La calle Lipscani de Bucarest

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Si alguien ha visitado ya Bucarest es muy probable que se haya dado un paseo por Lipscani, sin duda uno de los rincones con más encanto de la ciudad. En realidad el nombre no sólo hace referencia a una calle sino a un distrito entero, antaño cruce de caminos de los cuatro puntos cardinales de Europa. Y es que estamos hablando de un barrio que desde la Edad Media fue estratégicamente elegido por comerciantes del continente para establecerse y vender sus mercancías.

De hecho, el propio nombre deviene históricamente de esta situación. En el siglo XVII se empezó a utilizar la palabra Lipsca para designarlo por la cantidad de viajeros que traían mercancías desde la ciudad germana de Leipzig. De ahí derivó, en plural, a lipscani, al igual que los procedentes de Gabrovo (Bulgaria) originaron la calle Gabroveni. Y, en efecto, los paseantes podían encontrar en aquellas callejuelas desde telas a calzado, pasando por cueros, joyas, arreos para los caballos, viandas y otras muchas mercaderías. Y no sólo en la vía principal. Las paralelas que conforman el distrito fueron las sedes de los diferentes gremios artesanos, cada uno en su calle, de manera que todavía hoy quedan reminiscencias evocadoras de aquel pasado: la calle Blanari era de los peleteros, la Selari de los guarnicioneros, la Covaci de los tapiceros…

La zona quedó degradada en la segunda mitad del siglo XX, con sus palacetes decimonónicos en ruinas, utilizados por los gitanos como refugio. Por eso el régimen comunista de Ceaucescu proyectó su demolición, tal cual hizo con media ciudad. Sin embargo Lipscani se salvó y, aunque aún presenta un aspecto semiderruido en muchas partes, se está trabajando en su recuperación a través de la revitalización de su legendario comercio. Hoy ya no están los pujantes gremios pero se pueden encontrar muchas librerías de viejo, tiendas de artículos de segunda mano y ropa, talleres de cerámica y alguna que otra galería que se espera estén pronto acompañadas de otros negocios gracias a la peatonalización llevada a cabo.

Los vuelos baratos a Bucarest llevan al turista a visitar inevitablemente la Curtea Veche, uno de los puntos de referencia para llegar hasta Lipscani y, especialmente, su pasaje norte. En la esquina con la calle Smardan se puede ver, además, el edificio neoclásico de la Banca Nationalâ mientras que en Selari está la iglesia de Sfântul Nicolae, del siglo XVII.