El Puente Colgante de Vizcaya

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Hoy en día ya hay otros lugares y construcciones humanas que ejercen el papel emblemático de Bilbao, especialmente desde el proceso rehabilitador desarrollado hace unos años. Pero, durante mucho tiempo, la referencia fue el llamado Puente de Vizcaya, más conocido como Puente Colgante, que une las dos márgenes de la ría del Nervión.

Inaugurado en 1893, el arquitecto Alberto de Palacio y Elissague lo diseñó para enlazar las localidades de Portugalete y Guetxo, unificando así sus respectivos balnearios en una época en que crecía la burguesía industrial y el turismo daba sus primeros pasos. Una de las condiciones era que no debía entorpecer la navegación.

El puente mide 160 metros de longitud y 61 de altura, contando con una barquilla que cuelga de cables de acero y sirve para transportar pasajeros e incluso vehículos de un lado a otro. Fue el primer puente colgante del mundo con estructura metálica y, por ello, sirvió de modelo pionero.

Estuvo a punto de desaparecer durante la Guerra Civil, cuando el travesaño fue demolido para impedir el paso a las tropas nacionales, pero en 1941 se reconstruyó bajo la dirección del ingeniero José Juan Aracil.

Actualmente sigue en activo: funciona diariamente con viajes de minuto y medio que salen cada ocho minutos, ahorrando a los usuarios dar un rodeo de veinte kilómetros. Ello ha obligado a realizar diversas reformas para modernizarlo, entre ellas una pasarela superior para turistas y un cambio de color (rojizo, en vez de negro) porque el tono anterior lo hacía absorber calor y provocaba dilataciones demasiado bruscas.

El gobierno Vasco lo declaró Monumento Histórico Artístico en 1984 y la UNESCO lo incorporó al Patrimonio de la Humanidad en 2006. Razones de peso para buscar vuelos a Bilbao y acercarse hasta esa zona vecina para verlo y, por qué no, probar la experiencia de pasar a la otra ribera.

Foto: Javier Mediavilla Ezquibela en Wikimedia