Blauwbrug, el Puente Azul

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Dice un refrán que Amsterdam tiene más canales que Venecia, más cafés que Viena y más puentes que París. De lo primero la capital holandesa está bien surtida, con un sistema de 160 grachten declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; de lo segundo es muy difícil establecer comparaciones (además, seguro que ganaría alguna ciudad española); pero en la cuestión de los puentes está claro, pues hay nada menos que 1.281.

Y alguno de ellos tiene un más que notable parecido con un equivalente parisino. Es el caso del Blauwbrug, cuyo significado es Puente Azul. Basta ver la fecha de su construcción para comprender la comparación: 1883. En esa época la arquitectura francesa era una referencia para toda Europa y en Amsterdam se inspiraron claramente en el puente de Alejandro III sobre el Sena, aunque en versión bastante más reducida.

Por eso está considerado el puente más bonito de la ciudad, aunque en cuestión de gustos cada uno tendrá el suyo y habrá quien prefiera el Magere Brug, que, por cierto, no queda lejos y es más típico. No obstante, es justo reconocerle su belleza al Blauwbrug. Asentado en ambas riberas mediante respectivas bases recubiertas de ladrillo rojo, sus pilas están decoradas en piedra dejando tres ojos lo suficientemente amplios como para dejar pasar embarcaciones.

La calzada está surcada por 4 vías para el tranvía y las balaustradas abalconadas están decoradas con columnas de granito rojo que sostienen parejas de farolas sobre sendas proas de galeras. Las columnas acaban en capiteles eólicos rematados por la corona del emperador Maximiliano en dorado.

El puente se llama Azul porque el original, de madera y construido en el año 1.600 para unir el centro urbano con el barrio judío, estaba pintado de ese color, aunque recientemente se le ha dado un tono azulado también al actual. Salva un canal que separa dos de las plazas más céntricas de la ciudad, la Waterlooplein y la Rembrandtplein constituyéndose en una prolongación sobre el agua de la calle Amstelstraat. Muy cerca se alzan un par de emblemáticos edificios, Stopera y la sede del Hermitage.

Es casi seguro que cualquiera que pasee por las calles de la capital holandesa gracias a la creciente oferta de vuelos baratos a Amsterdam termine, tarde o temprano, cruzando el río por el Blauwbrug.