En Santiago de Compostela todo parece girar en torno al Camino Jacobeo. Pero no es algo nuevo; siempre fue así. Un buen ejemplo de ello es el Hostal Parador de los Reyes Católicos, lugar perfecto -algo sibarita- para quienes visiten la ciudad sustituyendo las caminatas por los billetes de avión.
Según indica una inscripción en el friso superior del mismo Hostal, fueron ellos, los Reyes Católicos, quienes ordenaron la construcción de un edificio que sirviera de alojamiento y hospital a los enfermos y peregrinos de la Ruta. Tomaron la decisión tras su visita a la localidad gallega en 1486, aunque no dispusieron de fondos hasta que consiguieron conquistar Granada en 1492. Entonces el arquitecto real, Enrique Egas, se puso manos a la obra y diez años más tarde, en 1501, pudo inaugurarse. Todos los que colaboraron en los trabajos recibieron indulgencias del Papa.
Presenta una portada plateresca, realizada por los maestros franceses Martín de Blas y Guillén de Colás, con una puerta de medio punto en cuyas pechinas hay dos medallones con las efigien de Isabel y Fernando. Está enmarcada por un par de pilastras con relieves de Adán, Santa Catalaina y San Juan Bautista (izquierda) y Eva, Santa Lucía y María Magdalena (derecha). Encima, los doce Apóstoles se alinean en un friso sobre el que se abre la ventana del Aposento Real, reservado para los monarcas. Este vano se halla flanqueado por más imágenes religiosas: Cristo, la Virgen, San Pedro, San Pablo y San Juan Evangelista. Culminando la estructura, pináculos, algunos con figuras de ángeles tocando música.
Respecto al resto de la fachada, a cada lado de la portada hay labrados escudos con las armas de Castilla y la cruz en redondel del Hospital. Y, a lo largo, de todo su cuerpo longitudinal, un balcón corrido diseñado por fray Tomás Alonso que se apoya en ménsulas que representan seres fantásticos. También la cornisa está tallada, en forma de eslabones y con gárgolas grotescas en actitudes obscenas. El exterior se completa con la fila de pilares, clavados al suelo y unidos por una cadena del siglo XVI, que delimitan el terreno que era propiedad del hospital, frecuente objeto de discusión frente a las autoridades municipales.
El interior es de planta rectangular con cuatro patios colocados en torno a una capilla gótica de cruz latina. Se accede a su crucero a través de un precioso enrejado francés y posee una bóveda de piedra labrada de Coimbra que la hicieron acreedora de ser nombrada Monumento Nacional en 1912. Para evitar deterioros sólo puede verse a través de un cristal.
El complejo es actualmente un hostal de cinco estrellas pero se puede visitar en grupos de treinta personas con un guía. Sólo cuesta un euro y dura veinte minutos, aunque siempre queda la opción de reservar alguno de los vuelos a Santiago de Compostela y hospedarse en sus lujosas pero sobrias habitaciones con camas de dosel que recuerdan otros tiempos. Y el comedor tiene fama.
Foto: www.xacobeosantiago.com
