El Rockefeller Center de Nueva York


shutterstock 2500516 El Rockefeller Center de Nueva York

Nueva York sigue siendo destino preferente para cientos de miles de turistas europeos y españoles que aprovechan los billetes de avión baratos disponibles a la megaciudad estadounidense. Allí se puede encontrar uno una ciudad dentro de otra prácticamente, como ocurre con el Rockefeller Center y sus inmediaciones, por otra parte uno de los lugares más visitados.

Efectivamente, se extiende desde la calle 48 al final de la 51 y de la Quinta Avenida hasta más allá de la Sexta, si bien el núcleo más importante sea la Sunken, también llamada Lower Plaza, justo en medio de Manhattan; una fila de banderas preside la cascada y la estatua dorada de Prometeo, obra de Paul Manship, a la sombra del rascacielos General Electric Building, sede art déco de esa empresa pero con un restaurante muy chic en la azotea. Esta plaza es la famosa pista de hielo que sale en todas las películas presidida por un gran árbol de Navidad pero que en verano se convierte en terraza para los cafés.

A su lado se alza el International Building, cuya entrada guarda otra escultura mitológica, el Atlas fabricado con 1.800 kilos de broce por Lee Lawrie. Nadie ha de extrañarse porque aquí hay arte por todos lados: el vestíbulo del Equitable Center, sede del Whitney Museum, se decora con el Mural with blue brushstroke, de Roy Liechtenstein; el hall del Associated Press Building muestra un bajorrelieve del japonés Isamu Noguchi; el Lyceum Theatre presenta el mismo entrañable aspecto que en su fecha de inauguración, 1903 (el productor veía el escenario desde un ventanuco de su apartamento adjunto); incluso una zapatería como la de Miller Building ostenta cuatro estatuas de actrices. Algo más al norte queda el MOMA.

Otros lugares de interés pueden ser los Channel Gardens, plaza para hacer un alto en alguna de sus terrazas, y Diamond Row, una manzana en West 47º donde uno puede quedarse boquiabierto ante los escaparates repletos de piedras preciosas. Por último, hay que acercarse al Radio City Music Hall, abierto en 1932, en plena depresión económica, a pesar de lo cual sorprende el lujo de sus mármoles, bronces y terciopelos. Es un grandioso teatro de 6.200 localidades con un escenario, decorados y telón fastuosos, que sirvió para representar las revistas de la compañía The Rockettes y estrenar películas. Pese a su enorme aforo, entró en crisis con la llegada de la TV y sólo se salvó de la demolición gracias a la opinión pública y su catalogación como monumento protegido. Hoy vuelve a estar en activo.

La zona en general se edificó como un lugar que aglutinara viviendas, centros de trabajo, espacios de ocio y compras… Lo dicho, una ciudad más pequeña diseñada bajo premisas racionales (dirigidas en persona por el multimillonario John D. Rockefeller), que la dotan de calles rectas en cuadrícula, numerosas plazoletas, edificios no tan altos como en otras partes, etc. Uno de las visitas inexcusables, en suma, tras reservar alguno de los vuelos baratos a Nueva York.

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