El cementerio de Bellu

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Echándole sentido del humor, no parece tan raro eso de coger uno de los vuelos baratos a Bucarest y acercarse hasta el cementerio; bien provisto de una estaca de madera y un crucifijo, dirá alguno. Pero, bromas aparte, el caso es que el Cementerio de Bellu es uno de los rincones menos conocidos de la capital y, sin embargo, uno de los más bonitos.

Porque este camposanto situado en la zona sur de la ciudad, casi prolongando al parque Carol I, es un auténtico museo de arte escultórico. Las docenas de estatuas de piedra que decoran las tumbas se unen a mausoleos y panteones de elegante arquitectura que parecen convertir el lugar en una miniciudad de pequeños edificios funerarios.

Esto se debe al alto estatus de las personas enterradas y para entenderlo hay que hacer un poco de Historia. A mediados del siglo XIX eran varios los cementerios que había en Bucarest, siendo los que estaban dentro del casco urbano los preferidos por la aristocracia y las clases acomodadas para sus sepulcros, mientras que el proletariado debía recurrir a los del extrarradio, más asequibles a sus escasos medios.

Pero en 1858 el barón Barbu Bellu, a la sazón ministro de Justicia en el gabinete Kretzulescu (antes lo había sido de Cultura), donó un terreno de su propiedad al Estado para ubicar en él un nuevo camposanto. Por entonces dicho solar quedaba en las afueras pero el político C.A. Rosetti se animó a comprar una parcela para hacer su panteón y pronto le imitaron otras ilustres familias.

Como suele ser habitual en todos los cementerios, cada una trató de construir el mausoleo más elegante y espectacular, desatándose una fiebre por contratar al mejor artista disponible. Y Bellu -obviamente lleva el nombre de su fundador- se llenó de arte. Ello, unido a la abundante vegetación que lo completa, algo típico en las necrópolis rumanas, confiere un ambiente de belleza, relax y cierto misterio.

Y aunque no puede igualar los porcentajes de visitas de otros cementerios famosos, como los de París o Londres por ejemplo, cada vez hay más turistas que se animan a verlo, atraídos también por las tumbas de personalidades inhumadas en él (como los pintores Theodor Aman y Theodor Pallady, el escritor Ion Luca Grajiale, el aviador Traian Vuia o los poetas Mihail Eminescu y Georghe Bacovia), por el Museo que alberga (con pinturas, fotos y exposiciones) y la capilla, obra del arquitecto Alexander Oprescu.

Foto: Joe Mabel en Wikipedia