Archivos mensuales: mayo 2010

El Panteón de Agripa

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Un dato curioso para quienes estén mirando vuelos baratos a Roma: el único edificio de la era de los césares que se ha conservado más o menos intacto y en uso hasta la actualidad es el Panteón. Sólo por esto ya merecería una visita pero es que su imponente aspecto, que contrasta con la rara imagen externa, la gratuidad de la entrada y el hecho de que haya legado el nombre a un tipo de edificación arquitectónica funeraria también son motivos disuasorios.

El Panteón era originalmente un templo dedicado a todos los dioses, especialmente a los siete celestes (Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), que encargó el cónsul Marco Vipsanio Agripa, yerno de Octavio de Augusto, en el año 27 a. C; al menos eso parece indicar la inscripción del frontón. Hay quien atribuye la autoría artística a Apolodoro de Damasco, aunque no es seguro. Sin embargo un incendio lo destruyó y fue el emperador hispano Adriano quien decidió reconstruirlo un siglo después alterando su aspecto primitivo, que era rectangular, al añadirle a la fachada un cuerpo circular.

Traspasada la columnata de entrada, hoy a nivel del suelo pero antaño con una escalinata de seis metros, se entra a un espacio diáfano en el que destaca una grandiosa cúpula que representaba la bóveda celeste. De hecho, sus cinco niveles de casetones correspondían a las cinco esferas del antiguo sistema planetario, rematadas por un óculo central, una abertura que se identificaba con el Sol o la Luna, según fuera de día o de noche, y que permite iluminar con luz natural el recinto; como mide nueve metros de diámetro también entra la lluvia pero el agua se desaloja por unos desagües en el suelo. Las medidas de la cúpula, 43,20 metros de diámetro y altura, la convirtieron durante mucho tiempo en la más grande del mundo; incluso la de la basílica de San Pedro se hizo un poco más pequeña por respeto a su modelo.

Y es que, efectivamente, el Panteón se convirtió en modelo para los artistas del Renacimiento: Miguel Ángel, Bramante, Brunelleschi… Rafael pidió ser enterrado entre sus muros y luego le imitaron Annibale Carracci y Vignola, originando así la costumbre de llamar panteón a los grandes mausoleos. La costumbre perduró y también allí reposan los restos de los Saboya, Víctor Manuel II y su familia. Otros, sin embargo, no fueron tan respetuosos: a Bernini le encargaron colocar dos campanarios, uno a cada lado del frontón, que provocó que se los llamara orejas de asno hasta que se retiraron en 1893. Peor fue lo del papa Urbano VIII, que mandó arrancar los forros de bronce que cubrían los casetones para fundirlos y hacer el baldaquino barroco de San Pedro; eso le costó ver su apellido ligado al escarnio para la posteridad : “Lo que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberini”.

No todos los pontífices fueron tan insensibles. A Bonifacio IV, por ejemplo, se debe la supervivencia del edificio al consagrarlo iglesia cristiana en el año 608 d. C. Aunque el nuevo nombre que recibió nadie lo tiene en cuenta (Santa María de los Mártires) hoy siguen celebrándose misas e incluso bodas, revitalizando el barrio de Trevi y las inmediaciones de la Piazza della Rotonda. Y junto con el casco antiguo de Roma, es Patrimonio de la Humanidad desde 1980; téngase en cuenta al mirar esos viajes baratos.

Centro Pompidou de París

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Hoy en día son muchos los turistas que, haciendo uso de los vuelos baratos a París, visitan el Centro Pompidou; hasta seis millones al año. Pero cuando se inauguró este innovador edificio en 1977 fue duramente criticado por algunos que lo comparaban con una refinería o lo denominaban satíricamente Notre Dame de la Tuyauterie (Nuestra Señora de la Cañería).

El Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou, que tal es su nombre completo, es un museo de arte moderno y contemporáneo enclavado en el barrio de Beaubourg, el “barrio bello” que recibió su nombre de los comerciantes que se instalaron en él durante la Edad Media y que, sin embargo, con el tiempo entró en decadencia y en el siglo XIX se convirtió en residencia de los estratos más pobres de la ciudad. Allí se alzaba el Mercado de Les Halles, que provocaba graves problemas de tráfico y fuertes olores, así que se decidió su derribo, adjudicándole al solar un uso cultural para regenerar la zona.

El presidente George Pompidou fue uno de sus principales impulsores, convocando un concurso arquitectónico al que se presentaron 681 proyectos de 49 países. En 1972 resultó elegido el de que firmaban los italianos Renzo Piano y Gianfranco Franchini con el británico Richrad Rogers: un prisma rectangular de 166 x 60 x 42 metros que es como un edifico dado la vuelta, con las tuberías, conducciones, ascensores, escaleras, tirantes de acero y demás colocados en el exterior, a plena vista en la fachada de la calle Renard, que dejaban en el interior 7.500 metros cuadrados de espacio libre para las exposiciones. Un ingenioso código de colores sirve para que los técnicos de mantenimiento no se confundan: azul para el aire, verde para el agua, amarillo para el cableado eléctrico y rojo para los espacios de paso.

En la fachada que da a la plaza (en la bimilenaria calle Saint Martin), una escalera mecánica envuelta en un tubo de plástico transparente va recorriendo los siete pisos mientras ofrece al visitante una magnífica vista de París. Pompidou, el promotor, no pudo disfrutar de ella porque murió antes de que se terminaran las obras, luego rehabilitadas entre 1997 y 1999, como tampoco llegó a ver la selección de artistas que tienen allí sus obras: Picasso, Kandinsky, Matisse, Miró, Braque, Max Ernst, Chagall, Pollock, Duchamp y otros cuya obra empieza a partir de 1905.

Aparte del museo, hay salas para exposiciones temporales, un Centro de Creación Industrial, la Biblioteca Informativa con aforo para 2.000 lectores, foros de conferencias y debates, cines, tiendas de regalos, restaurante y el Salón de los Niños. Todo pensado para que la visita sea lo más amena posible. Razones suficientes para ponerse a buscar billetes de avión baratos a la Ciudad de las luces.

El Drago Milenario de Icod (Tenerife)

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Al protagonista de este post sólo se le puede ver haciendo uso de los vuelos a Tenerife porque pertenece a una especie típica de las islas Canarias, de las que es un símbolo por ley. De hecho hay más dragos en Madeira, Cabo Verde, Marruecos y en el propio archipiélago, pero es éste el decano a causa de su edad que, pese al nombre, no alcanza los milenios que a menudo le atribuyen: los científicos calculan que tiene unos seiscientos años. Que no está nada mal.

Sin embargo es cierto que su especie (Dracaena draco) se remonta a la Prehistoria, habiendo cambiado muy poco desde entonces. De ahí el interés que suscita en el mundo botánico y el que suscitó entre los primitivos pobladores canarios, los guanches, que habitaban esta región antes de la llegada de los conquistadores castellanos. Por entonces ya estaba allí el árbol, al que consideraban sagrado y del que utilizaban productos derivados como la corteza o la savia para cosmética, farmacología o llevar a cabo los procesos de embalsamamiento que han legado a los museos locales un buen número de momias.

Misterio y atractivo probablemente se acentuaban con la curiosa cualidad que posee dicha savia: en contacto con el aire se vuelve roja. De ahí la leyenda sobre un mercader, que persiguiendo a una nativa que se había refugiado bajo las ramas del drago, dio una cuchillada al tronco; al ver el líquido encarnado que brotaba pensó que era sangre y huyó presa del pánico. No es de leyendas de lo que anda escaso el lugar. Al fin y al cabo el nombre proviene, seguramente, del dragón que en la mitología clásica protegía a las tres hijas del titán Atlas, las Hespérides, cuyo jardín se situaba geográficamente en las Canarias.

El drago se encuentra en Icod de los Vinos, al noroeste de la isla de Tenerife. Con una característica forma de seta, mide diecisiete metros de altura y seis de copa. Grande, sí, pero hubo uno en La Orotava que alcanzó los 24 hasta que cayó derribado por el viento a mediados del siglo XIX. Al igual que los demás miembros de su especie, el tronco es de un solo cuerpo pero rugoso a causa de los años, como formando fustes, y tiene la particularidad de que al crecer no forma anillos, así que se le debe calcular la edad por el número de hileras de ramas.

Ahora que llega el verano y se multiplican las ofertas de vuelos puede ser un buen momento para hacerle una visita. La entrada a la finca en que se halla cuesta cuatro euros, aunque los que se conformen pueden verlo también de lejos.

Puerto de Mogán, Gran Canaria

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Vuelos baratos a Gran Canaria los hay a montones, por lo que no es difícil llegar a conocer uno de los lugares más bonitos -si no el que más- de la isla: el puerto de Mogán, en el extremo suroeste insular, en un valle encajonado entre el mar y el barranco del Mulato.

En realidad Mogán es todo un municipio que engloba también otras poblaciones reseñables como Puerto Rico o Arguneguín. Pero el puerto pesquero (antaño, ahora es básicamente deportivo) de blancas casas encaladas, salpicadas de colorido por miles de flores que brotan en terrarios y macetas de balcones y ventanas, se ha convertido en lugar más atractivo para quien desee pasar una jornada relajante. Porque, pese a los grandes hoteles que parecen descansar sobre los farallones de piedra, Mogán se caracteriza por playas no masificadas, algunas de negra arena volcánica, y una oferta de ocio que contrasta con la ruidosa y guiri de la cercana Playa del Inglés.

Quizá se deba al aislamiento tradicional de este pueblo, al que se antes se llegaba sólo por mar y luego a través de una serpenteante carretera que bordea la costa. Ya fue así desde la conquista y el panorama no empezó a cambiar hasta el siglo XIX, cuando se plantaron tomates y plátanos para revitalizar la economía local, hasta entonces de subsistencia y basada en la pesca. Actualmente otros frutas han desplazado a las mencionadas, especialmente las chirimoyas. Pero es el turismo, sobre todo, el que caracteriza al Mogán contemporáneo.

En una visita a este recoleto enclave de Gran Canaria se puede ver el Molino Quemado (un molino de viento decimonónico que ardió a finales de la centuria -de ahí el nombre- y hubo ser restaurado), la iglesia de San Antonio de Padua (de 1814, con un bello artesonado labrado) o los yacimientos arqueológicos de Castilletes de Tabaibales (asentamiento defensivo, con muros y torreones), Las Crucecitas (necrópolis) y Los Gatos. También hay enclaves de naturaleza como los parques naturales de Ojeda, Inagua y Pajonales, con densos bosques de pinos, o el propio mar, cuyo fondo se puede ver gracias a la cristalinidad del agua, a bordo de un submarino turístico.

Y ¿qué tal culminar la estancia en alguno de los restaurantes locales? Además de las papas arrugadas típicas de la cocina canaria están especialidades locales como el pescado con berenjenas o las lapas con mojo verde. Seguro que ya hay quien se está planteando buscar billetes de avión baratos a la que se conoce como Pequeña Venecia.

El Royal Albert Hall

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Desde que abundan tanto los vuelos baratos a Londres la gente empieza a familiarizarse con algunos lugares emblemáticos de Europa. Uno de ellos es el Royal Albert Hall, el teatro más importante de Inglaterra -con permiso de El Globo shakespeariano-, un símbolo del poder del Imperio Británico y de la era de grandeza que ahora es Monumento Histórico Nacional.

Sin embargo el Royal Albert Hall no nació por arrogancia sino todo lo contrario. Fue la muerte del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, marido de la reina Victoria, la causa de su construcción. Él murió en 1861 y su esposa decidió honrar su memoria erigiendo diez años después aquel teatro que, junto con los cercano Albert Memorial y el Victoria & Albert Museum, forman una zona casi temática en Kensington que algunos llaman en broma Albertópolis.

Lo diseñaron Francis Fowke y H. Y. Darracott Scott como un clásico anfiteatro romano, con forma oval (91 x 72 metros de diámetro x 41 de altura) de paredes de ladrillo rojo y una cúpula de cristal engarzado en hierro forjado, muy típica de la época. Dimensiones gigantescas para el siglo XIX, pues podía acoger hasta 8.500 espectadores, aunque en la actualidad se limita el aforo a 5.000 por seguridad. El perímetro del vestíbulo está decorado con un friso corrido, que representa el triunfo de las Artes y las Letras, obra de la Ladie’s Mosaic Class del Victoria & Albert Museum. Además se le dotó con el órgano más grande del país.

Pese a su ambición, en 1969 hubo que instalar en el techo unos difusores de fibra de vidrio porque la acústica era tan mala que generaba eco. Fue el mismo año en que Pink Floyd terminó su concierto disparando dos descomunales cañonazos que hicieron temblar la estructura y provocaron el veto al grupo para siempre. Y es que por el Royal Albert Hall han pasado cientos de grupos de música moderna que con los conciertos de música clásica suman más de 150.000 representaciones, entre ellas algunas de otra naturaleza (Cirque du Soleil, ballet, boxeo, sumo, etc).

Pero lo más característico son los Proms, varias semanas de conciertos populares (el patio central se llena de espectadores de pie) que terminan con el público cantando al unísono Rule Britannia mientras enarbola banderas. Este espectáculo ha originado una tradición -esto es Londres– denominada Standing the qeue, que simplemente es guardar horas y horas de cola para sacar una entrada. Merecería la pena echar un vistazo al buscador de vuelos para intentar asistir (es en verano).

También en el Royal Albert Hall celebra su Remembrance Sunday la Legión Británica, en recuerdo de los caídos en las guerras mundiales. Y muchos cinéfilos no olvidarán la escena final de El hombre que sabía demasiado que Alfred Hitchcock rodó allí dándole el mayor suspense posible a un toque de platillos.

Museo Puget (Can Llaudís de Ibiza)

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Una de las ventajas de la abundancia de billetes de avión baratos es la posibilidad de viajar varias veces a un mismo sitio para conocerlo en profundidad. Y las islas Baleares son una privilegiadas en ese sentido.

Narciso Puget Viñas fue quizá el pintor ibicenco más importante de la isla. Amigo de Sorolla, quien le influyó artísticamente, vivió a principios del siglo XX retratando la vida, costumbres y paisajes del campo de Ibiza. A su muerte, su hijo Narciso Puget Riquer donó la obra pictórica al Estado español, que la depositó temporalmente en el Museo Arqueológico mientras buscaba la ubicación adecuada; finalmente se designó a tal efecto Can Llaudís, un edificio medieval de Dalt Vila, casco antiguo de Eivissa.

Situado en un tramo de lo que antes era la calle Mayor, actualmente calle San Ciriaco número 18, Can Llaudís es un edificio señorial construido en estilo gótico florido. Su nombre se debe a la familia que lo habitó pero también se le conoce como Can Comasema, apellido de quienes lo habitaron en su etapa decimonónica -emparentados con los Llaudís- y Can Francolí, siendo ésta la estirpe original de la casa en el siglo XV, como atestigua su escudo en la escalera interior.

El lugar consta de una sobria fachada con arco de medio punto encima de la cual está el escudo heráldico de los Llaudís y, sobre él, un ventanal de tres arcos con columnillas muy finas cuya forma se ha copiado para el logotipo del museo. Luego se pasa a un zaguán con luz natural del que una elegante escalera de piedra lleva al piso superior, donde los techos son de artesonado. No obstante, la casa se halla bastante cambiada por la sucesión de obras de restauración, conservación y remodelación que ha tenido que experimentar en las décadas recientes para evitar su ruina. Se empezó en los años sesenta y luego se acometieron otros trabajos en 1985 y 1998, estos últimos ya con la finalidad de adaptarlo para museo. Éste fue inaugurado en 2007.

La planta baja se usa como recepción, servicios comunes (lavabos, tienda…) y exposiciones temporales, mientras el subsuelo está destinado a zona de trabajo y almacén. El legado de los Puget -el hijo también era pintor- se expone en la planta superior. Son 130 obras, de las que 40 son óleos, 60 dibujos y 20 acuarelas firmadas por padre e hijo. La información para el visitante se ofrece en tres idiomas -las hojas en seis- y la entrada es gratuita, por lo que merece acercarse a verlo cuando se aproveche alguno de los vuelos baratos a Ibiza.

Foto: www.balearsculturaltour.es

Museo Nacional de Historia de Bucarest

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Una de las críticas que suelen hacer quienes realizan vuelos baratos a Bucarest es la escasez de museos en una capital europea como ésa. Siendo así es indudable que uno de los más importantes de todo el país es el Museo Nacional de Historia, ubicado en la calle Victoriei 12 en un edificio monumental que está considerado de los destacados de la ciudad en cuanto a presencia y belleza.

El edificio en cuestión fue construido en 1894 -se terminó en 1900- en estilo neoclásico y que originalmente era la sede de la oficina central de correos. Pasó a tener su uso actual en 1971, estructurándose en dos plantas más un sótano con varias salas en las que se exponen colecciones nacionales de todos los períodos históricos de Rumanía. Empieza por la Prehistoria, de la que, aparte del utillaje paleolítico, hay cerámica Cucuteni y dos esculturas muy famosas correspondientes al Neolítico: el Pensador de Hamangia y la Mujer sentada. Ambas -se presentan en pareja- fueron catalogadas por la UNESCO en el puesto quinto de una lista de los diez objetos más importantes de la Historia cultural de la Humanidad; tanto así que en el año 2000 la NASA incluyó dos réplicas en la sonda Voyager IV como representación de nuestra cultura. También son importantes por su valor no sólo cultural sino económico, los tesoros gumenitas y tracios, en oro, ya en la Edad del Hierro.

La Historia Antigua es fundamental por dos culturas, la dacia y la romana. Como es sabido, ésta conquistó el territorio y llevó a acabo un proceso de culturización del que ha sobrevivido la raiz del idioma actual, el único de la zona que procede del latín. De esos tiempos son algunas piezas de los tesoros de Surcea y del Bucureçti-Herastrau, así como un busto de Trajano.

Las Edades Media y Moderna se sitúan en Rumanía entre los siglos VII y XIX ,pues se considera que en 1821, con la revolución de Tudor Vladimirescu, empieza la Historia Contemporánea. De este período se pueden contemplar varias colecciones de sellos, monedas, cerámicas y, sobre todo, retratos. Entre estos últimos figuran los de Vlad Tepes, el famoso Drácula, su abuelo Mircea el Viejo y otras figuras más del pasado rumano, aunque algunos son copias.

Precisamente una de las piezas más curiosas del museo es la réplica de la Columna Trajana de Roma, que está en la planta inferior. La encargó el Estado en 1939 porque narra las guerras llevadas a cabo por el emperador Trajano en el siglo II d. C. contra los dacios, es decir, contra el pueblo que habitaba lo que hoy es -más o menos- Rumanía. Esta copia, sin embargo, no llegó a Bucarest hasta 1967, primero porque tardó cuatro años en terminarse y, segundo, por culpa de la Segunda Guerra mundial y la posterior tensión entre Europa occidental y del Este.

A Bucarest hay ahora buenas ofertas de viajes por parte de las aerolíneas de vuelos low cost, dada la abundante inmigración de habitantes de ese país hacia España.

El Gabinete de los gatos en Amsterdam

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Los amantes de los gatos tienen un motivo especial para consultar los vuelos baratos a Amsterdam. La capital holandesa está literalmente atestada de museos y uno de ellos, especialmente original, es el Katteenkabinet. No hace falta saber neerlandés para traducirlo como Gabinete de los gatos, auténtico templo dedicado a estos felinos.

El museo está ubicado en un edificio construido en 1667 por dos hermanos, en el número 497 del canal Herengratcht. Tiene tres plantas y podría ser un museo en sí mismo, puesto que sus muebles antiguos, artesonados, molduras, tapices, ventanales y parqués son una preciosidad y, además, el piso superior es un hotel (bastante caro, por cierto). Pero resulta que su último propietario, Bob Meijer, tenía un minino anaranjado con el peculiar nombre de John Pierpont Morgan, nacido en 1966, al que adoraba. O quizá era al revés: el gato le tenía a él, pues ya se sabe que el gato es el único animal que ha podido domesticar al Hombre. El caso es que el felino recibía un regalo cada lustro (el último fue un dólar en el que su faz sustituía a la de Benjamin Franklin y en vez del lema In God we trust -Confiamos en Dios- se leía We trust no dogs -No confiamos en los perros) y cuando murió en 1983 Meijer decidió rendirle homenaje restaurando la casa dos años después y fundando el Kattenkabinet.

La entrada, tras tocar una campanilla, lleva al primer piso por una escalera de madera. Allí hay un corredor con carteles antiguos de gatos que abre paso a las salas del museo: la de Baile (1750), la de Música (1870), la Mechel (1896) y la biblioteca. También hay un jardín. A través de estas estancias se hace un recorrido por la relación histórica entre el gato y el hombre y su plasmación en el arte: carteles de la Belle Èpoque, esculturas Art Deco, pinturas, grabados, tapices, relojes… incluso gatos egipcios momificados. Una colección de más de medio millar de piezas en total, algunas de maestros como Picasso, Rembrandt o Toulouse-Lautrec, completadas con la presencia de tres felinos auténticos que viven en la casa como lo que son, sus verdaderos dueños.

La felinofilia del visitante quedará satisfecha plenamente por los cinco euros que cuesta el acceso. También los cinéfilos pueden solazarse recordando alguna escena rodada allí de Ocean’s eleven. Antes habrá que acercarse a Amsterdam pero eso no es problema hoy en día gracias a la extraordinaria oferta de vuelos de bajo coste.

Foto: www.elece.net