Archivos mensuales: mayo 2011

La Casa de Colón en Las Palmas

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Quizá el edificio más emblemático de Las Palmas de Gran Canaria sea la Casa de Colón, un lugar fácilmente reconocible por su ubicación en el céntrico y antiguo barrio de La Vegueta, localizado entre dos tranquilas plazas y con el llamativo contraste de sus elementos exteriores: la cal blanca de la pared, la piedra labrada de la portada y la madera de los balcones. El nombre proviene de una visita del famoso navegante pero no hay que confundir este sitio con los de Valladolid y Huelva, que también tienen sus casas de Colón.

En efecto, el almirante hizo escala en Gran Canaria en tres de sus cuatro viajes a América pero sería en el primero (1492) cuando ancló para arreglar el timón de La Pinta y aparejarla con velas cuadras para reconvertirla a carabela redonda. Durante su estancia visitó al Gobernador, que se alojaba precisamente en ese palacete, bien es cierto que entonces no presentaba el aspecto actual, siendo más pequeño. Porque el edificio que se ve hoy es en realidad una amalgama de todas las viviendas circundantes, que se le anexionaron en 1777 para ocupar toda la manzana.

Y eso no es todo. Se llevó a cabo una atrevida reforma que le ha dejado elementos decorativos de varios siglos: las balconadas de madera, por ejemplo, son del XVII y se trajeron de otras mansiones, mientras que las portadas, realizadas en piedra labrada, muestran estilos plateresco (la principal, con un espectacular arco conopial) y neocanario (la trasera). Tampoco el interior es muy unitario aunque se le dotó de la clásica estructura local, en torno a cuatro patios, de los que destaca especialmente el del Pozo (así llamado por el brocal de su centro), porticado en tres de sus lados con arquería renacentista con balaustrada de madera, todo ello procedente del convento de Santo Domingo tras su destrucción por piratas en el siglo XVI.

En 1951 la Casa de Colón pasó a ser museo sobre el navegante y la isla. Posee tres niveles con doce salas y sótano, por las cuales se distribuyen las cinco áreas temáticas: en la baja, los viajes de Colón y Canarias como puerta del Nuevo Mundo; en la alta, la pintura (siglos XVII-XX) y la historia de Las Palmas; y en el subsuelo, las culturas precolombinas. Todo ello representado a través de mapas, cartas náuticas, instrumentos de navegación, una reconstrucción del interior de La Niña, maquetas de las carabelas y la nao, un diorama de Gran Canaria, piezas de arte mesoamericano (azteca, maya, zapoteca…), yanomami y ecuatoriano, etc.

Cualquiera que busque vuelos baratos a Gran Canaria deberá reservar un momento para acercarse a este interesante lugar

Es Baluard de Sant Pere: Museo de Arte Moderno y Contemporáneo

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Los usuarios de los vuelos baratos a Palma de Mallorca saben que la ciudad cuenta con un importante conjunto de fortificaciones amuralladas en la zona del puerto. Es Baluard de Sant Pere fue uno de los elementos más destacados de él hasta principios del siglo XX, tal como lo concibió el italiano Giacomo Palearo, su diseñador, en el último tercio del XVI. Palearo ideó este bastión o baluarte como parte de una red de ellos unidos por las murallas, sólo que en el de Sant Pere se conjugaron su estratégica ubicación con el tamaño, lo que permitió albergar durante mucho tiempo una de las escuelas de artillería más prestigiosas de Europa.

Con los siglos el edificio fue reformado varias veces para adaptarlo a los tiempos hasta que la fabricación de los potentes cañones modernos le hicieron perder su valor: en 1952 perdió su uso militar y pasó a manos privadas, que intentaron demolerlo, junto con el resto del amurallamiento. Lo impidió la oposición popular y las autoridades aportaron la declaración de Conjunto Histórico-Artístico, rehabilitándolo en 1965. En los años ochenta incluso se expropió, dándole carácter público, pero cayó en el abandono hasta que el Ayuntamiento de Palma de Mallorca decidió reaprovechar el espacio en 2004 para albergar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.

El edificio conserva la parte histórica, incluyendo el enorme y diáfano aljibe abovedado (en la foto), perfecto para exposiciones temporales y conciertos de música por su gran acústica, pero consta también de una parte añadida de diseño actual, a base de hormigón y vidrio para diferenciarla del resto. Son 5.027 metros cuadrados en tres plantas, todas relacionadas entre sí y con el exterior a través de rampas, claraboyas y balcones, además de terrazas con magníficas vistas al puerto y la catedral.

En cuanto al contenido, hay obras de arte tanto españolas como extranjeras que se pueden contemplar con audioguías en varios idiomas al precio de 6 euros la entrada, si bien hay otras tarifas según el cliente (jubilados, estudiantes, grupos, etc). Los menores de 12 años entran gratis y hay jornadas de puertas abiertas.

Foto: Es Baluard

El City Hall neoyorquino

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Nueva York ha tenido tres ayuntamientos a lo largo de su historia. El primero corresponde a la época en que aún era colonia holandesa, allá por 1641. El segundo se erigió en 1701 pero en menos de un siglo fue demolido y el lugar lo ocupa hoy el Federal Hall National Memorial. El tercero, actual City Hall, fue fruto de la necesidad de dotar a la ciudad de un edificio acorde al crecimiento de la ciudad, eligiéndose para ello los jardines que había entre Broadway, Park Row y Chambers Street, lo que se conocía popularmente como Common y hoy es el City Hall Park: una zona comunal verde que servía un poco para todo, desde ejercicios militares a reuniones vecinales pasando por patíbulo público, y donde George Washington leyó la Declaración de Independencia al pueblo.

El concurso convocado lo ganaron Joseph F. Mangin y John McComb, que reflejaron sus orígenes europeos en el diseño: el primero dotó al exterior de un estilo renacentista francés y el otro aportó al interior el estilo georgiano. Reducido el proyecto inicial por excesivo, se inauguró en 1812. Se compone de un pabellón central con dos alas y una escalinata hacia un porche clásico; se desarrolla en altura mediante tres cuerpos con ventanales y una torre central dotada de linterna, cúpula y rematada por una estatua. Esta torre se tuvo que reconstruir en 1917 tras sufrir dos incendios, mientras que el revestimiento exterior del edificio se unificó en 1956 con caliza, pues hasta entonces la parte delantera mostraba mármol mientras que la trasera era de simple ladrillo.

El turista que aproveche los vuelos baratos a Nueva York y decida visitar el City Hall, se encontrará primero con la Governor’s Room, el vestíbulo ricamente decorado con importantes pinturas y un escritorio que perteneció a Washington, donde en 1865 se expuso el ataúd con los restos mortales de otro presidente, Abraham Lincoln, tras ser asesinado. En este lugar se hacen las recepciones oficiales. También destacan la Blue Room, sala donde se llevan a cabo actos y firmas de leyes, y la rotonda interior.

El conjunto está considerado Lugar Histórico y está debidamente protegido como patrimonio nacional.

Foto: wikimedia

El Costurero de la Reina

Pocas oficinas de turismo del mundo podrán presumir de tener como sede un pabellón donde un rey y su novia, primos para más señas, se citaban brevemente para declararse su amor a salvo de miradas indiscretas de sus familias, que se detestaban. Pero si alguien reserva alguno de los vuelos baratos a Sevilla y necesita un plano o información sobre visitas en la ciudad puede acercarse a la esquina entre el Paseo de las Delicias y la Avenida de María Luisa, a la entrada al parque del mismo nombre, a buscarla. Se la darán en el Costurero de la Reina.

La primera parte de la leyenda, pues no es más que eso, cuenta cómo Alfonso XII, que residía en los Reales Alcázares cuando visitaba Sevilla, interrumpía sus obligaciones diarias a media mañana para coger el caballo y galopar hasta el Palacio de San Telmo. Éste es en la actualidad la sede del Gobierno Andaluz pero en el último cuarto del siglo XIX era la residencia del duque de Montpensier, que estaba casado con María Luisa Fernanda, hermana de la reina Isabel II. El duque había conspirado decaradamente contra su cuñada con la intención de subir al trono pero no pudo conseguir más que el derrocamiento de los Borbones. Restaurados en la figura del hijo de Isabel, Alfonso, las relaciones entre ambas ramas de la familia eran más bien tirantes, por eso nadie imaginaba que las salidas del joven monarca eran para visitar a la hija de los Montpensier, María de las Mercedes, con la que se encontraba en el pabellón de los guardabosques.

El pabellón era -es- un pequeño y bonito edificio de planta hexagonal y forma de castillo, con sus torres y almenas, en el estilo neomudéjar que empezaba a imponerse entonces. También servía para albergar el cuerpo de guardia del palacio cuando la Familia Real visitaba el Palacio de San Telmo. El caso es que Alfonso y María de las Mercedes se citaban allí durante unos pocos minutos hasta que él debía volver a su trabajo. Años después, ya casados, ella manifestó graves síntomas de tifus, contagiada por aguas en mal estado del palacio sevillano y los médicos le recetaron el sol de su tierra, así que la jovencísima reina, se cuenta, pasaba las mañanas en el pabellón, cosiendo y esperando la visita de su regio marido, de ahí el nombre que se le dio al lugar.

Lo cierto es que el Costurero fue construido por Juan Talavera de la Vega en 1893 y María de las Mercedes había muerto en 1878, quince años antes, por lo que se revelan imposibles tanto los encuentros a hurtadillas como el reposo sanitario. Lo que no le quita encanto al lugar sino que lo envuelve en un halo legendario que se suma a la gracia del propio edificio, recientemente restaurado y habilitado para ampliar sus funciones a exposiciones temporales.

Una columna del palacio de Persépolis en Buenos Aires

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Lo que menos se espera uno cuando toma uno de los vuelos baratos a Buenos Aires es encontrarse un elemento arquitectónico característico del antiguo arte persa en medio de la ciudad. Pero eso es lo que descubrirá si se acerca hasta los Jardines de Palermo, en la plaza de Irán, entre las avenidas de Berro Adolfo, Figueroa Alcorta, Sarmiento y Casares: una Columna Persa del palacio de Ciro el Grande en Persépolis,

Por supuesto, no es original del siglo VI a. C. sino una réplica donada por el Sha con motivo de una visita a Argentina en 1972. Reproduce una columna de la apadana o sala de audiencias de aquel complejo que fue arrasado por Alejandro Magno para subrayar su victoria sobre el Imperio Persa y vengar las destrucción de propiedades griegas. Se compone de un fuste aristado que se remata con un capitel con las típicas cabezas de buey apuntando a direcciones opuestas. Sobre su lomo irían las vigas de la techumbre.

En 1978 técnicos iraníes instalaron la columna, fabricada en su país mediante moldes por partes del original, pero sustituyendo por cemento y piedra pulverizada el material original… O quizá no, puesto que esa piedra en polvo procede del mismo emplazamiento del palacio. Su altura es de 19 metros, con un peso total superior a las 10 toneladas. El conjunto se completa con otra reproducción cercana, en este caso de las murallas, representando a un león. Aunque en realidad en este caso no es copia sino obra del escultor argentino Blas Salvador Gurrieri, que lo realizó con cerámica esmaltada en colores.

Así pues, un pedazo de Antigüedad en el Nuevo Mundo, un guiño de Historia separado por los 22 siglos que van desde la época del palacio de Persépolis hasta la de la fundación de Buenos Aires. Casi nada.

Foto: locr.com

Londres: las Casas del Parlamento

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Muchos turistas que aprovechan los abundantes vuelos baratos a Londres para visitar la capital británica se llevan un chasco cuando intentan entrar a las Casas del Parlamento y se pasan horas esperando en largas colas para al final irse de vacío sin saber que, normalmente, hay que reservar la entrada con meses de antelación. Los que tienen suerte y pueden acceder se encuentran la auténtica cuna de la democracia actual y modelo para otros países europeos no sólo en el sistema parlamentario, caso de España, sino en el propio edificio, caso de Budapest.

El Parlamento actual es fruto de una reconstrucción neogótica -arcos ojivales, pináculos- realizada por Charles Barry en el siglo XIX tras el incendio de 1834 que arrasó el Palacio de Westminster, sede del anterior desde 1547, del que sólo quedan en pie el Westminster Hall y la Jewel Tower. El Hall es una sala histórica -acogió los juicios de Tomás Moro y Carlos I, así como la proclamación de Cromwell como Lord Protector– levantada en el año 1097, aunque a finales del siglo XIV se le añadió el techo de madera con su célebre artesonado estilo Tudor. La torre Jewel resulta algo achaparrada al lado de la majestuosa Victoria Tower pero, como su propio nombre indica, tuvo la importante función de albergar los tesoros de la Corona hasta que se repartieron por otros edificios y hoy exhibe piezas vinculadas a la historia del Parlamento, como los pesos y medidas o una espada sajona encontrada en los alrededores. Respecto a la Victoria, guarda copias de todas las leyes promulgadas desde el siglo XV.

En el otro extremo, el norte, se alza en Big Ben, del que ya se ha hablado en este blog, pero en ese ala está la Cámara de los Comunes, la baja. con forma de capilla porque antes los diputados se reunían en la St. Stephens’s Kapelle, tiene 635 asientos tapizados de verde y enfrentados, con el gobierno a un lado, la oposición al otro y el moderador en medio. Los bombardeos alemanes la destruyeron en 1941 y hubo de ser restaurada. Volviendo al ala sur a través del impresionante vestíbulo central abovedado, se llega a la Cámara de los Lores, la alta, de estilo gótico, con 1.300 asientos tapizados en rojo. Es aquí donde la Reina, con corona y manto de armiño, celebra la ceremonia de apertura tras atravesar la Royal Gallery y llamar a la puerta.

Algo que se lleva a cabo después de que los alabarderos realicen una inspección de los sótanos -más ritual que otra cosa- recordando los barriles de pólvora que Guy Fawkes y sus cómplices católicos almacenaron en ellos con la intención de volar el edificio durante la estancia del rey Jacobo I. Era el año 1605 y los conspiradores fueron arrestados y brutalmente ejecutados ante todo Londres. Actualmente sigue habiendo fuertes medidas de seguridad para quien consiga una entrada y quiera seguir una sesión parlamentaria: tendrá que hacerlo a través un cristal blindado.

El Parque del Retiro

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Cuando uno aprovecha los vuelos baratos a Madrid y se pasa una jornada de visitas culturales, nada como relajarse un poco en uno de los pulmones verdes de la ciudad, sentándose en un banco a disfrutar de la sombra de árboles centenarios, escuchando un concierto de la Banda Municipal en un kiosko o remando tranquilamente en una barca. Todo esto y más se puede hacer en el Parque del Retiro, 118 hectáreas en las que también se juntan artistas callejeros, echadoras de cartas, patinadores, familias, famosas estatuas y vistosas estructuras arquitectónicas.

El origen de este remanso de paz en pleno centro urbano se remonta a la mitad del siglo XVII, cuando el Conde Duque de Olivares regaló unos terrenos en las afueras de Madrid al rey Felipe IV para que construyera una residencia de ocio complementaria del Real Alcázar. Así nació el Palacio del Buen Retiro, del que hoy sólo quedan el Casón del mismo nombre (antaño era el Salón de Baile) y el Salón de Reinos, pero que entonces estaba formado por un conjunto de edificaciones que incluían, entre otras, un teatro, jardines, una pajarera de aves exóticas, una leonera para fieras (luego convertida, hasta 1972, en zoo) y un estanque donde se celebraban naumaquias.

Con el paso de los siglos y los monarcas, se fueron añadiendo cosas: el parterre, la Real Fábrica de Porcelanas, el Observatorio Astronómico, la Fuente de la Alcachofa (diseñada por Ventura Rodríguez en 1781 y traída desde Atocha)… Carlos III permitió el libre acceso al recinto siempre que se fuera debidamente ataviado hasta que en 1869, tras la revolución que derrocó a Isabel II, el nuevo propietario, el Ayuntamiento, lo abrió completamente. Antes se incorporaron otros equipamientos, como la enrejada Puerta de España, las estatuas de la Avenida de Argentina (originalmente concebidas para decorar la cornisa del Palacio Real), los palacios de Cristal y Velázquez (pabellones de la Exposición de 1887, ambos obra de Ricardo Velázquez Bosco ) y la rosaleda.

La fuente del Ángel Caído, con la única estatua del mundo dedicada al Diablo (obra de Ricardo Bellver en 1877), ocupa el lugar de la fábrica de porcelana, volada por Wellington durante la Guerra de la Independencia, conflicto durante el cual se perdió también el palacio de los Austrias. También es interesante el monumento a Alfonso XII erigido por suscripción popular en 1922, obra de José Grases Riera: una columnata escalonada en torno a la estatua del soberano, esculpida en bronce por Mariano Benlliure, cuyas mejores vistas se obtienen desde el otro lado del estanque o desde una éste, en barca.

El Teatro Arriaga

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Los vuelos baratos a Bilbao llevan inevitablemente a hacer una visita al barrio del Arenal, lo que obliga a pasar ante el Teatro Arriaga, uno de los edificios emblemáticos por excelencia de la ciudad en el terreno de las artes interpretativas junto al Palacio Euskalduna: si éste se dedica, por su mejor equipación técnica, a la música, el Arriaga ha quedado en exclusiva para la escena, adaptándose a los tiempos.

En realidad fue su dedicación primigenia después de que la población se quedara sin lugar fijo para las funciones al arder el Teatro Cómico, construido en la calle Ronda en 1799 y quedar su sustituto de 1834, el Teatro de la Villa, muy maltrecho por los sitios de Bilbao durante las inacabables Guerras Carlistas que jalonaron el siglo XIX. Como, de todas formas, se quedaba pequeño para el creciente número de habitantes, se encargó al arquitecto municipal, el cántabro Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo, la erección de un nuevo edificio sobre el anterior que debía tener 1.500 plazas y una curiosa condición: no obstaculizar las labores habituales en el cercano muelle de la ría. Así nació, en 1890, el Teatro Arriaga, nombre puesto en honor de uno de los compositores nacionales más importantes, popularmente conocido como el Mozart español. Quien lo deseara, podía pagar 15 pesetas y oir las actuaciones de ópera ¡por teléfono!

Frente al estilo neoclásico del predecesor, el nuevo teatro es neobarroco, presentando una planta exenta trapezoidal, fachada curva con balcón corrido sustentado por ménsulas en forma de titanes -que no son de piedra sino de hormigón, importados de Francia-, pequeño frontón flanqueado por torrecillas cupuladas y abundancia de decoración escultórica exterior por todo el conjunto. En el interior destacan los tres niveles sobre el patio de butacas, sostenidos por columnas y con barandillas doradas a elegante juego con el terciopelo rojo de las butacas. El foso tiene capacidad para una orquesta de 60 músicos y el telón es cortafuegos.

No obstante, conviene advertir que en 1914 sufrió un incendio en plena función de zarzuela, por lo que hubo que encargar una restauración -y, de paso, ampliación- a Federico de Ugalde, que se terminó en 1919. No sería la única desgracia, pues en 1983 las terribles inundaciones que sufrió la ciudad lo dejaron en muy mal estado. Para entonces se encontraba en medio de nuevas reformas ordenadas a Francisco Hurtado de Saracho por el Ayuntamiento, su nuevo gestor desde 1978, pues había estado languideciendo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX hasta terminar reconvertido en cine. Concluidas las obras en 1986, hoy está gestionado por una sociedad anónima municipal. Anecdóticamente se pueden comparar los mil millones de pesetas invertidos, frente al millón que costó la construcción en 1890.