Archivos mensuales: julio 2012

La sevillana Capilla de Maese Rodrigo

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Todo aquel que tome alguno de los vuelos baratos a Sevilla y visite el barrio de Santa Cruz encontrará, al final de la Avenida de la Constitución, una minúscula iglesia de sobrio aspecto exterior y que constituye el único resto arquitectónico que queda de la antigua Universidad fundada por maese Rodrigo Fernández de Santaella en 1506. Por eso se la conoce con varios nombres: Capilla de maese Rodrigo, del convento-Universidad de Santa María de Jesús, del Seminario, del Consejo de Cofradías, etc.

El edificio universitario fue demolido a principios del siglo XX para ensanchar la actual Avenida de la Constitución y sólo conserva la portada, aunque no en su sitio original sino en el convento de Santa Clara, a donde se trasladó en 1920. Pero sí ha sobrevivido la mencionada capilla, gracias a que se destinó a seminario y a la posterior protección como Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural.

Se trata de un templo gótico-mudéjar con una sencilla fachada que en sus tiempos no daba a la calle, como ahora, sino a un patio. Su elemento principal es un arco conopial enmarcado por un alfiz, elaborado en ladrillo bicolor y flanqueado por baquetones góticos. A la vía pública también da una fachada lateral con una ventana ojival, una gárgola y otros dos vanos más pequeños entre pilastras que se practicaron posteriormente, en el siglo XVII. El conjunto lo rematan almenas y una singular espadaña de ladrillo de dos colores.

Por dentro sólo hay una nave con un primer tramo cubierto por artesonado y un segundo con bóveda de crucería y terceletes, ambos separados por un arco toral decorado con relieves. El suelo, de baldosas de mármol, es reciente, de 1963, no así los azulejos que adornan las paredes. El retablo está firmado por el hispanoalemán Alejo Fernández y es de estilo gótico, aunque ya incorpora elementos renacentistas por haberse hecho en 1520.

A pesar de su interés histórico, la capilla no es uno de los atractivos principales de Sevilla pero si alguien quiere verla debe tener en cuenta su peculiar horario: abre de 18:00 a 20:00 (de 11:00 a 13:00 los domingos y festivos).

Foto: sevillapedia

Saint Bartholomew the Great

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La facilidad de encontrar vuelos baratos a Londres desde muchos sitios permite que se pueda viajar una y otra vez a la capital británica para ir descubriendo poco a poco todos esos rincones recónditos y medio escondidos, pero fascinantes y llenos de interés, que suelen pasar desapercibidos ante los grandes atractivos turísticos típicos. Uno de ellos es la iglesia de Saint Bartholomew the Great.

Está en en la calle Kinghorn, en West Smithfield, es decir en plena City: ligeramente al norte de la Catedral de San Pablo, para más señas. Una zona de gran animación, llena de pubs y restaurantes y donde el centro de atención es el Smithfield Market. Pero es fácil pasar de largo sin verla si se va con la imagen de la foto en mente porque queda oculta tras un arco romano al que en 1595 se le construyó encima un pórtico de estilo Tudor que sirve de acceso.

En realidad este templo, el más antiguo de Londres después de la capilla de St. John (la de la Torre), es lo que queda de un monasterio fundado en 1123 por el canónigo agustino Rahere, un exministro de Enrique I que optó por la vida espiritual tras enfermar gravemente y conseguir sanar a base de plegarias. Durante su convalecencia tuvo una visión en la que San Bartolomé le pedía que erigiera un cenobio y un hospital para los pobres. Rahere cumplió su promesa y el lugar se convirtió en centro de peregrinación famoso por sus poderes terapéuticos; incluso hoy se sigue acudiendo cada 24 de agosto.

En 1543 Enrique VIII expropió los monasterios católicos y el de St. Bartholomew fue parcialmente destruido hasta el punto de que lo que se ve actualmente es sólo un tercio del original. Lo que quedó se dedicó a usos variados y no muy honrosos: establo, taberna, almacén. Pero ni el terrible incendio de 1666 ni los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial afectaron a la iglesia que, finalmente, fue restaurada en 1929 imitando su estilo románico normando.

Es probable que muchos la reconozcan porque ha salido bastante en el cine. Allí se rodaron escenas de películas como Shakespeare in love, Cuatro bodas y un funeral, Elizabeth y Robin Hood, príncipe de los ladrones, entre las más conocidas.

El Hotel Chelsea

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El Chelsea Hotel de Nueva York no es simplemente un hotel; es EL HOTEL. Y no porque haya que recomendar alojarse en él, dado que es imposible porque el pasado mes de agosto cerró sus puertas al público para ser sometido a una reforma integral tras su adquisición por el promotor inmobiliario Josef Chetrit, sino porque es uno de esos lugares ya míticos de la ciudad de los rascacielos.

De hecho lo fue desde el momento en que se convirtió en el primer edificio neoyorquino catalogado como histórico y lugar cultural. Algo a lo que se hizo acreedor por la ilustre nómina de personalidades famosas que, éstas sí, se hospedaron en sus habitaciones: escritores, cantantes, cineastas, científicos, músicos, diseñadores, etc.

Tiempo ha tenido de sobra para ello, puesto que fue construido en 1883 en el 222 de la 23º St. (la misma donde está el Flatiron Building) entre la 7ª y la 8ª avenidas, con un estilo victoriano. Por entonces no estaba destinado a hotel sino a viviendas pero en 1904 la cooperativa privada que lo alumbró entró en quiebra y se lo reconvirtió a su uso más conocido y longevo. A partir de entonces se fueron instalando en él nombres muy conocidos, tantos que es imposible reseñarlos; algunos incluso tuvieron allí su domicilio permanente, llegando a fallecer entre sus muros.

Uno de ellos fue el poeta Dylan Thomas, que tras beberse 18 vasos de whisky y una infusión de morfina entró en coma y tuvo que ser trasladado urgentemente al hospital de donde ya no saldría; era 1953. Quince años después otro escritor, Charles R. Jackson, se pegaba un tiro en otra habitación. Hubo más pero, para muertes, ninguna como la de Nancy Spungen, a la que en 1978 se encontró con una cuchillada en el abdomen mientras su novio Sid Vicious, figura del grupo punk Sex Pistols, dormía la borrachera descomunal de la noche anterior.

No todo fueron estancias trágicas. También las hubo brillantes, como la de Arthur Clarke, quien escribió allí el guión de 2001: una odisea del espacio para Stanley Kubrick. Bob Dylan compuso la canción Sad eyes lady of the lowlands. Madonna lo usó como escenario de su libro Sex. Y multitud de artistas dejaron obras y colaboraciones como testimonio de su paso. Además el hotel aparece en numerosas canciones (Leonard Cohen, The Ramones, Jon Bon Jovi…) y sirvió como set de rodaje de varias películas (Nueve semanas y media, Sid & Nancy, León el profesional…).

Cualquiera que haya reservado vuelos baratos a Nueva York podrá reconocer con facilidad la inconfundible fachada de ladrillo rojo y barandillas de hierro forjado del Chelsea Hotel. Más aún si es español porque uno de los restaurantes del bajo se llama El Quijote. Será el momento de aprovechar para hacerse alguna foto y recordar que esa especie de museo indescriptible fue el lugar donde empezó Andy Warhol (allí rodó su primer filme, The Chelsea girls, en 1966), donde falleció (¡otro!) el pintor Alphaeus Cole con 112 años de edad y donde se hospedaron nombres tan variados como Mark Twain, Janis Joplin, Allen Ginsberg y muchos, muchísimos más.

El Hospital de la Santa Creu y Sant Pau

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Lluís Domenéch i Montaner es el arquitecto que forma ese trío de genios modernistas, junto a Gaudí y Puig i Cadafalch, capaces de convertir los vuelos baratos a Barcelona en una riada de turistas ansiosa por descubrir ese estilo artístico tan ligado a la ciudad.

Una de las obras más destacadas de Domenéch es el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, un proyecto diseñado en 1902 para renovar el complejo sanitario fundado en 1401 y que ya estaba más que obsoleto. La idea era hacer algo completamente revolucionario para aquella época, un lugar moderno, aireado, práctico y a la vez bello. Financiado por un mecenas, el banquero Pau Gil -al que se honró con su onomástica-, las obras se terminaron en 1930 tras dos fases constructivas, la primera dirigida por el arquitecto y la segunda por su hijo.

El hospital estaba situado en el Ensanche oblicuamente, rompiendo la alineación en cuadrícula que Domenéch, como buen modernista, detestaba. Estaba orientado a la costa para aprovechar la brisa marina y se componía de un edificio administrativo y 27 pabellones médicos comunicados por pasillos subterráneos, más una iglesia algo más separada y un jardín para cultivar plantas medicinales.

Como era habitual, los estilos se combinan formando, sin embargo, un conjunto armónico en el que los edificios van sucediéndose en tamaño creciente desde la entrada al final delante a atrás, tanto en el ala masculina como en la femenina (entonces se separaba a los pacientes por el sexo). Todas las construcciones edificios están decoradas en vivos colores para alegrar la estancia a los enfermos; artistas como Pablo Gargallo y Eusebi Arnau colaboraron con sus esculturas, Francesc Labarta con pinturas y mosaicos, y Josep Perpiyá con adornos de hierro forjado.

En 2003 se decidió vaciar los pabellones modernistas para evitar su deterioro, dado que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Así, 6 años más tarde los enfermos pasaron a alojarse en un nuevo edificio con helipuerto, aunque algunos pabellones aún mantienen cierta actividad, al ser hospital universitario de Barcelona.

Foto: Luidger en Wikimedia

El Python Brug de Amsterdam

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A nadie que tenga pensado buscar vuelos baratos a Amsterdam deberá pillarle por sorpresa el hecho de que esta ciudad está surcada por montones de canales navegables que le confieren una acusada personalidad hermanándola en el imaginario colectivo con otras de sus características. La Venecia del norte, se la llama, con bastante acierto.

Pero, claro, si hay tantos canales es obligada también la presencia de multitud de puentes -casi 1.300- que permitan salvarlos para pasar de una orilla a otra. Algunos de ellos son muy conocidos, acreditan una larga historia tras de sí y ya han sido tratados aquí. Otros, en cambio, son más recientes, lo que no es óbice para que ya se hayan hecho un nombre. Es el caso del Python Brug.

Brug significa puente y Python es lo mismo que en español: el nombre de una gran serpiente. Se lo bautizó así precisamente por loas sinuosas y ondulantes formas de este peculiar y elegante elemento arquitectónico que, en efecto, recuerda a un reptil deslizándose sobre el agua. Fue diseñado por Adriaan Geuze, del estudio West 8, y construido en 2001, ganando al año siguiente el International Footbridge Award.

Su misión es unir lo que antaño era la zona portuaria de Sporenburg, hoy reconvertida en un moderno barrio residencial, con Borneo Eiland – la isla de Amsterdam, no la del Pacífico- salvando el río Lj. La longitud total es de 93 metros que suben y bajan como si uno caminara, efectivamente, por el lomo de una gran serpiente pitón de vivo color rojo. Y esa forma tan peculiar obliga a que haya escalones, razón por la cual es imposible atravesarlo en bicicleta, por ejemplo.

El puente está formado por vigas de hierro -aunque el suelo es de madera- y tachonado de unas originales farolas de aluminio que pretenden reproducir gaviotas y le dan el toque decorativo definitivo.

Museo del Moscatel de Chipiona

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¿Alguien tiene pensado visitar ese bello rincón de Andalucía que es Jerez? Aquí ya se han publicado unas cuantas recomendaciones que ver y hoy la sugerencia va a a ser acercarse hasta una población de la misma provincia gaditana para ver un peculiar museo que insiste en el tema de los licores locales. Se trata del Museo del Moscatel que hay en Chipiona.

El museo es una iniciativa de la Cooperativa Católico-Agrícola, la más antigua de Marco de Jerez, formada por pequeños viticultores que ejercen la actividad generación tras generación, y que ya está volcada en la explotación del turismo enológico como complemento de la producción. Ella misma gestiona el centro, construido con ayuda de la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta y el apoyo financiero de los Fondos FEDER europeos.

Como el propio nombre indica, la idea es dar a conocer todos los secretos del moscatel, ese característico vino dulce y seco que adquiere cotas de calidad casi insuperables en Chipiona, donde se hace sin fermentar. El museo tiene seis salas temáticas que sumergen al visitante en una vívida experiencia no sólo didáctica sino también sensorial, a base de sonidos, aromas y tecnología multimedia: Ecomuseo, Museo histórico, Museo de la bodega de la cooperativa, Museo etnológico vitivinícola, Museo de la ciencia del vino y Museo de la cultura del moscatel.

También hay una zona al aire libre que permite pasear por un viñedo tradicional y forma parte de la Ruta de la cultura del vino. La visita se completa en la bodega y en un área que explica las características técnicas de la producción. Una experiencia que agradecerán especialmente los aficionados a los caldos por una tarifa de 2 euros en horario de 10:30 a 14:30 y de 18:00 a 21:00 todos los días de la semana en la Avenida de Regla 8 y 10 de Chipiona, si se buscan vuelos baratos a Jerez.

Foto: enoresevas

La iglesia de San Antonio de los Alemanes

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Una de las posibilidades que ofrecen los vuelos baratos a Madrid es realizar todo tipo de rutas culturales por las calles de la capital. Y si una de ellas fuera la arquitectura barroca se necesitarían varios días para completarla, dada la abundancia de propuestas, ya que aparte de las visitas típicas más renombradas hay un sinfín de otras menos conocidas. Una de estas últimas sería la iglesia de San Antonio de los Alemanes.

Este templo, ubicado en la calle Puebla 20, resulta curioso por varios motivos. El primero, ese peculiar nombre, que tiene que ver con los avatares de la Historia: cuando se construyó, entre 1624 y 1633 por orden de Felipe III, formaba parte del Real Hospital de los Portugueses, institución llamada así porque debía acoger a enfermos y heridos lusos. Pero tiempo después el país vecino se separó definitivamente de España, por lo que en 1688 fue cedida a la comunidad germana, muy numerosa al casarse Carlos II con Mariana de Neoburgo. Así que pasó a ser el Hospital de los Alemanes.

No obstante, el lugar continuó dedicado a San Antonio de Padua y en 1700 Felipe V pasó su gestión a la Hermandad del Refugio, dedicada a dar de comer a los pobres de Madrid. De esa época se conserva el molde con el que los cofrades medían, por ejemplo, el tamaño de los huevos que compraban: si eran pequeños los rechazaban.

La iglesia es un edificio herreriano, construido con típicos materiales baratos -ladrillo, yeso-, de una poco común planta ovalada y con una fachada bastante austera coronada por la estatua del santo y con el remate en altura de un chapitel octogonal que en el interior corresponde a una cúpula encamonada.

Por dentro lo más característico son las pinturas al fresco que cubren la totalidad de paredes y techos, con especial interés para las de la citada cúpula, que fueron realizadas por Carreño de Miranda y Francisco Ricci, así como las de los muros, obra de Lucas Jordán. Pero también resulta interesante bajar a la cripta, donde están las tumbas de las infantas Berenguela de Castilla y Aragón (hija de Alfonso X el Sabio) y Constanza de Castilla.

Foto: Comunidad de Madrid

El edificio Comega de Buenos Aires

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El edificio Comega fue uno de los mayores símbolos de modernidad de Buenos Aires en aquellos tiempos en los que se empezó a imponer la moda de construir rascacielos. Éste concretamente data de 1933 -se levantó en 2 años- y se alza en uno de los mejores lugares de la ciudad, en la esquina entre las avenidas Corrientes y Leandro N. Alem, lo que significaba estar al lado de los principales organismos político-económicos: la Casa de Gobierno, la Bolsa, etc.

El Comega fue pionero en técnica arquitectónica, ya que nunca antes se había construido una torre así de hormigón ni se habían instalado con anterioridad unos ascensores -5 para ser exactos- tan rápidos: 180 metros por minuto. Mérito de sus diseñadores, Enrique Douillet y Alfredo Joselevich, que lo llevaron a cabo a través del contratista GEOPÉ para la Compañía Mercantil y Ganadera S.A. que le da nombre (Comega).

En cambio sus medidas no fueron extraordinarias. Era alto, sí, especialmente para ese primer cuarto del siglo XX: 21 plantas repartidas en 88 metros. Pero casi simultáneamente se construyó el edificio Safico, inaugurado poco después y de mayor altura (4 metros más); por otra parte unas medidas bastante discretas para los estándares actuales.

La gracia del Comega estaba en su austero estilo racionalista, en su imponente aspecto exterior revestido de travertino (una piedra blanquecina de origen calizo) que contrastaba con la rica decoración interior a base de granito y acero inoxidable, y en ocupar el solar donde antes se alzara la residencia de Francisco Bernabé Madero, antiguo vicepresidente del país, luego transformada en hotel.

Pero, sobre todo, destaca por los usos a los que estaba destinado. Empezando por sus instalaciones interiores, básicamente oficinas pero también la famosa confitería Comega Club, y continuando por los grandes acontecimientos que acogió, como el anclaje del dirigible Graf Zeppelin en 1934 o el funeral de Carlos Gardel en 1936.

Actualmente, tomar vuelos baratos a Buenos Aires y acercarse a ver esta singular torre cuadrangular reformada y rehabilitada para adaptarla a los nuevos tiempos, significa contemplar un edificio declarado Patrimonio Arquitectónico de la ciudad.

Foto: Alicia Dijnam en Wikimedia