La alicantina Casa del Acantilado

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Los aficionados a la arquitectura ya tienen un motivo especial para buscar vuelos a Alicante y acercarse hasta Toix Mascarat, a medio camino entre Altea y Calpe. Allí, inverosímilmente colgada de un enorme farallón rocoso y asomada al Mediterráneo, descuella una construcción humana cuyo inmaculado color blanco contrasta con el tono gris de la roca desnuda que parece sostenerla en vilo.

Se trata de una vivienda diseñada por el estudio Fran Silvestre Arquitectos, ganador gracias a ella del Red Dot Award: Product Design 2013, uno de los premios más importantes del sector. Fran silvestre Y María josé Sáez fueron los arquitectos, con la colaboración de Jordi Martínez, Maria Masià, Adrián Mora y José V. Miguel. El interiorismo está firmado por Alfaro Hofmann.

Comúnmente conocida como la Casa del acantilado debido a esa posición vertiginosa, es un inmueble de 242 metros cuadrados que se caracteriza por la sencillez de sus líneas rectas, los grandes ventanales acristalados frente al mar (correspondientes a dormitorios y salón) y una bella piscina en su parte baja con la que el nexo de unión es una escalera. el sótano, por último, acoge un jardín.

El edificio está hecho de hormigón, buen aislante térmico, al que recubre una capa de estuco de cal que le da un aspecto muy mediterráneo. Se estructura en cuatro plantas que se adaptan a la abrupta topografía, casi vertical, mediante anclajes. La plataforma principal tiene acceso desde la calle y el conjunto respeta el peculiar entorno en que se halla.

En suma, una curiosa y afortunada síntesis de tres elementos (aire, tierra y agua) para un lugar que, a buen seguro, se convertirá en una referencia arquitectónica de Alicante.