Archivos mensuales: enero 2011

Las Cuevas de Canelobre

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Las Cuevas de Canelobre se encuentran en la localidad de Busot, a 23 kilómetros de Alicante, justo en las estribaciones de la Sierra Cabeçó dÓr, a unos 630 metros de altitud. Se trata de una zona horadada por la acción del agua sobre la roca caliza a lo largo de varias eras geológicas, pues están datadas entre el Jurásico y el Cretácico, (120 a 150 millones de años), y consecuentemente no son las únicas grutas naturales del entorno, pudiéndose nombrar también las del Marqués, Les Granotes y Racó de Seva. Sin embargo algunas de ellas no se pueden abrir porque para ello se debería derribar parte de Canelobre.

Las de Canelobre tienen como principal característica su gran sala abovedada de 80.000 metros cuadrados y 70 de altura (una de las más grandes de España), a la que se accede por un túnel de 45 metros de longitud que abrió en 1936 el ejército republicano durante la Guerra Civil para aprovechar el lugar como refugio, polvorín y taller de motores de avión. El problema es que lo hicieron con dinamita, por lo que numerosas formaciones geológicas se perdieron para siempre. Hasta entonces se entraba por una oquedad natural en la parte alta, la misma que probablemente descubrieron los árabes en el año 740 cuando realizaban prospecciones mineras y que se siguió utilizando para hacer visitas a lo largo de los siglos.

En esa sala hay tres palataformas balconadas construidas en 1963, sustituyendo a la que servía para la reparación de los susodichos aviones, que permiten al curioso acercarse a los rincones más alejados para verlos de cerca. Y es que la cueva ofrece un buen espectáculo de formaciones calcáreas que, como suele ocurrir en este tipo de sitios, han sido bautizadas por recordar la apariencia de algo. Es el caso de la estalagmita el Canelobre, que da nombre a la gruta por su parecido a un enorme candelabro y a la que se le calcula una edad de 100.000 años. O la columna (unión de estalagmita y estalactita) la Sagrada Familia, que da la bienvenida al visitante con sus 24 metros de altura. O la helictita l’Orgue (el Órgano). Eso sin contar las muchas maravillas que se perdieron al explosionar el túnel de entrada o los “recuerdos” que solía llevarse la gente.

Por lo demás apenas hay flora salvo en los lugares de mayor humedad (algas, hongos, bacterias) porque las aguas que se cree que antes abundaban ahora han ido desapareciendo por la perforación de pozos en la comarca. Respecto a la fauna sólo se sabe que hay una colonia de murciélagos. Las condiciones en el interior son una temperatura media de 18º y una humedad del 90%. Su acústica es excelente, hasta el punto de que en ocasiones se celebran conciertos.

Para quien reserve alguno de los vuelos baratos a Alicante y se decida a visitar la gruta: el horario de verano es de 11 a 17:30 y el de invierno de 10:30 a 19:50. La entrada, para un recorrido de 175 metros que lleva 40 minutos, cuesta 4 euros pero los niños de 5 a 12 años pagan la mitad y grupos y jubilados 2,80.

Foto: revistauala.com

La Aguja de Cleopatra

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Si alguien coge alguno de los vuelos baratos a Londres y se acerca a la ribera del Támesis en Westminster, junto a los Victoria Embankment Gardens (entre los puentes de Waterloo y Hungerford) se encontrará ante el monumento más antiguo de la ciudad con diferencia: Cleopatra’s Neddle, la Aguja de Cleopatra. Tiene exactamente 3.460 años de edad.

Por supuesto, no es oriundo del lugar pues se trata de un obelisco del Antiguo Egipto (los egipcios los llamaban agujas), gemelo del que hay en Central Park (Nueva York). Lo mandó construir el faraón guerrero Tutmosis III en el año 1.450 a. C. para la ciudad de Heliópolis y parte de los jeroglíficos que recubren sus 21 metros de altura son plegarias a Atum mientras que otra parte se deben al posterior Ramsés II, contando sus hazañas militares. Por tanto, de Cleopatra no tiene más que el nombre que le pusieron en su destino final europeo. Siglos después Augusto mandó trasladarlo a Alejandría para decorar la entrada al Caesarium pero antes de llegar se perdió y quedó enterrado, como tantos otros monumentos egipcios. Fue lo mejor que le podía pasar porque gracias a ello se conservó intacto. En 1819 el sultán decidió regalárselo a Inglaterra para celebrar la victoria de Nelson en Abukir sobre la armada francesa, que había supuesto el principio del fin de la presencia de las tropas napoleónicas en suelo egipcio. Pero Londres no quiso hacerse cargo del traslado y hubo que esperar a 1877. Entonces empezó la leyenda.

Una leyenda que habla de maldiciones y misterios porque el primer barco que había de transportarlo se hundió nada más zarpar y el obelisco pasó de estar bajo la arena a verse bajo las aguas. Se consiguió rescatarlo e introducirlo en una especie de cilindro flotante al que arrastraba un remolcador… hasta que en el Golfo de Vizcaya una galerna obligó a soltar las amarras. Murieron seis marineros y el cilindro quedó a la deriva durante meses. Finalmente se lo rescató por segunda vez y se erigió en su emplazamiento actual. Incluso en tierra estuvo en peligro cuando los aviones alemanes bombardearon el entorno, causando desperfectos en las esfinges modernas que lo rodean (una placa informa de los daños que recibió el pedestal). También hay teorías que aluden a la distribución concreta de los obeliscos durante el siglo XIX obedeciendo a dictados masónicos.

En cualquier caso, si dentro de un tiempo alguien manda retirar esas 180 toneladas de granito rosa de Asuán, se encontrará debajo un mapa de la ciudad, un ejemplar de The Times, monedas, diversas fotografías y otros objetos de la época dejados allí para la posteridad y cuya selección resulta curiosa. ¿Otro enigma más para la Aguja de Cleopatra?

El madrileño Puente de Segovia

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Una ciudad no sólo ofrece a sus visitantes museos, estatuas y palacios. También resultan interesantes aquellos equipamientos urbanos que se han integrado en el entorno al servicio de sus ciudadanos. Entre ellos figuran los puentes y el que nos ocupa tiene la particularidad de haber sido el primero firme de Madrid.

El Puente de Segovia se llama de esta forma porque unía la calle homónima con la antigua carretera de Extremadura pasando sobre el Manzanares, y eso que el río tenía tan poco caudal que hasta Lope de Vega lo satirizó con unos versos: “Vende el puente, compra un río”. Aún así, el encargo que Felipe II le hizo -supuestamente- a su arquitecto favorito, Juan de Herrera (que también construiría el Monasterio del Escorial), tardó tres años en hacerse (1582-84) y requirió una inversión de 200.000 ducados para dar como resultado una construcción de 200 metros de longitud y 30 de anchura. Está compuesto por 9 arcos de medio punto hechos de sillares de granito y almohadillados, y pilares reforzados con tajamares. El arco central es más ancho, decreciendo los demás a medida que se acercan a los extremos.

No obstante, el aspecto actual cambia un poco respecto al siglo XVI. Ello se debe a las diferentes vicisitudes por las que pasó el puente a lo largo de la Historia. Algunas supusieron añadidos temporales como la puerta monumental de 1648, por Teodoro Ardemans, que luego se retiró, y otras la destrucción parcial, como la voladura por parte del ejército republicano que defendía la capital de avance nacional. También la discutible reconstrucción de época franquista, en la que se aprovechó para ensancharlo al albur de la canalización del Manzanares, que ahora sólo pasa por los tres vanos centrales quedando el resto embellecidos por 4 estanques con surtidores que se agregaron hace poco para formar una especie de parque con jardines de 39.000 metros cuadrados. Un rincón para disfrutar a gusto si se viaja gracias a alguno de los vuelos baratos a Madrid.

Esa última parte fue posible gracias al soterramiento de la M-30 en 2007. Obras que, por cierto, sacaron a la luz vestigios arquitectónicos de otro puente, el medieval mandado construir por Alfonso XI en el siglo XIV y que era conocido como Puente Segovia.

Las murallas y baluartes de Dalt Vila (Ibiza)

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Los vuelos baratos a Ibiza no sólo suponen playa, sol y fiestas locas en discotecas. También es de gran interés conocer la capital y,sobre todo, el casco viejo conocido como Dalt Vila que, envuelto en un impresionante sistema defensivo a base de murallas y baluartes fortificado, ha sido catalogado como Conjunto Histórico Monumental.

Las murallas presentan las características habituales de la época en que se levantaron, el siglo XVI, cuando la isla estaba amenazada por los piratas berberiscos al servicio del sultán de Turquía, en sustitución de las anteriores medievales (siglo XIII), que resultaban ya insuficientes. Por encargo de Carlos V, el ingeniero italiano Juan Bautista Calvi (autor de las Atarazanas barcelonesas) diseñó un proyecto que pagaron a medias la Corona y el Arzobispado de Valencia y que llevó 31 años terminar, ya durante el reinado de Felipe II. Calvi dotó a Ibiza de un típico sistema de fortificación poligonal (heptagonal para ser exactos) con terraplén, casamatas artilladas y niveles escalonados, todo ello en aras de dificultar un asalto de infantería y facilitar el tiro a los defensores, eliminando los ángulos muertos.

Se utilizó sillar de cantería y se establecieron 7 baluartes (pequeños castillos con guarnición propia) que se comunicaban mediante señales de humo con 14 torres de vigilancia en la costa. Dichos baluartes son: Sant Joan, en la barrio de Sa Marina; Sant Jordi (al sur), situado bajo la Almudaina, con la que se une por una galería subterránea, guarnecía la entrada principal; Sant Jaume, en poniente, el primero realizado por Calvi junto a Sant Jordi (1555-56), tenía la misión de defender el flanco más débil y tiene enfrente la necrópolis de Puig des Molins; Santa Llúcia, en Sa Penya, es uno de los más grandes y sus gruesos muros albergaban el polvorín que, de todas formas, estalló por un rayo en 1746; Sant Pere, en el noroeste presentaba el Portal Nou protegido por cañones y el llamado Caballero de Sant Lluc, un bastión elevado adaptado a los desniveles del terreno; Santa Tecla tenía como misión la vigilancia de los acantilados; finalmente a Sant Bernat, el último construido, se lo conoció como Recinto Fratín porque lo terminó este ingeniero de Felipe II.

Hoy los baluartes ya no tienen necesidad de defender nada y están salpicados de monumentos, jardines, estatuas romanas, mercadillos hippies, plazas que acogen conciertos de jazz y rock e incluso el Museo de Arte Contemporáneo.

El Archivo de Indias

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Sevilla es la sede del Archivo de Indias, el mayor centro de documentación histórica de la relación entre España y sus colonias, tanto las de América como las de Asia y Oceanía. El edificio que lo acoge, de soberbio aspecto tras ser sometido a una restauración durante cuatro años entre 200 y 2004, está en la Avenida de la Constitución, junto a la Catedral; una ubicación que tiene su historia.

En el siglo XVI los comerciantes realizaban sus transacciones en la fuente del Hierro, el mismo lugar donde se alza actualmente la iglesia del Sagrario. Sin embargo era frecuente que terminaran haciéndolas en las gradas de la catedral o el Patio de los Naranjos de ésta; si llovía incluso se refugiaban en las naves del templo, con el consiguiente malestar del clero, que cerró el recinto religioso tendiendo cadenas alrededor y poniendo alguaciles de vigilancia. Las protestas de los negociantes llegaron al Cabildo metropolitano, que las trasladó a la Corona. Para poner fin a la disputa, Felipe II ordenó construir una Casa Lonja de Mercaderes que diseñó su arquitecto preferido, Juan de Herrera, aunque las obras las realizaron Juan de Mijares y Alonso de Valdenvira entre 1583 y 1598. El resultado fue un edificio de aspecto sobrio, severo, de planta cuadrada sobre un podio, dos pisos de altura y un patio central. En el exterior combina el ladrillo rojo con la piedra; la escalera monumental de la fachada fue añadida por Lucas Contora en el siglo XVIII.

Pero lo realmente interesante es el contenido. En 1785, ante la falta de espacio que presentaba el Archivo de Simancas, Carlos III decicidió centralizar toda la documentación colonial, dispersa entre Salamanca, Cádiz y la propia Sevilla, en un solo lugar. Para ello se eligió la Lonja. José de Gálvez fue el responsable del proyecto y Juan Bautista Muñoz, cosmógrafo mayor de Indias, quien lo llevó a la práctica estableciendo el año 1760 como el punto de separación entre los documentos administrativos y los históricos. Procedentes de diversas instituciones como el Consejo de Indias, la Casa de Contratación, los consulados de Sevilla y Cádiz, varias secretarías, la comisaría Interventora de la Hacienda Pública de Cádiz, la Sala de Ultramar del Tribunal de Cuentas o la Real Compañía de la Habana (en 1898, con la pérdida de las posesiones americanas, filipinas y pacíficas, se añadieron algunos organismos coloniales como la Capitanía General de Cuba y colecciones particulares), se llenaron 9 kilómetros de estanterías con 43.000 legajos (80 millones de páginas) y unos 8.000 mapas, planos y dibujos de valor incalculable para investigadores e historiadores.

El Archivo suele celebrar también exposiciones temporales para animar al público a conocerlo. Por eso sería interesante que los visitantes reservaran sus vuelos baratos a Sevilla no sólo para ver los monumentos clásicos de la ciudad sino también esta institución que forma parte del conjunto (con la Catedral y los Reales Alcázares) declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Entre las joyas que se custodian se pueden encontrar textos originales, de puño y letra, escritos por Colón, Magallanes, Núñez de Balboa, Cortés o Pizarro.

Foto: google earth

El Museo Histórico Nacional de Buenos Aires

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Si alguien toma uno de los vuelos baratos a Buenos Aires y llega a la ciudad sin saber nada de ella, puede acercarse hasta el Parque Lezama, en el extremo sur del barrio de San Telmo. Allí, en la esquina entre las calles Brasil y Defensa, encontrará el monumento que señala el lugar donde se supone que Pedro de Mendoza fundó la urbe en 1536. Y en la segunda calle, en el número 1.652, se puede entrar al Museo Histórico Nacional para hacerse una idea de la historia y el carácter de los porteños.

El Parque Lezama, precioso pulmón verde de Buenos Aires sobre un promontorio que forma un farallón y lleno de palmeras y flores, era una finca perteneciente a la familia homónima que luego pasó a manos del Estado. La mansión, un edificio de estilo neorrenacentista italiano al que se conocía como la Quinta de los ingleses, y que cuenta con muros de piedra rosada, una llamativa galería porticada, dos patios, una espectacular torre con mirador en lo alto y una biblioteca de 15.000 volúmenes, acoge la sede del museo desde 1897, cuando abandonó la anterior en Santa Fe (actual Jardín Botánico).

El creador del Museo fue el intendente Francisco Seaber, que impulsó la idea en 1889 para que dos años más tarde lo inaugurara su primer director, Adolfo Carranza, con una colección de piezas donadas por algunos de los personajes más destacados de la Revolución y el proceso de Independencia. Estos acontecimientos son los verdaderos protagonistas de la visita al lugar, que, de todas formas, incluye también exposiciones precolombinas y coloniales, así como colecciones procedentes del Museo Público fundado por Bernardino Ribadavia en 1822.

Òleos, grabados, daguerrotipos, estandartes, armas, muebles, relojes, instrumentos musicales, vajillas, postales, joyas… Hay todo tipo de piezas pero si hubiera que destacar algunas quizá serían, por curiosas, la única foto que se conserva del libertador José de San Martín (es de 1848), así como una réplica de su sable; la cama del virrey Sobremonte, aquel que huyó ante la invasión inglesa; el catalejo del general de éstos, William Carr Beresford; el sable del general Belgrano, el mismo que perdió la batalla de Ayohuma ante las tropas realistas y de la que se conserva una bandera (su reloj, que también se exhibía aquí, fue robado en 2007); el uniforme de Miguel Martín de Guemes, líder del Escuadrón de Salteños; y muchas más.

Las Torres de Quart

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Uno de los lugares a donde nos tienen que llevar a ver los vuelos baratos a Valencia es la puerta oeste de la ciudad, conocida como Portal de Cuarte porque era el paso a través de la muralla hacia el pueblo de Cuart de Poblet, en el camino de Castilla, o Puerta de la Cal, porque por allí debían entrar a la urbe los cargamentos de esta mercancía. Sin embargo ésos son los nombres tradicionales; desde la segunda mitad del siglo XIX se impuso la denominación Torres de Quart, que es la que ha llegado a nuestros días.

Se trata de dos torreones gemelos que se construyeron en la muralla medieval, en la confluencia de las calles Quart y Guillén de Castro, para sustituir a la antigua puerta de 1356, que se había quedado pequeña. Los maestros canteros Francesc Baldomar, Pere Compte y Pere Bofill fueron los autores de la obra, que se desarrolló entre 1441 y 1460. Se trata de una edificación de mampostería, cantos, cal y sillares que presenta dos cuerpos laterales, las torres, cilíndricos pero de gola abierta (seccionados por la parte posterior), y un cuerpo central con arco de medio punto coronado por un escudo de Valencia (que antes era un ángel custodio). La disposición es oblicua para adaptarse al camino.

El conjunto es de estilo gótico tardío con influencia provenzal y está almenado porque tenía un carácter defensivo. No en vano su diseño se inspiraba en el Castelnuovo de Naṕoles, obra del mallorquín Guillem Sagrera (por entonces la ciudad italiana pertenecía a la Corona de Aragón). De hecho, su primer uso, claramente militar, fue como polvorín en 1562. En 1623 sus bóvedas de crucería -en el cuerpo central- y apuntadas -en las torres- se convirtieron en prisión para prostitutas, frente a las Torres de Serranos, que lo eran de nobles (por cierto, estas otras torres son un metro más bajas que las de Quart, que alcanzan 34 metros). Durante la Guerra de la Independencia la artillería de Moncey dejó un buen número de impactos que aún se pueden ver (aprovechados por las aves para hacer sus nidos). Luego, cuando el mariscal Suchet tomó la ciudad, continuó dando al lugar un uso carcelero que continuó hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Finalmente, en 1931, las Torres de Quart fueron declaradas Monumento Nacional Histórico Artístico y hoy acogen la Colección Museográfica de Cerrajería mientras se procede a someterlas a un proceso de limpieza, pues el exceso de tráfico rodado las ha ennegrecido.

Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en Santa Cruz de Tenerife

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Decir Nuestra Señora de la Concepción en Tenerife es poco ilustrativo. Las localidades de Santa Cruz, La Laguna y La Orotava, por ejemplo, tienen iglesias con ese nombre. Pero es la primera la que popularmente se conoce como Catedral, aunque realmente no lo sea al no estar consagrada como tal. Resulta curioso que este templo, quizá el más importante de la capital isleña, esté edificado sobre la ermita primigenia que levantaron los conquistadores del Adelantado Alonso Fernández de Lugo tras desembarcar en 1494 en la playa de Añaza para tomar posesión del territorio guanche.

Aquella construcción de adobe, ladrillo y techo de paja no podía mantenerse mucho tiempo y en 1498 se procedió a levantar otra a la que se dotó de planta de cruz latina con cinco naves que había de albergar, como reliquia, la llamada Cruz de los Conquistadores que el Adelantado llevaba al llegar junto al pendón de Castilla. Se guarda en el altar mayor (por cierto, magnífica obra de José Luján Pérez) dentro de una urna de plata y cristal. Es lo más destacado junto a una Vírgen de la Consolación gótica, traída también de la Península, y las banderas que la escuadra de Nelson perdió en su fallido intento de tomar la ciudad.

El resto de la iglesia experimentó notables cambios con el paso del tiempo que la cambiaron parcialmente el aspecto, pasando del renacentista al barroco-toscano con toque colonial insular en el siglo XVIII. El interior es muy rico, si bien lo más destacado, o al menos lo más característico visualmente, es la gran torre de cuatro cuerpos encalados rematada por un campanario octogonal; es la más alta de Santa Cruz.

Por lo demás, quien reserve alguno de los vuelos baratos a Tenerife y se acerque hasta la Plaza de la Iglesia donde se ubica, podrá comprobar como curiosidad que antaño los ciudadanos eran enterrados en su interior, como demuestran los hallazgos arqueológicos en los que han aparecido crucifijos , pipas y otros enseres. Sin embargo, con el tiempo, sólo quedaría sitio para los notables locales.

Foto: hispanismo.org