La Domus Áurea

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Si se pide citar nombres de emperadores romanos no cabe duda de que uno de los que no se le olvidaría a nadie sería Nerón. Con razón o sin ella (últimamente los historiadores rebajan su mala fama), el hijo de Claudio y Agripina ha pasado a la posteridad monumental en primera línea por la construcción de dos grandes obras: la estatua que dio nombre al Coliseo y la Domus Áurea.

Puesto que la primera no se conserva, centrémonos en analizar la segunda. La Casa de oro fue construida precisamente a raiz de uno de los acontecimientos más conocidos de su mandato, el tristemente famoso incendio de Roma del año 64 d.C, que arrasó buena parte de la ciudad (y cuyo origen se considera hoy accidental). Las llamas despejaron una enorme extensión de terreno en los montes Celio, Oppio y Palatino y el césar decidió aprovecharla para edificar allí su nuevo palacio, el más grande de la Antigüedad con 50 hectáreas.

Del tamaño basta para hacerse una idea el hecho de que, según cuenta Suetonio, su vestíbulo estaba adornado por la mencionada estatua, que medía 35,5 metros de altura, por lo que recibió el nombre de Colosseo (el Coliseo aún no existía). Representaba a Nerón como personificación del sol y, de hecho, todo el complejo seguía esa idea; por eso la fachada estaba pintada en un espectacular color dorado.

Había docenas de salas para eventos y banquetes -se conservan «sólo» 45-, habitaciones para la familia imperial y los sirvientes, baños, terrazas, jardines con viñedos, un lago artificial… Las paredes se cubrían con frescos con escenas mitológicas que dieron lugar a la denominación de un estilo artístico, el grutesco o grotesco, en alusión a los subterráneos (grutas) que decoraban.

Pero Nerón no dejó un buen recuerdo y tuvo que suicidarse ante un golpe de estado. Sus sucesores aplicaron entonces una variante de la damnatio memoriae y poco a poco fuero destruyendo el palacio: Domiciano levantó el suyo propio en el Palatino sobre los restos del anterior, Vespasiano desecó el lago y erigió en su lugar el Coliseo, Trajano situó las termas que llevan su nombre en el Oppio… Así, actualmente es difícil distinguir lo que pertenece al edificio original.

El caso es que unas excavaciones en el siglo XV permitieron redescubrir el sitio y que los pintores de la época admiraran los frescos. Y los turistas de nuestra época que toman vuelos baratos a Roma pueden disfrutar de las salas que discurren bajo tierra, justo debajo de las termas, desde su apertura al público, tras las obras para arreglar las filtraciones de agua que provocaron el desmoronamiento de un techo. Abre de 9:00 a 18:30 pero hay que reservar con antelación.

Foto: Matthias Kabel en Wikimedia