La pintoresca belleza de Firgas

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Es raro pero quienes reservan billetes de avión a Gran Canaria suelen desconocer el que probablemente sea uno de los rincones más curiosos y bonitos de la isla: el pueblo de Firgas. Situado en el norte insular, a veintidós kilómetros de Las Palmas, es una pequeña localidad de menos de ocho mil habitantes cuyos orígenes se remontan a antes de la llegada española, cuando era conocido con el nombre de Afurgad, que significa atalaya, en alusión a las espléndidas panorámicas que ofrece desde sus 450 metros de altitud.

La belleza del pueblo tiene bastante que ver con el agua, pese a no tratase de un lugar costero. Y es que a unos pocos kilómetros hay un manantial termal que abastece de miles de botellas diarias y ha inspirado buena parte de la decoración urbana al discurrir por varias calles varias cascadas sucesivas que cubren una longitud de treinta metros a lo largo de los paseos peatonales de Gran Canaria y Canarias.

Estos paseos engrosan su atractivo con una veintena de escudos heráldicos de los municipios insulares más el del Cabildo, así como las siete islas del archipiélago representadas en el suelo, acompañadas de un paisaje representativo de cada una, mediante enormes mosaicos. Las banderas de cada territorio completan esta curiosa apoteosis geográfica regional.

En 2009 se inauguró otra obra embellecedora para el municipio, la recuperación de la antigua Acequia Real a su paso por la Plaza de San Roque. Abierta por un lateral, se le añadieron unos lavaderos en piedra de cantería en los que aparecen representadas, en forma escultórica, manos de mujeres lavando ropa, en recuerdo de todas las lavanderas que acudían allí a hacer su trabajo.

Otros sitios interesantes son decimonónicos: la vieja fonda, construida en 1870 para albergar a quienes acudían a los baños de Azuaje y que luego fue Ayuntamiento y escuela, hasta que hoy ha sido destinada a Casa de Cultura (biblioteca municipal, sala de exposiciones y salón de actos); o la iglesia de San Roque, de 1845, aunque se asienta sobre las ruinas de la ermita de San Juan Ortega (1502) -de la que sólo queda la fachada- y junto a la que había un convento dominico.

Por último, mencionar otros atractivos peculiares, como el Molino de Gofio, que es del siglo XV y funcionó hasta que una sequía lo paró en 1959; o el monumento al Ganadero, obra del escultor aruqueño José Luis Marrero Cabrera y que puede ver detrás de la Casa de Cultura; o el consistorio actual, que tiene su sede en una casona de los años cuarenta del siglo XX de estilo neocanario, erigida con piedra azul autóctona y madera de tea de pino en los balcones.

No hay que olvidar, sin embargo, el entorno natural: la Reserva Especial de Azuaje, los barrancos de las Madres y Guadalupe, las terrazas de Las Berreras o el Pico Osorio.

Foto: Turismo de Gran Canaria