El Ayuntamiento sevillano

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Los turistas que toman vuelos baratos a Sevilla suelen sorprenderse de la extraña ubicación del edificio del Ayuntamiento, en una plaza pero con calle por detrás. Ello se debe a que se construyó prácticamente anexo al antiguo Monasterio de San Francisco, que tras la desamortización de Mendizábal fue demolido en 1840 dejando solo al Consistorio, aunque aún se conserva el Arquillo que comunicaba ambos lugares.

El cabildo medieval sevillano tenía su sede en unas casas del Corral de los Olmos (actual Plaza de la Virgen de los Reyes) pero el Descubrimiento de América enriqueció la ciudad y se hizo necesaria unas nuevas dependencias, siendo el emperador Carlos V quien lo decidió en 1526 con motivo de su visita a la ciudad por su boda con Isabel de Portugal. Para ello se eligió la Plaza de San Francisco, donde estaban el citado cenobio y la Audiencia.

Las obras comenzaron ese año de la mano de Diego de Riaño, a quien se deben el Apeadero (acceso), la Sala Capitular (con una bella bóveda de casetones) y la fachada a la Plaza de San Francisco, que quedó sin terminar por la muerte del maestro y así se dejó. Domina el estilo plateresco, especialmente visible en los relieves que decoran las dos plantas: personajes alusivos a la fundación de la ciudad (Hércules, el fundador mitológico, Julio César, quien habría celebrado el primer cabildo, y el propio Carlos V) y motivos heráldicos. En la planta superior están la biblioteca, cubierta con un precioso artesonado, y el archivo.

A Riaño le sucedió en la dirección el cantero Juan Sánchez. Luego, en 1560, Hernán Ruiz realizó una ampliación (una galería porticada para ver espectáculos públicos) que se derribaría en el siglo XIX. Y es que en esa última centuria las guerras, incendios y la demolición del monasterio dejaron al Ayuntamiento maltrecho, por eso se encargó una reforma a Demetrio de los Ríos y Balbino Marrón. Ésta consistió en hacer una nueva fachada principal de estilo neoclásico (la que da a la Plaza Nueva) y estructurar el interior en torno a dos patios con una gran escalinata.

Y, por si acaso, en 1931 Sevilla le concedió al edificio la protección que supone ser declarado Monumento y Bien de Interés Cultural.