El Diamond District de Nueva York

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«Diamonds are the girl’s best friend» cantaba Marilyn Monroe en una de sus películas. Los diamantes son el mejor amigo de una chica. Todas aquellas que interpreten esto literalmente deberían buscar alguno de los vuelos baratos a Nueva York y darse una vuelta por Diamond Row, una prolongación de la calle 47 entre la Quinta y la Sexta avenidas, en pleno Manhattan.

También conocido como Diamond District, el nombre de la vía basta para hacerse una idea de lo que se va a encontrar: en apenas 250 metros se junta allí la mayor parte del comercio mayorista de diamantes del país. Un paseo calle arriba o calle abajo significará pasar ante joyerías cuyos escaparates brillan con los fulgores inconfundibles de las piedras preciosas. Hasta los globos de las farolas tienen esa forma.

El distrito creado en los años veinte, cobró una relevancia especial en 1941, durante la segunda Guerra Mundial, cuando Alemania invadió Holanda y Bélgica. Entonces, miles de judíos ortodoxos que se dedicaban a ese negocio en las ciudades de Ámsterdam y Antwerp huyeron a EEUU y se establecieron en Nueva York, reemprendiendo allí su actividad. Al terminar el conflicto, muchos de ellos eligieron quedarse y así creció el Diamond Row.

Ésa es la razón por la cual visitar esa zona puede dar la impresión de estar en Israel: kippas, trenzas rizadas, largas barbas y negros trajes de corte antiguo con sombrero son habituales en la calle, en la que incluso se realizan transacciones de forma tradicional, rubricadas con simples apretones de manos, aunque vigiladas por el estricto Diamond Dealers Club.

Se calcula en torno a 2.600 los negocios que hay relacionados con los diamantes que crean 30.000 puestos de trabajo, con una facturación anual aproximada de 24.200 millones de dólares. Una cantidad superior al PIB de algunos países. Los principales compradores son Hong Kong, Canadá, Reino Unido y Japón.

A quien no le salgan los cálculos sobre cómo es posible que haya tantos comercios en tan poco espacio, sepa que no todos tienen escaparate ni están en la calle; los hay en pisos y sótanos y contratan a vendedores callejeros para atraer clientela. Además hay talleres de diseño, corte, talla y pulido. En las inmediaciones también se ubica el Gemological Institute of America y la Gem Tower, cuyos 34 pisos se dedican casi exclusivamente a joyerías.

Foto: Chris Ruvolo en Wikimedia