Archivos mensuales: abril 2012

La colina Testaccio

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Uno de los rincones más insólitos de Roma no es un palacio ni un templo ni una plaza ni un museo. Si hubiera que catalogarlo sería difícil, pues aunque se trata de un monte, no se puede calificar de parque ni de paisaje propiamente dicho. La colina Testaccio es una elevación artificial creada por la mano del Hombre, aunque luego la naturaleza hizo su trabajo y la cubrió de vegetación.

Este peculiar e insólito lugar se formó por la acumulación durante siglos de restos de cerámica, así que podría decirse que, en cierto modo, quien reserve vuelos baratos a Roma y le haga una visita será para contemplar una especie de vertedero. Eso sí, un vertedero de valor incalculable para la arqueología. Porque los pedazos de cerámica corresponden a aproximadamente 26 millones de ánforas de la época imperial.

Estos recipientes llegaban por vía marítima desde regiones como Tripolitania, Galia y, sobre todo, la Bética, transportando aceite. Al llegar, el líquido se trasvasaba a depósitos para su posterior comercialización en frascos más pequeños y las ánforas se rompían porque no compensaba limpiarlas y devolverlas. Los trozos se transportaban en carros hasta los pies del Aventino y se colocaban en la citada colina, que contaba con muros y plataformas para ello, cubriéndose luego con cal para prevenir malos olores.

A costa de repetir la operación desde el siglo I al III d. C., fue creciendo de tamaño. Y aunque en la actualidad ha perdido un poco, en su momento llegó a tener un perímetro de 1.500 metros y una altura de 50. En total una impresionante superficie de 20.000 metros cuadrados.

Testaccio viene de testae, la palabra en latín para referirse a las vasijas de barro cocido, que facilitan una importantísima información a los arqueólogos sobre las rutas comerciales de la Antigüedad con Roma, ya que antes de meterse en el horno se marcaban con sellos del propietario, fechas, lotes…

Museo de la Ciudad de Antequera

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La amplia oferta de vuelos baratos a Málaga permite conocer también los pueblos y ciudades del entorno de esta ciudad que salpican la provincia con su encanto particular. Una de ellas es Antequera, de la que habría mucho que contar para explicar su atractivo a un posible visitante. Sin embargo el espacio de hoy está destinado sólo al Museo de la Ciudad, que hace poco reabrió al público tras dos años de reformas. ofreciendo 20 salas.

Se trata de un centro municipal que reúne piezas de arte, arqueología y etnología encontradas en la localidad. Tiene su sede en el Palacio de Nájera, antigua mansión solariega de la familia Eslava construida en el siglo XVIII aunque aprovechando otra anterior del XVI. Se alza en la calle de su nombre actual, junto a la plaza del Coso Viejo, a la que da la fachada principal; una obra de ladrillo coronada por una torre cuadrada abierta diseñada por Nicolás Mejías siguiendo modelos tradicionales.

El patio barroco está formado por arcos y balcones sostenidos por columnas toscanas y, en el interior, hay una bella escalera doble cubierta con una bóveda de media naranja y decorada con yeserías aportadas por Antonio Ribera, además de las salas, que conservan la distribución original.

El museo se inauguró en 1972 por iniciativa ciudadana, motivada por el descubrimiento en un cortijo de la que hoy es la pieza más importante de la colección, el llamado Efebo de Antequera: una estatua romana del siglo I hecha de bronce y que representa a un joven portando una guirnalda. La idea inicial era trasladar la escultura al Museo Arqueológico Nacional pero la gente reclamó que se quedara.

Otras piezas arqueológicas interesantes que se pueden contemplar son el bronce Antiocheia y Orontes, elementos decorativos del Arco de los Gigantes (portada de 1585 que imitaba las clásicas) y otros hallados en zonas diversas de los alrededores. En una de las salas romana también se exhibe, por primera vez, un edificio funerario.

En cuanto a la sección de Bellas Artes, expuesta en los pisos superiores, destacan pinturas de Juan Correa y el Mudo Arellano, además de una sala monográfica dedicada al artista local Cristóbal Toral. De escultura está bien representado Pedro Atanasio Bocanegra, aunque muchos resaltan especialmente la belleza de la talla de San Francisco de Asís, obra en madera policroma de Pedro de Mena que procede de la parroquia de San Miguel, a donde la había cedido el Monasterio de la Magdalena.

En la sala llamada Virgen del Rosario luce el tesoro eclesiástico, colección de orfebrería del siglo XVIII proveniente del Convento de Santo Domingo: andas, custodias, cálices y templetes de plata que se complementan con una curiosa colección de mantos de la Virgen confeccionados con trajes nupciales cedidos por las clases altas de Málaga. Todo este conjunto se completa con otras dos salas de contenido etnológico.

Foto: Esther Hidalgo en Wikipedia

El Palais Royal de París

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A pesar del nombre, Palais Royal, la verdadera residencia de los reyes de Francia en París fue el Louvre. Pero en 1624 el cardenal Richelieu decidió construir el suyo justo al lado, en la parte norte, sobre lo que era el Hôtel Rambouillet. El encargado fue el arquitecto Jacques Lemercier, que lo tuvo listo en 1629.

Era un lugar de gran belleza, rodeado de jardines y con los techos decorados por Phillippe Champaigne. Pero el tiempo de Richelieu pasó y allí fueron instalándose personajes como Ana de Habsburgo y otro cardenal ansioso por igualar la gloria de su predecesor, Mazarino. También un joven Luis XIV gracias al cual se empezó a llamar al sitio Palais Royal.

El Rey Sol instaló allí a su hermano Felipe de Orléans, que fue el que incorporó las famosas galerías bajo arcos destinadas a albergar comercios, ya que necesitaba dinero. Para atraer más gente mandó levantar un teatro al final de cada una, convirtiendo el lugar en punto de encuentro ciudadano. Allí exaltaría Desmoulins a las masas para iniciar la Revolución y en uno de aquellos comercios compró Charlotte Corday el cuchillo con que asesinó a Marat. En 1848 una nueva oleada revolucionaria asaltó el palacio y en la posterior Restauración Napoleón III se lo cedió a su primo.

El edificio es hoy la sede del Consejo de Estado, del Consejo Constitucional y del Ministerio de Cultura, por lo que no se puede visitar. Pero sí sus jardines y exterior, donde también se halla el depósito de la Biblioteca Nacional. Y resulta curioso comprobar que las galerías continúan acogiendo tiendas, ahora de moda y hostelería.

Sin embargo una de las galerías fue sustituida en 1986 por la célebre -y polémica- columnata de Daniel Buren: un patio salpicado de pilares listados verticalmente en blanco y negro, de diferentes alturas y para las que ya tienen reclamo especial los turistas que lleguen con los vuelos baratos a París: al colocar una moneda en la columna más alta se cumplirá un deseo.

En los jardines propiamente dichos hay varias fuentes hechas por Bury, adornadas con estatuas decimonónicas y esculturas modernas en forma de esferas de acero. También se han contado hasta 466 especies vegetales diferentes en los parterres de Mark Rudkin. Y no hay que olvidar la peculiar entrada a la estación de Metro a base de perlas de cristal de Murano engarzadas en una estructura de aluminio, obra de Jean-Michel Othoniel: el llamado Kiosko de los Noctámbulos.

El cementerio de Bellu

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Echándole sentido del humor, no parece tan raro eso de coger uno de los vuelos baratos a Bucarest y acercarse hasta el cementerio; bien provisto de una estaca de madera y un crucifijo, dirá alguno. Pero, bromas aparte, el caso es que el Cementerio de Bellu es uno de los rincones menos conocidos de la capital y, sin embargo, uno de los más bonitos.

Porque este camposanto situado en la zona sur de la ciudad, casi prolongando al parque Carol I, es un auténtico museo de arte escultórico. Las docenas de estatuas de piedra que decoran las tumbas se unen a mausoleos y panteones de elegante arquitectura que parecen convertir el lugar en una miniciudad de pequeños edificios funerarios.

Esto se debe al alto estatus de las personas enterradas y para entenderlo hay que hacer un poco de Historia. A mediados del siglo XIX eran varios los cementerios que había en Bucarest, siendo los que estaban dentro del casco urbano los preferidos por la aristocracia y las clases acomodadas para sus sepulcros, mientras que el proletariado debía recurrir a los del extrarradio, más asequibles a sus escasos medios.

Pero en 1858 el barón Barbu Bellu, a la sazón ministro de Justicia en el gabinete Kretzulescu (antes lo había sido de Cultura), donó un terreno de su propiedad al Estado para ubicar en él un nuevo camposanto. Por entonces dicho solar quedaba en las afueras pero el político C.A. Rosetti se animó a comprar una parcela para hacer su panteón y pronto le imitaron otras ilustres familias.

Como suele ser habitual en todos los cementerios, cada una trató de construir el mausoleo más elegante y espectacular, desatándose una fiebre por contratar al mejor artista disponible. Y Bellu -obviamente lleva el nombre de su fundador- se llenó de arte. Ello, unido a la abundante vegetación que lo completa, algo típico en las necrópolis rumanas, confiere un ambiente de belleza, relax y cierto misterio.

Y aunque no puede igualar los porcentajes de visitas de otros cementerios famosos, como los de París o Londres por ejemplo, cada vez hay más turistas que se animan a verlo, atraídos también por las tumbas de personalidades inhumadas en él (como los pintores Theodor Aman y Theodor Pallady, el escritor Ion Luca Grajiale, el aviador Traian Vuia o los poetas Mihail Eminescu y Georghe Bacovia), por el Museo que alberga (con pinturas, fotos y exposiciones) y la capilla, obra del arquitecto Alexander Oprescu.

Foto: Joe Mabel en Wikipedia

Palacio de Aguas Corrientes

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Uno de los lugares más curiosos que pueden descubrir a un turista los vuelos baratos a Buenos Aires es el Palacio de Aguas Corrientes. El nombre no hace referencia a un apellido aristocrático excéntrico, ni siquiera a un palacio propiamente dicho, porque en realidad se trata del Gran Depósito Ingeniero Guillermo Villanueva, construido a finales del siglo XIX para albergar los tanques que debían suministrar agua potable a la ciudad.

La capital argentina había experimentado un fuerte crecimiento en el último tercio decimonónico, con el puerto incrementando su actividad y la llegada de una importante oleada de inmigrantes; algo tan rápido que no hubo forma de establecer los cauces adecuados y surgieron el hacinamiento y las epidemias. En 1867 fue el cólera, 2 años después el tifus y un par más tarde la fiebre amarilla. Murieron decenas de miles de personas y eso llevó a las autoridades a habilitar nuevos cementerios y crear una red moderna de agua corriente.

El plan fue desarrollado por el ingeniero inglés John Bateman e incluía la construcción de depósitos en la zona norte de Buenos Aires, lo que hoy es el barrio de Balvanera: concretamente en la avenida Córdoba 1950. Los tanques, que eran 12 y tenían una capacidad total para 72 millones de litros, se hicieron de metal, material considerado poco elegante en la época, por lo que se decidió que quedaran dentro de un edificio vistoso. Así nació la idea del palacio.

El arquitecto noruego Olof Boye fue su diseñador, aunque la fachada corresponde a Juan B. Médici. Las obras comenzaron en 1887 y no terminaron hasta 1894, con un presupuesto tan elevado que no hubo suficientes fondos públicos y se hizo necesario privatizar la gestión. El aspecto final es de estilo Segundo Imperio pero con una decoración exuberante, recargada, con ladrillos esmaltados, cariátides de hierro forjado y miles de terracotas policromadas (originalmente se habían previsto mármoles) más un tejado de pizarra verde importada de Francia.

Con planta cuadrangular organizada en torno a un patio que da luz y aire, mide 21 metros de altura y posee cuerpos salientes en el centro de las fachadas y las esquinas, localizándose en éstas los depósitos en 3 pisos superpuestos y sostenidos por vigas y 180 columnas, una cada 6 metros. El aspecto es espectacular, de verdadero palacio, por lo que en 1989 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

En el interior, aparte de los tanques, se alojan el Museo del Patrimonio Histórico (que incluye piezas originales de la ornamentación, mobiliario, maquetas, grifería, etc) y el Archivo de Planos Domiciliarios.

La Torre del Miguelete

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Los vuelos baratos a Valencia abren la ciudad a un buen número de lugares de interés cultural y de ocio. La Torre del Miguelete o Torre del Micalet puede pasar hoy un tanto desapercibida entre todos ellos pero hubo un tiempo en que se consideraba una referencia pues, al fin y al cabo, era la que marcaba el ritmo y el horario de la ciudad.

Se trata del campanario de la catedral, construido entre 1381 y 1429 por varios maestros de obra sucesivos: Andrés Juliá, José Franch, Pedro Balaguer y Martín Llobet. Es de estilo gótico levantino y durante mucho tiempo compartió protagonismo con un campanario anterior románico, hoy desaparecido. Se alza entre las plazas de la Reina y de la Virgen, quedando unido al templo debido a la prolongación de la nave central de éste a finales del siglo XV, pues antes era una torre exenta.

De planta octogonal, tiene la peculiariedad de medir lo mismo de altura que de perímetro, 50,85 metros, aunque en parte se debe a que la aguja que estaba destinada a coronarla nunca se llegó a poner (se conserva en el Museo Histórico Municipal). Exteriormente presenta contrafuertes en las aristas y molduras horizontales que van señalizando cada uno de los pisos. De éstos, el primero es casi macizo, sólo horadado por el hueco de la escalera de caracol que sube hasta las campanas; en el segundo se situaba el asilo o prisión; el tercero era el alojamiento del campanero y el superior el campanario, abierto por 8 ventanales.

La espadaña es posterior, construida entre 1660 y 1736. En cuanto a las campanas, hay 11, destacando la que da las horas y que también aporta el nombre: Miguelete. En 1940 se añadió otra llamada Eloy. La mitad del conjunto se mecanizó en una labor poco afortunada que produjo que unos elementos obstaculizaran a otros, por lo que se procedió a una restauración.

Una portada con arquivoltas sirve de acceso al visitante, previo pago de entrada, a lo que antaño fue el gran reloj de Valencia.

Museo Lázaro Galdiano

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Aparte de los grandes museos que dan fama a Madrid hay otros más pequeños y menos conocidos pero que atesoran importantes colecciones artísticas que serían la envidia de muchas ciudades. Son aquellos cuyos orígenes se remontan a un siglo atrás, basados en el patrimonio personal de aficionados privados al arte, la cultura y la arqueología, generalmente nobles o de clase acomodada.

Alguno ya se ha visto aquí, como el Cerralbo. Otro es el Museo Lázaro Galdiano, creado a partir de las 13.000 piezas recopiladas por José Lázaro Galdiano, un editor que, al fallecer en 1947, las legó al Estado junto con su palacete y una impresionante biblioteca de 20.000 volúmenes. Abrió al público en 1951 y una fundación se encarga de gestionarlo de forma muy dinámica.

La sede está en la propia mansión donde vivía la familia Galdiano, Parque Florido, en la calle Serrano 122. Se trata de un edificio que empezó a construirse en 1903 siguiendo el diseño de José Urioste, que lo dotó de un estilo neorrenacentista. Luego hubo una serie de reformas, la más importante la llevada a cabo entre 2001 y 2004 para adaptarlo y convertirlo en un centro moderno, aunque respetando las estructuras y decoración originales.

Aparte de la propia belleza del edificio, con techos pintados la fresco por Eugenio Lucas Villamil, las colecciones son muy variadas, al gusto de la época, tocando casi todos los géneros. Hay escultura, valiosísimos esmaltes medievales y bizantinos, marfiles, trabajos de orfebrería, cerámica, tejidos, abanicos, joyería diversa (incluida la de la viuda) y manuscritos e incunables que se guardan en el archivo anexo (antigua sede de la editorial La España Moderna). Hasta los jardines tienen árboles centenarios.

Pero lo más importante es la colección pictórica. Recoge obras de un amplio período que va del siglo XV al XX, con representación de las escuelas flamenca (Memling, El Bosco, Teniers el Joven), italiana (Tiépolo, Guardi) e inglesa (Reynolds, Gainsborough, Constable), además de miniaturas, tablas góticas, obras de cranach o Mengs, etc.

Capítulo especial para la pintura española, donde casi no falta ninguno de los grandes maestros (Velázquez, Murillo, Coello, Zurbarán, Carreño de Miranda) con una amplia muestra decimonónica (Alenza, Padilla, Madrazo, Vicente López). Y Goya, por supuesto, del que no sólo hay importantes cuadros como El aquelarre sino también grabados, dibujos, cartones para tapices…

La próxima vez que se busquen vuelos baratos a Madrid, se puede hacer una visita, que cuesta 6 euros (3 en tarifa reducida y gratis para desempleados y menores de 12 años). Abre de 10:00 a 16:30 salvo los domingos (hasta las 15:00) y los martes, que cierra.

Museo de las Hogueras de San Juan

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¿Cuánta gente estará buscando ya vuelos baratos a Alicante para junio pensando en Les Fogueres? Se trata de la fiesta más importante de la ciudad desde que empezó a celebrarse hace ya unos cuatro siglos. Por entonces era una festividad del mundo rural para dar la bienvenida al día más largo del año y el buen tiempo que facilitaba el crecimiento de las cosechas.

Hoy se vive en toda la provincia y no sólo en el entorno agrícola sino también, y sobre todo, en el urbano. Pero si alguien debe viajar a Alicante en otra época del año puede comprender el origen, la historia y sus características en el Museo de las Hogueras de San Juan. Está en la Casa de la Festa, en la Rambla de Méndez Núñez 29, que también sirve de sede a las entidades que organizan los festejos.

Son 3.000 metros cuadrados en los que se distribuyen una serie de salas temáticas ordenadas según criterio cronológico para facilitar la comprensión al visitante. A ellas se unen otras de servicios como cafetería, biblioteca, salón de actos, etc. También hay una sala Descriptiva y otra para la proyección de audiovisuales.

La primera sala de exposiciones abarca el período inicial, desde su institucionalización en 1928 hasta el estallido de la Guerra Civil en 1936; Los orígenes, se llama, y muestra bocetos, carteles y fotografías de aquellos tiempos, además de otros objetos de gran valor por su antigüedad. La segunda recibe el nombre de Autarquía y desarrollismo y, en realidad, se trata de dos salas, una que cubre desde el año 1940 hasta 1960 y otra desde entonces hasta 1979. Por último, hay otro espacio dedicado a un tercer período desde 1980 hasta la actualidad llamado Fiesta en democracia, quizá el más brillante.

La colección está compuesta por piezas variadas como fotos, trajes típicos, carteles y, sobre todo, una amplia colección de ninots indultados (uno por año) que requieren bastante sitio por su tamaño.

La entrada es gratuita y los horarios, siempre de martes a domingo, dependen de la temporada; en verano (1 dejunio-30 de septiembre) se abre de 10:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00, mientras que en invierno (1 de octubre-31 de mayo), de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00. Domingos y festivos siempre de 10:00 a 14:00 y los lunes cierra.

Foto: Museo de Les Fogueres de san Juan