La madrileña iglesia de San Plácido

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Cualquiera que haga uso de los vuelos baratos a Madrid para conocer la ciudad desde un punto de vista turístico seguramente tendrá en su agenda de visitas muchos sitios pero la iglesia de San Plácido no estará entre ellos. Lo cual es una pena.

Evidentemente, haría falta pasarse meses en la capital para poder descubrir todos y cada uno de sus rincones y aún así quizá quedaría alguno en el tintero. Pero si alguien se dedica, por ejemplo, a hacer un itinerario de edificios religiosos, éste tiene mucho más que ofrecer de lo que parece.

Situado en el número 9 de la calle San Roque, se trata de un convento benedictino fundado en 1623 por Teresa Valle de la Cerda y Alvarado, una aristócratica dama que formaba parte de la corte de Felipe IV pero renunció a casarse con uno de sus ministros para ser priora. El convento se erigió junto al templo homónimo, construido bajo la dirección del agustino fray Lorenzo de San Nicolás en lo que hoy se considera uno de los mejores ejemplos de Madrid de transición estilística del renacimiento al barroco.

De hecho, lo verdaderamente interesante es dicha iglesia, que, pese a su más que sobrio exterior, por dentro está decorada con obras de algunos de los mejores maestros de su tiempo. Así, Claudio Coello pintó su Anunciación para el retablo del altar mayor y Francisco Ricci llenó la cúpula de frescos (ayudado por Juan Martín Cabezalero), mientras que en el aspecto escultórico destacan el Cristo yacente tallado por Gregorio Fernández para la capilla o las estatuas de los pilares de la cúpula, que hizo Manuel Pereira.

Pero la iglesia de San Plácido gozó de una aportación artística aún mayor, y es que Velázquez pintó su famoso y aclamado Cristo crucificado para la sacristía, donde lució desde su conclusión en 1628 hasta el año 1808, en que Manuel Godoy se lo llevó para su colección particular. Después de innumerables procesos burocráticos, el cuadro terminó en el Museo de El Prado, aunque hace poco se realizó una copia que aún se ve en el templo, en el coro.

La historia de ese Cristo tiene mucha miga y va ligada a los constantes escándalos que hubo en el convento: primero, la intervención de la Inquisición para atajar una especie de epidemia de posesiones diábolicas entre las monjas; luego, la famosa historia en la que presentaron al monarca a una de las hermanas como fallecida para evitar que tuviera relaciones con ella. Al parecer Felipe IV terminó enterándose del engaño pero, arrepentido, ordenó a Velázquez pintar el lienzo como regalo al cenobio.

En 1912 se construyó un nuevo convento pero la iglesia se conserva perfectamente, en parte gracias a una restauración de esa misma época, de manera que en 1943 fue declarada Monumento Nacional.

Foto: Madrid en foto