Hace ocho años que muchos aficionados estaban esperando para poder visitar el Museo del Romanticismo de Madrid. Desde 2001 se hallaba cerrado, sometido a un proceso integral de reformas en todo el edificio, pero finalmente en el último tercio de 2009 reabrió sus puertas. Ya se pueden buscar vuelos económicos a la capital para contemplarlo.
El museo está situado en la calle San Mateo 13, en el mismo edificio en el que fue creado en 1921 por el marqués de Vega-Inclán. Este aristócrata decidió donar al Estado la colección de cuadros, muebles y objetos que había expuesto poco antes en la Sociedad de Amigos del Arte, estableciendo como sede el palacete de la Comisaría Regia de Turismo al frente de la cual estaba él mismo. Se trataba de una mansión de 1776 que luego había pasado a propiedad del conde de la Puebla Maestre. Se inauguró oficialmente en 1924 bajo el nombre de Museo Romántico con las obras cedidas por el marqués más otras donaciones que se fueron incorporando poco a poco procedentes de otros nobles, intelectuales, artistas y entidades varias. Un ejemplo son las aportaciones hechas por Larra, Zorrilla o Juan Ramón Jiménez. Rafael Alberti asumió la dirección.
La remodelación afecta al nombre también, de Museo Romántico a Museo Nacional del Romanticismo, porque ahora se plantea bajo un concepto más actual y completo, un lugar para estudiar la época en todos sus aspectos, de ahí que se estructure temáticamente en varias áreas: la infancia, la vida familiar, el cortejo, las costumbres, la política, la economía… Por eso en el interior es posible encontrar salas dedicadas exclusivamente a reproducir una vivienda alto-burguesa, a figuras históricas como Prim o Isabel II, a grandes escritores como Larra o Zorrilla, etc.
Respecto a la colección, está compuesta por 7.700 piezas catalogadas. De ellas, 4.000 son fotografías en diversas técnicas décimonónicas (daguerrotipos, ambrotipos) o más modernas; otras 600 corresponden a mobiliario, abarcando desde el reinado de Fernando VII al de su hija Isabel II (pianos, arpas, sofás, escritorios, mesas de billar y otras); y también hay un importante número de piezas de artes decorativas, vajillas de porcelana (Sèvres, Sargadelos, La Cartuja…), elementos de cerámica andaluza, conjuntos de abanicos, joyería, animales disecados y objetos artesanos varios realizados con cabello o conchas.
Sin embargo, lo más destacado son las pinturas, tanto en lienzo como en acuarela. La mayoría proceden de la propiedad del marqués (86 obras) pero también las hay llegadas desde el Museo del Prado, de Patrimonio Nacional y de otros particulares. Casi todas corresponden al segundo tercio del siglo XIX, que es cuando el Romanticismo alcanzó su esplendor, plasmado en diferentes temas: desde el costumbrismo de Leonardo Alenza (Sátira del suicidio romántico, Muerte de Daoiz), Valeriano Bécquer (Conspirador carlista) y Antonio María Esquivel (Escena de baile bolero) al historicismo de Federico de Madrazo (Retrato del duque de Rivas) y Casado de Alisal (Retrato de Espartero), pasando por el orientalismo de Francisco Lamayer (Escena en el desierto) o Pérez Villaamil (Paisaje con ruinas clásicas).
Dos puntos más de interés en este recoleto lugar: la capilla, que está decorada con un retrato del papa Gregorio Magno obra de un auténtico predecesor del estilo romántico, Francisco de Goya; y el exhuberante jardín al que se llega a través del Salón de té, remanso de paz al aire libre, aunque no hay masificación en este museo pues sólo se admite un máximo de cien visitantes al mismo tiempo. Otro motivo más para reservar entre los vuelos baratos a Madrid.
Foto: www.wasabix.org
