Desde que abundan tanto los vuelos baratos a Londres la gente empieza a familiarizarse con algunos lugares emblemáticos de Europa. Uno de ellos es el Royal Albert Hall, el teatro más importante de Inglaterra -con permiso de El Globo shakespeariano-, un símbolo del poder del Imperio Británico y de la era de grandeza que ahora es Monumento Histórico Nacional.
Sin embargo el Royal Albert Hall no nació por arrogancia sino todo lo contrario. Fue la muerte del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, marido de la reina Victoria, la causa de su construcción. Él murió en 1861 y su esposa decidió honrar su memoria erigiendo diez años después aquel teatro que, junto con los cercano Albert Memorial y el Victoria & Albert Museum, forman una zona casi temática en Kensington que algunos llaman en broma Albertópolis.
Lo diseñaron Francis Fowke y H. Y. Darracott Scott como un clásico anfiteatro romano, con forma oval (91 x 72 metros de diámetro x 41 de altura) de paredes de ladrillo rojo y una cúpula de cristal engarzado en hierro forjado, muy típica de la época. Dimensiones gigantescas para el siglo XIX, pues podía acoger hasta 8.500 espectadores, aunque en la actualidad se limita el aforo a 5.000 por seguridad. El perímetro del vestíbulo está decorado con un friso corrido, que representa el triunfo de las Artes y las Letras, obra de la Ladie’s Mosaic Class del Victoria & Albert Museum. Además se le dotó con el órgano más grande del país.
Pese a su ambición, en 1969 hubo que instalar en el techo unos difusores de fibra de vidrio porque la acústica era tan mala que generaba eco. Fue el mismo año en que Pink Floyd terminó su concierto disparando dos descomunales cañonazos que hicieron temblar la estructura y provocaron el veto al grupo para siempre. Y es que por el Royal Albert Hall han pasado cientos de grupos de música moderna que con los conciertos de música clásica suman más de 150.000 representaciones, entre ellas algunas de otra naturaleza (Cirque du Soleil, ballet, boxeo, sumo, etc).
Pero lo más característico son los Proms, varias semanas de conciertos populares (el patio central se llena de espectadores de pie) que terminan con el público cantando al unísono Rule Britannia mientras enarbola banderas. Este espectáculo ha originado una tradición -esto es Londres- denominada Standing the qeue, que simplemente es guardar horas y horas de cola para sacar una entrada. Merecería la pena echar un vistazo al buscador de vuelos para intentar asistir (es en verano).
También en el Royal Albert Hall celebra su Remembrance Sunday la Legión Británica, en recuerdo de los caídos en las guerras mundiales. Y muchos cinéfilos no olvidarán la escena final de El hombre que sabía demasiado que Alfred Hitchcock rodó allí dándole el mayor suspense posible a un toque de platillos.
