Santa María del Popolo

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En Roma brota la historia en cualquier esquina y no es raro visitar un sitio para descubrir que debajo hay otro anterior igual de interesante. Y, a veces, ambos ven desviada la atención por un tercer elemento posterior. Algo así es lo que ocurre con la iglesia de Santa María del Popolo, que se halla en la plaza del mismo nombre.

Este templo, o más bien la capilla original, fue erigido en el año 1099, para celebrar la conquista de Jerusalén durante las Cruzadas, por orden del papa Pascual II. El lugar elegido no fue al azar porque, según se decía, allí había sido enterrado Nerón y su fantasma aún deambulaba (un nogal habitualmente lleno de cuervos era el signo indicativo), por lo que era necesario exorcizarlo. La financiación fue sufragada por el propio pueblo, de ahí el nombre que recibió y todavía ostenta. No obstante, la apariencia que presenta actualmente se debe a las reformas acometidas en el siglo XV por otro pontífice, Sixto IV, aunque no está claro qué arquitecto nombró para ello.

Desde 1250 forma parte de un convento agustino, donde se alojó Lutero en su visita a la ciudad y cuya austeridad se refleja en el edificio, especialmente en el exterior. Dentro está distribuido en tres naves con crucero, ábside y bóvedas de crucería sostenidas por semicolumnas adosadas. En el siglo XVI Bramante le añadió el coro del ábside, cuya cúpula decoró Pinturicchio y donde se pueden ver también las esculturas de los cardenales Sforza y Della Rovere talladas por Sansovino. Asimismo, Rafael aportó su arte esos años; concretamente en la Capilla Chigi, que construyó en varias fases y llenó de mosaicos funerarios en honor del banquero patrocinador.

Esta capilla sirvió de modelo a otra, la Cybo, que hizo con planta de cruz griega Carlo Fontana al siglo siguiente. No fue la última reforma porque en esa centuria Alejandro VII también quiso dejar su huella y encargó a Bernini la decoración barroca que se ve hoy. Y en la segunda década del siglo XIX, durante la ocupación napoleónica, fueron dstruidas las dependencias del convento para hacer una amplia reforma de la plaza, aunque luego se reconstruyeron.

De todas formas el interés principal de quienes reservan vuelos baratos a Roma y se acercan a Santa María del Popolo es contemplar dos extraordinarias pinturas que se conservan en su interior, en la capilla Cerasi: La conversión de San Pablo y La crucifixión de San Pedro; ambos son obras de Caravaggio y están consideradas piezas maestras del arte barroco. También resultará curioso para un visitante comprobar que cada uno de los bancos para sentarse durante la misa lleva el nombre de algún fallecido ilustre, cuyos familiares le recordaban así.

Foto: Karelj