El Palacio de Linares

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Dado que se acerca el primero de noviembre, cuando se celebra el Día de Difuntos o su popular versión anglosajona de Halloween, llenándose las calles de brujas, zombies y seres de ultratumba, quizá sería una idea divertida acercarse a la esquina entre el paseo de Recoletos y la calle de Alcalá de Madrid y contemplar uno de los edificios que durante un tiempo gozaron de peor fama en ese sentido: el Palacio de Linares.

Durante unos años, aprovechando su estado de abandono, esta mansión señorial decimonónica se convirtió en tema de estudio favorito para cazafantasmas, revistas esotéricas y gente con no demasiados escrúpulos que, magnetófono y cámaras en ristre, recorrían los salones en busca de fotos espectrales y psicofonías.

Aprovechaban para ello una folletinesca e improbable leyenda que giraba en torno a ella, la protagonizada por sus mismos propietarios, los marqueses de Linares: el marqués habría enviado a Londres a su hijo para evitar que se viera con su enamorada, quien era hija extramatrimonial suya; pero una vez fallecido el padre ambos retomaron la relación y se casaron, descubriendo el secreto después a través de una carta póstuma. Merced a una bula papal se perdonó el incesto pero a cambio de prometer una castidad que no respetaron; la hija que nació fue asesinada o emparedada, según versiones, siendo su espectro el que vaga por el palacio.

Lo cierto es que el lugar, edificado por los marqueses en 1877 sobre unos antiguos almacenes de grano, se hallaba casi en estado de ruina debido a los bombardeos sufridos durante la Guerra Civil, ofreciendo un perfecto aspecto desolado y siniestro. De hecho sólo la declaración como Monumento Histórico Artístico en 1976 lo salvó de ser derribado aunque permaneció años cerrado. Esto, paradójicamente, resultó positivo para conservar los muebles originales, de varios estilos franceses.

Había sido diseñado por Carlos Colubí, que lo dotó de un estilo neobarroco, también de inspiración gala como era la moda, si bien algunas partes del edificio corrieron a cargo de Manuel Aníbal Álvarez, caso de la imponente escalera de mármol de Carrara. el palacio tenía 4 plantas, siendo el sótano para el servicio, el entresuelo para hogar, la siguiente la noble (para vida social) y la última para galería de arte e invitados.

Finalmente, con la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América en 1992 se decidió su rehabilitación para Casa de América, centro de intercambio cultural entre España y los países iberoaamericanos. El arquitecto Carlos Puente Fernández fue el encargado de llevarlo a cabo. Quien busque vuelos baratos a Madrid y lo visite (sólo los fines de semana a las 11:00, 12:00 y 13:00 por 8 euros) probablemente no encontrará fantasmas pero sí una preciosa decoración a base de lámparas de araña, bronces de París, cristales de Amberes, alfombras de la Real Fábrica de Tapices y frescos de pintores como Pradilla, Valeriano Bécquer, Domíngez o Ferrant, entre otros.