El bonaerense barrio de San Telmo

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Pocas ciudades pueden dividirse por barrios de una forma tan clara como ocurre con Buenos Aires. Los que la conocen gracias a los cada vez más numerosos billetes de avión pueden atestigüarlo. Y si se habla de barrios es inevitable citar San Telmo, uno de los más frecuentados porque queda muy cerca del Centro, al sur, y posee algunos puntos de especial interés turístico.

Aún con el paso del tiempo San Telmo conserva un aire señorial que evoca el siglo XIX, cuando lo habitaba la burguesía acomodada. Las mejores familias vivían en bellas mansiones de las que aún se conservan algunas, no todas en buen estado. Pero entonces surgió lo imprevisible: un brote de cólera y fiebre amarilla que provocó al traslado general hacia el norte de la ciudad, a la zona de La Recoleta. De pronto San Telmo languideció. Muchos palacetes se reconvirtieron en casas comunales donde cada habitación era un apartamento para los más desfavorecidos.

Hasta los años cincuenta del siglo XX el barrio aún resistió, decadente como un noble venido a menos, pero llegó el progreso piqueta en mano y aquellas casonas señoriales que se mantenían en pie representando su orgulloso pasado fueron cayendo una tras otra. En los años setenta apareció, in extremis, la salvación. Comerciantes, hosteleros y anticuarios se habían ido instalando en el barrio y se dieron cuenta de la pérdida cultural, histórica y patrimonial que significaba aquella demolición implacable. Gracias a su presión se dictaron leyes protectoras y se procedió a la restauración de lo que quedaba en pie. Así es como hoy se puede pasear por calles empedradas admirando la arquitectura colonial, contemplando las antigüedades de numerosos escaparates, descansando en espacios abiertos como el Parque Lezama o la Plaza Dorrego, y disfrutando depubs o clubes de tango, aunque este baile no es característico de la zona.

De los edificios religiosos hay que destacar tres iglesias que contrastan entre sí: Nuestra Señora de Belén, hospital de sangre durante las invasiones inglesas decimonónicas; la Ortodoxa Rusa, con su inconfundible estilo moscovita; y la Dinamarquesa, luterana y neogótica. De los civiles es muy popular la Casa Mínima, llamada así porque su fachada mide sólo 2,10 metros de ancho (lo justo para la puerta y un balcón encima); perteneció a un esclavo liberado. También dos mansiones restauradas, de época colonial: El Zanjón y el Pasaje de la Defensa. Otras son sede de museos como el Histórico Nacional o el de Arte Moderno, que ocupa un antiguo almacén de tabaco. Otros museos de interés son el del del Cine, el del Traje y el Penitenciario. Un último apunte para monumentos: el Canto al trabajo, la Confraternidad (en el hipotético lugar en que Pedro de Mendoza desembarcó en 1536) y el dedicado a las víctimas de la guerra sucia. También hay un Soldado Desconocido, rodeado de cañones y tanques, con un agujero en el pecho en memoria de los caídos en las Malvinas.

Que cada uno elija su razón para ver San Telmo y luego busque entre los vuelos baratos a Buenos Aires.