Archivos mensuales: septiembre 2010

La Catedral del Salvador en Jerez

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No sólo se toman vuelos baratos a Jerez para visitar una bodega, ver el campeonato de motociclismo o asistir a un espectáculo de caballos -por no hablar del flamenco-. También está la parte cultural de una ciudad, que hunde sus raíces en la colonización griega, luego sucedida por la romana y la árabe. Precisamente de ésta procede, indirectamente, la actual Catedral.

Como venía siendo habitual durante la Reconquista, cuando Alfonso X arrebató Jerez a los musulmanes se reconvirtió la Mezquita Mayor en iglesia cristiana dedicándola al Salvador y allí se dijo la primera misa de la ciudad. Pero a mediados del siglo XVII el edificio estaba en ruinas y se demolió para levantar otro en su lugar. No fue una obra afortunada y en 1694 se vino abajo la bóveda, por lo que hubo que empezar de cero otra vez. Entre las aportaciones monetarias del cardenal, la Corona y el Papa, más los donativos de los ciudadanos se fue llevando los trabajos, a menudo interrumpidos por falta de fondos. Por ello se tardó ochenta años en acabar -era 1778- y el resultado fue una mezcolanza de estilos, entre gótico, barroco y neoclásico.

La fachada, por ejemplo, precedida de una gran escalinata, es inconfundiblemente barroca pero con elementos tan medievales como los llamativos contrafuertes y arbotantes que la sostienen y pináculos clásicos. Los vanos, en cambio, no son ojivales sino de medio punto. El interior presenta cinco naves de diferentes alturas, con bóvedas de crucería y un transepto cubierto por una cúpula asentada sobre tambor y coronada por linterna. La torre del campanario, de planta cuadrada, es exenta, aprovechándose un minarete de la mezquita; contrasta en esbeltez con el aspecto pesado del templo y posee en el cuerpo superior algo muy original llamado la Matraca, una especie de caja-campana que se mueve con asas.

A la Catedral del Salvador se la conoce también por la Colegial porque era tal por bula del papa Clemente IX; hasta un año tan reciente como 1980 no llegó otra bula, esta vez de Juan Pablo II, elevándola a sede episcopal y, por tanto a la dignidad catedralicia. Y puestos a citar curiosidades anecdóticas, cabe decir que las primeras uvas de la cosecha, destinadas a elaborar el preciado vino local, se prensan en las gradas del altar. Un altar, por cierto, donde destaca la talla del Cristo de la Viga (siglo XV), tesoro artístico al que acompañan varios lienzos de Zurbarán y Murillo así como una enorme custodia procesional de plata de 1951.

El British Museum

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Viajar a Londres y no visitar el British Museum es como ir a París y obviar el Louvre. El Museo Británico es el más antiguo del mundo, fundado en 1753 a partir de la colección personal del físico sir Hans Sloane quien, a punto de fallecer, la ofreció al Gobierno por 20.000 libras: libros, monedas, minerales, plantas, piezas arqueológicas… Una lotería popular sirvió para recaudar fondos con los que comprar Montague House y así hubo una sede para exponer todo aquel material, que pronto empezó a crecer al paso del Imperio.

Lógicamente, la mansión se quedó pequeña en poco tiempo y hubo que demolerla para construir un lugar más adecuado en tamaño y monumentalidad. Robert Smirke se encargó de las obras en 1823 y las terminó en 1850 en el estilo neoclásico típico del momento. Así, en Great Rusell Street, el British presenta una inconfundible fachada con aspecto de templo antiguo, a saber, frontón a dos aguas, columnas jónicas, escalinata de acceso… Sí se conservó, aunque integrado dentro del nuevo edificio, el patio Great Court, que a finales del año 2000 fue reformado por Norman Foster dotándolo de una cubierta de vidrio y acero que cubre también el bloque circular de la preciosa biblioteca formando el Gran Atrio de Isabel II. Era la segunda vez que la British Library -o mejor su sala de lectura porque el resto ya tiene su propia sede- en la que estudiaron Marx, Shaw, Dickens, Lenin, Freud, Gandhi, Wells, Kipling, Wilde o Carlyle, se sometía a cambios; la primera fue en 1852, cuando se le añadió su bella bóveda.

En el resto de los 26.000 metros cuadrados se exponen por rotación cerca de 4 millones de piezas a las que hay que sumar las periódicas nuevas adquisiciones y las muestras temporales. Verlo todo de una vez resulta casi imposible (por eso seguramente harán falta varios vuelos baratos a Londres), igual que enumerarlo, así que aquí sólo se puede hacer un esbozo de lo básico. Es fundamental la sección de Egipto, con la gigantesca estatua de granito de Ramsés II, las más de 60 momias de personas y animales y, sobre todo, la Piedra Rosetta, una estela con inscripciones en griego, demótico y jeroglífico que permitió al francés Champollion traducir esta última escritura. Del arte Mesopotámico impresionan dos enormes toros alados procedentes de un palacio de Irak, así como los tesoros sumerios (Oxus), fenicios y anatolios. De Asia hay una colección de porcelanas, especialmente valiosas las de la dinastía Ming (siglo XV a. C) y el Buda de piedra de Amitabha. Y de Europa destacan el bimilenario Hombre de Lindow, encontrado en una turbera de Cheshire, el tesoro de una nave funeraria de Sutton, los Evangelios medievales de Lindisfarne y, por supuesto, los polémicos mármoles del Partenón ateniense que lord Elgin se llevó en 1816 y que el Gobierno griego reclama insistentemente.

Esto es sólo una brevísima síntesis de las maravillas que esperan a cualquiera de los 7 millones de visitantes que suelen pasar por el British Museum cada año.

Iglesia de San Fructuoso (Santiago de Compostela)

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Santiago de Compostela se vuelve inacabable si se pretende conocer todas las iglesias que hay en la ciudad. La de San Fructuoso también es conocida como de las Angustias de Abajo o de la Real Angustia pero prevalece el nombre del obispo de Tarraco que fue martirizado en el año 259, durante las persecuciones decretadas por Valeriano y Galieno.

El templo está situado en la rúa da Trinidade, muy próximo a la plaza del Obradoiro, la cual se halla en un plano más elevado por lo que ofrece las mejores vistas de ese templo -especialmente desde la lonja del Hospital Real-. También por ello la decoración del edificio predomina especialmente en la mitad superior, descollando el escudo central de España sobre el que discurre una cornisa con estatuas de las cuatro Virtudes (Prudencia, Templanza, Fortaleza y Justicia), identificadas popularmente con los palos de la baraja. Encima, un campanario adornado con pináculos y volutas y detrás una cúpula de media naranja. En la parte baja presenta una puerta adintelada con la Virgen de la Piedad en hornacina flanqueada por relieves que representan a las almas del Purgatorio. Todo esto en una fachada ligeramente curvada para adaptarse a esa peculiar posición en un plano más bajo.

El arquitecto fue Lucas Ferro Caaveiro, quien dirigió los trabajos de construcción entre 1754 y 1765 dotando al conjunto del estilo churrigueresco típico de la España del momento, tan abundante en Santiago que conforma lo que se llama barroco compostelano. En el interior, de planta central, son interesantes el retablo mayor, obra de Luis Lorenzana en 1769, y la Piedad neoclásica que hay en el altar, cuya autoría corresponde a Antón Fernández o Vello.

Al entrar en San Fructuoso conviene consultar los horarios, pues se trata de una iglesia en la que se celebra culto religioso. Antes habrá que reservar alguno de los vuelos baratos a Santiago de Compostela, de los que hay bastantes ofertas al estar en Año Jacobeo.

Foto: picasaweb.com

Los Inválidos de París

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Una de esas visitas obligadas que hay que hacer cuando se reservan vuelos baratos a París es la de Los Inválidos. Y es que, aparte de la monumentalidad del propio edificio, su iglesia y sus museos, no se puede pasar por la capital de Francia sin ver la tumba de quien fue el amo de Europa entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, Napoleón Bonaparte.

La historia del Hôtel des Invalides, sin embargo, empezó mucho antes. Fue a iniciativa del monarca Luis XIV, que encargó al arquitecto Libéral Bruant una residencia para militares retirados que estuvieran heridos y/o no tuvieran hogar. Las obras comenzaron en 1670 bajo la dirección de Jules Hardouin-Mansart y concluyeron en 1674, dando alojamiento inmediatamente a 4.000 veteranos que empleaban su tiempo de ocio en fabricar zapatos, uniformes y correajes. Los heridos y lisiados fueron albergados en el hospital que, tras la Segunda Guerra Mundial, recuperaría esa función. El edificio presenta una larga fachada de 196 metros de longitud decorada en su parte superior con estatuas, tras la cual parece brotar la imponente cúpula barroca revestida con láminas de plomo dorado y que nunca pierde su brillo porque se renueva cada 50 años.

Esta cúpula corresponde a la iglesia, que no se terminó hasta 1706 porque al Rey Sol no le gustó el diseño inicial: no quería asistir a los oficios religiosos mezclado con la plebe, así que Hardouin-Marsant optó por dividir el espacio interior en dos iglesias aunque arquitectónicamente aparenten una sola: la del Dome, destinada a la familia real, y la de Saint Louis, para los soldados. La primera estaba concebida también como panteón de reyes, aunque ninguno llegó a ser enterrado allí. Sí lo fue, en cambio, Napoleón, cuyos restos fueron traídos en 1840 desde la isla de Santa Helena por orden de Luis Felipe de Orleans respetando así el deseo del Emperador de descansar junto al Sena. Las cenizas están metidas en 6 ataúdes encajados uno de otro con una tumba exterior de porfirio rojo importado de Rusia y realizada por Joachim Visconti. Se halla colocada en el centro de una cripta circular en las que las paredes se adornan con las hazañas militares del difunto. En el segundo piso, desde el que se ve la mejor perspectiva del mausoleo, están enterrados sus hermanos José y Jerome; en 1940 Hitler entregó también los restos de su hijo al Gobierno de Vichy. Los sepulcros se completan con los de los mariscales Lyautey, Foch y Leclerc.

Los alojamientos de los soldados son hoy las salas de los museos militares de París: Musée de l’Armée (del Ejército, desde la Prehistoria hasta la Segunda Guerra Mundial), Museo de la Orden de la Liberación (fundada para rendir honores a los héroes de ese conflicto), Museo de Planos y Relieves (cartografía y maquetas) y Memorial Charles de Gaulle (en el ala nueva, donde hay una exposición sobre esa misma guerra). Además hay que destacar los jardines diseñados por De Cotte en 1704, con largas filas de cañones de bronce, y el patio de honor, que aún se usa para paradas militares y donde resalta la estatua de Bonaparte.

Museo Militar de Canarias, Tenerife

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Reservar vuelos baratos a Tenerife para disfrutar de sus playas y clima es una obviedad pero la capital, Santa Cruz, también ofrece visitas de interés desde el punto de vista cultural. Una de ellas es el Museo Militar de Canarias, también sede del Archivo Intermedio y la Biblioteca militares. Algunas de las piezas que forman parte de sus fondos poseen un gran valor al formar parte de la historia de las islas en general y de la ciudad en particular, siendo, en algunos casos, protagonistas de ella.

El museo se ubica en el cuartel de Almeyda (c/San Isidro), un fortín erigido en la llamada Cuesta de los melones, en el barrio del Toscal, lugar estratégico donde ya desde el siglo XVII se habían colocado baterías costeras. Es un edificio trapezoidal que se empezó a construir en 1854 por el sistema Vauban, siguiendo el diseño del coronel de ingenieros Clavijo y Pío. Sin embargo no se terminó hasta 1884, cuando los avances de la industria bélica lo dejaban obsoleto, por lo que se destinó a acuartelamiento. En 1988 se inauguró el museo distribuido en dos salas semicirculares superpuestas más una plaza de armas porticada y el jardín.

En la primera planta están las secciones de Banderas, Incorporación a la Corona de Castilla, Capitanes Generales, Hechos del 27 de julio de 1797, Artistas militares canarios, Militares canarios ilustres, Armamamento ligero y Ultramar. En la segunda, Armamento pesado, Aparatos de medición y calibración, Material de transmisiones, Cartografía, Arte y ciencia de navegación, Maquetas y dioramas, y Ejército del Aire. En el patio hay cañones del siglo XX y en los exteriores, cañones y morteros pesados, tanques, vehículos y radares.

Las joyas del lugar son: el Hércules, un gigantesco cañón traido de Flandes y que estuvo en servicio tres siglos; las banderas británicas restauradas, capturadas en el intento de invasión de 1797, una correspondiente a la fragata Emerald y otra que había de ser la que se izara en la plaza de la ciudad si el ataque hubiera tenido éxito; y el cañón Tigre, a cuyo disparo se atribuye haber arrancado el brazo derecho del almirante Nelson durante su fallido asalto a Tenerife (actualmente está cedido temporalmente al municipio, que lo ha situado en su presunto emplazamiento original, en las ruinas del castillo de San Cristóbal en la Plaza de España).

Es probable que el museo termine albergando también la estatua de Franco, obra de Juan de Ávalos realizada en 1966. En cualquier caso es una visita muy interesante y encima de entrada gratis. Abre de martes a sábados entre las 10:00 y las 14:00.

Foto: rinconcitocanario.com

El Palacio Barolo de Buenos Aires

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Quien haya decidido reservar alguno de los vuelos baratos a Buenos Aires en este año, Bicentenario de su Independencia, no debe dejar pasar la ocasión de acercarse hasta el Palacio Barolo, ubicado en la Avenida de Mayo 1370 con Hipólito Irigoyen. No sólo porque es un edificio construido para celebrar los primeros cien años del evento sino porque se trata de un lugar arcano, casi esotérico, lleno de metáforas y alusiones a la obra maestra de Dante Allighieri, La Divina Comedia.

El promotor fue Luigi Barolo, un dinámico empresario de origen italiano introductor del cultivo de algodón en el Chaco y que llevó a Argentina las primeras máquinas hiladoras. Ante la inminencia del estallido de una guerra europea Barolo contrató a un arquitecto compatriota, Mario Palanti, con la finalidad de construir un edificio que sirviera de mausoleo para salvar los restos mortales del poeta renacentista, del que ambos eran devotos admiradores. Al final dichos restos no se movieron de su sepulcro de Rávena pero las obras, iniciadas en 1919, concluyeron en 1923, destinándose el complejo a viviendas.

Palanti utilizó hormigón armado por primera vez para erigir 16.630 metros cuadrados con planta de sección áurea en lo que fue el edificio más alto de América del sur durante más de una década. Y, en efecto, la Divina Comedia está omnipresente: su altura de 100 metros (necesitó una licencia municipal especial) equivale al centenar de cantos del poema y tiene 22 pisos, pues tal es el número de estrofas de los versos. Las nueve bóvedas de acceso, decoradas con inscripciones en latín, equivalen a los nueve pasos de iniciación y a las nueve jerarquías del Infierno descritas por Dante, siendo las primeras 14 plantas el Purgatorio y los niveles más altos el Cielo.

La cúspide, que representa a Dios, está decorada en un estilo indio similar al del templo Rajarani Bhubaneshvar y tiene un faro giratorio de 300.000 bombillas que publicaba noticias antes de que se generalizara la radio y que hoy se utiliza para alumbrar en ocasiones especiales, el Bicentenario, por ejemplo, hasta el 25 de mayo de 2011. Su luz puede verse desde Uruguay y, de hecho, Palanti hizo un edificio gemelo en Montevideo, el Palacio Salvo, que es un poco más alto, cuyo haz luminoso debía cruzarse con el de Buenos Aires.

La leyenda del Palacio Barolo queda aún más subrayada con algunos datos misteriosos: nunca se encontraron los planos originales y a última hora de la tarde del primero de junio la Cruz del Sur se alinea con el eje del edificio. Todo ello, unido a su declaración como Monumento Histórico Artístico en 1997, sirve para contrarrestar algo mucho más prosaico: actualmente se usa como sede de oficinas… Aunque hasta en esto tuvo su punto: en la planta baja -el Infierno, recordemos- se instaló el servicio secreto argentino.

Foto: commons.wikimedia

Museo de Música George Enescu (Bucarest)

Uno de los edificios más representativos de Bucarest es el Palacio Cantacuzino, sede del Museo de Música George Enescu. Es una visita que no suele faltar en ningún tour, no sólo porque está erigido en honor de una de las glorias nacionales sino por la propia belleza del lugar. Hay que apuntarlo cuando se proyecte un viaje a la capital rumana y se busquen vuelos económicos.

El palacio fue construido en 1900 por el arquitecto I.D. Berindel para George Grigore Cantacuzino, alias el Nabob, que fue primer ministro del país por el Partido Conservador. Lo heredó luego su hijo Mihail pero murió pronto y en 1937 la viuda de éste, Maruca, volvió a casarse: lo hizo con uno de los grandes personajes del arte rumano, el músico George Enescu, compositor, director de orquesta, pianista, violinista y profesor de uno de los virtuosos actuales, Yehudi Menuhin. Enescu y Maruca, sin embargo, no vivieron en el palacio sino en una casa adjunta originalmente dedicada a funciones administrativas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Rumanía quedó en la órbita del comunismo y Enescu emigró a Francia. Su cuerpo aún sigue allí, enterrado en el cementerio de Père Lachaise, pero su espíritu se conserva en su país de origen gracias a que en 1955 la Asociación de Compositores recibió el Palacio Cantacuzino como sede y, al año siguiente, fundaron un museo de música; lógicamente, lo bautizaron con el nombre de su mejor representante y, de hecho, en las salas pueden encontrarse muchos objetos personales de Enescu: partituras, fotos, cartas, premios (entre ellos la Legión de Honor francesa) y una colección de obras de Bach que le regaló en su día la reina Elisabeta.

El propio edificio es precioso. Mezcla de estilos barroco, rococó y neoclásico, lo más curioso es la entrada de la fachada principal, donde dos leones de piedra flanquean una escalinata que da paso a una puerta con marquesina de hierro forjado y cristal estilo art nouveau. Está en la calle Victoriei y abre de martes a domingo hasta las 17:00, siendo una de las visitas recomendables al reservar los citados vuelos baratos a Bucarest.

La Sagrada Familia

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¿Cómo resumir en tres o cuatro párrafos una obra que lleva más de un siglo construyéndose? El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es, incluso a medio hacer, el emblema por excelencia de Barcelona desde hace muchos años. Las masas de turistas que arriban a la ciudad en los múltiples vuelos baratos incluyen siempre y probablemente sin excepción su visita, aunque tengan que aguantar horas de cola para subir a sus torres o las grúas y andamios afeen las fotos.

Todo empezó en 1883. Al arquitecto barcelonés Antonio Gaudí se le encargó terminar la construcción de una iglesia neogótica y él cambió completamente el diseño, adaptándolo a su peculiar y ya popular estilo modernista. El Templo se convirtió en su obra maestra, su legado a la ciudad, tras dedicarle cuarenta años de vida, los últimos doce en exclusiva; incluso vivía en él y a su muerte (1926), lógicamente, fue enterrado en la cripta neogótica, que por cierto no llevaba su firma sino la de Francesc de Paula Villar i Lozano (actualmente es un museo dedicado a ilustrar la historia de la construcción del edificio y los bocetos de ambos).

Hasta el momento de la defunción apenas se había erigido la fachada de la Natividad, una torre y el ábside, aparte de la mencionada cripta. La primera, concluida en 1906 tiene portadas que simbolizan las Virtudes Teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y está decorada con escenas de la infancia de Jesús. Respecto a las torres, deberá tener doce -por los Apóstoles-, cuatro por cada fachada (la Natividad, la Gloria, la Pasión) más una central mucho más alta y rodeada de cuatro agujas más. Todas se hallan recubiertas de mosaicos venecianos, relieves y molduras, pudiéndose subir hasta lo alto gracias a las escaleras de caracol interiores, cada una de cuatrocientos peldaños -y algunas con ascensor-.

El caso es que era difícil avanzar más deprisa porque Gaudí no realizó planos definitivos. Él concebía aquel trabajo como si estuviera en la Edad Media, algo que podía ocupar a varias generaciones, por lo que improvisaba continuamente. Y, en efecto, las obras se prolongan a lo largo de las décadas, sufragadas por suscripciones populares, donaciones y las entradas a los visitantes. Los continuadores de la labor gaudiniana se enfrentan al problema de interpretar las ideas del maestro a partir de simples bocetos, a menudo muy esquemáticos, por eso a veces hay críticas a los resultados. Es lo que ocurrió con Josep María Subirats y su fachada de la Pasión, terminada en los años ochenta y acceso de entrada actual muy cuestionado por el tipo de esculturas con que la adornó.

Cuando algún día la Sagrada Familia sea una iglesia concluida tendrá planta de cruz latina, con fachada principal en la fachada sur (de la Gloria) a través de un bosque de pilares y dos más (ya hechas) en cada brazo más el ábside. Un deambulatorio recorrerá todo el perímetro exterior haciendo las veces de claustro y el conjunto se acercará bastante a ese “sermón de piedra” al que aludía su creador. Entonces se multiplicarán, con toda seguridad, los vuelos baratos a Barcelona para contemplarlo.