Archivos mensuales: agosto 2010

Plaza de toros de la Real Maestranza

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Para los aficionados taurinos coger vuelos baratos a Sevilla implica casi seguro una visita a la plaza de toros, para muchos el templo sagrado de la tauromaquia por su importancia y su belleza. Lleva el nombre de la Real Maestranza, una corporación nobiliaria local de carácter benéfico y social dedicada a fomentar el arte ecuestre, la tauromaquia y el mecenazgo de cultura y arte.

En 1730 el rey Felipe V concedió el privilegio de celebrar corridas de toros y la real Maestranza construyó una plaza en el barrio del Arenal. Entonces el espectáculo taurino tenía características diferentes a las actuales: no existía una reglamentación tan estricta, los cosos se solían dividir en dos para celebrar eventos simultáneos distintos, cualquier plaza urbana se acondicionaba para la corrida, etc. Por eso la primera plaza sevillana fue rectangular y de madera, aunque tres años después se cambió la forma por otra circular, más segura. En 1749 se le empezaron a adosar diversas dependencias que le confirieron el aspecto amorfo que aún presenta hoy en día: allí había cuadras, corrales, la sede de la real Maestranza, su capilla, la de los toreros, un desolladero, caballerizas, almacenes…

Fue en el año 1761 cuando se decidió acometer la construcción de un edificio de piedra aprovechando el mismo solar. Siguiendo diseños de Francisco Sánchez de Aragón y Vicente San Martín las obras avanzaron por ochavas (de cuatro en cuatro arcos) hasta concluir los 116 balcones asimétricos que presenta ahora, aunque en realidad los trabajos terminarían bastante más tarde, en 1880. Antes, en 1765, se erigió la fachada que da al Paseo de Colón y donde está la Puerta del Príncipe, de Pedro Roldán, que se trajo desde la capilla de los Caballeros Maestrantes del desaparecido convento de Regina Angelorum, al igual que el retablo que puede verse en la capilla de la Real Maestranza. Ésta es la salida para los diestros triunfantes. Justo encima se halla el Palco del Príncipe, destinado exclusivamente a la Familia Real: cubierto con una bóveda de media naranja sostenida por cuatro arcos y rematada por un grupo escultórico del portugués Cayetano de Acosta.

Bajo el graderío, a la altura de los tendidos 10 y 12, se inauguró en 1989 un Museo Taurino estructurado en cuatro salas. La primera exhibe los fondos más antiguos del siglo XVIII, como un cartel de seda de 1740, dibujos de juegos caballerescos y uniformes de timbaleros, lanceros y desjarretadores. La segunda corresponde al siglo XIX y está formada básicamente por pinturas de tema taurino. La tercera entra en el siglo XX y la época gloriosa de Belmonte y Joselito el Gallo, con cuadros y bronces. La cuarta es la de las piezas más modernas, entre ellas cabezas de toros, trajes de luces, pinturas, etc.

La plaza de toros de Sevilla abre todo el año excepto en Viernes Santo y Navidad. La entrada, que incluye un recorrido guiado por el museo y las gradas -las originales, de ladrillo y sin respaldo-, cuesta 6 euros (4 en tarifa reducida y 2,50 para niños). Dinero y tiempo bien invertidos aún cuando no se sea aficionado. Antes hay que reservar algún vuelo.

El neoyorquino Hotel Waldorf-Astoria

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Hubo un tiempo en que Waldorf-Astoria era sinónimo de lujo, prestigio y grandeza. Estrellas del cine y de la política mundial se alojaban en sus habitaciones hasta que el turismo y los viajes se generalizaron dando lugar a establecimientos tanto a más distinguidos. Sin embargo el hotel más famoso de Nueva York, que aparece en varias películas, mantiene un carácter especial como atracción turística por su estilo y su historia, algo de lo que, de momento, carecen los demás. Los vuelos económicos ponen al alcance de todos, si no la estancia al menos una visita.

Su historia es curiosa. En 1893 la Quinta Avenida estaba jalonada por dos hoteles, el Waldorf y The Astor, fundados por sendos primos que les daban sus respectivos apellidos. Separados por una calle a la que se conocía popularmente como del Pavo Real por los rimbombantes clientes que los frecuentaban, como aquel embajador iraní al que se amenazó con expulsarle por sacrificar una oveja en el balcón, en 1929 fueron vendidos para dejar hueco al Empire State Building. Entretanto Waldorf y Astor se unieron para construir un nuevo hotel conjunto en Park Avenue, entre la 49ª y la 50ª, que se terminó en 1931. Fue el primero que se contruyó en estilo art decó, obra de los arquitectos Schultze y Weaver, que lo dotaron de 1.245 habitaciones y 197 suites distribuidas entre 47 pisos, con una altura total de 191 metros. Algunos lo llamaban the hyphen, el guión, por el signo ortográfico que separaba ambos apellidos.

Por el Waldorf-Astoria pasaron destacadas personalidades como el director del FBI Herbert Hoover o los duques de Windsor; héroes nacionales como el general MacArthur, los astronautas del Apolo 11 o los rehenes liberados por Jomeini; famosos gángsters como Bugsy Siegel, Lucky Luciano y Frank Costello; artistas con Marilyn Monroe a la cabeza, etc. Suele recordárseles a través de placas en las paredes.

Las célebres Torres Waldorf que coronan el edificio, y donde Cole Porter tenía dependencias privadas, albergan la residencia oficial del representante de la ONU mientras en el lado contrario, en la parte baja, hay un acceso al Metro con su propio andén: el atleta Jesse Owens lo conoció muy a su pesar, pues no se le permitió entrar por la puerta principal. Y, sin embargo, este hotel fue el primero en admitir mujeres solas.

A principios de los años cincuenta lo compró la cadena Hilton, que sigue explotando turísticamente su bello vestíbulo con reloj de péndulo, que es lo más característico del establecimiento junto con la ensalada de manzana y nuez creada por uno de sus chefs. No obstante, pese a la masiva presencia de turistas, el hotel mantiene la exigencia de estrictas normas de vestuario en determinadas zonas, proscribiendo las camisetas sin mangas, los vaqueros raídos y las gorras extravagantes. Por lo demás reservar vuelos baratos a Nueva York bien puede incluir acercarse a verlo, dado que se halla en el corazón de Manhattan, rodeado por el edificio Chrysler y el Empire State, y cerca de Times Square, el MoMa, el Rockefeller Center y la Estatua de la Libertad.

Foto: bluedandelio.net

Museo Naval de Madrid

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Puede sonar extraña la idea de un museo naval en una ciudad que no solo carece de mar sino que está a cientos de kilómetros de la costa, pero son gajes de tener la capital en el centro del país. Y, de todas formas, quienes reservan vuelos baratos a Madrid y visitan el Museo Naval no salen decepcionados en absoluto; imposible, con la historia y tradición marineras de España.

En 1792 el secretario de Marina de Carlos IV, Antonio Valdés y Fernández de Bazán -imposible encontrar un apellido más ligado al mar-, decretó la creación de una biblioteca general de ciencias naturales “necesarias para la completa instrucción del Cuerpo de la Armada”. Así se comenzó una labor de acopio de libros, mapas e instrumentos por las naciones punteras de Europa, Gran Bretaña y Francia, además de copiarse toda la documentación sobre el tema encontrada en los archivos españoles. El material recopilado se almacenó en depósitos del Real Instituto y Observatorio de la Armada y allí quedó durante medio siglo porque un cambio en la titularidad del ministerio y los avatares históricos impidieron seguir adelante con el proyecto.

La idea fue recuperada en 1842, ya estabilizada la nación tras las guerras vividas, pero sustituyendo la biblioteca, que ya estaba en el Departamento Hidrográfico, por un museo que la reina Isabel II inauguró al año siguiente en el Palacio de los Consejeros (calle Mayor). Como la colección creció notablemente en dos años hubo que buscar otra sede: primero la Casa de Platero y luego el Palacio de los Ministros, donde quedó de 1853 a 1932. Ese año pasó a su ubicación definitiva en el Ministerio de Marina, hoy Cuartel General de la Armada (Paseo del Prado 5).

Los últimos directores que ha tenido, almirantes, lo han organizado cronológicamente desde el siglo XV a nuestros días a través de casi una veintena de salas, de las que al público general interesarán especialmente las dedicadas a los descubrimientos, Trafalgar, Cuba y Filipinas y Guerra Civil. Mención aparte merecen los espacios estrella del museo: las reproducciones de una cámara de oficiales (Sala del Real Patronato) y el camarote de un comandante, ambos recreados de una fragata decimonónica.

No obstante, la colección, conseguida con aportaciones de la Casa Real, la Secretaría de Marina, la Compañía de Guardias Marinas y otras muchas instituciones de la península y las colonias, tiene piezas suficientes en cantidad y calidad para satisfacer a cualquiera: maquetas de barcos antiguos y modernos (Santísima Trinidad, acorazado España), dioramas de batallas y fortificaciones (Cavite), armas blancas y de fuego (sables, cañones, carronadas, pistolas de arzón, torpedos), instrumentos náuticos y científicos (bitácoras, esferas armilares, sextantes, telescopios), monedas desde época romana, condecoraciones, láminas y pinturas (Vicente López, Muñoz Degraín, Rafael Monleón), uniformes, banderas…

De todo ello cabe destacar piezas históricas como el primer mapa de América (obra de Juan de la Cosa), una cartera utilizada por el marqués de la Ensenada, la espada del marino Churruca, el montante de don Juan de Austria, los restos de la nao San Diego, la bandera del navío San Juan Nepomuceno (combatiente en Trafalgar) e incluso la mesa sobre la que Murat firmó el decreto de represión de Madrid el 2 de mayo de 1808.

Puede ser una agradable visita sorpresa al paso por la ciudad, más al alcance que nunca gracias a los vuelos baratos. Y la entrada es gratis.

La catedral de San Pablo, en Londres

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Tomar vuelos baratos a Londres implica necesariamente hacer una visita a la Catedral de San Pablo. Que cada cual elija su razón: subir a la segunda cúpula del mundo por tamaño, rendir respeto a los famoso personajes de la Historia que yacen en su cripta, pisar el mismo suelo que Carlos y Diana el día de su boda, admirar el único templo catedralicio diseñado y construido por un solo arquitecto, o todo a la vez y más.

El concepto de suelo sagrado cobra en Saint Paul una acepción especial porque allí se levantaron sucesivamente diversas edificaciones destinadas al culto. Algunas eran paganas, como el dolmen primigenio y el posterior templo de Diana; otras del paleocristianismo, como la iglesia de madera -la primera de Inglaterra- erigida por San Mellitus en el año 604. Luego llegó el Old St. Paul, la descomunal catedral gótica del normando Guillermo II, que cayó en decadencia a partir de 1534, convertida en simple mercado por el Acta de Supremacía de Enrique VIII. El arquitecto Iñigo Jones la restauró por orden de Carlos I aportando la actual fachada clasicista en 1633 pero Cromwell ejecutó al rey y transformó el templo en un cuartel. El Gran Incendio de Londres en 1666 le dio la puntilla.

Fue entonces cuando Christopher Wren recibió el encargo de rehacerla. El proyecto inicial de 1672, cuya maqueta puede verse en la cripta actual, fue rechazado por considerarse demasiado grande y caro. Teniendo en cuenta el resultado final, ya de por sí espectacular, cabe imaginarse cómo hubiera sido. De hecho tardó 35 años en quedar concluida, si es que se puede considerar así, pues en 1707 Wren todavía le añadió unas torres no previstas inicialmente para poder instalar relojes. Incluso en tiempos modernos se siguen incorporando elementos decorativos, como la escultura Madre e hijo del artista Henry Moore.

La planta es de cruz latina, con tres naves atravesadas por un crucero donde está el altar. Sobre él se alza la majestuosa cúpula de 110 metros de alto por 30 de diámetro. Una escalera de 530 peldaños lleva hasta la Whispering Gallery, galería de los susurros, cuya acústica permite oir hablar en voz baja desde el otro lado. Encima, por el exterior, está la Galería de Piedra, abierta a una excelente panorámica de Londres. Y más arriba aún la Galería Dorada, coronada por una linterna de 850 toneladas de peso. La parte interior de la cúpula está pintada con frescos sobre la vida de San Pablo, decoración que se completa con la sillería y enrejado del coro y el trabajo labrado del órgano, que en su día tocaron Häendel y Mendelssohn.

Uno de los espacios que merecen atención especial es la cripta. En ella yacen ilustres personajes como el almirante Nelson, el duque de Wellington, Lawrence de Arabia, el doctor Fleming, la enfermera Florence Nightingale, el pintor William Turner, el poeta William Blake y el propio autor del entorno, Christopher Wren, cuyo epitafio dice acertadamente: “Lector, si buscas mi monumento sólo has de mirar a tu alrededor”.

La catedral de San Pablo sobrevivió a los bombardeos alemanes con pocos daños, lo que engrandeció su leyenda; una leyenda que engrosó la reina Victoria celebrando su jubileo tras sus muros, igual que su biznieta Isabel II. ¿No es todo lo narrado razón suficiente para acudir al buscador de vuelos?

Tafira, al noroeste de Gran Canaria

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Para mucha gente verano y vuelos baratos a Gran Canaria son sinónimos. La isla hierve de turistas en julio y agosto, principalmente británicos y españoles, mientras que los de otras nacionalidades se reparten el resto del año. Es probable, sin embargo, que muchos de ellos se concentren en las zonas oficialmente turísticas y no conozcan los rincones de la isla, lo cual es una lástima porque se pueden encontrar lugares preciosos que podrían servir como alternativa, siquiera por un día, del monolítico concepto de sol y playa.

Tafira
podría ser uno de ellos. Se trata de un pueblo residencial colgado de las verdes colinas de la zona nororiental, muy cerca de Las Palmas pero más hacia el interior. Se desarrolló urbanísticamente en los años sesenta, cuando las clases altas canarias de la capital y los extranjeros adinerados empezaron a construir chalés y viviendas unifamiliares de diferentes estilos -casas árabes, influencias Bauhaus- pero manteniendo un característico aire colonial.

No obstante el pueblo ya estaba habitado anteriormente, por supuesto, aunque ese ambiente algo elitista ya existía. Prueba de ello son los elegantes hoteles que se construyeron a principios del siglo XX, como el archipopular Los Frailes, un antiguo monasterio rehabilitado por ingleses tras cuyos muros Franco y otros militares planificaron su alzamiento de 1936. Pese a ser sometido a una reforma en los años ochenta, terminó abandonado y ahora parece una mansión fantasmal. Otro punto importante está en Tafira Baja -hay dos barrios Alto y Bajo-: el campus principal de la Universidad de Las Palmas, erigido en 1989 en estilo neoclásico.

Pero quien haga uso de los vuelos baratos y visite Tafira tiene casi la obligación de conocer sus dos grandes atractivos. Uno es el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, fundado en 1952 por el sueco Eric Sventenius pese a llevar el nombre de un ilustre escritor local. Lo constituyen plantas de todo el archipiélago canario, además de Azores, Madeira y Cabo Verde, en hábitats naturales reproducidos en las terrazas de una colina: pinos, palmeras, brezo, cactus… El otro cerca de La Atalaya, es la Caldera de Bandama, el cráter de un pequeño volcán (570 metros de altura y un kilómetro de ancho) cuya cota más alta es un magnífico mirador. Merecerá la pena hablar de él más detalladamente en otra ocasión. De todas formas este paisaje se completa con más estructuras volcánicas como las chimeneas de Jinamar, o con abruptos barrancos. Entre éstos pueden nombrarse Las Goteras y el Barranco de Guayadeque, que conserva cuevas del siglo XV, algunas con luz eléctrica.

El castillo de Sant' Angelo

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Más de un melómano habrá reservado alguno de los vuelos baratos a Roma con la intención de acercarse a ver la almena del Castel Sant’ Angelo desde la que se arrojaba Tosca para suicidarse por el amor de Mario. Es una de las escenas culminantes de la ópera de Puccini pero cuadra bastante bien con la tormentosa historia de este lugar.

Porque, ya para empezar, fue concebido por el emperador Adriano como su futuro mausoleo. De hecho, el puente sobre el Tíber frente al que está emplazado se llamaba antaño pons Aelius, que era el nombre de su hijo adoptivo. Pero aunque lo empezó Adriano en el 135 d. C. fue Antonino Pío quien lo terminó cuatro años más tarde. Y, en efecto, allí se fueron depositando las cenizas de los césares romanos hasta Caracalla, en el 217. Aún se conservan algunas en el segundo piso pero no la rica decoración que se supone debía tener el lugar porque los godos lo saquearon en el año 537. Para entonces hacía más de un siglo que se le había cambiado su función funeraria por un uso militar, integrándolo en la Muralla Aureliana.

Según la leyenda este peculiar castillo cilíndrico recibió su nombre actual del papa Gregorio I el Magno apenas 53 años después del paso de los bárbaros, en el 590, cuando Roma estaba diezmada por una epidemia de peste: en plena procesión navideña el pontífice tuvo una visión del arcángel San Miguel en la que éste, envainando su espada, le anunciaba el fin de la enfermedad. Por eso también el edificio está coronado por una estatua angélica, un bronce de Pierre van Verschaffel de 1753 que sustituyó a otro anterior de mármol, obra de Raffaello da Montelupo y que sigue un boceto de Bernini.

En el Medievo el castillo fue fortaleza y prisión. Tras sus muros fue torturado Giordano Bruno por hereje, al igual que probaron el encarcelamiento el escultor Benvenutto Cellini o el el conde de Cagliostro. Los papas reforzaron aquel lugar como protección ante eventuales peligros y acertaron. Entre 1277 y 1281 Nicolás III ordenó construir el llamado Pasetto, un pasadizo cubierto de 800 metros de longitud que lo une con el Vaticano. Resultó un auténtico salvavidas para Clemente VII en 1527, cuando los lansquenetes (mercenarios alemanes) de Carlos V llevaron a cabo el famoso Sacco de Roma: el pontífice tuvo que refugiarse en el castillo mientras el ejército imperial arrasaba la ciudad, quedando atrapado hasta que se rindió un mes después. Luego, en el siglo XVII, León IV rodeó el complejo con una muralla pentagonal, según los usos militares de entonces.

Actualmente se llama Museo Nazionale del Castel de Sant’ Angelo y la visita describe su historia mostrando tanto los calabozos como las suntuosas habitaciones papales. El salón principal está destinado a armería y tiene otras salas para exposiciones itinerantes. Un paseo para el que bien merece recurrir a los vuelos económicos a la capital italiana

La muralla de Jerez

Aprovechando los vuelos baratos a Jerez y acercándose hasta una de sus plazas más populares, la de la Alameda Vieja, se encuentra el corazón histórico de la ciudad que remite a la Edad Media. Al fin y al cabo esa amplia explanada se construyó en el siglo XIX rellenando el desnivel exterior de la muralla levantada por los almohades ochocientos años antes.

Los almohades, expertos guerreros, eran también magníficos arquitectos militares y fortificaron aquella ciudad llamada Sheresh con un muro de piedra y ladrillo de 10 metros de altura y 2,5 de ancho dotado de foso, barbacana, alcázar y unas construcciones insólitas en la época, las torres albarranas, que eran exentas y se colocaban en los ángulos del perímetro (de 4.000 metros ) uniéndose a la muralla principal mediante pequeñas cercas llamadas corachas. La Torre del Oro sevillana es el mejor ejemplo pero en Jerez también las hay, aunque a menor escala. Una de ellas, que estaba en la esquina de la calle Ponce con Porvera, tenía su leyenda: un grupo de caballeros templarios logró tomarla por sorpresa originando el nombre de albarran (=soltero, porque eran monjes); en el siglo XIX se encontraron numerosos esqueletos en una extraña postura, con las manos en la mejillas, para la que no hay explicación aún.

La forma del recinto amurallado era más o menos cuadrada (46 hectáreas) y en cada uno de los cuatro lados se abría una puerta monumental: la de la Rota, la de Sevilla (que tenía tres torres) y las de Santiago y el Real (cinco). Discurría por la actual plaza del Arenal (en cuyo suelo se marca con diferentes colores de baldosa), las calles Lancería, Larga, Porvera, Ancha, Santiago y del Muro, las puertas de Rota y Arroyo y el alcázar, conservándose íntegramente hasta el siglo XVI porque las leyes de entonces obligaban a mantener las defensas urbanas. Luego se empezaron a construir edificios adosados contra los que no actuó la justicia porque ayudaban a sostener los muros. Cuando la ciudad empezó a expandirse cambió su fisionomía y fueron desapareciendo muralla y puertas.

Hoy quedan lienzos aquí y allá, algunos mejor conservados que otros pese a que se declaró Monumento Histórico Artístico en 1931. Una operación de restauración a finales de los noventa ha permitido lavarle la cara y recuperar cierto esplendor en ciertos puntos. Uno puede ser la Puerta del Arroyo, erigida por Felipe II en 1584 como dice una placa del intradós. Lamentablemente, otras habían sido demolidas, como la de la Rota, la Merced, la del Postigo del Algarve o la de Santiago.

Recorrer el callejero jerezano siguiendo el rastro de las fortificaciones medievales es una de las rutas urbanas clásicas para el turismo. Antes hay que reservar billetes de avión baratos para llegar hasta allí, claro.

De Waag, la Báscula de Amsterdam

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Muchos de los que llegan a Amsterdam a través de los vuelos low cost se asombran de la escasez de edificios monumentales que hay en la ciudad, por eso suelen citar De Waag como el más bonito o recordable. Y lo cierto es que con ese aspecto de pequeño castillo centroeuropeo, se trata de la construcción laica más antigua de la capital, que ha pasado por diversos usos: desde los públicos a los mundanos, pasando por los culturales, los infames y los turísticos.

Originariamente estaba integrado en la muralla medieval, que pasaba por aquel punto, formando una de las puertas de Amsterdam, la de San Antonio, construida en 1488. Sin embargo, en el siglo XVII el desarrollo urbano obligó a derribar los muros y desecar los fosos defensivos que los rodeaban, levantándose en el terreno ganado un Mercado Nuevo, el Niewmarkt, que hoy es una de las plazas más importantes de la capital: terrazas, cafés, restaurantes orientales, puestos de venta de quesos, etc. La antigua puerta urbana fue reformada entonces, añadiéndosele ese curioso techo, para ser De Waag, traducible por Báscula, Balanza o Peso. En Holanda los mercados siempre contaban con una sede para controlar y pesar las mercancías e imponer tasas y tributos sobre ellas; la de la cercana ciudad de Alkmaar, por ejemplo, aún funciona, ofreciendo a los turistas una pintoresca ceremonia de pesaje de los quesos locales. Las básculas servían incluso para determinar la culpabilidad o inocencia de las acusadas de brujería: al parecer en su peso estaba la clave.

En De Waag se instalaron también algunos gremios, como los albañiles, los pintores y los cirujanos. Cada uno tenía su propia entrada, identificable hoy en día gracias a las piedras de la fachada, y sus dependencias exclusivas. La buhardilla quedó para los cirujanos, que cobraban una entrada por asistir a las disecciones humanas y esto es lo que Rembrandt muestra en su pintura La lección de anatomía del doctor Tulp. Por cierto, la sala donde llevaban a cabo esas lecciones aún se conserva, aunque sólo es visitable ocasionalmente.

En 1795 los gremios fueron disueltos y el edificio comenzó su rosario de usos diversos: cuartel de bomberos, museo, prisión nazi durante la ocupación alemana… Actualmente es sede de una sociedad cultural y acoge un popular restaurante llamado In De Waag, muy apropiado para cenas románticas -aunque no para bolsillos modestos- porque de noche se ilumina con cientos de velas. Una alternativa es entrar por la tarde a tomarse una cerveza, mucho más asequible, dado que no cierra. En cualquier caso merece la pena acercarse a este lugar al que se llega a través del Barrio Rojo… y tras reservar alguno de los vuelos baratos a Amsterdam, por supuesto.

El Oceanográfic de Valencia

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Los vuelos a Valencia de han multiplicado desde que en diciembre de 2002 fue inaugurada la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un gran complejo arquitectónico firmado por Santiago Calatrava y Félix Candela que se extiende a lo largo de dos kilómetros en el antiguo cauce del río Turia y está constituido por cinco elementos (más un Ágora como espacio multifuncional): Hemisferic (IMAX y proyecciones digitales), Umbracle (mirador ajardinado y aparcamiento), Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, Palau de les Arts Reina Sofía y Oceanográfic.

El Oceanográfic es el acuario más grande de Europa, con 110.000 metros cuadrados y 42 millones de litros de agua (volumen equivalente al de 15 piscinas olímpicas) que se bombean -y se tratan preventivamente- desde la playa de la Malvarrosa. Los 11 edificios o torres submarinas que lo forman están conectadas mediantes pasarelas y túneles bajo el agua, estructurándose en torno a un gran lago central. En ellos se representan los principales ecosistemas marinos de planeta, sintetizados en: Mediterráneo, Humedales, Mares templados y tropicales, Océanos, Antártico, Ártico, Islas y Mar Rojo. Aparte está el Delfinario cuyo tanque tiene capacidad para 24 millones de litros y alcanza 10,5 metros de profundidad. El conjunto se completa con el edificio de acceso, con una inconfundible cubierta en forma de nenúfar firmada por Félix Candela, y el Restaurante Submarino.

La visita a este gran centro de interpretación, interactivo y didáctico, supone conocer la forma de vida de 45.000 ejemplares de 500 especies, tanto peces como mamíferos, aves, reptiles y otras variedades que tienen como punto en común la existencia basada en el agua: tiburones, morenas, medusas, tortugas, focas, leones marinos, delfines, belugas, erizos, pingüinos… Algunas actividades que programa permiten acercarse más a ellos, conviviendo durante una jornada con los entrenadores de mamíferos acuáticos, por ejemplo, o durmiendo una noche en la Torre Océanos con los escualos nadando alrededor. También hay escuelas de verano, exposiciones temporales, conferencias, etc.

El Oceanográfic dispone de 5 tiendas temáticas diferentes, una pizzería, un burguer, una heladería y tres resturantes. También pone a disposición del cliente otros servicios complementarios como aparcamiento, guardarropa, cuartos de baño, primeros auxilios… En temporada alta (hasta el 31 de agosto) abre de 10:00 a 24:00 para facilitar las visitas, contando con un abanico de tarifas variadas desde los 10,90 euros para grupos escolares a los 23,90 para adultos; pero también hay abonos, pases anuales, tarifas reducidas, etc.

Hoy en día es casi inconcebible pasar por Valencia sin conocer este lugar, atracción principal de la ciudad de las Artes y las Ciencias y escenario perfecto para un día en familia. Los vuelos económicos a la capital levantina ponen el resto.