La rúa do Vilar en Santiago de Compostela

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Uno de los encantos de la visita a Santiago de Compostela es pasear por su casco antiguo, con la catedral como eje radial, lleno de calles y callejones con toscos suelos de piedra contemplando la belleza sobria y maciza de sus edificios. Y una de ellas, de las más bonitas y auténticas, de las que conservan el sabor añejo, es la calle de Villar o, como dicen allí, Rúa do Vilar.

El porqué del nombre no está del todo claro aunque sí hay coincidencia es el origen es geográfico: unos dicen que se debe al vilar o aldea primitiva que se alzaba allí antes de construir la ciudad; otros hablaban del vallis milvorum, el valle de los milanos, donde se ubicaba la anterior. El caso es que ahora se trata sólo de una calle. Bastante pintoresca, eso sí.

Ello se debe a los negocios tradicionales que acogía, alguno de los cuales aún sobrevive aunque otros han ido cayendo ante el paso implacable de los tiempos y las modas: librerías centenarias, joyerías, pastelerías, una sombrerería, un cine… Ayudaba mucho al comercio el hecho de toda la calle tuviera soportales, algo muy útil en un lugar como Galicia, donde abundan las lluvias. Lamentablemente, en 1780 el arquitecto municipal Miguel Ferro Caaveiro ordenó su supresión de los proyectos constructores para permitir el ensanchamiento de la rúa. Aún así no se eliminaron todos y actualmente conserva todos los del lado oeste (números pares) y algunos tramos del lado este (números impares).

Algunas de las casas que salpican el paseo por Vilar son de gran interés. Está la del Deán (números 1-3), obra barroca diseñada por Clemente Fernández Sarela y terminada en 1753 que hoy se dedica a Oficina de Acogida al Peregrino; enfrente, el Palacio de Monroy, firmado por Gutiérrez de la Peña con un estilo italianizante; en el número 35 se alza el Casino Ateneo de Caballeros, poco antes de la Oficina de Turismo; sigue, en el 59, el Pazo Baamonde y después el callejón de Entrerrúas, que une con la Rúa Nova; y al final se sale a la Plaza del Toral, presidida por el Palacio de los marqueses de Bendaña, que también se debe a Fernández Sarela y es la sede del Museo-Fundación Eugenio Granell.

Los soportales también tienen interesantes elementos decorativos: los capiteles. A la altura del número 15 hay uno del siglo XVI en estilo románico tardío, muy popular porque su curioso motivo mitológico (una sirena con cabeza de ave es montada por un ser humano) sirve para gastar inocentadas. Tres portales más allá hay otro, aunque más reciente: tallado en 1933 por Ventura Caulonga por encargo de la tienda de al lado; el tema es una mezcla de Historia y religión. Todo ello parece estar invitando a buscar vuelos baratos a Santiago de Compostela y verlo de cerca.

Foto: yearofthedragon en Wikipedia