Piccadilly Circus

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«It’s like Piccadilly Circus». Ésta es la expresión inglesa típica para describir un lugar abarrotado de gente. Y hace honor a la verdad. Cualquiera que reserve uno de los vuelos baratos a Londres y visite esa emblemática plaza -es inexcusable- podrá comprobarlo por sí mismo. Si se atiende a otra leyenda londinense, cualquiera que esté en ella el tiempo suficiente tendrá ocasión de cruzarse con toda la gente que conoce.

Piccadilly Circus se halla en el West End, distrito de Westminster. Fue construida en 1819 bajo la dirección de John Nash para conectar Regent Street con las calles más comerciales del entorno de Saint James y debe su nombre a una casa que se alzaba en el mismo lugar donde un sastre del siglo XVII fabricaba picadillies, los cuellos fruncidos habituales en la moda de la época. Lo más característico de la plaza es la publicidad luminosa que cuelga de las fachadas de los edificios. O, mejor dicho, del edificio, pues ya sólo uno los presenta, el de la esquina noroeste, popularmente conocido como Monico por un café que tenía allí su local; cosas de la carestía de la vida. No obstante se mantienen cinco grandes rótulos de neón que es recomendable contemplar mejor por la noche, cuando lucen en todo su esplendor. Aunque se pusieron carteles desde finales del siglo XIX fue entre 1910 y 1923 cuando las instalaciones adoptaron un aspecto similar al actual.

El otro punto de atracción turística es el Shaftesbury Memorial, una fuente de bronce colocada en recuerdo del conde homónimo, un aristócrata filántropo que se preocupó por las condiciones laborales de obreros y niños en unos tiempos en que las cuestiones sociales no eran prioritarias. El monumento está coronado por la célebre estatua de Eros. Realizada en aluminio por Albert Gilbert tomando como modelo a su adolescente ayudante italiano, en realidad pretendía representar al hermano gemelo del dios, Anteros, señor del amor desinteresado. Era una alusión a la labor de Shaftesbury pero muchas mentes puritanas no vieron con buenos ojos ni el tema pagano ni la desnudez de la figura, así que se le puso un nombre más serio y pomposo, el Ángel de la caridad cristiana. Por supuesto, no caló en el pueblo, que incluso acortó el otro y quedó Eros, paradójicamente dios del amor erótico.

En cierto modo le pega más. Al fin y al cabo otras críticas venían por considerarse inadecuado el lugar, dada la cercanía del Soho, barrio de la prostitución por excelencia; la propia Piccadilly se había convertido en punto de reunión para homosexuales. Sin embargo al pueblo le gustaba (incluso el Evening Standard la incorporó a a su cabecera como logo) y sólo la Luftwaffe alemana logró que la quitaran temporalmente para protegerla de los bombardeos. En 1948, terminada la guerra, se recolocó la estatua, aunque mirando en otra dirección.

El interés de Piccadilly Circus se completa con el restaurado Criterion Theatre, una sala subterránea con 600 localidades firmada por Thomas Verity en 1874, caracterizada por las columnas que sostienen la bóveda (y entorpecen la visión del escenario), donde la Reduced Sakespeare Company representa un mix de varias obras del famoso escritor isabelino condensadas en hora y media. Y el London Pavillion, antiguo music-hall de 1885 recientemente remozado y unido al vecino Trocadero formando un gran salón de juegos.

Muchos buscan ofertas de vuelos a Londres para entrar en la legendaria sede de Virgin Records, sita en la plaza, y buscar ese disco de vinilo que falta en su colección o ver las huellas y firmas de artistas grabadas en el suelo.