La Sagrada Familia


shutterstock 37570219 La Sagrada Familia

¿Cómo resumir en tres o cuatro párrafos una obra que lleva más de un siglo construyéndose? El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es, incluso a medio hacer, el emblema por excelencia de Barcelona desde hace muchos años. Las masas de turistas que arriban a la ciudad en los múltiples vuelos baratos incluyen siempre y probablemente sin excepción su visita, aunque tengan que aguantar horas de cola para subir a sus torres o las grúas y andamios afeen las fotos.

Todo empezó en 1883. Al arquitecto barcelonés Antonio Gaudí se le encargó terminar la construcción de una iglesia neogótica y él cambió completamente el diseño, adaptándolo a su peculiar y ya popular estilo modernista. El Templo se convirtió en su obra maestra, su legado a la ciudad, tras dedicarle cuarenta años de vida, los últimos doce en exclusiva; incluso vivía en él y a su muerte (1926), lógicamente, fue enterrado en la cripta neogótica, que por cierto no llevaba su firma sino la de Francesc de Paula Villar i Lozano (actualmente es un museo dedicado a ilustrar la historia de la construcción del edificio y los bocetos de ambos).

Hasta el momento de la defunción apenas se había erigido la fachada de la Natividad, una torre y el ábside, aparte de la mencionada cripta. La primera, concluida en 1906 tiene portadas que simbolizan las Virtudes Teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y está decorada con escenas de la infancia de Jesús. Respecto a las torres, deberá tener doce -por los Apóstoles-, cuatro por cada fachada (la Natividad, la Gloria, la Pasión) más una central mucho más alta y rodeada de cuatro agujas más. Todas se hallan recubiertas de mosaicos venecianos, relieves y molduras, pudiéndose subir hasta lo alto gracias a las escaleras de caracol interiores, cada una de cuatrocientos peldaños -y algunas con ascensor-.

El caso es que era difícil avanzar más deprisa porque Gaudí no realizó planos definitivos. Él concebía aquel trabajo como si estuviera en la Edad Media, algo que podía ocupar a varias generaciones, por lo que improvisaba continuamente. Y, en efecto, las obras se prolongan a lo largo de las décadas, sufragadas por suscripciones populares, donaciones y las entradas a los visitantes. Los continuadores de la labor gaudiniana se enfrentan al problema de interpretar las ideas del maestro a partir de simples bocetos, a menudo muy esquemáticos, por eso a veces hay críticas a los resultados. Es lo que ocurrió con Josep María Subirats y su fachada de la Pasión, terminada en los años ochenta y acceso de entrada actual muy cuestionado por el tipo de esculturas con que la adornó.

Cuando algún día la Sagrada Familia sea una iglesia concluida tendrá planta de cruz latina, con fachada principal en la fachada sur (de la Gloria) a través de un bosque de pilares y dos más (ya hechas) en cada brazo más el ábside. Un deambulatorio recorrerá todo el perímetro exterior haciendo las veces de claustro y el conjunto se acercará bastante a ese “sermón de piedra” al que aludía su creador. Entonces se multiplicarán, con toda seguridad, los vuelos baratos a Barcelona para contemplarlo.

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