Archivos mensuales: junio 2010

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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En lo que se refiere a pinacotecas Madrid no tiene parangón con ninguna otra ciudad del mundo, tanto por la cantidad como por la calidad. El llamado Triángulo de los museos tiene tres vértices que son palabras mayores: El Prado, el Thyssen y el Reina Sofía. Entre los tres atraen cientos de miles de visitantes al año y hay quien busca billetes de avión baratos a la capital con la finalidad exclusiva de visitar alguno de ellos.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha sido definido alguna vez como El Prado del siglo XX. Fue inaugurado en 1992 aprovechando como sede el viejo hospital de San Carlos, un edificio del siglo XVIII erigido por los arquitectos José de Hermosilla y Francesco Sabatini por orden del rey Carlos III y que fue reformado para exponer obras de arte contemporáneo en sus 42.000 metros cuadrados, incorporándosele unas modernas torres de cristal en la fachada por las que circulan ascensores. En 2005 se terminó una ampliación dirigida por el francés Jean Nouvel.

La colección permanente, unas 16.200 piezas de todo tipo (pintura, dibujo, escultura, fotografía, vídeo y montajes futuristas), se expone en las plantas 2ª -desde donde se inicia la visita- y 4ª, que están abiertas a un gran patio ajardinado. Son piezas realizadas en el siglo XX, con la Segunda Guerra mundial como referencia para separar cada uno de los pisos. En el segundo se hallan las vanguardias artísticas, incluyendo autores españoles como Casas, Nonell, Sorolla, Buñuel, Rusiñol, Camarasa, Solana (Tertulia del Café Pombo), Zuloaga, Gris (Violines y guitarras)y los tres grandes, Miró (Retratos, Hombre con pipa), Dalí (El gran masturbador) y Picasso (Las señoritas de Avignon, Las Meninas, Mujer en azul).

Mención aparte merece el Guernica, el cuadro más emblemático del museo, que el artista malagueño pintó para la Exposición Universal de París en 1937 por encargo del gobierno de la República, en plena Guerra Civil. Trasladado al MOMA de Nueva York al finalizar la contienda, volvió a España en 1981 con el restablecimiento de la democracia, tal como había dejado indicado el autor, instalándose en el Casón del Buen Retiro hasta que se inauguró el Reina Sofía.

La otra mitad del siglo XX se expone en la cuarta planta, ordenada por movimientos: abstracción, pop-art, minimalismo… Aquí tienen su hueco nombres españoles como Gargallo, Tápies, Chillida, Oteiza, Saura, Arroyo, Gordillo, Ouka Lele o Antonio López y extranjeros como Le Corbusier, Calder, Lichtenstein, Moore, Bacon y otros que sumar a Braque, Magritte, etc.

El Reina Sofía es un lujo para todos los españoles, que pueden visitarlo con relativa facilidad gracias a la abundancia de vuelos baratos a Madrid.

Piccadilly Circus

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“It’s like Piccadilly Circus”. Ésta es la expresión inglesa típica para describir un lugar abarrotado de gente. Y hace honor a la verdad. Cualquiera que reserve uno de los vuelos baratos a Londres y visite esa emblemática plaza -es inexcusable- podrá comprobarlo por sí mismo. Si se atiende a otra leyenda londinense, cualquiera que esté en ella el tiempo suficiente tendrá ocasión de cruzarse con toda la gente que conoce.

Piccadilly Circus se halla en el West End, distrito de Westminster. Fue construida en 1819 bajo la dirección de John Nash para conectar Regent Street con las calles más comerciales del entorno de Saint James y debe su nombre a una casa que se alzaba en el mismo lugar donde un sastre del siglo XVII fabricaba picadillies, los cuellos fruncidos habituales en la moda de la época. Lo más característico de la plaza es la publicidad luminosa que cuelga de las fachadas de los edificios. O, mejor dicho, del edificio, pues ya sólo uno los presenta, el de la esquina noroeste, popularmente conocido como Monico por un café que tenía allí su local; cosas de la carestía de la vida. No obstante se mantienen cinco grandes rótulos de neón que es recomendable contemplar mejor por la noche, cuando lucen en todo su esplendor. Aunque se pusieron carteles desde finales del siglo XIX fue entre 1910 y 1923 cuando las instalaciones adoptaron un aspecto similar al actual.

El otro punto de atracción turística es el Shaftesbury Memorial, una fuente de bronce colocada en recuerdo del conde homónimo, un aristócrata filántropo que se preocupó por las condiciones laborales de obreros y niños en unos tiempos en que las cuestiones sociales no eran prioritarias. El monumento está coronado por la célebre estatua de Eros. Realizada en aluminio por Albert Gilbert tomando como modelo a su adolescente ayudante italiano, en realidad pretendía representar al hermano gemelo del dios, Anteros, señor del amor desinteresado. Era una alusión a la labor de Shaftesbury pero muchas mentes puritanas no vieron con buenos ojos ni el tema pagano ni la desnudez de la figura, así que se le puso un nombre más serio y pomposo, el Ángel de la caridad cristiana. Por supuesto, no caló en el pueblo, que incluso acortó el otro y quedó Eros, paradójicamente dios del amor erótico.

En cierto modo le pega más. Al fin y al cabo otras críticas venían por considerarse inadecuado el lugar, dada la cercanía del Soho, barrio de la prostitución por excelencia; la propia Piccadilly se había convertido en punto de reunión para homosexuales. Sin embargo al pueblo le gustaba (incluso el Evening Standard la incorporó a a su cabecera como logo) y sólo la Luftwaffe alemana logró que la quitaran temporalmente para protegerla de los bombardeos. En 1948, terminada la guerra, se recolocó la estatua, aunque mirando en otra dirección.

El interés de Piccadilly Circus se completa con el restaurado Criterion Theatre, una sala subterránea con 600 localidades firmada por Thomas Verity en 1874, caracterizada por las columnas que sostienen la bóveda (y entorpecen la visión del escenario), donde la Reduced Sakespeare Company representa un mix de varias obras del famoso escritor isabelino condensadas en hora y media. Y el London Pavillion, antiguo music-hall de 1885 recientemente remozado y unido al vecino Trocadero formando un gran salón de juegos.

Muchos buscan ofertas de vuelos a Londres para entrar en la legendaria sede de Virgin Records, sita en la plaza, y buscar ese disco de vinilo que falta en su colección o ver las huellas y firmas de artistas grabadas en el suelo.

Hostal de los Reyes Católicos

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En Santiago de Compostela todo parece girar en torno al Camino Jacobeo. Pero no es algo nuevo; siempre fue así. Un buen ejemplo de ello es el Hostal Parador de los Reyes Católicos, lugar perfecto -algo sibarita- para quienes visiten la ciudad sustituyendo las caminatas por los billetes de avión.

Según indica una inscripción en el friso superior del mismo Hostal, fueron ellos, los Reyes Católicos, quienes ordenaron la construcción de un edificio que sirviera de alojamiento y hospital a los enfermos y peregrinos de la Ruta. Tomaron la decisión tras su visita a la localidad gallega en 1486, aunque no dispusieron de fondos hasta que consiguieron conquistar Granada en 1492. Entonces el arquitecto real, Enrique Egas, se puso manos a la obra y diez años más tarde, en 1501, pudo inaugurarse. Todos los que colaboraron en los trabajos recibieron indulgencias del Papa.

Presenta una portada plateresca, realizada por los maestros franceses Martín de Blas y Guillén de Colás, con una puerta de medio punto en cuyas pechinas hay dos medallones con las efigien de Isabel y Fernando. Está enmarcada por un par de pilastras con relieves de Adán, Santa Catalaina y San Juan Bautista (izquierda) y Eva, Santa Lucía y María Magdalena (derecha). Encima, los doce Apóstoles se alinean en un friso sobre el que se abre la ventana del Aposento Real, reservado para los monarcas. Este vano se halla flanqueado por más imágenes religiosas: Cristo, la Virgen, San Pedro, San Pablo y San Juan Evangelista. Culminando la estructura, pináculos, algunos con figuras de ángeles tocando música.

Respecto al resto de la fachada, a cada lado de la portada hay labrados escudos con las armas de Castilla y la cruz en redondel del Hospital. Y, a lo largo, de todo su cuerpo longitudinal, un balcón corrido diseñado por fray Tomás Alonso que se apoya en ménsulas que representan seres fantásticos. También la cornisa está tallada, en forma de eslabones y con gárgolas grotescas en actitudes obscenas. El exterior se completa con la fila de pilares, clavados al suelo y unidos por una cadena del siglo XVI, que delimitan el terreno que era propiedad del hospital, frecuente objeto de discusión frente a las autoridades municipales.

El interior es de planta rectangular con cuatro patios colocados en torno a una capilla gótica de cruz latina. Se accede a su crucero a través de un precioso enrejado francés y posee una bóveda de piedra labrada de Coimbra que la hicieron acreedora de ser nombrada Monumento Nacional en 1912. Para evitar deterioros sólo puede verse a través de un cristal.

El complejo es actualmente un hostal de cinco estrellas pero se puede visitar en grupos de treinta personas con un guía. Sólo cuesta un euro y dura veinte minutos, aunque siempre queda la opción de reservar alguno de los vuelos a Santiago de Compostela y hospedarse en sus lujosas pero sobrias habitaciones con camas de dosel que recuerdan otros tiempos. Y el comedor tiene fama.

Foto: www.xacobeosantiago.com

El Hash Marihuana Hemp Museum de Amsterdam

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Ninguna ciudad europea puede ofrecer legalmente un Barrio Rojo, coffee-shops o un museo dedicado a la marihuana y similares, de ahí que un importante sector de viajeros engrose los vuelos baratos a Amsterdam. A las autoridades locales no les hace mucha gracia este tipo de turismo pero lo cierto es que se trata de una realidad incuestionable; bien es cierto que, últimamente, algo venida a menos por las medidas jurídicas tomadas al respecto para frenarlo.

Pero en 1985 las cosas eran distintas: los coffe-shops no se cerraban como ahora sino que se abrían uno tras otro y esta cultura del cannabis flotaba -nunca mejor dicho- en el ambiente. Fue cuando Ed Rosenthal, un escritor especializado en el tema, quiso fundar un museo que la difundiera de forma objetiva, mostrando tanto los beneficios terapéuticos de la droga blanda como los perjuicios derivados de su abuso. Así nació el Hash Marihuana Hemp Museum, también conocido como Museo de la Marihuana, o del Cannabis, o del Cáñamo, un lugar único en Europa. Cien mil visitantes anuales, que suman ya más de un millón total, obligaron en 2006 a trasladarse a un local más grande. Para visitarlo hay que llegar al Oudenzidjs Achterburgwal 148 (Metro Nieuwmarkt) y pagar 9 euros; los niños entran gratis si van acompañados de adultos.

En el interior se realiza un paseo por los 8.000 años de historia de la hoja de cannabis, desde su uso por chamanes para la adivinación hasta la utilización más práctica en la confección de tejidos y papel o la fabricación de fibras para los cabos marineros en el siglo XIX, pasando por la utilización como medicamento. Fotos, láminas, pósters, diapositivas, cortometrajes y una amplia biblioteca temática que incluye libros y revistas forman la colección del museo, además de camisetas, pipas, semillas y un sinfín de objetos de regalo con la hoja de cinco dedos impresa que se pueden comprar en la tienda; incluso hay ropa hecha con cáñamo. Además se muestran las diferentes técnicas de manipulación y consumo del hashish y los productos derivados que se pueden obtener, incluyendo colonia, vino, cerveza o pasteles que pueden encontrarse en los coffee-shops.

A través de un cristal se puede ver una plantación de cáñamo que muestra las técnicas de cultivo, al igual que hacen otras tiendas en la misma calle. Las leyes en Amsterdam son cada vez más restrictivas y no se puede tener más de cinco plantas, además de haberse prohibido en 2008 la venta de hongos alucinógenos, lo que ha abocado a muchas de esos comercios al cierre. El propio museo es objeto de registros de vez en cuando. No se sabe, pues, que depara el futuro al cada vez más menguado Barrio Rojo en general y al Museo de la Marihuana en particular, dos auténticos símbolos de la capital holandesa. Quizá merezca la pena buscar vuelos económicos y visitarlos cuanto antes; por si acaso.

Palau de la Generalitat Valenciana

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Pocos edificios debe haber en Valencia que hayan experimentado tantas reformas, obras y remodelaciones como el Palau de la Generalitat. Una visita a este histórico centro del poder político regional puede completar el resto del tour turístico por la ciudad y bien vale, en conjunto, ponerse a mirar el buscador de vuelos.

En 1421 los treinta y dos diputados de las Cortes alquilaron varias dependencias de una casa notarial para celebrar sus reuniones. Dada su magnífica ubicación, en pleno centro urbano, la compraron al año siguiente. Se trataba de una mansión de estilo gótico tardío a la que pronto hubo que hacer ampliaciones, comprando inmuebles vecinos, porque su tamaño se quedaba pequeño. Los maestros Joan Corbera, Joan Monçano y Joan de Bas la remozaron totalmente entre 1511 y 1515, cambiando la distribución primitiva que se había conservado hasta entonces.

La promulgación de los Decretos de Nueva Planta de Felipe V abolieron la Generalitat en el año 1718 y el edificio pasó a ser sede de la Audiencia, con las consiguientes reformas de adaptación a su nuevo uso. En 1830 se advirtió peligro de ruina y de nuevo hubo que efectuar trabajos para apuntalarlo. Cuando la Audiencia se volvió a trasladar en 1923, aquellas paredes volvieron a acoger a la Diputación Provincial. Allí siguió, igual que continuaron las obras, durante las décadas siguientes, entre ellas la reconstrucción de la torre que faltaba a cargo del arquitecto Luis Alberto Ballesteros en los años cincuenta. En 1982, ya restaurada la democracia, el palacio se convirtió en sede de la Presidencia de la Generalidad Valenciana.

La fachada presenta tres cuerpos, uno central alargado y dos laterales más altos que son torreones, todos ellos rectangulares. Los ventanales del entresuelo son adintelados mientras que los del primer piso son trilobulados y los del segundo clasicistas. En lo alto hay una balaustrada herreriana rematada con pináculos. La entrada da a un zaguán descubierto en el que destacan dos elementos: una chimenea de bronce realizada por Mariano Benlliure y denominada el Infierno de Dante, y la escalera de honor, volada, en estilo gótigo flamígero, por la que se sube al piso principal, de 1482. Ya en el interior hay que resaltar tres estancias por su belleza: una es el entresuelo del torreón (usado para reuniones y a veces como prisión para nobles) y recibe el nombre de Salón Dorado por el tono dominante de su artesonado; éste es obra de Ginés Linares (1534) y en su policromía colaboró Juan de Juanes. Otra, a la que se llega pasando un arco ojival con friso renacentista en el piso principal, es el Salón de Cortes; sus techos también se deben a Ginés Linares y su continuador Gaspar Gregori, pero además posee un zócalo de azulejos y paredes pintadas al fresco popr Joan Sarinyena. La última estancia a reseñar es el Salón de Reyes, un corredor cuyo nombre proviene de los retratos de los monarcas valencianos y españoles que lo decoran. El autor es Joan de Monçano y hoy se utiliza para recepciones oficiales.

El palacio fue declarado Bien de Interés Cultural en 2008, por lo que es una visita a tener en cuenta cuando se reserven esos vuelos baratos a Valencia.

Foto: www.valenciaguia.com

El Rockefeller Center de Nueva York

Nueva York sigue siendo destino preferente para cientos de miles de turistas europeos y españoles que aprovechan los billetes de avión baratos disponibles a la megaciudad estadounidense. Allí se puede encontrar uno una ciudad dentro de otra prácticamente, como ocurre con el Rockefeller Center y sus inmediaciones, por otra parte uno de los lugares más visitados.

Efectivamente, se extiende desde la calle 48 al final de la 51 y de la Quinta Avenida hasta más allá de la Sexta, si bien el núcleo más importante sea la Sunken, también llamada Lower Plaza, justo en medio de Manhattan; una fila de banderas preside la cascada y la estatua dorada de Prometeo, obra de Paul Manship, a la sombra del rascacielos General Electric Building, sede art déco de esa empresa pero con un restaurante muy chic en la azotea. Esta plaza es la famosa pista de hielo que sale en todas las películas presidida por un gran árbol de Navidad pero que en verano se convierte en terraza para los cafés.

A su lado se alza el International Building, cuya entrada guarda otra escultura mitológica, el Atlas fabricado con 1.800 kilos de broce por Lee Lawrie. Nadie ha de extrañarse porque aquí hay arte por todos lados: el vestíbulo del Equitable Center, sede del Whitney Museum, se decora con el Mural with blue brushstroke, de Roy Liechtenstein; el hall del Associated Press Building muestra un bajorrelieve del japonés Isamu Noguchi; el Lyceum Theatre presenta el mismo entrañable aspecto que en su fecha de inauguración, 1903 (el productor veía el escenario desde un ventanuco de su apartamento adjunto); incluso una zapatería como la de Miller Building ostenta cuatro estatuas de actrices. Algo más al norte queda el MOMA.

Otros lugares de interés pueden ser los Channel Gardens, plaza para hacer un alto en alguna de sus terrazas, y Diamond Row, una manzana en West 47º donde uno puede quedarse boquiabierto ante los escaparates repletos de piedras preciosas. Por último, hay que acercarse al Radio City Music Hall, abierto en 1932, en plena depresión económica, a pesar de lo cual sorprende el lujo de sus mármoles, bronces y terciopelos. Es un grandioso teatro de 6.200 localidades con un escenario, decorados y telón fastuosos, que sirvió para representar las revistas de la compañía The Rockettes y estrenar películas. Pese a su enorme aforo, entró en crisis con la llegada de la TV y sólo se salvó de la demolición gracias a la opinión pública y su catalogación como monumento protegido. Hoy vuelve a estar en activo.

La zona en general se edificó como un lugar que aglutinara viviendas, centros de trabajo, espacios de ocio y compras… Lo dicho, una ciudad más pequeña diseñada bajo premisas racionales (dirigidas en persona por el multimillonario John D. Rockefeller), que la dotan de calles rectas en cuadrícula, numerosas plazoletas, edificios no tan altos como en otras partes, etc. Uno de las visitas inexcusables, en suma, tras reservar alguno de los vuelos baratos a Nueva York.

El Palacio Euskalduna de Bilbao

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Bilbao está mucho más al alcance del turismo que nunca gracias a una importante serie de ofertas de vuelos. Buena parte de esta atracción proviene del plan de recuperación de la ría y su entorno, en el curso del cual se dotó a la ciudad de importantes infraestructuras. La más conocida es el Museo Guggenheim pero hay otra que también fue crucial para modernizar y poner en el candelero a la capital vizcaína: El Palacio Euskalduna.

El Palacio Euskalduna de Congresos y de la Música se levantó entre 1994 y 1999 siguiendo el proyecto ganador del concurso que se había convocado, El buque fantasma, obra de los arquitectos Federico Soriano y Dolores Palacios. Ambos proponían un innovador edificio que se inspiraba en el casco de un barco en pleno proceso de construcción en un astillero, en homenaje a los terrenos donde había de emplazarse, lo que antes eran los Astilleros Euskalduna que, a la postre, darían nombre definitivo al complejo. Para acentuar ese aspecto una de sus fachadas, la que se halla de cara a la ría, está hecha de planchas metálicas oxidadas que recuerdan así la antigua actividad siderúrgica naviera; la otra presenta materiales más convencionales, como piedra y cristal, decorándose el terreno de alrededor con el llamado Bosque de farolas, compuesto por elementos de iluminación de varios brazos, como si fueran árboles.

En el interior, el auditorio, fabricado en madera, tiene capacidad para 2.164 localidades y presume del escenario más grande de España y segundo de Europa, con 1.770 metros cuadrados. Además hay tres salas menores, otras ocho de ensayo, siete de conferencias y varias instalaciones complementarias, entre ellas el Restaurante Etxanobe, dirigido por Fernando Canales Etxanobe, que posee una estrella Michelín y dos soles de la Guía Repsol. En total es un complejo de 53.000 metros cuadrados (25.000 construidos) para todo tipo de espectáculos interpretativos -entre ellos la temporada de ópera de Bilbao-, reuniones, congresos y similares que se ha convertido en una de las locomotoras económicas de Vizcaya: se calcula que a lo largo de estos diez años de actividades ha generado 7,5 euros, más dinero del que costó su construcción, presupuestada en 81 millones de euros.

Para asistir a alguno de sus eventos o simplemente disfrutar de la arquitectura de este lugar, catalogado como Mejor centro de congresos del mundo por la AIPC (Asociación Internacional de Palacios de Congresos), basta con reservar alguno de los vuelos baratos a Bilbao y acercarse hasta la Avenida Abandoibarra número 4. Se puede hacer en tranvía o Metro.

Foto: www.plataformaarquitectura.cl

El Cementerio Inglés de Málaga

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Los turistas que hagan uso de los vuelos baratos a Málaga quizá se sorprendan si se les recomienda visitar un camposanto, y más si está destinado a albergar extranjeros, pero lo cierto es que el Cementerio Inglés es un lugar tan bonito, curioso y enigmático que merece la pena dar una vuelta entre sus sepulturas.

Esta necrópolis nació para solucionar un sangrante problema en lo referente a las inhumaciones de ciudadanos británicos en suelo andaluz. El rechazo local a enterrar a los anglicanos y protestantes junto a los católicos provocaba situaciones vergonzosas, como el tener que tuvieran que sepultar a sus muertos bajo la arena de las playas, de noche, apenas iluminados por una antorcha y con la presencia de dos guardias. Obviamente, las mareas solían terminar sacando los cuerpos a la superficie, dejándolos a merced de carroñeros y dando un espectáculo desagradable. Por eso, y dado que Londres tampoco se ocupaba de ello, un antiguo marino llamado William Mark, residente en Andalucía, decidió solicitar al gobernador de Málaga un espacio para los muertos de su país. Era el año 1830 y se le concedió un terreno que pronto fue conocido como Cañada de los Ingleses, en lo que hoy es la Avenida de Pries.

El que se convirtió en primer cementerio anglicano de España no admitió sólo ingleses. Hoy es posible encontrar en las lápidas los nombres de muchos, sí, como el propio Mark, el médico Joseph Noble, el colaborador del general Torrijos en 1831 Robert Boyd (del que hay un monumento pues se desconoce cuál es su tumba) o el famoso hispanista Gerald Brenan; pero también está la esposa norteamericana de este último, la poetisa Gamel Wolsey, el poeta español Jorge Guillén y las víctimas del hundimiento de la fragata-escuela germana Gneisenau en 1900 (los malacitanos rescataron a otros muchos, por lo que Alemania costeó las obras del actual Puente de los Alemanes). En ese mismo sentido, también descansan allí los restos de pilotos británicos derribados durante la Segunda Guerra Mundial.

Al recinto se entra por una verja flanqueada por dos leones de mármol. Se trata de un lugar concebido al estilo anglosajón, romántico, abundante en neogótico, clasicismo y modernismo, lleno de plantas, algunas exóticas, y organizado en bancales de cara al mar. La capilla, primera anglicana que se erigió en España, presenta un estilo dórico y está dedicada a San Jorge. El lugar, parcialmente restaurado gracias a los esfuerzos del ex-cónsul Bruce McIntyre, que ha creado una fundación para financiarlo, tiene un aura de misterio que ha dado origen a algunas leyendas. La más conocida es la de que el último enterrado se convierte en el guardián de los demás hasta la llegada del siguiente, lo cual tiene algo de paradójico porque el último fue un español, el guarda precisamente, y se ha decretado que ya no habrá más sepelios. No falta quien asegura haber visto extrañas apariciones y luces nocturnas; quizá por eso hay un Ghost Tour a altas horas. Para asistir hay que mirar primero las ofertas de vuelos, claro.

Foto: es.wikipedia.org

El bonaerense barrio de San Telmo

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Pocas ciudades pueden dividirse por barrios de una forma tan clara como ocurre con Buenos Aires. Los que la conocen gracias a los cada vez más numerosos billetes de avión pueden atestigüarlo. Y si se habla de barrios es inevitable citar San Telmo, uno de los más frecuentados porque queda muy cerca del Centro, al sur, y posee algunos puntos de especial interés turístico.

Aún con el paso del tiempo San Telmo conserva un aire señorial que evoca el siglo XIX, cuando lo habitaba la burguesía acomodada. Las mejores familias vivían en bellas mansiones de las que aún se conservan algunas, no todas en buen estado. Pero entonces surgió lo imprevisible: un brote de cólera y fiebre amarilla que provocó al traslado general hacia el norte de la ciudad, a la zona de La Recoleta. De pronto San Telmo languideció. Muchos palacetes se reconvirtieron en casas comunales donde cada habitación era un apartamento para los más desfavorecidos.

Hasta los años cincuenta del siglo XX el barrio aún resistió, decadente como un noble venido a menos, pero llegó el progreso piqueta en mano y aquellas casonas señoriales que se mantenían en pie representando su orgulloso pasado fueron cayendo una tras otra. En los años setenta apareció, in extremis, la salvación. Comerciantes, hosteleros y anticuarios se habían ido instalando en el barrio y se dieron cuenta de la pérdida cultural, histórica y patrimonial que significaba aquella demolición implacable. Gracias a su presión se dictaron leyes protectoras y se procedió a la restauración de lo que quedaba en pie. Así es como hoy se puede pasear por calles empedradas admirando la arquitectura colonial, contemplando las antigüedades de numerosos escaparates, descansando en espacios abiertos como el Parque Lezama o la Plaza Dorrego, y disfrutando depubs o clubes de tango, aunque este baile no es característico de la zona.

De los edificios religiosos hay que destacar tres iglesias que contrastan entre sí: Nuestra Señora de Belén, hospital de sangre durante las invasiones inglesas decimonónicas; la Ortodoxa Rusa, con su inconfundible estilo moscovita; y la Dinamarquesa, luterana y neogótica. De los civiles es muy popular la Casa Mínima, llamada así porque su fachada mide sólo 2,10 metros de ancho (lo justo para la puerta y un balcón encima); perteneció a un esclavo liberado. También dos mansiones restauradas, de época colonial: El Zanjón y el Pasaje de la Defensa. Otras son sede de museos como el Histórico Nacional o el de Arte Moderno, que ocupa un antiguo almacén de tabaco. Otros museos de interés son el del del Cine, el del Traje y el Penitenciario. Un último apunte para monumentos: el Canto al trabajo, la Confraternidad (en el hipotético lugar en que Pedro de Mendoza desembarcó en 1536) y el dedicado a las víctimas de la guerra sucia. También hay un Soldado Desconocido, rodeado de cañones y tanques, con un agujero en el pecho en memoria de los caídos en las Malvinas.

Que cada uno elija su razón para ver San Telmo y luego busque entre los vuelos baratos a Buenos Aires.