La iglesia Kretulezsku de Bucarest

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Cualquiera que tome vuelos baratos a Bucarest para visitar turísticamente la ciudad tendrá que acercarse tarde o temprano a la Plaza de la Revolución. Ese amplio espacio abierto fue el escenario principal de los acontecimientos que supusieron el fin del régimen de Ceaucescu y allí tuvo lugar la matanza de estudiantes que hoy se recuerda con un monumento. Pero un sitio tan trágico y turbulento también guarda un recodo para la religión, el arte y la tranquilidad: la biserica Kretulezscu.

Esta pequeña iglesia de ladrillo rojo contrasta en tamaño, estilo y aspecto con los edificios que la rodean, guardando cierto parecido, en ese aspecto, con la Trinity Church de Nueva York, abrumada por las altura de las torres circundantes. De hecho casi sorprende que aún se conserve, puesto que justo enfrente, en plan intimidador, se erigió la sede del Partido Comunista Rumano, hoy reconvertida en Ministerio del Interior.

Pero la biserica estaba antes. Concretamente desde 1722, cuando se construyó en honor del boyardo Iordache Kretulezsku, para sustituir a otra iglesia anterior de madera. Kretulezsku estaba casado con la princesa Safta, hija de Constantin Brâncoveanu, rey de Valaquia entre 1689 y 1714. Todos ellos están retratados en el interior del templo, justo a la entrada.

El edificio es del estilo llamado brancovenesco, aunque conviene aclarar que el buen aspecto que presenta se debe a una restauración realizada entre 1932 y 1933 que incluyó también las pinturas de las paredes interiores que estaban firmadas por el artista rumano decimonónico Gheorghe Tattarescu.

Esas obras se hicieron para recuperar el aspecto original, ya que a principios del siglo XIX se habían hecho otras que desvirtuaban el conjunto. En 2003 aún hubo una intervención más para limpiar el ennegrecimiento de los frescos, debido al humo de las velas.

La iglesia Kretulezscu sigue en activo hoy en día, oficiando ceremonias religiosas. Ello no impide que sea uno de los lugares recomendables para visitar durante la estancia en Bucarest, puesto que además está en plena ruta turística y su pequeño tamaño permite echarle un vistazo en pocos minutos.

Foto: Joe Mabel en Wikimedia