Archivos mensuales: marzo 2014

El Puente Colgante de Vizcaya

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Hoy en día ya hay otros lugares y construcciones humanas que ejercen el papel emblemático de Bilbao, especialmente desde el proceso rehabilitador desarrollado hace unos años. Pero, durante mucho tiempo, la referencia fue el llamado Puente de Vizcaya, más conocido como Puente Colgante, que une las dos márgenes de la ría del Nervión.

Inaugurado en 1893, el arquitecto Alberto de Palacio y Elissague lo diseñó para enlazar las localidades de Portugalete y Guetxo, unificando así sus respectivos balnearios en una época en que crecía la burguesía industrial y el turismo daba sus primeros pasos. Una de las condiciones era que no debía entorpecer la navegación.

El puente mide 160 metros de longitud y 61 de altura, contando con una barquilla que cuelga de cables de acero y sirve para transportar pasajeros e incluso vehículos de un lado a otro. Fue el primer puente colgante del mundo con estructura metálica y, por ello, sirvió de modelo pionero.

Estuvo a punto de desaparecer durante la Guerra Civil, cuando el travesaño fue demolido para impedir el paso a las tropas nacionales, pero en 1941 se reconstruyó bajo la dirección del ingeniero José Juan Aracil.

Actualmente sigue en activo: funciona diariamente con viajes de minuto y medio que salen cada ocho minutos, ahorrando a los usuarios dar un rodeo de veinte kilómetros. Ello ha obligado a realizar diversas reformas para modernizarlo, entre ellas una pasarela superior para turistas y un cambio de color (rojizo, en vez de negro) porque el tono anterior lo hacía absorber calor y provocaba dilataciones demasiado bruscas.

El gobierno Vasco lo declaró Monumento Histórico Artístico en 1984 y la UNESCO lo incorporó al Patrimonio de la Humanidad en 2006. Razones de peso para buscar vuelos a Bilbao y acercarse hasta esa zona vecina para verlo y, por qué no, probar la experiencia de pasar a la otra ribera.

Foto: Javier Mediavilla Ezquibela en Wikimedia

La alicantina Casa del Acantilado

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Los aficionados a la arquitectura ya tienen un motivo especial para buscar vuelos a Alicante y acercarse hasta Toix Mascarat, a medio camino entre Altea y Calpe. Allí, inverosímilmente colgada de un enorme farallón rocoso y asomada al Mediterráneo, descuella una construcción humana cuyo inmaculado color blanco contrasta con el tono gris de la roca desnuda que parece sostenerla en vilo.

Se trata de una vivienda diseñada por el estudio Fran Silvestre Arquitectos, ganador gracias a ella del Red Dot Award: Product Design 2013, uno de los premios más importantes del sector. Fran silvestre Y María josé Sáez fueron los arquitectos, con la colaboración de Jordi Martínez, Maria Masià, Adrián Mora y José V. Miguel. El interiorismo está firmado por Alfaro Hofmann.

Comúnmente conocida como la Casa del acantilado debido a esa posición vertiginosa, es un inmueble de 242 metros cuadrados que se caracteriza por la sencillez de sus líneas rectas, los grandes ventanales acristalados frente al mar (correspondientes a dormitorios y salón) y una bella piscina en su parte baja con la que el nexo de unión es una escalera. el sótano, por último, acoge un jardín.

El edificio está hecho de hormigón, buen aislante térmico, al que recubre una capa de estuco de cal que le da un aspecto muy mediterráneo. Se estructura en cuatro plantas que se adaptan a la abrupta topografía, casi vertical, mediante anclajes. La plataforma principal tiene acceso desde la calle y el conjunto respeta el peculiar entorno en que se halla.

En suma, una curiosa y afortunada síntesis de tres elementos (aire, tierra y agua) para un lugar que, a buen seguro, se convertirá en una referencia arquitectónica de Alicante.

Museo del Vidrio y Cristal de Málaga

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En el último post dedicado a Málaga ya decíamos que esta ciudad, y la provincia entera, están llenas de atractivos no siempre bien conocidos. En ese sentido, otro ejemplo de rincón a apuntar para una visita podría ser el Museo del Vidrio y Cristal.

Se ubica en la antigua Posada de San Felipe Neri, una casona del siglo XVIII que presenta una magnífica fachada barroca llena de pinturas al fresco y cuya dirección es el número 2 de la Plazuela del Santísimo Cristo de la Sangre, lo que antes era la calle Gaona. Es un inmueble de gran tamaño, de 900 metros cuadrados distribuidos en torno a un patio. También hay un pequeño jardín.

Ese atrio sirve de vestíbulo de acceso a las 3 salas de exposición, que acogen una colección de cerca de 3.000 piezas. Aunque éstas son fundamentalmente de los materiales que dan nombre al complejo, también incluyen la colección personal del erudito Gonzalo Fernández-Prieto, compuesta por muebles, obras de arte y objetos decorativos diversos.

Las salas exponen las piezas ordenadas cronológicamente, empezando por el siglo VI a.C. y pasando por todos los siglos hasta la actualidad. Es decir, se pueden ir contemplando obras en vidrio de fenicios, romanos, bizantinos, persas, venecianos y muchos más lugares de producción en épocas sucesivas, desde la Antigúedad hasta el modernismo catalán, pasando por la Edad Media y la Moderna.

En suma, un museo de artes decorativas que quiere ser una entidad viva, que sirva de aliciente para rehabilitar el antiguo barrio artesano de San Felipe Neri, y un núcleo de referencia y estudio para los artesanos modernos.

Quienes busquen vuelos a Málaga y estén interesados en hacer una visita al lugar pueden hacerlo de martes a domingo, entre las 11:00 y las 19:00, por 5 euros (3 en tarifa reducida para mayores de 65 años y niños de 7 a 12 años). Son recorridos guiados en español, inglés, francés e italiano.

Foto: Museo del Vidrio y Cristal de Málaga

La pintoresca belleza de Firgas

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Es raro pero quienes reservan billetes de avión a Gran Canaria suelen desconocer el que probablemente sea uno de los rincones más curiosos y bonitos de la isla: el pueblo de Firgas. Situado en el norte insular, a veintidós kilómetros de Las Palmas, es una pequeña localidad de menos de ocho mil habitantes cuyos orígenes se remontan a antes de la llegada española, cuando era conocido con el nombre de Afurgad, que significa atalaya, en alusión a las espléndidas panorámicas que ofrece desde sus 450 metros de altitud.

La belleza del pueblo tiene bastante que ver con el agua, pese a no tratase de un lugar costero. Y es que a unos pocos kilómetros hay un manantial termal que abastece de miles de botellas diarias y ha inspirado buena parte de la decoración urbana al discurrir por varias calles varias cascadas sucesivas que cubren una longitud de treinta metros a lo largo de los paseos peatonales de Gran Canaria y Canarias.

Estos paseos engrosan su atractivo con una veintena de escudos heráldicos de los municipios insulares más el del Cabildo, así como las siete islas del archipiélago representadas en el suelo, acompañadas de un paisaje representativo de cada una, mediante enormes mosaicos. Las banderas de cada territorio completan esta curiosa apoteosis geográfica regional.

En 2009 se inauguró otra obra embellecedora para el municipio, la recuperación de la antigua Acequia Real a su paso por la Plaza de San Roque. Abierta por un lateral, se le añadieron unos lavaderos en piedra de cantería en los que aparecen representadas, en forma escultórica, manos de mujeres lavando ropa, en recuerdo de todas las lavanderas que acudían allí a hacer su trabajo.

Otros sitios interesantes son decimonónicos: la vieja fonda, construida en 1870 para albergar a quienes acudían a los baños de Azuaje y que luego fue Ayuntamiento y escuela, hasta que hoy ha sido destinada a Casa de Cultura (biblioteca municipal, sala de exposiciones y salón de actos); o la iglesia de San Roque, de 1845, aunque se asienta sobre las ruinas de la ermita de San Juan Ortega (1502) -de la que sólo queda la fachada- y junto a la que había un convento dominico.

Por último, mencionar otros atractivos peculiares, como el Molino de Gofio, que es del siglo XV y funcionó hasta que una sequía lo paró en 1959; o el monumento al Ganadero, obra del escultor aruqueño José Luis Marrero Cabrera y que puede ver detrás de la Casa de Cultura; o el consistorio actual, que tiene su sede en una casona de los años cuarenta del siglo XX de estilo neocanario, erigida con piedra azul autóctona y madera de tea de pino en los balcones.

No hay que olvidar, sin embargo, el entorno natural: la Reserva Especial de Azuaje, los barrancos de las Madres y Guadalupe, las terrazas de Las Berreras o el Pico Osorio.

Foto: Turismo de Gran Canaria

La Bombonera

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Pocos estadios deportivos del mundo son reconocidos por su nombre y, en ese sentido, uno de los más destacados es La Bombonera de Buenos Aires. Lo paradójico es que en realidad no se llama así, puesto que ése es sólo un apodo que ha desplazado a su gracia oficial, Estadio Alberto J. Armando.

Quienes reserven vuelos a Buenos Aires tendrán al barrio de La Boca como referente para visitar algunos rincones que vienen en todas la guías y que ya son típicos depara el turismo: Caminito, por ejemplo, un bulevar peatonal caracterizado en lo visual por los intensos colores de sus fachadas de chapa y en lo auditivo por el ritmo melancólico del tango; o el Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín, que el artista homónimo donó al vecindario.

Ahora bien, si además esos turistas son aficionados al fútbol, casi seguro que para ellos el barrio se identifica directamente con un equipo, el Club Atlético Boca Juniors, lanzado a la fama por el jugador más ilustre que ha militado en sus filas: Diego Armando Maradona. Y Boca Juniors juega en el Alberto J. Armando.

¿Por qué ese mote? Muchos creen que se debe a su aspecto, de gradas tan elevadas que casi parecen verticales, como si de una caja de bombones se tratase, algo forzado por el escaso terreno que había para levantar el inmueble. En realidad, una caja de bombones sí que fue la causa, aunque la historia tiene un desarrollo diferente: durante la construcción del campo, al arquitecto Víctor Suicic le regalaron una por su cumpleaños y, cuando la llevó a la obra para compartir, alguien sugirió que tenía la misma forma que el estadio; en lo sucesivo, todos se refirieron a éste como La Bombonera.

De hecho, conservó ese nombre hasta 1986, en que se le puso el oficial de Estadio Camilo Cichero, el presidente que empezó los trabajos. En el año 2000 fue rebautizado en honor de Alberto Jacinto Armando, que presidió la entidad durante dos décadas. Pero todo el mundo lo conoce por su seudónimo.

Este anfiteatro fue inaugurado en 1940. Tiene aforo para 49.000 espectadores (25.000 sentados) y su terreno de juego mide 105 x 68 metros. En 1996, bajo la presidencia de Mauricio Macri, se llevó a cabo una amplia reforma con la construcción de las plateas preferenciales y los palcos VIP, así como la decoración externa del estadio, firmada por los artistas Romulo Macció y Pérez Celis. En 2008 se añadió un marcador electrónico y en 2012 se sumaron nuevas gradas. Hay prevista otra remodelación, ésta casi integral, para 2018.

Foto: Heretiq en Wikimedia

El Castillo de Ibiza

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Calas, fiestas y mercadillos hippies aparte, Ibiza tiene un patrimonio monumental interesante para todo aquel viajero que no quiera limitar su estancia a los tópicos, por muy atractivos y representativos que éstos sean. Y el casco antiguo de la capital tiene montones de sitios que merece la pena ver; uno de ellos es el Castillo.

Situado entre los baluartes de Sant Bernat y Sant Jordi, constituye el punto más alto de Dalt Vila y se puede vislumbrar desde el mar, a la sombra de la Catedral. De planta rectangular con torres en las esquinas -si bien llegó a tener una docena-, su estructura es típicamente medieval y, más concretamente, de inspiración musulmana, aunque Tito Livio da noticias de una construcción anterior -quizá púnica- de la que aún quedan algunos restos.

Se accede por la puerta de Levante, ubicada entre las torres segunda y tercera, probablemente la entrada original. Dentro, sobre los citados cimientos antiguos, hay una torre del homenaje de época cristiana edificada en tiempos de Felipe II, aunque hay que tener en cuenta que todo el conjunto, junto con la Almudaina, fue sometido a sucesivas reformas durante diez siglos, entre el VIII y el XVIII.

En esa última centuria fue cuando se demolió la torre que separaba al castillo de la Almudaina, con vistas a albergar unos cuarteles diseñados por Simon Poulet en los que se asentaría un cuerpo militar de guarnición permanente. En la parte sur del recinto se alza la Casa del Gobernador, en la que se supone que se alojó el rey Alfonso III de Aragón en su visita a la isla en 1286. Tiene elementos góticos y renacentistas salvo en la planta baja, donde se conservan otros de origen árabe.

El Castillo no es visitable por dentro y exteriormente no resulta algo especialmente vistoso para quienes sólo buscan belleza estética o tema para su cámara de fotos. Sin embargo, es un pedazo de historia de la ciudad y echarle un vistazo puede servir para hacerse una idea de cuán diferentes eran los tiempos. Téngase en cuenta al reservar vuelos a Ibiza.

Foto: Eivissa Web

El Real Observatorio de Greenwich

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Quien más quien menos, habrá oído hablar alguna vez del Meridiano de Greenwich, esa línea imaginaria que divide el planeta en dos mitades, oriental y occidental, y permite la localización en el globo combinando la longitud que marca con la latitud de los paralelos. También se le llama Meridiano Cero, por ser el que sirve de referencia para contar los demás. Pues bien, para verlo y tocarlo -está señalizado mediante una placa de bronce en el suelo- hay que buscar vuelos baratos a Londres antes de nada.

Luego hay que desplazarse hasta la antigua ciudad de Greenwich que le da nombre, hoy absorbida por el crecimiento urbano de la capital británica hacia el este de manera que ahora es un barrio más. Allí, a unos ocho kilómetros al sur del emblemático London Bridge, se halla esa zona, en la que se acumulan atractivos turísticos merced a los llamados Royal Museums of Greenwich.

Son cuatro: el National Maritime Museum, el Cutty Sark, The Queen’s House y el Royal Observatory, que es del que nos ocuparemos a continuación. El Observatorio Real fue creado a instancias del rey Carlos II en 1675, quien de paso creó el cargo ad hoc de Astrónomo Real. El lugar elegido para su edificación era un parque diseñado por el jardinero de Luis XIV para la Corona británica.

En realidad, los típicos cielos nubosos ingleses y la contaminación atmosférica de Londres obligaron a trasladar el observatorio a un lugar con mejor visibilidad, el Castillo de Herstmonceux, pero la localización del meridiano ha quedado para siempre en el sitio original, determinando los 24 usos horarios. Un tubo metálico que mide varios metros y está orientado norte-sur sirve para ilustrar la línea del meridiano, visión reforzada hoy en el cielo mediante un rayo láser.

Actualmente, el observatorio ha pasado a ser un museo de herramientas de medición, navegación, astronomía y relojería. En 2005, además, se inició una reforma para incorporarle un planetario y otras instalaciones complementarias. Tiene buenas perspectivas de la ciudad y, en cualquier caso, la visita resultará de interés y, además, es un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Foto: Simdaperce en Wikimedia

La madrileña Casa Gallardo

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Como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, aunque el modernismo haya llegado quizá a su máxima expresión en Cataluña, con la gran abundancia de obras que acumula y algunos de los arquitectos más destacados del estilo, lo cierto es que fue un movimiento mucho más extendido del que se pueden encontrar ejemplos, en otras muchas ciudades del mundo.

Una de ellas, sin ir más lejos, Madrid, donde una de sus representaciones más vistosas probablemente sea la Casa Gallardo. És es el nombre que recibe un edificio situado en la célebre Plaza de España, en la esquina a la calle Ferraz (en el número 2 de ésta se halla la entrada).

Firmado por el arquitecto Federico Arias Rey, que lo diseñó para reformar el palacete anterior del italiano Daverio -pensado para hotel- que ocupaba el inmueble del marqués de Albaida, fue construido entre 1911 y 1914 según el modernismo imperante pero a la francesa, con características diferentes a las catalanas. Así, no presenta trencadís ni formas fantásticas ni colorido, sino un aspecto más solemne y monumental.

Un concepto distinto pero igual de válido y elegante, como demuestra el hecho de que sus propietarias, Asunción y Esperanza Gallardo, recibieran un premio municipal. El proyecto de Arias cambió la distribución, aumentando la altura y ampliando la superficie al quitar el jardín interior y las cocheras. En su interior quedó estructurado en torno a un patio central con dos grandes viviendas por planta.

Exteriormente tiene una fachada ricamente decorada con motivos que juegan en torno a las ventanas y balcones, incluyendo unos arcos de herradura especialmente vistosos. La alegría cromática del modernismo catalán se sustituye por un tono blanco general, sólo roto por el negro del tejado de pizarra.

El elemento más emblemático es la cúpula de la esquina, que ostenta la letra G (en referencia al apellido Gallardo) sobre el único azulejo visible -y el único color diferente, el amarillo-. Bien es cierto que hay otros elementos comunes, como las vidrieras polícromas o algunos balcones hechos de hierro forjado.

La Casa Gallardo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1997, así que si alguien reserva vuelos baratos a Madrid y pasa por la Plaza de España no debe perdérsela.

Foto: Carlos Delgado en Wikimedia