Hubo un tiempo en que Waldorf-Astoria era sinónimo de lujo, prestigio y grandeza. Estrellas del cine y de la política mundial se alojaban en sus habitaciones hasta que el turismo y los viajes se generalizaron dando lugar a establecimientos tanto a más distinguidos. Sin embargo el hotel más famoso de Nueva York, que aparece en varias películas, mantiene un carácter especial como atracción turística por su estilo y su historia, algo de lo que, de momento, carecen los demás. Los vuelos económicos ponen al alcance de todos, si no la estancia al menos una visita.
Su historia es curiosa. En 1893 la Quinta Avenida estaba jalonada por dos hoteles, el Waldorf y The Astor, fundados por sendos primos que les daban sus respectivos apellidos. Separados por una calle a la que se conocía popularmente como del Pavo Real por los rimbombantes clientes que los frecuentaban, como aquel embajador iraní al que se amenazó con expulsarle por sacrificar una oveja en el balcón, en 1929 fueron vendidos para dejar hueco al Empire State Building. Entretanto Waldorf y Astor se unieron para construir un nuevo hotel conjunto en Park Avenue, entre la 49ª y la 50ª, que se terminó en 1931. Fue el primero que se contruyó en estilo art decó, obra de los arquitectos Schultze y Weaver, que lo dotaron de 1.245 habitaciones y 197 suites distribuidas entre 47 pisos, con una altura total de 191 metros. Algunos lo llamaban the hyphen, el guión, por el signo ortográfico que separaba ambos apellidos.
Por el Waldorf-Astoria pasaron destacadas personalidades como el director del FBI Herbert Hoover o los duques de Windsor; héroes nacionales como el general MacArthur, los astronautas del Apolo 11 o los rehenes liberados por Jomeini; famosos gángsters como Bugsy Siegel, Lucky Luciano y Frank Costello; artistas con Marilyn Monroe a la cabeza, etc. Suele recordárseles a través de placas en las paredes.
Las célebres Torres Waldorf que coronan el edificio, y donde Cole Porter tenía dependencias privadas, albergan la residencia oficial del representante de la ONU mientras en el lado contrario, en la parte baja, hay un acceso al Metro con su propio andén: el atleta Jesse Owens lo conoció muy a su pesar, pues no se le permitió entrar por la puerta principal. Y, sin embargo, este hotel fue el primero en admitir mujeres solas.
A principios de los años cincuenta lo compró la cadena Hilton, que sigue explotando turísticamente su bello vestíbulo con reloj de péndulo, que es lo más característico del establecimiento junto con la ensalada de manzana y nuez creada por uno de sus chefs. No obstante, pese a la masiva presencia de turistas, el hotel mantiene la exigencia de estrictas normas de vestuario en determinadas zonas, proscribiendo las camisetas sin mangas, los vaqueros raídos y las gorras extravagantes. Por lo demás reservar vuelos baratos a Nueva York bien puede incluir acercarse a verlo, dado que se halla en el corazón de Manhattan, rodeado por el edificio Chrysler y el Empire State, y cerca de Times Square, el MoMa, el Rockefeller Center y la Estatua de la Libertad.
Foto: bluedandelio.net
