Iglesia de la Patriarquía, en Bucarest

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Una de las visitas preceptivas que tienen programada con total seguridad quienes reserven vuelos baratos a Bucarest por motivos turísticos es a la Iglesia de la Patriarquía, una de las muchas que llenan la capital rumana para satisfacer la profunda y extendida religiosidad del pueblo.

Pero la de la Patriarquía tiene algo especial. No por su aspecto exterior, desde luego, a base de simples arcadas de medio punto que no la distinguen demasiado de las otras al presentar la característica sobriedad de los templos ortodoxos que, al igual que ocurre con las mezquitas musulmanas y salvo las excepciones de la región moldava, concentran la decoración en el interior.

En este caso el factor diferencial radica en que acoge los enterramientos de los patriarcas de la Iglesia Ortodoxa Rusa, de ahí su nombre. Aunque habría que hablar más bien de factores, en plural, puesto que los devotos acuden a rezar a otro personaje inhumado tras sus muros: Domitru Basarabov, patrón de la ciudad, cuyos restos se conservan dentro de un imponente féretro de plata ante el que se hece cola para pedirle favores.

La Patriarquía está situada en el bulevar Unirii, cerca del colosal Parlamento levantado por Ceaucescu y que tiene fama de ser el edificio civil más grande del mundo tras el Pentágono. Se comenzó a construir en 1654 durante el mandato de Constantin Serban, terminándose las obras once años más tarde (excepto el campanario, de 20 metros de altura, que se añadió en 1698).

Con unas torres más bien pequeñas, tan diferentes a las estilizadas de las catedrales góticas, el pronaos de la fachada está marcada por doce columnas que representan a los Apóstoles. Una vez traspasada la entrada aparecen las clásicas pinturas al fresco sobre los muros, iluminadas por farolillos, si bien hay que advertir que originales son sólo las que se ven sobre la parte superior de la puerta, pues el resto son recientes y representan a personalidades y benefactores.

Con un poco de suerte la visita puede coincidir con alguna ceremonia o canto litúrgico de los sacerdotes. Y si no, también es posible contemplar el palacio adjunto, donde se ubica la sala de juntas del Sínodo y se conservan valiosos muebles. Un complejo, en suma, que siempre forma parte de los circuitos turísticos de Bucarest.