La Cartuja de Santa María de las Cuevas

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Uno de los lugares que a buen seguro visitará quien reserve alguno de los vuelos baratos a Sevilla será la isla de la Cartuja, al norte del barrio de Triana, una zona que era casi suburbio marginal hasta su rehabilitación para albergar la Expo 92. La llegada de casi 43 millones de turistas obligó a realizar una fuerte inversión en infraestructuras que nunca se pudieron amortizar económicamente pero que transformaron completamente la zona dotándola de modernos puentes de acceso y un parque de atracciones, entre otras cosas. Pero no hay que olvidar el sitio que da nombre a la isla: la Cartuja de Santa María.

Este monasterio fue construido en el año 1400 por el arzobispo de Sevilla, Gonzalo de Mena, para albergar a los monjes cartujos de la orden de San Bruno. El cenobio, como era costumbre, llevaba una existencia autosuficiente, contando incluso con sus propios establos y huertos equipados con norias. Alcanza el lugar cierta fama por ser donde se alojó Cristóbal Colón antes de iniciar su aventura americana y allí reposaron temporalmente sus restos una vez fallecido; concretamente en la capilla de Santa Ana, durante 27 años.

Otros ilustres personajes que rezaron tras sus muros fueron Santa Teresa de Jesús y Felipe II pero todo estuvo a punto de ser destruido durante la invasión francesa, cuyas tropas expoliaron sus tesoros, entre ellos cuadros de Zurbarán (actualmente en el Museo de Bellas Artes). Luego, en 1839, el inglés Charles Pickman compró el edificio aprovechando la Desamortización decretada 7 años antes y lo convirtió en una exitosa fábrica de cerámica que introdujo en España el método de estampación en la porcelana. Estuvo funcionando hasta 1982, nada menos, en que el monasterio se recuperó para su restauración.

Gracias a esas obras hoy se puede ver la fachada gótica con detalles platerescos más las reformas aportadas por Ambrosio de Figueroa en el siglo XVIII. En el interior, a través de la sección de servicio, la citada capilla y un patio se llega a las celdas, que desembocan en el claustro mudéjar. También se ve el enorme refectorio cubierto por artesonado, tan grande que las tropas francesas usaban como galería de tiro. En la parte de afuera se conservan dos de las chimeneas de la fábrica. Respecto a la decoración, aunque las pinturas ya no están sí se restituyeron los sepulcros renacentistas de mármol de los patrocinadores del monasterio, Pedro Enríquez y su mujer Catalina de Ribera.

La Cartuja acoge la sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo desde 1997, con exposiciones, talleres, seminarios, recitales, conciertos y ciclos culturales. De ello se hablará en un futuro post.