El Hash Marihuana Hemp Museum de Amsterdam


shutterstock 44627059 El Hash Marihuana Hemp Museum de Amsterdam

Ninguna ciudad europea puede ofrecer legalmente un Barrio Rojo, coffee-shops o un museo dedicado a la marihuana y similares, de ahí que un importante sector de viajeros engrose los vuelos baratos a Amsterdam. A las autoridades locales no les hace mucha gracia este tipo de turismo pero lo cierto es que se trata de una realidad incuestionable; bien es cierto que, últimamente, algo venida a menos por las medidas jurídicas tomadas al respecto para frenarlo.

Pero en 1985 las cosas eran distintas: los coffe-shops no se cerraban como ahora sino que se abrían uno tras otro y esta cultura del cannabis flotaba -nunca mejor dicho- en el ambiente. Fue cuando Ed Rosenthal, un escritor especializado en el tema, quiso fundar un museo que la difundiera de forma objetiva, mostrando tanto los beneficios terapéuticos de la droga blanda como los perjuicios derivados de su abuso. Así nació el Hash Marihuana Hemp Museum, también conocido como Museo de la Marihuana, o del Cannabis, o del Cáñamo, un lugar único en Europa. Cien mil visitantes anuales, que suman ya más de un millón total, obligaron en 2006 a trasladarse a un local más grande. Para visitarlo hay que llegar al Oudenzidjs Achterburgwal 148 (Metro Nieuwmarkt) y pagar 9 euros; los niños entran gratis si van acompañados de adultos.

En el interior se realiza un paseo por los 8.000 años de historia de la hoja de cannabis, desde su uso por chamanes para la adivinación hasta la utilización más práctica en la confección de tejidos y papel o la fabricación de fibras para los cabos marineros en el siglo XIX, pasando por la utilización como medicamento. Fotos, láminas, pósters, diapositivas, cortometrajes y una amplia biblioteca temática que incluye libros y revistas forman la colección del museo, además de camisetas, pipas, semillas y un sinfín de objetos de regalo con la hoja de cinco dedos impresa que se pueden comprar en la tienda; incluso hay ropa hecha con cáñamo. Además se muestran las diferentes técnicas de manipulación y consumo del hashish y los productos derivados que se pueden obtener, incluyendo colonia, vino, cerveza o pasteles que pueden encontrarse en los coffee-shops.

A través de un cristal se puede ver una plantación de cáñamo que muestra las técnicas de cultivo, al igual que hacen otras tiendas en la misma calle. Las leyes en Amsterdam son cada vez más restrictivas y no se puede tener más de cinco plantas, además de haberse prohibido en 2008 la venta de hongos alucinógenos, lo que ha abocado a muchas de esos comercios al cierre. El propio museo es objeto de registros de vez en cuando. No se sabe, pues, que depara el futuro al cada vez más menguado Barrio Rojo en general y al Museo de la Marihuana en particular, dos auténticos símbolos de la capital holandesa. Quizá merezca la pena buscar vuelos económicos y visitarlos cuanto antes; por si acaso.

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