El faro de Formentor

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Una de los momentos más gratos que pueden pasar quienes reserven vuelos baratos a Mallorca y recorran la isla por su cuenta en un coche es ir descubriendo pequeños rincones y detalles que se encuentran perdidos por sus cuatro puntos cardinales y que no constituyen una llamada al turismo masivo, por lo que se obtiene el plus añadido de verlos en solitario o con poca gente.

En ese sentido, el Faro de Formentor es especialmente interesante porque combina su esbelto perfil con un paisaje bellísimo, la foto potencial con un pedazo de historia local, la visita de ocio con la cultural. La torre se alza a 210 metros sobre el nivel del mar, encaramada a un acantilado en la península que hay al final de la Sierra de Tramuntana.

Una sinuosa y estrecha carretera de 20 kilómetros permite su acceso desde la localidad de Pollença, dejando atrás el Mirador de Colomer, la playa de Formentor y las calas de Murta y Figuera. De camino, curvas, pinos, farallones de piedra asomados al Mediterráneo y cabras, muchas cabras, hasta que por fin aparece la alargada silueta, de 56 metros de altura, recortándose contra el cielo. Un pequeño aparcamiento da paso al faro, una cafetería y unos servicios.

El faro ya tiene años, puesto que empezó a construirse en 1857, siguiendo el diseño de Emili Pou, y se terminó en 1863 tras unos duros trabajos en una época en la que no existía la mencionada carretera (aún tardaría en hacerse casi un siglo) se cuenta que los obreros trabajaban también los domingos, previa dispensa del obispo, a cambio de que oyeran misa en un altar improvisado.

Los materiales se llevaban por un camino que ocupaba parte de la vía actual y del que aún quedan restos. También llegaban por mar al cercano Moll del Patronet, desde donde subían una escalera tallada en la piedra con 272 peldaños, hoy rehabilitada para senderistas.

Durante décadas, los torreros emplearon aceite, parafina y petróleo para la linterna, de doce paneles que emitían un destello de luz blanca cada medio minuto. Hasta una fecha tan cercana como 1962 no se instaló electricidad, que, de todas formas, no pudo mantenerse debido a las tormentas que abundan en la zona; hoy en día funciona con energía solar fotovoltaica. Antes, en 1971, se cambió la linterna por una de paneles catadióptricos que hoy en día ha pasado a ser una lámpara de bajo consumo con 21 millas náuticas de alcance y 4 destellos cada 20 segundos.

En suma, una visita recomendable para todo aquel que llegue a Mallorca. Además, si el día acompaña, podrá vislumbrar a lo lejos la silueta de la isla vecina, Menorca.

Foto: Dirk Goldhahn