El Gabinete de los gatos en Amsterdam


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Los amantes de los gatos tienen un motivo especial para consultar los vuelos baratos a Amsterdam. La capital holandesa está literalmente atestada de museos y uno de ellos, especialmente original, es el Katteenkabinet. No hace falta saber neerlandés para traducirlo como Gabinete de los gatos, auténtico templo dedicado a estos felinos.

El museo está ubicado en un edificio construido en 1667 por dos hermanos, en el número 497 del canal Herengratcht. Tiene tres plantas y podría ser un museo en sí mismo, puesto que sus muebles antiguos, artesonados, molduras, tapices, ventanales y parqués son una preciosidad y, además, el piso superior es un hotel (bastante caro, por cierto). Pero resulta que su último propietario, Bob Meijer, tenía un minino anaranjado con el peculiar nombre de John Pierpont Morgan, nacido en 1966, al que adoraba. O quizá era al revés: el gato le tenía a él, pues ya se sabe que el gato es el único animal que ha podido domesticar al Hombre. El caso es que el felino recibía un regalo cada lustro (el último fue un dólar en el que su faz sustituía a la de Benjamin Franklin y en vez del lema In God we trust -Confiamos en Dios- se leía We trust no dogs -No confiamos en los perros) y cuando murió en 1983 Meijer decidió rendirle homenaje restaurando la casa dos años después y fundando el Kattenkabinet.

La entrada, tras tocar una campanilla, lleva al primer piso por una escalera de madera. Allí hay un corredor con carteles antiguos de gatos que abre paso a las salas del museo: la de Baile (1750), la de Música (1870), la Mechel (1896) y la biblioteca. También hay un jardín. A través de estas estancias se hace un recorrido por la relación histórica entre el gato y el hombre y su plasmación en el arte: carteles de la Belle Èpoque, esculturas Art Deco, pinturas, grabados, tapices, relojes… incluso gatos egipcios momificados. Una colección de más de medio millar de piezas en total, algunas de maestros como Picasso, Rembrandt o Toulouse-Lautrec, completadas con la presencia de tres felinos auténticos que viven en la casa como lo que son, sus verdaderos dueños.

La felinofilia del visitante quedará satisfecha plenamente por los cinco euros que cuesta el acceso. También los cinéfilos pueden solazarse recordando alguna escena rodada allí de Ocean’s eleven. Antes habrá que acercarse a Amsterdam pero eso no es problema hoy en día gracias a la extraordinaria oferta de vuelos de bajo coste.

Foto: www.elece.net

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