bancos para sentarse, senderos…

La zona donde se localiza el Parque Chacabuco no es de las más visitadas de la ciudad, quedando al suroeste del centro turístico. Sin embargo, quien reserve alguno de los vuelos baratos a Buenos Aires y tenga que acercarse a ese barrio, podrá darse una vuelta por lo que constituye un oasis de naturaleza y tranquilidad.

Foto: Jorge Gobbi en Wikimedia

El Parque Lezama bonaerense

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Si alguien toma uno de los vuelos baratos a Buenos Aires y llega con el propósito de conocer la ciudad debería empezar por el principio. Y éste se remonta a su fundación por Pedro de Mendoza en 1536. Ahora bien, no es posible viajar al pasado así que habrá que conformarse con pisar el mismo lugar donde se cree que desembarcó el Adelantado; para ello hay que acercarse hasta el extremo sur del barrio de San Telmo y pasear por el Parque Lezama.

Encajado en una meseta de 7,7 hectáreas delimitadas por las actuales avenidas Paseo Colón y Martín García, además de las calles Defensa y Brasil, el primitivo asentamiento fue abandonado por la hostilidad de los indios hasta el siglo XVIII, en que lo utilizó la Compañía de Filipinas y luego, ya en el XIX, pasó a manos de un particular inglés que levantó una mansión a la que se conoció como Quinta de los Ingleses.

En 1857 lo adquirió el estanciero que hoy le da nombre, José Gregorio Lezama, cuya viuda lo vendería después al municipio de Buenos Aires con la condición de que lo convirtiera en parque público con el apellido de su marido. Así se hizo y el paisajista Charles Thays fue el encargado de embellecerlo, dotándolo de arboledas y un lago luego sustituido por un anfiteatro al aire libre y frente al que se construyó la Iglesia Ortodoxa Rusa, de típico estilo moscovita. También en el parque se ubicó la sede del Museo Histórico Nacional.

El equipamiento se fue engrosando poco a poco con diversos monumentos, muchos de ellos víctimas del vandalismo, de los que el más destacado es el regalado por Montevideo en 1936 por el cuarto centenario de la ciudad y que homenajea la Confraternidad argentino-uruguaya, aunque no falta uno en honor de Pedro de Mendoza, una estatua de Diana o las de Neptuno y las Náyades que decoran una fuente, entre otros. También hay barracas, columpios, pistas de bocha (petanca), un templete clásico, etc.

Tradicionalmente, los fines de semana el Parque Lezama acoge una feria de artesanía a la que se ha añadido una especie de rastro de objetos usados y antigüedades.

Foto: Matías Garabedian en Wikimedia

El edificio Safico de Buenos Aires

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Una de las actividades turísticas más originales y relajadas que pueden realizar quienes reserven vuelos baratos a Buenos Aires y paseen por la ciudad es ir descubriendo su arquitectura contemporánea. La capital argentina fue pionera en la construcción de rascacielos y edificios modernos cuando éstos empezaron a ponerse de moda en el primer cuarto del siglo XX y hay un buen puñado de ellos que pueden resultar interesantes, caso del Edificio Safico.

Se alza en el barrio de San Nicolás, en el número 456 de la Avenida Corrientes, eje de la vida nocturna local merced a la cantidad de bares, teatros y locales de tango que la jalonan. El Safico, que pertenece a la empresa MVS S.A, está dedicado a oficinas administrativas, fundamentalmente de agencias de prensa, habiendo sido diseñado en estilo art deco por el suizo Walter Möll por encargo de la Sociedad Anónima Financiera y Comercial, cuyas siglas le dieron nombre.

Las obras de construcción se iniciaron en 1932 y concluyeron en 1934, siguiendo siempre la nueva normativa municipal que exigía a los nuevos edificios que se hicieran en esa calle situarse unos metros más atrás; el objetivo era ensanchar la vía para transformarla en una gran avenida, algo que se consiguió 2 años después de terminarse el Safico.

Pero había otra ley que limitaba la altura de la fachada a 40 metros. Por eso el arquitecto dotó a su obra de un frente escalonado en el que el primer cuerpo, en efecto, se ajustaba a esa medida, pero el resto, situado inmediatamente detrás, llegaba a alcanzar 92 metros. En ellos se repartían 10 y 15 pisos respectivamente, a los que había que sumar 3 plantas subterráneas, 2 para aparcamientos y otra para calefacción y maquinas.

Aunque hoy esté ocupado por un centenar de oficinas, originalmente estaba pensado para viviendas, constituyendo el edificio más grande del país con tal uso. Y para muestra, un botón: los últimos 3 niveles, reservados por uno de los directivos de la empresa, eran un «tríplex» al que se denominó Apartamento 321 y que más tarde tendría como ilustre ocupante, entre otros, a Pablo Neruda cuando era vicecónsul de Chile.

La esplendidez del rascacielos quedó subrayada en 1979, cuando se decidió no edificar en el solar contiguo y dejarlo como plazoleta (la de San Nicolás), permitiendo así contemplar su altura de lejos. Merece la pena, pues encabeza el trío de rascacielos de Buenos Aires, con el Comega y el Cavanagh. Ahora se está preparando su declaración de interés patrimonial.

Foto: Cornelius en Wikipedia

El Museo Che Guevara de Buenos Aires

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Uno de lo grandes personajes emblemáticos de Argentina fue Ernesto Guevara, el célebre Che. Su figura ha traspasado los límites de la historia para entrar casi en la categoría de mito, al margen de la simpatía o rechazo que pueda generar ideológicamente. De hecho, el famoso retrato fotográfico, reconvertido en síntesis gráfica, ya es un icono estético que se imprime en camisetas, pósters y merchandising variado con más puntos de contacto con el pop que con la política.

Casi todo el mundo sabe que el Che fue uno de los protagonistas de la Revolución Cubana y luego participó en diversas acciones en otros lugares, muriendo en Bolivia en una emboscada del ejército. Pero precisamente ese peregrinar de insurrección en insurrección lleva a mucha gente a la confusión, hasta el punto de que no todos saben que era argentino de nacimiento. En este país tratan de mantener el recuerdo de esa filiación, y de su figura en general, con tres centros en su memoria.

Uno está en Alta Gracia (Córdoba) y es la casa donde pasó once años de su infancia: Villa Nydia. Otro en el refugio de La Pastera, en la Patagonia, donde pernoctó en 1952 durante un viaje en moto. Y el tercero se halla en la misma Buenos Aires, en la calle Rojas 129. Eso sí, no se trata de un museo al uso. De hecho, su fundador, Eladio González Toto, asegura que no es tal, ya que está ubicado en un comercio de su propiedad.

Eladio sí tenía un museo dedicado al Che desde 1996 pero la crisis le obligó a cerrarlo, trasladando la colección a su tienda, Bagatela, donde vende antigüedades, juegos, discos… Todo compartiendo espacio com un totum revolutum del Che, donde se puede encontrar una amplia variedad de cosas relacionadas con el personaje: banderas, pins, camisetas, dibujos, libros, sellos, carteles, folletos, etc.

En realidad parece más concebido como santuario para «reubicar al Che en el inconsciente colectivo argentino»
, por usar sus propias palabras. Eladio pretende que sea un lugar donde conocer mejor al personaje y difundir el altruismo de sus ideas; no hay que olvidar que Ernesto Guevara era de familia adinerada y había estudiado Medicina en la Universidad, por lo que renunció a una vida cómoda con el objetivo de mejorar la de los demás, se estuviera o no de acuerdo con sus métodos.

El caso es que los simpatizantes y curiosos que reserven vuelos baratos a Buenos Aires pueden acercarse hasta este pintoresco rincón y dejarse llevar por el asombro, así como del entusiasmo de su dueño

El edificio Comega de Buenos Aires

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El edificio Comega fue uno de los mayores símbolos de modernidad de Buenos Aires en aquellos tiempos en los que se empezó a imponer la moda de construir rascacielos. Éste concretamente data de 1933 -se levantó en 2 años- y se alza en uno de los mejores lugares de la ciudad, en la esquina entre las avenidas Corrientes y Leandro N. Alem, lo que significaba estar al lado de los principales organismos político-económicos: la Casa de Gobierno, la Bolsa, etc.

El Comega fue pionero en técnica arquitectónica, ya que nunca antes se había construido una torre así de hormigón ni se habían instalado con anterioridad unos ascensores -5 para ser exactos- tan rápidos: 180 metros por minuto. Mérito de sus diseñadores, Enrique Douillet y Alfredo Joselevich, que lo llevaron a cabo a través del contratista GEOPÉ para la Compañía Mercantil y Ganadera S.A. que le da nombre (Comega).

En cambio sus medidas no fueron extraordinarias. Era alto, sí, especialmente para ese primer cuarto del siglo XX: 21 plantas repartidas en 88 metros. Pero casi simultáneamente se construyó el edificio Safico, inaugurado poco después y de mayor altura (4 metros más); por otra parte unas medidas bastante discretas para los estándares actuales.

La gracia del Comega estaba en su austero estilo racionalista, en su imponente aspecto exterior revestido de travertino (una piedra blanquecina de origen calizo) que contrastaba con la rica decoración interior a base de granito y acero inoxidable, y en ocupar el solar donde antes se alzara la residencia de Francisco Bernabé Madero, antiguo vicepresidente del país, luego transformada en hotel.

Pero, sobre todo, destaca por los usos a los que estaba destinado. Empezando por sus instalaciones interiores, básicamente oficinas pero también la famosa confitería Comega Club, y continuando por los grandes acontecimientos que acogió, como el anclaje del dirigible Graf Zeppelin en 1934 o el funeral de Carlos Gardel en 1936.

Actualmente, tomar vuelos baratos a Buenos Aires y acercarse a ver esta singular torre cuadrangular reformada y rehabilitada para adaptarla a los nuevos tiempos, significa contemplar un edificio declarado Patrimonio Arquitectónico de la ciudad.

Foto: Alicia Dijnam en Wikimedia

La República de los Niños argentina

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Hay una oferta bastante amplia de vuelos baratos a Buenos Aires desde España. Pero muchos se preguntarán qué hacer en la capital argentina, habida cuenta que, salvo algunos puntos concretos, no es tan conocida para el turista como otras de Europa y el mundo. Consultando este blog se podrán ir descubriendo muchos de esos rincones pero para complicar la cosa seguro que alguien dirá «¿Y si viajo con niños?»

Pues también hay respuesta para eso. A menos de una hora del centro porteño, en la zona de La Plata (Manuel Gonnet, al sur de la provincia), estará esperando la República de los Niños, una especie de parque temático para toda la familia creado por la Fundación Eva Perón en 1951 (ella, ya muy enferma, no llegó a verlo inaugurado) y que, dicen, fue el que sirvió de modelo a Walt Disney para el suyo posterior que levantó en Orlando: el parecido a primera vista es más que notable, con una arquitectura fantástica que parece salida de un cuento.

Como su propio nombre indica, está concebido como un pequeño estado infantil, y al decir pequeño es literal puesto que el tamaño de las cosas está adaptado a la altura de un chico de 10 años, en el que los pequeños futuros ciudadanos puedan pasar una jornada de diversión pero también didáctica, aprendiendo las reglas de convivencia según esa peculiar concepción paternalista típica de su creadora.

Así, en las 52 hectáreas de superficie hay una centro urbano donde se agrupan los edificios oficiales de gobierno, con su parlamento, su palacio de justicia, la Catedral, el teatro, un estudio de radio, un banco e incluso un aeropuerto. Los niños pueden participar y, de hecho, cada 26 de noviembre protagonizan una sesión parlamentaria de donde salen leyes que luego se aplican en la provincia.

Por supuesto, también se encuentran restaurantes y lugares de ocio. Por ejemplo, hay un Museo del Muñeco que tiene su sede en una réplica del Taj Majal. Esto es algo que se repite en la República de los Niños, pues el Banco Municipal reproduce el Palacio Ducal veneciano, el parlamento es muy parecido al de Londres y la iglesia reúne elementos decorativos de los estilos clásicos más representativos. A ellos se une una amplia zona verde -nada que ver con el campo de golf sobre el que se erigió el parque- y otra deportiva.

Niños y mayores de visita en Buenos Aires tienen aquí un destino especialmente pensado para ellos.

Foto: Patricio Lorente en Wikimedia

El Mercado de las Pulgas bonaerense

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La expresión mercado de pulgas no hay que interpretarla en sentido literal. Se utiliza en Argentina para referirse a un mercado de segunda mano similar a los Rastros españoles pero con la diferencia de ser permanente, es decir, no se limita a la mañana del domingo sino que abre a diario. En el caso de Buenos Aires, el Mercado de las Pulgas es el que está entre los barrios de Palermo y Colegiales, delimitado por las calles Conde, Dorrego y concepción Arfenal, siendo su entrada principal por General E. Martínez.

No es antiguo, pues abrió en 1998. Pero en diciembre de 2005 los pulgueros se vieron obligados a trasladarse a un recinto vecino por la necesidad de acometer una serie de reformas que garantizaran la seguridad y el buen estado del edificio. Después de 5 años de trabajos que parecían inacabables y una inversión cercana a los 12 millones, el remozado Mercado de la Pulgas reabrió sus puertas ya rehabilitado.

Consiste en un edificio con techumbre abovedada estructurado en 6 pasillos, cada uno de los cuales ha sido nombrado con una letra del nombre (PULGAS) para facilitar la orientación del visitante. A lo largo de ellos, en una superficie total de 13.400 metros cuadrados, se distribuyen 143 puestos de venta de diversos tamaños y ocupaciones, además de aseos, aulas, una plaza exterior y dársenas de carga y descarga con capacidad para 30 vehículos.

El curioso que llegue en los vuelos baratos a Buenos Aires y desee comprar algún artículo raro no tiene más que acercarse y rebuscar entre mil y una cosas bajo la iluminación LED, instalada para economizar el gasto eléctrico. Hay de todo: muebles, lámparas, vajillas, joyas, antigüedades… Muchas de los objetos han sido restaurados mientras que otros conservan su añejo aspecto. En cualquier caso, el lugar tiene fama de ofrecer lo que no se encuentra en ningún otro sitio, de ahí la presencia frecuente de coleccionistas.

Abre todos los días, salvo los lunes, de 10:00 a 19:00. Para llegar hasta allí hay que tomar algunos de los autobuses que recorren la zona: 140, 151, 161 y 168.

Palacio de Aguas Corrientes

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Uno de los lugares más curiosos que pueden descubrir a un turista los vuelos baratos a Buenos Aires es el Palacio de Aguas Corrientes. El nombre no hace referencia a un apellido aristocrático excéntrico, ni siquiera a un palacio propiamente dicho, porque en realidad se trata del Gran Depósito Ingeniero Guillermo Villanueva, construido a finales del siglo XIX para albergar los tanques que debían suministrar agua potable a la ciudad.

La capital argentina había experimentado un fuerte crecimiento en el último tercio decimonónico, con el puerto incrementando su actividad y la llegada de una importante oleada de inmigrantes; algo tan rápido que no hubo forma de establecer los cauces adecuados y surgieron el hacinamiento y las epidemias. En 1867 fue el cólera, 2 años después el tifus y un par más tarde la fiebre amarilla. Murieron decenas de miles de personas y eso llevó a las autoridades a habilitar nuevos cementerios y crear una red moderna de agua corriente.

El plan fue desarrollado por el ingeniero inglés John Bateman e incluía la construcción de depósitos en la zona norte de Buenos Aires, lo que hoy es el barrio de Balvanera: concretamente en la avenida Córdoba 1950. Los tanques, que eran 12 y tenían una capacidad total para 72 millones de litros, se hicieron de metal, material considerado poco elegante en la época, por lo que se decidió que quedaran dentro de un edificio vistoso. Así nació la idea del palacio.

El arquitecto noruego Olof Boye fue su diseñador, aunque la fachada corresponde a Juan B. Médici. Las obras comenzaron en 1887 y no terminaron hasta 1894, con un presupuesto tan elevado que no hubo suficientes fondos públicos y se hizo necesario privatizar la gestión. El aspecto final es de estilo Segundo Imperio pero con una decoración exuberante, recargada, con ladrillos esmaltados, cariátides de hierro forjado y miles de terracotas policromadas (originalmente se habían previsto mármoles) más un tejado de pizarra verde importada de Francia.

Con planta cuadrangular organizada en torno a un patio que da luz y aire, mide 21 metros de altura y posee cuerpos salientes en el centro de las fachadas y las esquinas, localizándose en éstas los depósitos en 3 pisos superpuestos y sostenidos por vigas y 180 columnas, una cada 6 metros. El aspecto es espectacular, de verdadero palacio, por lo que en 1989 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

En el interior, aparte de los tanques, se alojan el Museo del Patrimonio Histórico (que incluye piezas originales de la ornamentación, mobiliario, maquetas, grifería, etc) y el Archivo de Planos Domiciliarios.