Los enigmas de La Orotava (Tenerife)

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Una casa encantada, un sepulcro vacío, un jardín de diseño metafórico… Cualquier turista que coja uno de los vuelos baratos a Tenerife tiene una serie de visitas recomendables en la isla. Una de ellas, no lejos del Puerto de la Cruz, es la villa de La Orotava. Está situada en un fértil valle que lleva el mismo nombre y que incluye una parte del Teide. Es un lugar precioso pero lleno de atractivos misterios que empiezan por el propio término, cuyo origen no se sabe con exactitud aunque sí que es guanche: ¿apelativo de la región -Arautava- o del antiguo menceyato (reino) aborigen de Taoro?

Otro de los enigmas está en su escudo heráldico: perdido en un incendio a finales del siglo XIX, no quedó un solo modelo que indicara su aspecto, de ahí que el rey Alfonso XIII tuviera que conceder otro años después. El dibujo representa al Jardín de las Hespérides, que en la Antigüedad se situaba en el archipiélago canario.

La villa tiene un interesante casco histórico que fue declarado Monumento Nacional Histórico-artístico en 1976. En él es posible ver una serie de lugares de lo más interesantes. El primero, la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, templo barroco de extraña apariencia (guarda cierto parecido con la Torre de Londres, como se ve en la foto) levantado sobre los restos de otro destruido por un terremoto; es Monumento Nacional. Otro edificio religioso destacable es el convento de Santo Domingo de Guzmán, desamortizado en el siglo XIX y actualmente sede del Museo de Artesanía Iberoamericana; lo curioso es que cambió de santo, pues antes estaba dedicado a San Benito.

En arquitectura civil hay que mencionar tres casas sobre todo. La de los Fonseca recibe el apelativo popular de los Balcones por el gran balcón corrido del piso superior y los cinco de la segunda planta, todos ellos tallados elegantemente en madera; la Casa Lercaro, barroca, acoge el Museo de Historia de Tenerife pero además presume de tener su propio fantasma, el de la hija de la familia propietaria, que según la leyenda se suicidó cuando quisieron casarla contra su voluntad con un hombre mayor. Por último, la llamada del Turista, de los Molina, en la que hay una muestra en pequeño de esa costumbre local de cubrir las calles con pétalos y la plaza Mayor con una alfombra de arenas de colores durante el Corpus Christi.

También puede ser interesante una visita al cementerio. Se construyó cuando en las iglesias ya no quedó sitio para más enterramientos y fue obra de un escultor llamado Fernando Estévez, que le confirió el estilo romántico propio de la época. Es como un parque pero con tumbas, nichos y los elegantes panteones de los apellidos más pudientes.

Precisamente un representante de estos ilustres linajes, el marqués de la Quinta Roja, protagoniza otro enigmático capítulo. Al fallecer se vetó su inhumación en el camposanto por ser masón, así que su familia construyó un panteón en los jardines de su propiedad. Al final sí fue admitido, por lo que el sepulcro quedó vacío, añadiendo una gota más de misterio al propio entorno en que se halla, pues el francés Adolphe Coquet diseñó dicho jardín –Victoria, se llama- siguiendo los dictados simbólicos de la masonería.

Tenerife es algo más que Teide y playas, como se ve. Tiene rincones con personalidad suficiente como para inducir al viajero a mirar el buscador de vuelos desde otra perspectiva.