Casi todos coinciden: si se cogen vuelos baratos a Bilbao hay que acercarse hasta la Basílica de Begoña para conocer el lugar donde está la Amatxa, la virgen que es patrona del señorío de Vizcaya desde 1735. El recién llegado descubrirá un templo más o menos interesante desde el punto de vista artístico pero, sobre todo, envuelto en una intensísima historia.
El santuario fue erigido sobre una ermita anterior de planta basilical, techo de madera y capilla de piedra que correspondía aproximadamente con la nave central de la actual. Las obras se realizaron según los planos de Sancho Martínez de Arego y duraron un siglo, de 1511 a 1621, costeándose con limosnas de los fieles. Tiene tres naves, las laterales algo más bajas en altura, cubiertas con bóvedas de crucería góticas, si bien no es éste el único estilo ya que a lo largo de esos cien años de trabajos se fueron aportando elementos renacentistas (portada) y clasicistas (coro). No hay crucero y es especialmente destacada la torre del campanario con espadaña.
La Virgen de Begoña era fruto de una devoción especialmente popular en Vizcaya, en general, y Bilbao en particular, sobre todo entre los marineros, que acostumbraban a cantar la Salve cuando divisaban el perfil de la iglesia al arribar de sus singladuras. Aún hoy los días de culto mariano, como el 15 de agosto o el 11 de octubre llenan los alrededores con procesiones y gente que difruta la jornada festiva en los puestos de rosquillas que se montan.
Pero, sin duda, lo más fascinante de este santuario son los tormentosos acontecimientos que jalonaron su devenir desde principios del siglo XIX. La invasión francesa trajo grandes calamidades a la ciudad pero con mayor gravedad para la iglesia, que acabó medio destruida por su posición estratégica, en lo alto de una loma. Tal parecía que había de ser su destino, pues años después, durante el sitio de Bilbao de la Primera Guerra Carlista (1835), Zumalacárregui situó al amparo de su muros una batería de artillería, atrayendo el fuego de los cañones de los defensores liberales quienes, al romper el cerco, minaron la torre en prevención de acciones futuras. Y éstas, efectivamente, llegaron al año siguiente dejando el templo casi en ruinas. A lo largo de las décadas posteriores se procedió a arreglarlo, aún cuando un rayo volvió a derribar la torre. Pero el conflicto Carlista estalló de nuevo en el último tercio del siglo y la basílica volvió a quedar maltrecha.
Se reedificó entre 1902 y 1907 bajo la dirección de José María Basterra. Y en 1994 quedó terminada la última restauración, que supuso la limpieza de la piedra y el arreglo del carillón, que se había instalado en 1922 con su 24 campanas suizas. Todo listo para los fieles y los turistas que lleguen en los muchos vuelos económicos que aterrizan en Sondika.
