Churchill War Rooms

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El 27 de agosto de 1939 Winston Churchill se vio obligado a abrir un búnker subterráneo desde el que protegerse de los previsibles bombardeos alemanes que se desencadenarían sobre Londres poco después. Eran 12.000 metros cuadrados de galerías de hormigón, conocidos como Cabinet War Rooms, desde donde se dirigían la operaciones bélicas y que dejaron de ser necesarios en 1945, al terminar la II Guerra Mundial.

Margaret Thatcher los abrió al público convertidos en un doble museo: las salas de guerra propiamente dichas y un ala especial dedicada a la vida de Churchill. Una visita a las primeras muestra los mapas que indicaban el progreso de las operaciones y movimientos de tropas, los teléfonos a través de los que llegaba información y se impartían órdenes (más uno especial para hablar con Roosevelt y Truman), la mesa de reuniones del Gabinete de gobierno e incluso las habitaciones que usaban el primer ministro y su familia cuando no podían regresar a su residencia oficial de Downing Street.

Dotado de las últimas tecnologías audiovisuales, el museo permite la interactividad de los visitantes, que pueden escuchar las conversaciones telefónicas, por ejemplo, o seguir una cronología de la vida de Churchill en una línea de tiempo que mide 15 metros. En la zona dedicada a su biografía no falta uno de sus iconográficos puros, entre otros objetos personales.

El Churchill War Rooms, que es el nombre correcto, tiene la sede en el lugar original, en Clive Steps. King Charles Street (Whitehall), pero forma parte del vasto y descentralizado Imperial War Museum. Es uno de esos sitios que no figura en los primeros puestos para visitar a la hora de programar vuelos baratos a Londres pero del que nadie sale decepcionado si se decide a entrar. La entrada cuesta 16,50 euros incluyendo audioguía en varios idiomas y una donación voluntaria (2 euros) para el mantenimiento del lugar.

Foto: Khainsu Tai en Wikimedia