Aprovechando los vuelos baratos a Jerez y acercándose hasta una de sus plazas más populares, la de la Alameda Vieja, se encuentra el corazón histórico de la ciudad que remite a la Edad Media. Al fin y al cabo esa amplia explanada se construyó en el siglo XIX rellenando el desnivel exterior de la muralla levantada por los almohades ochocientos años antes.
Los almohades, expertos guerreros, eran también magníficos arquitectos militares y fortificaron aquella ciudad llamada Sheresh con un muro de piedra y ladrillo de 10 metros de altura y 2,5 de ancho dotado de foso, barbacana, alcázar y unas construcciones insólitas en la época, las torres albarranas, que eran exentas y se colocaban en los ángulos del perímetro (de 4.000 metros ) uniéndose a la muralla principal mediante pequeñas cercas llamadas corachas. La Torre del Oro sevillana es el mejor ejemplo pero en Jerez también las hay, aunque a menor escala. Una de ellas, que estaba en la esquina de la calle Ponce con Porvera, tenía su leyenda: un grupo de caballeros templarios logró tomarla por sorpresa originando el nombre de albarran (=soltero, porque eran monjes); en el siglo XIX se encontraron numerosos esqueletos en una extraña postura, con las manos en la mejillas, para la que no hay explicación aún.
La forma del recinto amurallado era más o menos cuadrada (46 hectáreas) y en cada uno de los cuatro lados se abría una puerta monumental: la de la Rota, la de Sevilla (que tenía tres torres) y las de Santiago y el Real (cinco). Discurría por la actual plaza del Arenal (en cuyo suelo se marca con diferentes colores de baldosa), las calles Lancería, Larga, Porvera, Ancha, Santiago y del Muro, las puertas de Rota y Arroyo y el alcázar, conservándose íntegramente hasta el siglo XVI porque las leyes de entonces obligaban a mantener las defensas urbanas. Luego se empezaron a construir edificios adosados contra los que no actuó la justicia porque ayudaban a sostener los muros. Cuando la ciudad empezó a expandirse cambió su fisionomía y fueron desapareciendo muralla y puertas.
Hoy quedan lienzos aquí y allá, algunos mejor conservados que otros pese a que se declaró Monumento Histórico Artístico en 1931. Una operación de restauración a finales de los noventa ha permitido lavarle la cara y recuperar cierto esplendor en ciertos puntos. Uno puede ser la Puerta del Arroyo, erigida por Felipe II en 1584 como dice una placa del intradós. Lamentablemente, otras habían sido demolidas, como la de la Rota, la Merced, la del Postigo del Algarve o la de Santiago.
Recorrer el callejero jerezano siguiendo el rastro de las fortificaciones medievales es una de las rutas urbanas clásicas para el turismo. Antes hay que reservar billetes de avión baratos para llegar hasta allí, claro.
