Sa Penya, la ciudad baja de Ibiza

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Una forma de definir la ciudad de Ibiza sería la suma de Dalt Vila más Sa Penya o, lo que es lo mismo, la ciudad alta y la ciudad baja. Porque si la primera corona el conjunto urbano aglutinándose en torno a la catedral y el casco viejo, la otra discurre paralela al puerto presentando extramuros un característico farallón encima del mar sobre el que parecen flotar anárquicamente viejas casas blancas de pescadores ofreciendo sus fachadas desconchadas como último muro de contención contra el romper de las olas.

Y es que, en efecto, a la sombra de la mole de las murallas que refuerzan el baluarte de Santa Lucía, Sa Penya hace honor a su nombre formando un espolón de roca encima del cual fue creciendo un humilde barrio marinero que, en su momento, alojó lo que fueron los viejos astilleros (Sa Draçaneta) y las viviendas de las gentes que trabajaban en el mar. Un laberinto de callejuelas en subida y bajada, típico de estos casos, con pavimento de piedra y en el que la estampa típica estaría formada por las mujeres acarreando cestos de pescado o los pescadores cosiendo redes.

No es así, lamentablemente, porque al lugar se lo dejó caer en la degradación, sirviendo de refugio para familias gitanas desfavorecidas, inmigrantes miserables y otros representantes del lumpen urbano. El entorno era un revoltijo de ropa tendida en la calle, basura, casas inhabitables, juergas nocturna, altercados hasta que se decidió escuchar las cada vez más numerosas voces de protesta y poner manos a la obra en su arreglo para no desmerecer la categoría alcanzada de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Por eso, quienes tomen alguno de los vuelos baratos a Ibiza este verano descubrirán que ese pedazo de la ciudad que usurpa el espacio de las aguas mediterráneas, ha empezado un lavado de cara con la construcción de un Centro Cívico y un Centro Polivalente al que deberán seguir la rehabilitación interior de las viviendas, la restauración de pavimentos, la conservación de algunas fachadas, etc. Todo en beneficio de los ciudadanos, empezando por sus propios residentes, y de la propia urbe, que recuperará un barrio con el encanto marinero tradicional.

Foto: hernandezrabal