Hospital de la Caridad, Sevilla

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Muchos de los turistas que adquieren billetes en los vuelos baratos a Sevilla suelen centrar sus visitas en la Giralda, la Torre del Oro o la Plaza de España, ignorando que el Hospital de la Caridad es uno de los lugares más interesantes de la ciudad andaluza, poseedor de un importantísimo patrimonio artístico. Eso sí, se agradece no tener que aguardar colas y poder sacar fotos sin masas humanas de fondo. Al fín y al cabo aún se usa como residencia de ancianos.

El Hospital, enclavado en el barrio del Arenal, ocupa las naves de lo que en su tiempo fueron las Reales Atarazanas de Alfonso VI, de las que hoy apenas queda un arco. Era la sede de la Hermandad de la Santa Caridad, creada en el siglo XV, aunque su época álgida llegaría dos más tarde con el nombramiento como Hermano Mayor de Miguel de Mañara. Éra éste un noble de vida disoluta (se dice que inspiró el personaje de don Juan Tenorio) que cambió radicalmente para dedicarse al servicio de los desamparados. La Hermandad se ocupaba inicialmente de asistir a enfermos abandonados y enterrar ajusticiados y ahogados en el mar. Bajo la dirección de Mañara se acometió la construcción de un hospital que se ocupara de los muchos enfermos que dejó por entonces una epidemia de peste en Sevilla.

El edificio corrió a cargo de Pedro Sánchez Falconete. Tiene un patio dividido en dos por una galería que sostienen columnas toscanas y arcos de medio punto; cada parte está decorada con una fuente escultórica italiana (la Fe y la Caridad) y escenas de la Biblia en los muros representadas mediante mosaicos de azulejos, si bien no son originales del lugar (son holandese y se trajeron del convento de los Descalzos de Cádiz). Del segundo patio se pasa a la Sala de Cabildos, donde los Hermanos votaban y tomaban las decisiones que regían la comunidad. Ahora está dedicada a la figura de Mañara, del que se conservan objetos personales como su espada o una máscara mortuoria. Su tumba está en la puerta de la iglesia, lugar elegido por él para que todos le pisaran al pasar.

Y lo más destacado quizá sea precisamente la iglesia barroca, no sólo por la arquitectura en sí -una sola nave cubierta con bóveda de cañón y cúpula sobre el presbiterio, obra también de Sánchez Falconete (excepto la fachada, que es de Leonardo de Figueroa) sino también por las pinturas de su interior. De sus muros laterales colgaban seis cuadros de Murillo sobre la misericordia, cuatro de los cuales fueron expoliados por el mariscal Soult durante la ocupación francesa y actualmente está repartidos por museos del mundo (se han sustituido por copias); sobre la entrada cuelga el siniestro Finis gloriae mundi y, enfrente, el igualmente impresionante In ictu oculi, ambos de Valdés Leal, quien también colaboró en el retablo mayor con Pedro Roldán.

Quien aproveche algún vuelo para visitar este interesante lugar ha de saber que abre de lunes a sábados de 10:00 a 13:00 y de 15:30 a 18:00.